Sobre el ordeñe de la Vaca

23/06/08 | por Ric Lopez Ruiz | Sección: Economía y Empresas

Todos andaban ordeñando a la Vaca. En principio, tanta importancia era la que había alcanzado este animal que se declaró ‘bicho sin ánimo de lucro’, así, se había convenido por ley que la Vaca nunca sería objeto de ganancia ni de explotación. Para evitar esta posibilidad, la sociedad decidió pagar un sueldo digno a los que estaban al ciudado de ella, un sueldo con el que pudiesen vivir y con el pudiesen sacar adelante a sus familias. Pero un día los cuidadores descubrieron que, aparte de poder dar de comer a la Vaca, cepillarla, ciudarla, mantenerla limpia de chazas y sacarla a pasear por la pradería, la Vaca también podía dar leche. Se les iluminaron los ojos ante el negocio que preveían con la venta de esa leche. El montaje sería perfecto, todos los gastos de la cría y cuidado de la Vaca eran a cargo de la sociedad pero los beneficios de la venta de la leche se lo repartirían entre los cuidadores. Sus familias iban a agradecer ese sobresueldo, sin duda alguna. Así que, ‘- ¿por qué no hacerlo?’, se preguntaron los más avispados. Y allá que se pusieron manos a la obra… Bastaba con dejarla parida cada nueve meses. Los primeros días post-parto recogerían el delicioso calostro, y el resto del ciclo ya era coser y cantar. Una ordeñadora y a producir leche, nada menos que una buena garrafa de leche todos los días, de unos 14 litros. Con las leyes tan restrictivas que había sobre el uso y consumo de la misma, la leche se había convertido casi en un objeto de lujo. Se estaba cotizando últimamente en el mercado negro a unas 15 monedas/litro. Y además con cada nuevo parto producía más litros todavía. Había que contar que la vida útil de la Vaca sería, como mucho, de unos 10 años. Bastaría con cambiar de Vaca y listo, que la fiesta continúe. Al fin y al cabo, ¿quién es capaz de distinguir una Vaca de otra?. Pero la Vaca daba y daba leche, así que la fiesta continuó y continuó, sin repuesto ni reparo alguno, hasta que la pobre rumiante murió exhausta de tanta explotación. Parece ser que la sociedad tuvo conocimiento de dicha defunción, y era tan grande la estima que se tenía a este animal que, a tal efecto, se montó un consejo de sabios para desentrañar la causa de su muerte. Ninguno de los cuidadores fue capaz de explicar las razones de su fallecimiento… Y aquí se corta el legajo de donde estoy extrayendo esta historia, por lo que no puedo transcribirles el final. Se trata de un viejo manuscrito, que según pude saber por los caracteres íberos que había en un lateral, bien podría remontarse al principio de nuestra era, allá por el año 2020 del antiguo calendario judeo-cristiano.



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