El “Che”. La película.
Anunciaba aquí la semana pasada que tenía muchísimas ganas de ver la última aproximación cinematográfica a la controvertida figura del Che. También comentaba el miedo que tenía a una posible decepción. Ya saben eso de que cuango algo te lo pintan muy bien siempre esperas algo más. La verdad que no, esta vez no. Desde esa obra maestra titulada “la vida de los otros” no había vuelto a ver algo medianamente interesante en las pantallas. En la tele y, si tienes vídeo, siempre quedan los clásicos. Pero “Che, el argentino” es sublime. Sublime Benicio del Toro pero aún más sublime el argentino, cuyo nombre no recuerdo, que encarna al personaje de Fidel. Desde esa simbiosis Paco Rabal-Francisco de Goya no había vuelto a ver nada igual. Dónde está el actor. Dónde esta el personaje.
La verdad es que esta película tiene otro mérito importante, unir en el agradable espectáculo de su visionado a gente muy dispar. Por ejemplo liberales y socialistas. Fui a ver la película con una amiga mía diametrálmente opuesta en el pensamiento político, económico y social al mío. Le acabó maravillando. Puedes admirar al personaje o puedes odiarlo, pero la película totalmente desiodeologizada consigue acercanos a un estudio microscópico de un ser humano, con sus bondades, aciertos y miserias. Con sus delirios de heroísmo, locura, insensatez, ingenuidad y sus imperfecciones y rarezas. Vemos al aventurero inconformista que dejando mujer e hija en Méjico se lanza a la odisea revolucionaria. Vemos al intelectual, al hombre culto no endiosado sino en la trinchera. No vemos al comunista de salón, de esos ya hay muchos ejemplos en España. Vemos también al justiciero implacable, no llega a ejecutar sentencias de muerte pero sí las firma, e incluso las defiende. Otra doble moral izquierdista y derechista. La rancia derecha española defiende muchas veces la pena de muerte y luego dice ser católica. La demagógica izquierda española condena la pena de muerte, pero luego defiende el aborto libre y apoya al régimen cubano. Todo son contradicciones, la vida, la política, el personaje del Che. Por cierto, en un momento de la película el “Che” utiliza la palabra maricón. El sábado un comentarista radiofónico lo acusaba de un odio enfermizo al homosexual basándose en este hecho. Es como el que dice “moro” o “negro” y lo tildan de racista. La hipocresía de lo políticamente correcto.
Eso sí la única manera de que acabe gustando la película es hacer una mínima inmersión en el momento histórico en el que se desarrolla, fobias o filias aparte por el personaje, de lo contrario mucha gente se va a perder. Hay que saber quien era Fulgencio Batista, qué era el telón de acero, qué eran los bloques, cómo estaba sudamérica en ese momento. No es una peli de buenos y malos, ni de vencedores ni vencidos, es una obra maestra. Ahora toca esperar la segunda parte. Como decían en Cónan: “Esa será otra historia”.








