Pierre Rabhi, pionero del concepto de agroecología

24/06/08 | por Javier Montilla | Sección: Sociopolítica

Poder charlar con el algeriano Pierre Rabhi es todo un viaje hacia los sentidos. Tres horas de tren desde París hasta Montelimar, y luego una hora y media en coche hasta Àrdeche, alejado de cualquier índole de convulsión. Pero poder tener la experiencia de abandonar el mundanal ruido de la ciudad y encontrarnos con él, un pequeño hombre de 65 años, con unos ojos negros incandescentes, es la confirmación de que es posible transformar la sociedad y apostar por un cambio de concepto, en el que África tiene mucho que decir.

Usted dice que debemos salir de una visión antagonista del mundo y entrar en una visión solidaria. ¿Estamos en el buen camino?

Creo que hay mucha gente que trabaja por la solidaridad en todos los ámbitos y que intentan luchar por una cohesión social. Pero desde un punto de vista geopolítico y político, y enfocando el tema de un cambio internacional, no estamos en el buen camino. El orden mundial establecido va en contra de la propia unidad por intereses económicos.

Si la ecología debe comenzar por nosotros, tal y como ha afirmado en alguna ocasión, y cree que nada cambiará si nosotros no cambiamos. ¿Cree que la amenaza del cambio climático ha despertado a la ciudadanía?

Digamos que sí. Desgraciadamente siempre a lo largo de la historia la humanidad ha reaccionado bajo el síndrome del miedo en lugar de funcionar desde el punto de vista de la inteligencia. Si realmente actuáramos con un nivel de inteligencia, sería impensable que actuáramos contra las leyes de la naturaleza. Desastrosamente la historia nos ha demostrado que hemos sido partícipes, y de hecho lo continuamos siendo, de la destrucción del planeta. Hoy estamos reaccionando con el sentimiento del miedo. Pero, realmente, tengo dudas sobre lo va a pasar cuando tengamos el drama de las tierras inundadas, las tierras áridas y una falta de comida como consecuencia del cambio climático. No sé cómo los humanos vamos a reaccionar. Si vamos a ser más solidarios o, por el contrario, el egoísmo va a predominar. Pero para ser sincero, tengo dudas acerca de si realmente la ciudadanía ha despertado o sólo está a la expectativa de qué sucede.
A nivel político la cuestión del cambio climático está empezando a generar un debate, como en el caso de Francia. Pero que es necesario, además que el cambio, no sea sólo de un paradigma sino de la lógica. Hay demasiados intereses respecto a este tema, demasiada gente que quiere ganar dinero y ya la ecología empieza a ser fuente de ingresos. Por lo que me temo que el nivel de conciencia que tenemos es más bien nulo.

¿Por qué lo cree?

Porque la ecología está tratada como una medida más en medio de otra. Y la sociedad no ha entendido todavía que la ecología es el fundamento de la vida. Tiene que nacer en la conciencia de cada ser humano, porque es la vida en toda su globalidad.

¿Piensa usted que el principal problema es que el hombre tiene una falta de valores en relación consigo mismo y en sus relaciones con los demás? Y partiendo de esta premisa. ¿Cómo cree que es posible hacer llegar un mensaje de una relación más natural con la naturaleza?

Digamos que la humanidad ha confundido mucho la actitud. Es decir, la capacidad de cambio que podemos hacer con la inteligencia. La humanidad cree que una actitud ya es inteligencia. Pero la actitud es sólo una actuación ligada con el entendimiento. El problema de la humanidad es que actúa con modos pero tiene una carencia de inteligencia. Con la inteligencia se podría abrir caminos que generarían un mundo diferente, la fraternidad del ser humano, la solidaridad personal, la solidaridad con los demás y con la naturaleza. Pero hasta que no actuemos así, continuaremos anegando la unidad de la vida y estaremos en el antagonismo. Es el caso, por ejemplo, de la violencia, las guerras, ya sean militares, religiosas o ideológicas, que se pueden traducir en el hecho de que la humanidad no ha llegado todavía a su madurez. Está todavía a un nivel muy infantil y esa ausencia de madurez hace que destruyamos el planeta, sobre el cual podríamos construir un verdadero paraíso. Desgraciadamente lo estamos convirtiendo en un verdadero infierno.

A partir de su experiencia. ¿Cree que la ecología y el respeto hacia el medioambiente son una prioridad en la agenda política?

Debería de serlo. Porque a la ecología no deberíamos de tratarla como un hecho aislado, como he comentado antes. No habría que discutir sobre la ecología, como se habla de la agricultura, de la industria. La ecología es fundamentalmente la esencia de la vida y si no la ponemos como prioridad absoluta nos arriesgamos a que todos los demás proyectos que planteemos no sirvan para nada, ya que si tenemos cambios importantes del medioambiente, no podremos sobrevivir y cumplirlos. Por eso la ecología debería ser una conciencia universal de todos los habitantes de nuestra sociedad. Y en particular los estados deberían tomar conciencia de esta realidad, y empezar a cambiar su mentalidad.

¿Piensa usted que la ecología es una manera de estar integrado en la realidad viva en la que vivimos?

No tengo duda que hay que hacerlo de esta manera. Porque somos parte de la creación de la vida. Y tenemos la suerte de tener lo que llamo el entendimiento y la conciencia. Lo que nos permite organizar el mundo a nuestra conveniencia, pero a parte de eso, no debemos olvidar que nosotros somos naturaleza y ese el gran error. Pensar que no lo somos. Y el día que entendamos esto, entenderemos que estamos integrados dentro de un universo general. Pero desgraciadamente todo nuestro trabajo y nuestra actitud hacen imposible que podamos estar en armonía con el ser integrado que no podemos dejar de ser.

Cambiando un poco de tema, y hablando de sus orígenes. ¿Cómo llegó usted al concepto de agro ecología?

El concepto de agroecología surgió cuando era un agrobiologista. Pero realmente se acabó de concretar cuando fui a África, concretamente a la zona del Sahel. Allí me di cuenta que no podíamos contentarnos sólo con cultivar la tierra, sino que había que integrar el conjunto del entorno. Principalmente porque este entorno estaba muy deteriorado como consecuencia de las sequías de los años 70 y 80. Así que pensé que había que integrar el agro ecologismo como un principio general. No sólo tener en cuenta la agricultura, sino además el entorno, el ser humano. Un sistema que, además, se base en cómo gestionar los recursos. Cómo proteger los suelos contra la erosión. Cómo gestionar el agua de la lluvia. Y por supuesto, como gestionar el mundo animal. Para mí la agro ecología tiene un aspecto técnico, ergonómico y científico, pero también ético y moral. Además, es bastante universal, ya que se puede aplicar a cualquier parte del planeta. Es un principio de vida colectivo, que nos lleva a la conclusión que no podemos asfixiar los recursos.

¿Cuál es su opinión, por tanto, sobre la ecología industrial?

La considero como una catástrofe ecológica mayor. Por ponerle un ejemplo. Tuve la ocasión de ir a España, invitado a participar en Almería en un encuentro organizado por la ONU sobre el problema de la desertificación. Y pude comprobar como España está degradada por una mala gestión de la agricultura. La agricultura moderna que está basada sobre la química de síntesis, los pesticidas y unas prácticas agrícolas que agraden a los suelos, es una verdadera catástrofe. Por suerte, creo que nos damos cuenta poco a poco de adonde hemos llegado, pero no lo suficiente para parar este proceso.
 

Usted abandonó París para ir a vivir a Ardèche, en pleno campo. ¿Cree que la vida allí es más natural?

Principalmente abandoné París, y por ende, cualquier ciudad, porque no estoy de acuerdo con los mitos creadores del mundo moderno. Es decir, no podía aceptar que pudiéramos poner en marcha y servir a un sistema que empieza sobre la base del crecimiento, sin ningún tipo de límite. No quiero aceptar un principio que comienza por una riqueza descomunal para algunos y el hambre y la carencia para los demás. No podía aceptar por tanto que el trabajo colectivo no repartiese de manera equitativa la riqueza. Por esta razón me marché, para intentar vivir de otra manera. Volverme a encontrar con la naturaleza, con su belleza, con todas las cosas que son importantes para mí.

Y por eso ha creado el movimiento «Tierra y Humanismo». ¿Cuál es su objetivo?

Hacer pedagogía. Generar una conciencia en la sociedad para que entienda que podemos construir un nuevo mundo basado en valores diferentes de los actuales. Valores de respeto a la vida y al ser humano. Creo que ese fue el motivo por la que me presenté a las elecciones presidenciales francesas del año 2002, bien es cierto que alentando por mucha gente. No para hacer política que no era el objetivo, sino aprovechar que la sociedad francesa en tiempo electoral es muy receptiva y mostrar un mensaje de cambio global. En aquella experiencia recuerdo que fui el único candidato que habló de crecimiento sostenible. Los recursos planetarios no pueden dar abasto ante tanto consumismo radical. La riqueza del planeta es limitada. Estas fueron las razones por las que empecé una carrera política peculiar, basada en ideas y no en butacas, empujado por cientos de personas que creen que es posible cambiar. Por eso hemos creado este movimiento internacional. Porque es posible una vida diferente, teniendo como base unos valores de justicia social, de respeto y de concordia.

Como hemos comentado usted es un gran defensor de la agricultura ecológica. Pero, ¿Cree usted que esta práctica es el futuro del continente africano?

Es la única solución. Están en un callejón sin salida. Primero porque no pueden depender de la agricultura tradicional, que es una agricultura demasiado costosa. Para que nos hagamos una idea, hace falta demasiado petróleo para fabricar una tonelada de abono. Y como el petróleo depende del dólar, es por tanto una agricultura muy cara para el continente africano. En cambio la agroecología está adaptada a cualquier país, incluso al más pobre. Cualquier campesino puede utilizar restos de componentes animales y vegetales, agruparlos y transformarlos mediante la técnica del compostaje, es decir, un proceso mediante el cual los microorganismos actúan sobre la materia rápidamente biodegradable permitiendo obtener “compost”, abono excelente para la agricultura, y que le permitirá tener una cosecha importante. Además, esta técnica generaría unos suelos fermentados y que a menudo no se encuentran en los suelos africanos. Hay que ser realista. África no puede aplicar una agricultura que tiene un coste muy elevado. Por eso creo que es la única solución.

 

Usted ha dicho que ha vivido una doble exclusión. Por haber elegido la religión católica con dieciséis años y por haber nacido en Algeria. ¿Por qué?

Por dos razones. La primera porque mis padres biológicos no aceptaron que me convirtiera a la religión católica siendo musulmán. La segunda porque tuve un conflicto de ideas con mi padre adoptivo en Francia, a raíz de la Guerra de Algeria.

¿Entonces, podemos entender que la ecología y su compromiso es su propia religión?

Ahora no me defino bajo ninguna religión. Pero la dimensión espiritual es muy importante en el ser humano. No en vano, todo el camino se basa en la espiritualidad. Incluso en mi propio trabajo de agricultor la espiritualidad tiene un papel fundamental. Pero no creo que a la ecología se le pueda definir como una religión, sino como una disciplina y una conciencia que nos conecta con el mundo del misterio al mundo del divino y que nos hace entender la vida.

Para terminar. ¿Cómo ve el futuro del continente africano?

Creo que está instalado en una doble ambigüedad. La primera es que el continente africano es pobre y es una falacia. Es inmensamente rico. Solo la superficie de Etiopía cultivada correctamente podría alimentar al conjunto de africanos. Tenemos un continente en positivo, con una población joven. Así que tiene todos los ingredientes para salir adelante si los africanos quieren ser ellos mismos sin mirar el modelo occidental.

¿Y qué propone para que sea realidad?

Una reflexión sobre una nueva lógica. Estoy convencido que si hubiéramos construido el mundo con humanismo, no tendríamos injusticias sociales. ¿Por qué destruir todo primero y luego intentar arreglarlo? Realmente no deja de sorprenderme la ambigüedad con la que vivimos.



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Un comentario
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  1. Buen post, las ideas son muy relevantes. http://FundacionAsis.Org

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