La Danza de los 7 Calzoncillos
Finalmente el Trujal se colocó en Cirbona. Los obabenses aceptaron la decisión con cierta resignación. Eran ellos los que recogían la mayor cosecha de oliva de la zona, pero la decisión vino desde arriba, ‘- por el bien del Territorio’, dijeron las Autoridades. Al menos esperaban que, en contrapartida, el Director del Trujal fuese un obabense. Fede Txikiristain era un buen candidato. Desde la Municipalidad así se consideraba. Soltero de toda la vida, con grandes campos de olivos, era un experto en todo lo que era la cría, recolección y comercialización de ese producto. Fede siempre estuvo bien integrado en el pueblo y con buenas relaciones con todos los agricultores. Pero había un problema. Cirbona era un municipio de antiquísimas y sabias costumbres. Cualquier cargo público, por pequeño que fuera, debía pasar la prueba llamada la ‘Danza de los 7 Calconzillos’. Y aunque el Trujal fuera mancomunado, por el hecho de estar en su término municipal, sus normas locales así lo exigían. La prueba no tenía ninguna dificultad técnica, sólo de tipo púdico. Los cirbones habían llegado a la conclusión, por experiencia propia de siglos, de que sólo aquellos aspirantes capaces de reírse de sí mismos podían ocupar un cargo. Sabían que justamente todos aquellos que no eran capaces de hacerlo acababan interpretando el poder como un don que emanaba de ellos mismos y por el cual la gente debía agradecerles su desprendimiento, tanto por ejercerlo como por compartirlo con los demás. Eran sicologías que confundían el desempeño de una función con el ser la personificación de esa función. No es lo mismo ejercer funciones de alcalde que ser o nacer alcalde. Hay una sutil diferencia, era la gran diferencia entre Cirbona y Obaba. Un simple detalle que marcaba el abismo entre una sociedad madura y evolucionada, y otra sociedad más ancestral. Como ejemplo, en la EESO, Escuela de Estudios Superiores de Obaba, el máximo escalafón de los docentes recibía el nombre de Patetáticos. Aquellos que ocupaban estos puestos en Obaba les gustaba decir de sí mismos: ‘- Yo soy Patetático’. Por el contrario, en la EES de Cirbona se les denominba de otra forma, y así se escuchaba de vez en cuando ‘- Fulano ejerce funciones de Profesor’. No había confusión entre la persona, su ser, y su función laboral o social. Cirbona tenía otro grado de evolución o inteligencia colectiva…Estaba claro que la prueba de la ‘Danza de los 7 Calzoncillos’ no iba a ser nada fácil para Txikiristain. Los cirbones se iban a encargar de ello. Se reunió todo el pueblo en el Risódromo, pabellón construido para todo tipo de eventos lúdicos. En la grada superior se concentraba la mayor parte del público, como testigo del resultado de la prueba. La grada inferior estaba dividida en 7 gradas, cada una de ellas para las 7 peñas de Cirbona. Las peñas competían sucesivamente por hacer reír al candidato, en turnos de media hora cada una. Las subvenciones que recibían del Ayuntamiento dependían y eran proporcionales a ese tiempo de risa. Tenían que conseguir que el candidato, situado sobre un escenario bien iluminado en el centro de la pista, se quitase un calzoncillo en cada turno. Pero sólo se lo podía quitar si le hacían reír al menos un cuarto de hora en su correspondiente turno. La máquina de la risa, conectada a la cabeza de Txikiristain por un casco inalámbrico, se encargaba de contabilizar solamente el tiempo de auténtica risa. No había triquiñuela posible. Fede empezó bien durante las tres primeras risotadas. Consiguió 23 min., 19 min. y 17 min. Hay que tener en cuenta que conforme más ríe uno más difícil resulta seguir riendo, por el vaciamiento de energía que supone un prolongado estado ‘risolítico’. Todavía le quedaban 4 calzoncillos por desprenderse. En el cuarto consiguió 19 min., en el quinto 17 min. y en el sexto también otros 19 min. Fede no tuvo éxito en el séptimo turno. Justo alcanzó los 13 min. Fue justamente el grito al unísono de la última peña: ‘- 19 por 3 es 57, 19 por 3 es 57, 19 por 3 es 57…’ lo que le desconcentró de su camino hacia la Dirección del Trujal. En Obaba le habían dado de niño un premio por haber ‘demostrado’ que el número 57 era primo. No sabían todavía en Obaba que el número 57 no era primo y Fede lo descubrió justo en el mismo instante que sonaba el último gong del último turno de la ‘Danza de los 7 Calzoncillos’. El puesto se quedó vacante en espera de que un candidato de Cirbona pasase la prueba. Fede volvió a su pueblo consciente de que no había conseguido para Obaba el control del Trujal pero estaba orgulloso y contento de haber hecho un nuevo gran descubrimiento para la ciencia obabense.








