Por la boca muere el pez
El título, que nadie se llame a engaño, se me ha ocurrido porque al iniciar este artículo en la radio suena una canción de Fito y los Fitipaldis, titulada todo lo contrario “Por la boca vive el pez”. Así que como no sabía de qué escribir hoy, tres de agosto, verano caliente y multitudinario en estas latitudes sureñas, pues, eso, que a modo de intro voy esperando que algo se me ocurra. Y nada. Estoy un poco liado estos días, he leído La flaqueza del bolchevique, de Lorenzo Silva; Cuerpos sucesivos, de Manuel Vicent; Internodios, de Cristóbal Borrero; y ahora estoy liado con Rabos de Lagartija, de Juan Marsé; pero nada, no se me ocurre nada, salvo que acabo de matar una cucaracha, sí, rubia y grande, pero sigo sin tener una buena idea para éste artículo. Tampoco sé si voy a escribir sobre socio-política o cultura,; claro, ciencia y teconlogía o economía y empresa como que no, tal está la crisis, aunque esta tarde tuve una idea cuando regresaba a casa, después de un largo paseo, cien metros al bar de la plaza, y tomarme dos cervezas sin alcohol porque el médico me ha recetado una temporada de pastillas y éstas con el otro no son compatibles, o quizá sí como el prozac o el valium que lo mezclas con una cervecita y flotas como los mismos ángeles; ah, que los ángeles no flotan, ya decía yo, vuelan como los aviones que están todo el día por el aire contaminado el cielo. Bueno, a lo que iba, la idea, intento hacer un artículo sobre actualidad política, social, o simplemente de divagación, por eso de que los meses de verano se prestan más al ocio y al recreo: ¡Ala todos a la playa! ¡Ala todos al paseo! ¡Ala todos al chiringuito! ¡Ala todos a la verbena del barrio!
Y nada, que sigo dándole vueltas a la perola, y nada, claro que no he leído la prensa en muchos días y no me entero de ná; tanto que el otro día hubo un atentado, o una muestra de ello, aquí en Torremolinos, a menos de veinte kilómetros de donde vivo y me enteré de la onda expansiva por una amiga periodista que escribe en el diario La Opinión de Málaga, la llamé para otro asunto y allí estaba la intrépida al pie del cañón, y yo sentado delante del ordenador haciendo periodismo cibernético, como si en la red ocurriesen cosas interesantes, a lo mejor sí, a lo peor no. Pues no, quiero decir que sigue sin ocurrírseme nada, así que hoy les voy a regalar un poco de mi deporte preferido que no favorito, porque éste es el tumbing, el primero es la divagación pura y dura como dice un crítico literario de la prosa que escribe un escritor del que fui amigo hasta que ganó el primer premio de novela importante, desde entonces, además de dejar a su novia, dejó nuestra relación para la memoria, que la tiene que tener tan dura como su literatura, pura y dura desvergüenza. En fin que sigo sin entender por qué no se me ocurre gran cosa. No lo olvido, que no, que sí, que hago referencia a las tertulias, sí, a la de los lunes, sí, en ese hotel donde el piano está de adorno, vamos que le han quitado las tripas, y es que hay gente que carece de sensibilidad, nada, que no que los recitales de Poesía, Sohail, Poesía a orillas del Mediterráneo ya arrancaron, y el próximo, sí, que no me olvido, que el próximo para el 29 de agosto, la cosa promete, cuatro Poetas y una banda de blues, sí, en la plaza, sí, en la misma de la que venía esta tarde de tomarme las dos sin, sí, en Pueblo López, sí en Fuengirola, el nombre de la plaza, claro cómo lo voy a olvidar, sí, la Plaza de San Juan, que no que de la Cruz no, otro, sí el Bautista, bueno que eso que venía de la plaza y se me ocurrió la idea de escribir un artículo sobre Seguridad en el Trabajo, pero pensé que una imagen vale más que mil palabras, y eso es lo que voy hacer, dejaros las fotos que lo dicen todo:
Los obreros que han construido la rampa de ascenso al lugar de desescombro acaban de terminar unos cursos sobre Seguridad en el Trabajo subvencionados por la Junta de Andalucía y el Fondo Económico Europeo. Vaya que doscientas horas lectivas hacen milagros y si no juzguen ustedes mismos.
Nada dejo de divagar y me voy a apuntar a unos Cursos del SAE para evitar riesgos laborales.







Pues sí que es un tema interesante ese de los riesgos laborales Salvador.
Opino lo mismo que tú, todo lo que le expliques a la gente en horas y horas de formación no sirve de nada porque hay algo que es inevitable; para que haya comunicación es necesario un emisor, un canal y un receptor. Además el reptor debe estar predispuesto a asimiliar lo que dice el emisor. Creo que en el 80% de los casos estas circunstanias no se dan en un curso de PRL.
Hay que destacar que el trabajador español es reacio a comentar a los jefes las cosas que están malen su lugar de trabajo.
Ahí va eso.