Sobre la separación de poderes

11/09/08 | por Ric Lopez Ruiz | Sección: Sociopolítica

Si Uds. me lo permiten, hoy voy a intentar hacer un poquito de crítica política, a sabiendas de lo delicado que resulta sumergirse en esta materia de arenas movedizas. No olviden que esto no es más que un juego de palabras que no persigue más allá del puro pasatiempo y divertimento, no más que una visión personal de entre las millones de miradas posibles y distintas… Así pues, hubo unos señores hace unos cuantos años llamados Montesquieu, Voltaire y Rousseau, por nombrar alguno de ellos. Nadie puede poner en duda que forman parte del plantel de las más grandes luminarias que ha dado la Humanidad. No soy yo el que lo dice, sino que así se lo reconocen sus compatriotas en la Colina de Sainte Geneviève, y por eso sus espíritus descansan en el Panteón de París: “Aux grands hommes, la patrie reconnaissante”. Lo que uno daría porque alguno de nuestros ICFA, Ilustres Ciudadanos Fijos-d’Alguien, hubiese hecho algo similar a lo que hicieron estos grandes hombres, pero eso es demasiado pedir, parece ser que estuvieron ocupados gastando sus vidas en otros menesteres, quién sabe si más productivos. Seguro que, al menos, alguno de ellos les habrá leído y habrá aprendido un poquito en qué consiste la vida en sociedad, el compromiso del individuo con ella y de cómo deben articularse las instituciones para salvaguardar los derechos básicos de los ciudadanos. ‘- Pero hombre, ¿cómo osa Ud. decir eso?’. Ellos que son la más pura representación del espíritu hispánico, de ese elevado sentido cuartelario y seminarista de la existencia, el cual nos dejaron como herencia y que tanto nos cuesta sacudirnos de encima, de ese dogma admitido por resignación cristiana: ‘- Aquí mando yo porque así lo ordenan mis huevos’. ¡Menuda herencia!. Se podría decir con palabras más finas pero seguro que no olvidan que el mensaje final siempre era, y aún hoy en día es, ése, no había más posibilidades semánticas ni filosóficas. Y este parece ser, en parte, el panorama real después de 30 años de democracia… ¿Democracia?. ‘- Sí mujer, no seas incrédula’. Vayamos pues al grano. El Siglo de las Luces ya inventó la separación de poderes hace más de 250 años. Pero los Pirineos son unos montes que están ahí mismo y son pero que muuuyyy altos, y por eso todavía no nos hemos enterado de ese simple postulado constitutivo de un Estado moderno. La independencia de poderes se inventa para impedir su concentración y evitar así la tiranía. El Estado debe proteger al individuo del abuso de otros individuos y también del abuso de Él mismo. Pero un Estado como el nuestro, que es herencia de una larga dictadura de 40 años, todavía sigue guardando parte de esa inercia, incluidos ciertos individuos, o grupitos locales de individuos o incluso grupos globales organizados, que se creen velar por la pureza del poder y de las instituciones, como si éstas emanasen de ellos mismos, tanto que, a veces, dado el caso, no les tiembla el pulso para emplear adjetivos posesivos, bien sean escritos o bien sean gritados, en primera persona: ‘- Esto es Mi (o Nuestro) Cortijo’. Pero no perdamos el hilo en este mar de madejas deshilachadas. Decíamos tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Que estén separados significa que deben ser elegidos independientemente porque si no se hace así ya dejan de serlo. Pero observemos cómo lo hacemos en nuestro querido país. Hay una Cámara de Representantes que se eligen por elecciones universales, un ciudadano = un voto, pero las listas están cerradas. Los que están allí no son ciudadanos libres ni representantes del pueblo, daría la impresión que más bien son simples peones al servicio de la cúpula del partido político que los ha puesto en la lista. Sigamos. Una vez elegidos estos diputados, las cúpulas de los partidos negocian entre ellas para hacer las anheladas mayorías, y así sacar al Presidente. Es decir, la Cámara de Representantes, que es el poder legislativo, elige al Presidente, que es el poder ejecutivo. No es la gente la que elige al poder ejecutivo. Por tanto ahí queda rota la independencia de poderes: el Presidente, al salir por mayoría, controla el Congreso de los Diputados, o lo que es lo mismo, el poder ejecutivo controla el poder legislativo. Si a esto le añadimos que una parte de las altas esferas del poder judicial son por designación del Gobierno de turno nos acabamos encontrando que prácticamente los tres poderes se funden en uno sólo, justamente lo que el invento de la separación de poderes intenta evitar. En definitiva, la maquinaria dictatorial que heredamos hace 30 años todavía no ha sido desmantelada y da la impresión de que no hay grandes deseos de cambiarla ni de mejorarla. Evidentemente los partidos políticos son los menos interesados en cambiarla porque la Partitocracia bajo la cual vivimos es un buen chollo para todos ellos. Y es por esto que ahí andan todos, como el perro y el gato, luchando por las poltronas y por sus prebendas… Pero bueno, diremos la de aquel: ‘- Si esto funciona no lo toquemos demasiado’, y porque lo queramos o no, da la impresión de que algo hemos avanzado, y esperemos que las nuevas generaciones lo sigan haciendo, sin complejos, superando el pasado y mejorando lo presente.



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