La inflación y la ceguera del Banco Central Europeo

10/09/08 | por Rubén Sancho | Sección: Economía y Empresas

Los estatutos del Banco Central Europeo (BCE) son claros, concisos y estrictos cuando estipulan que el primer mandato que debe llevar a cabo el organismo supranacional es la estabilidad de precios, por encima de cualquier otra necesidad o cualquier otro criterio adicional.

Y así, el Sr. Trichet, tras reunirse con sus consejeros, decide una y otra vez que los tipos de interés en la zona Euro deben mantenerse en cifras insostenibles, convencido como está de que esta es la única fórmula eficiente para detener el incremento de la inflación, lo cuál es plausible, desde un punto de vista económico.

Sin embargo, los analistas del BCE equivocan el diagnóstico de la situación porque parten de premisas equivocadas. Ellos consideran que las causas de la inflación creciente que está sufriendo la zona euro son endógenas, es decir, propiciadas en la misma zona en cuestión, mientras que las verdaderas causas propiciatorias son puramente exógenas.

El aumento del precio del petróleo (no olvidemos que, aunque está en una tendencia descendente, su precio se ha triplicado en el último año), y el incremento en la demanda de alimentos mundial, son las dos causas de la inflación en la zona euro.

El precio del petróleo afecta a los precios europeos porque incrementa el coste del transporte, el coste energético e, indirectamente, el coste de la mano de obra. Mientras que, por otro lado, el incremento de demanda de alimentos a nivel mundial genera un incremento de precios en la zona euro porque los productores habituales de alimentos (China e India), ahora no sólo producen, sino que también demandan, por lo que la cantidad disponible en el mercado es menor y los precios se ven incrementados.

Por tanto, unos tipos de interés elevados no generan ninguna acción positiva en la inflación, ya que ésta viene de fuera, mientras que los tipos de interés solo afectan internamente. Entonces, las decisiones del BCE sólo están consiguiendo estrangular las economías domésticas sin obtener beneficios económicos a cambio.



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2 comentarios
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  1. Permíteme hacer una observación:

    Si bien es cierto que la meta de tener bajos índices de inflación es más que ridícula e ineficaz, me parece que confundes una cosa con la otra. Cualquier crítica hacia las metas primarias del banco central están justificadas por el hecho de que la economía no se basa sólo en la inflación. Si tenemos en cuenta que el sistema se compone a base de dinero fiduciario de curso forzoso, entonces los bancos centrales tienen que combatir contra sí mismos.

    El tipo de interés, naturalmente, tiende a subir en períodos inflacionistas, no para ralentizar la economía, sino para que las personas ahorren más. Si hubo una burbuja de crecimiento irreal, es obvio que cuando suban los tipos de interés la economía entrará en un período recesivo, que, per se, no es malo, sino que es la consecuencia lógica de los errores que se produjeron gracias a una distorsión en el mercado.

    Vamos, a veces es mejor que a un niño le dé varicela en vez de estar curándolo con remedios caseros.

  2. La teoría es muy bonita, pero ahora hay que plantearse la realidad. Debido a los tipos de interés excesivos (que, aunque marcados por el mercado, son ‘incitados’ por el Banco Central Europeo) las familias europeas no tienen ninguna capacidad de ahorro ni ninguna capacidad de consumo, lo cuál está estrangulando, aún más, las economías de la Unión Europea.

    Este estrangulamiento sería entendible si las causas de la inflación fueran endógenas, y se solucionaran con estas medidas tan restrictivas. Pero las causas de la inflación actual son exógenas, por lo que no se va a solucionar por mucho que el Banco Central Europeo ‘incite’ más subidas de los tipos de interés.

    Esa es, precisamente, la ceguera a la que me refiero. El Banco Central Europeo debería permitir a las economías europeas que corrigieran su ‘distorsión’ por sí mismas (permitiendo un descenso de los tipos de interés), porque, ahora mismo las empresas de Europa no tienen ninguna capacidad de acción y las familias están al borde de la bancarrota permanente.

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