Sobre la readecuación de las leyes
Me permito, desde la distancia, poder hacer esta reflexión, con sentido común y con el debido respeto… Las leyes están para cumplirlas y hacerlas cumplir, siempre desde la óptica que ya establecieron los grandes padres de la democracia y de los derechos humanos: ‘Nadie por encima de la ley y nadie por debajo de ella’. Si esta máxima no se aplicase, como lamentable pero habitualmente ocurre en nuestro Aparato de Justicia y Administración, entonces no estaríamos rindiendo cuentas ante la Ley sino que podríamos decir que lo estamos haciendo ante un Contubernio: ‘ahora sí y mañana no, y pasado mañana ya veremos’… Las leyes son enmendables y mejorables, y hay casos extremos que bien lo ponen de manifiesto. Este es el caso que quiero poner en evidencia, partiendo incluso desde mi ignorancia sobre leyes y similares pero ayudado desde la razón y la observación crítica… Si un asesino consumado puede salir a la calle después de haber cumplido la pena impuesta por las leyes vigentes, bien está la discusión de hasta qué punto una alimaña humana de tal calibre, sin arrepentimiento explícito alguno, más bien al contrario, merece tal deferencia por parte de la sociedad. Pero admitiendo que así debe ser porque la ley así lo consigna, sí que nos puede hacer reflexionar que dicha ley, para estos casos extremos, está manifiestamente coja, si como digo, mi desconocimiento al respecto no acaba repitiendo aquí lo que supuestamente ya debería estar escrito y aprobado en dicha ley… Parece deseable y aconsejable por humano respeto a las víctimas de un asesino, y para evitar su insulto y humillación, que la pena, aparte de los años de privación de libertad física que estipule, debería incluir otro punto, que no por menor deja de ser importante. Me refiero al hecho de que dicho asesino debería ser obligado a su salida de la cárcel a vivir como mínimo a 100 ó 200 kms. de los familiares directos de todas la posibles víctimas que haya causado. Esto es por simple respeto a todas heridas vivientes que ha dejado en la sociedad, esa sociedad que todavía tiene la civilizada deferencia de dejarle andar libremente por las calles, y que, evidentemente, no tiene como objetivo en ahondar el dolor de todas aquellas personas que nunca más podrán pasear por dichas calles con los seres queridos a los que dicho asesino finiquitó su vida por decisión de su propio arbitrio, o por decisión de la mafia o causa delirante a la que prestó sus macabros servicios. Huelga decir que esta propuesta viene a complementar el ya establecido control estricto de todos los bienes materiales que la susodicha alimaña humana posea o pueda poseer para su embargo y restitución económica de sus víctimas, aunque sea no más de una manera simbólica, en la proporción establecida en la correspondiente sentencia judicial… Dejo esta idea aquí escrita para que, en el caso de no estarlo, se estudie la posibilidad de implementarla en la ley correspondiente para que la pena de tales individuos no quede exenta en el tiempo, sino en que al menos le persiga durante toda su vida, aunque sólo sea en la evidencia de un prudente destierro de las tierras y entorno social donde causó sus males y llevó acabo su locura asesina.








