Uruguay: II congreso del pueblo. La izquierda cuestiona al centro.
Por Carlos Medina Viglielm
Bajo la consigna de “Un pueblo, un Congreso, toda la Esperanza”, se realizó en Montevideo, convocado por más de quinientas organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles y profesionales entre las que se encuentran la Federación de Estudiantes Universitarios FEU y la Central de Trabajadores (PIT-CNT), el inicio del II Congreso del Pueblo. Los delegados reunidos en sesión plenaria en el Estadio Cerrado Gastón Guelfi de Montevideo, llegaron en representación de más de las dos terceras partes de la población del Uruguay.
La sesión Plenaria comenzó con una declaración de solidaridad con la República hermana de Cuba, tras el desastre provocado por el huracán. Luego se dio inicio a una colecta en beneficio de los damnificados y se procedió al anuncio, por parte de la Central Obrera Uruguaya, de la apertura de una cuenta corriente bancaria, para depositar allí donaciones en efectivo.
Los representantes se reunieron en tres Comisiones que llevan el nombre de “País productivo”, “País social” y “País democrático”, en tres de las Facultades de la Universidad de la República.
Cada una de estas tres comisiones, se subdividió en otras que sumaron casi una treintena, y que trataron los temas específicos como son, entre otros, el de la Tierra y la Minería, las Cadenas agroindustriales, la Vivienda, el Comercio Exterior, la Educación, la Salud y también los Derechos Humanos, la Cultura, el tema Mujer, el Medio ambiente, la Descentralización y la participación popular y el Papel de las Fuerzas Armadas.
La idea de la realización del II Congreso del Pueblo, fue surgiendo de la inquietud popular, ante el rumbo que le ha dado a la administración del país el actual gobierno de coalición de izquierdas. La idea tuvo el apoyo inmediato de personalidades de la política y la cultura uruguayas, entre ellas la del escritor Eduardo Galeano.
Muchos de aquellos que dieron su voto para que la coalición de izquierdas llegara al gobierno reclaman, a través de la realización del II Congreso, el cumplimiento cabal de las promesas hechas antes de las elecciones, por un lado y por otro, se señala el abandono, por parte de la coalición de izquierdas, de principios y banderas largamente abrazados por las masas populares.
El II congreso del Pueblo reclama por ejemplo, el control de los recursos naturales por el Estado, en particular el de el agua potable, pero también los recursos de minería y la propia tierra de cultivo, hoy amenazadas por el monocultivo de la forestación de eucaliptos. Las organizaciones sociales han presentado en el II congreso, propuestas para que el sistema financiero sea nacionalizado y que, siguiendo los lineamientos del prócer de la Nación José Artigas, se controle el latifundio poniendo un tope a la extensión de la propiedad privada de la tierra.
Una de las diferencias más graves que existe entre el gobierno y muchos de aquellos que le otorgaron el mandato, es el mantenimiento de la oprobiosa Ley de impunidad, tras la cual se ocultan todavía, una serie de delincuentes responsables de violación a los derechos humanos en tiempo de la dictadura cívico-militar que asoló al Uruguay en las décadas del 70 y mitad de los ochenta del siglo pasado.
Muchos integrantes del gobierno uruguayo se presentan como de centro-izquierda.
El II Congreso en gran medida, ha puesto en tela de juicio la administración del país: la izquierda cuestiona al centro. Se han hecho serias propuestas de cambio de rumbo. Se ha establecido que el II Congreso es el comienzo de un debate que se realizará a lo largo y ancho de Uruguay y que tomará más de un año.








