Ternura de caciquillo
Decía don Quijote que es la libertad el bien más preciado del hombre. Hay que entender por qué lo escribió Cervantes así. Estuvo preso unos cuantos años en tierra mora. Es ahí entre rejas donde se descubre la importancia de tal bien, pero sólo como valor individual de una persona, como la capacidad no restringida ni limitada que puede tener esa persona en sus movimientos y en sus tiempos. Pero cuando uno está afuera, viviendo en sociedad, ya no es la libertad el bien más preciado porque, finalmente y desde el punto de vista antes descrito, todos la tienen. Pasa a ser mucho más importante el respeto de la libertad del otro, saber donde está su frontera y respetarla. Es éste uno de los pilares necesarios para construir una sociedad madura. Saber que la libertad de uno termina donde comienza la del otro… Un muy difícil escenario de alcanzar. Pocas sociedades, se pueden contar con los dedos de las manos, lo han conseguido. Las sociedades con componentes o herencias hispánicas todavía tienen un largo trecho por recorrer. Herederas de una tradición caciquil incuestionable, sus sociedades se articulan sobre células básicas de funcionamiento donde un caciquillo se encarga de gestionar, articular y poner cotas a la libertad del grupo de personas que gravitan a su alrededor, no en virtud de aplicación de una legislación humanista o universalista, menos todavía como consecuencia de un altruismo enternecedor, sino en aras de su propio beneficio, trepe o disfrute. Bien es cierto que ese grupo de personas hacen esa cesión de su libertad por diferentes razones, sean éstas económicas, religiosas, mafiosas o de cualquier otro tipo. El caciquillo, partiendo de un mundo horizontal, va articulando en ese círculo de influencias un poder vertical que, conforme aumenta el número de asociados a esa célula social, puede alcanzar tintes seudodictatoriales y perfiles sátrapas que causarían repudio y malestar en cualquier mente bienpensante. Es éste un panomara típico en los suelos de tradición hispánica y que posiblemente muchos de Uds. han vivido o están viviendo en sus entornos sociales, políticos o laborales, sean éstos en un tajo, en una fábrica, en una universidad o en un ministerio… Finalmente todos estos caciquillos que no respetan la libertad del otro sienten pánico ante esa libertad y es por ello que intentan apresarla y reprimirla. Gracias a dios no siempre lo consiguen y es por esto que las sociedades pueden seguir progresando, seguro que lentamente, pero lo siguen haciendo. Y ahí está el tiempo como testigo de ese avance. Y aquí está este escueto escrito para el reflejo y la pública denuncia de esta situación en la que la peña de caciquillos, pequeños sátrapas o pequeños ’stalin’, o como Uds. quieran llamarlos, utilizan parte de sus energías en incordiar y descalabrar a sus conciudadanos, a veces por mero gusto demostrativo de su pequeño poder local y otras por puro beneficio propio… Pónganles Uds. mismos cara, nombres y apellidos, seguro que la lista se hace interminable.








