Delirios de grandeza

11/09/08 | por Rubén Sancho | Sección: Deportes

Lance Armstrong es un tipo arrogante, antipático y soberbio, de ésos que se ven envueltos en su propio éxito y no son capaces de escapar de su burbuja. Sin embargo, es, probablemente, el mejor ciclista de toda la historia. Bonita contradicción.

Hijo de su nacionalidad, al igual que los pensadores son hijos de su tiempo, Lance Armstrong lleva 10 años viviendo en la adulación excesiva al éxito que existe en los Estados Unidos, donde la crítica al victorioso no se contempla, de la misma forma que el apoyo al derrotado. Y, por ello, se ha convertido en un personaje odioso, incapaz de respetar a ninguno de sus rivales, y que utiliza la enfermedad que, desgraciadamente, tuvo que padecer para ganar en popularidad y en sentimentalismos baratos.

Ahora dice que quiere regresar al ciclismo profesional en un anuncio que está muy lejos de la seriedad profesional. Según dice, su regreso está motivado por los rumores y las sospechas que hay sobre sus éxitos, sobre si fueron fruto de su organismo excelso y de su pundonor inigualable, o si fueron propiciados por medicamentos dopantes y no detectables con la tecnología de su época.

La duda está sobre la mesa y ya no existe ninguna posibilidad de aclarar cuál es la repuesta definitiva, por mucho que Armstrong quiera regresar. El problema, sin embargo, es que su regreso no está motivado por este hecho, no.

Lance Armstrong quiere regresar porque necesita al público, necesita a la prensa, necesita sentirse el centro de todas las miradas, necesita ser idolatrado por todo su país, y ahora no lo es. El éxito del deportista es efímero y se desvanece por los filamentos del tiempo, y él lo quiere evitar.

Él quiere seguir siendo el número uno, que la gente le respete y le reconozca por la calle. Que todos puedan decir que él, Lance Armstrong, es el mejor.

No obstante, o mucho me temo o su regreso va a resultar realmente patético, como el de los toreros que regresan ya entrados en kilos o los boxeadores que fuerzan su retirada para regresar a la derrota.

De cualquier forma, ya tenemos el circo montado alrededor de la figura de Lance Armstrong. ¡Con lo bonito que hubiera sido si se hubiera quedado en su casa!



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