Plaza España en pelotas (I)

03/09/08 | por Ric Lopez Ruiz | Sección: Cultura y espectáculos

Hoy podría lucir la luna en plenitud. Todas las plazas España agradecen estas noches. La Luna aporta luz en la noche oscura sin ser consciente de las intrigas que abaten a los humanos allá abajo, sobre la faz de la Tierra. Y a luz de una lámpara y al abrigo de una enciclopedia me sumerjo en el pasado…Hace muchos años, en un extremo de Europa, los fenicios y los cartagineses llamaron a nuestra Península con el nombre de Span o Spania, con el significado de ‘oculto’ (país escondido y remoto). Existe otra versión de que el nombre proviene del término fenicio I-Shphanim que literalmente significa: ‘de damanes’, (shphanim, es la forma plural de shaphán, ‘damán’, Hyrax syriacus). Fue con este vocablo con el que los fenicios decidieron, a falta de un nombre mejor, denominar al conejo, Oryctolagus cuniculus, animal poco conocido por ellos y que abundaba por doquier en la península. Para el que no lo sepa digamos en este punto que actualmente a los damanes se los asocia a la familia de los elefantes y los manatíes, pese a que su aspecto físico externo no tiene mucho parecido con estos mamíferos, sino más bien con los conejillos de indias. Se originaron en África hace 50 millones de años, y actualmente se extienden por toda África y la península arábiga, es decir, los damanes eran bien conocidos por los fenicios, que no así los conejos. Otra versión de esta misma etimología sería Hi-shphanim, ‘Isla de conejos’ (o, de nuevo literalmente, isla de damanes). Por otra parte no era el único bicho que llamaba la atención por su abundancia. Los griegos llamaron a la Península Ophioússa que significa ‘tierra de serpientes’, y lo cambiaron por Iberia, pues ‘iber’ era una palabra que escuchaban constantemente entre los habitantes de la península. Es un término geográfico pero no se le puede asignar en concreto al río Ebro pues se encontraba esta palabra también por toda la Andalucía actual. Algunos lingüistas piensan que significaba simplemente ‘río’. En realidad no se sabe bien. Lindos estos descubrimientos por lo que diré al final… Pero sigamos el hilo histórico en la respetable wikipedia. Gran parte del conflicto entre cartagineses (fenicios) y romanos tuvo como escenario las tierras de Iberia, la Península. El conflicto se manifestó en lo que se llamaron Guerras Púnicas y que terminaron con el triunfo de Roma. Entonces los romanos tomaron contacto con Iberia, pero para denominarla eligieron el nombre que ellos oían a los cartagineses, Ispania, al cual más tarde añadieron una H, como también añadieron una H en Hiberia. Hispania fue la primera provincia donde los romanos entraron y la última acabada de dominar por Augusto. Aquí los romanos llevaron a cabo su trabajo, tal como lo hicieron por todo el Mare Nostrum. Y, ecolo cuá, por decir algo, aquí encontramos la primera organización político-administrativa de nuestro solar común. La dividieron en principio en dos trozos, a los que añadieron después otro más, quedando tres trozos, que según leo, eran la Hispania Citerior (capital Tarraco), la Hispania Ulterior Baetica (capital Corduba) y la Hispania Ulterior Lusitania (capital Emerita Augusta). Curioso el dato, las actuales Galicia, País Vasco y Cataluña formaban parte de la misma provincia romana, Tarraconensis. La actual Andalucía sería, grosso modo, la Hispania Baetica, y marcando frontera el Guadiana, se pasaba a la Lusitania, la actual Portugal. Uno diría que por estos días todavía no había aparecido el nacionalismo plasta que campa a sus anchas por nuestra patria, pues parece ser que los ascendientes de todos estos iluminados creadores de míticas Arcadias se sentían muy a gusto dentro de la gran Roma, porque de lo más que hemos tenido noticia en esos largos siglos de romanización en la piel de toro es de un tal Viriathus, que allá por el 150 a.C., y en respuesta a la traición del cónsul Galba, aglutinó a unos cuantos lusitanos y decidió sublevarse contra los invasores romanos antes de que los suyos lo traicionasen y matasen en torno al 139 a.C.. El pobre Viriato sobrevivió a la traición externa pero no a la traición interna. Cuando quisieron cobrar su recompensa al cónsul Scipio aquellos que lo asesinaron, éstos fueron ejecutados no sin antes de que aquel les dijese: ‘- Roma no paga a traidores’. Una traición tras de otra, como la vida misma, como el pan de cada día. El tal Viriato no sería en los gentilicios actuales ni vascongado ni catalán, sería portugués o extremeño. En fin, menos mal, ¡¡de la que nos hemos librado!!. Esta sí que es una buena noticia para la actual España, sin duda alguna. Lo digo por el ahorro en bronce que nos supone el no pagar estatuas del amigo Viriato si hubiese guerreado por otros lares. Pero atención, un tal Lucio Anneo Floro, que vivió entre los siglos I y II y que fue un historiador amigo del emperador Adriano, ya nos advierte con sus observaciones de cómo era el percal por estos lugares: “La nación hispana o la Hispania Universa , no supo unirse contra Roma. Defendida por los Pirineos y el mar habría sido inaccesible. Su pueblo fue siempre valioso pero mal jerarquizado”. Ya vemos que hemos evolucionado poco, la pléyade de caciquillos que no se soportan unos a otros ya existía en tiempos de los romanos, y hace 2000 años las cosas eran parecidas a como hoy se viven, ‘-¿por qué iban a ser distintas hoy en día?’, se pregunta uno. Bueno, se supone que han pasado 20 siglos de maceración cultural. Pues no, todo sigue más o menos igual. No evolucionamos. Pero más tarde, en el siglo IV, podemos encontrar a otro escritor, un retórico galo llamado Pacato que dedica parte de su obra a describir esta península, Hispania, su geografía, clima, habitantes, soldados, etc., y todo ello con grandes alabanzas y admiración. Pacato escribe: “Esta Hispania produce los durísimos soldados, ésta los expertísimos capitanes, ésta los fecundísimos oradores, ésta los clarísimos vates, ésta es madre de jueces y príncipes, ésta dio para el Imperio a Trajano, a Adriano, a Teodosio”. Desconozco si Pacato se olvidó al poeta Marcial salido de Bilbilis (Calatayud), pero lo que es seguro es que no llegó a conocer la plácida villa Alesués a orillas del Aragón, allí donde los hombres todavía siguen cazando conejos y guisando ranchos o calderetes a la salud del mundo. Pues sí señores, España, después de tanta discusión, y definitivamente, no es más que una pura y simple ‘isla de conejos’ a orillas de un ‘iber’. ¡¡A ver quién es el listo que se los come!!. Y más ricos están con patatas, aunque en aquella época no las hubiese y esto ya sea harina de otro costal… Permitámonos rematar esta faena historiográfica gritando todos juntos: ¡¡Viva España!!, que, visto lo aquí descrito, no quiere decir otra cosa mas que ¡¡Viva esta Isla de Conejos!!.



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2 comentarios
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  1. ESTO E S UNA BASURA OK

  2. se agradece comentario tan escueto, explícito y de análisis tan concienzudo… si es por causa de celos, la próxima vez en vez de hablar de ‘conejos’ procuraré hablar de ‘perros y perras’… non preocuparsi y cada cosa a su tiempo, que aquí cabemos todos.

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