Un hombre feliz

Para escribir este artículo me he inspirado en este tema de Triana “El señor Troncoso” por identificarme de algún modo con el personaje al que este Gran grupo canta en esta canción.

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Contener la rabia no puede más que producir úlcera de estómago. Voy a ver cómo describo la cólera que a mí me sale por las orejas, entre otras cosas, porque prefiero una úlcera producida por el exceso de un buen vino, que no por aguantarme las ganas de despotricar sobre todo lo que me rodea, que no todo, aviso, es odio y malestar; porque lejos de lo que puedas llegar a pensar soy un hombre plenamente feliz ¡joder!, y dirás, entonces de qué se tiene que quejar un hombre que es plenamente feliz; he ahí la cuestión: no me quejo, denuncio, que es diferente, denuncio la injusticia, la desinformación, la ignorancia, la cobardía, la sumisión establecidas por doquier, ese agachar la cabeza no vaya a ser que me quieten lo bailado ¡no te jode!, sí, soy un hombre plenamente feliz, y ya lo dijo Henry Miller en su Trópico de Cáncer. Pero yo sin saberlo, hasta que lo leí, soy un hombre plenamente feliz, pobre, según las estadísticas, otro mal endémico que habría que abolir. Por ejemplo: los hombres en España se gastan 35 euros al mes en prostitución (¿quiere decir este datos que los españoles somos todos unos puteros?), y no, serán otros porque lo que es yo llevo más de tres meses sin ganar esa cantidad. Claro que la oficina de Instituto Andaluz de Empleo no quiera saber nada de eso, ya me dieron lo que me correspondía (Renta de inserción laboral), vaya usted a la asistencia social del ayuntamiento y si no, a caritas interparroquial; pero soy pobre, eso sí, y no me gasto 35 ni en putas ni en vino, mejor en vino aunque sea peleón porque vaya cómo se las gasta el Estado. ¡Ah! No se lo pierdan, en tiempos de crisis que intervenga papá Estado, dicen cínicamente los capitalistas, sea sé, las empresas de este y de todos los países del mundo. Primero pregonan con lo de un mercado libre y global, y luego si nos sale mal vamos a llorar a Papá Estado. Y yo que soy muy mal pensado y no tengo estudios ni nada, eso, para la seguridad social soy Portero de Piscina de profesión, después de haber estado pagando veinte años como autónomo, o lo que es lo mismo como profesional libre; ¡claro! gajes de estar por debajo de la línea que diferencia a los ricos de los pobres; pues eso, que por necesidades, a uno, el que suscribe, no le quedó más remedio que morder el pan que había durante tres meses: Portero de Piscina, con todos mis respetos para los demás que ejerzan profesión tan digna como la que más. Pero a lo que iba, que me voy del tema. El cinismo del capitalismo, no satisfecho con tenernos a los proles “pobres”, contra las cuerdas, que decide, también, poner contra las cuerdas a Papá Estado, evidentemente, con la única intención de tener, de poseer, todo el poder. Primero creamos la crisis, luego desvalijamos al Estado, y una vez todo en nuestro poder, a ver quién es la guapa democracia que nos va a decir esta boca es mía.

Yo, que como hombre feliz, que no tiene casa, ni coche, ni televisión, ni un sueldo de por vida, ni oposiciones que aprobar, o como bien dice mi madre: ni perro que me ladre, tengo que llevar la contraria, y, además, darme cuenta de las triquiñuelas de los que nos manejan, y no dudan en ponernos el pie en el cuello y apretar, aunque vean que nos estamos ahogando: ¡que se jodan!- dicen ellos, hay más, y más tontos para esclavizar.

¡Claro! así, pensando así, me paso la vida feliz, tan sólo de pensar, de saber que en la medida de los posible, yo vivo por debajo de ese umbral que los ricos y poderosos intentan hacernos ver, el de la pobreza, será para regodearse en las diferencia, porque ellos, los que todo lo tienen no hacen más que especular, no sólo para que exista ésta, sino para hacerla extensiva, mientras más hambre más control sobre los hambrientos:la pobreza entendida según sus ambiciones perversas. “y es que es intolerante que existan todos esos pobres a los que como capitalistas, y señores del dios consumo, debemos moralmente ayudar para introducir en nuestros mecanismos, se dicen ellos en sus cócteles”. O dicho de otro modo para esclavizarnos por un plato de arroz al día.

Sí, y estoy harto de tanta hipocresía, de tanta palmadita en la espalda cuando la cosa pude beneficiarme, esos prologuistas y epiloguistas que buscan, más el reconocimiento propio que del prologado o epilogado llámale como te salga de los güevos, faltaría más, un hombre feliz no ha de pensar en escribir o no una u otra palabra. Ya ven, la ira, la cólera, todo eso lo saco al exterior y este ejercicio me hace feliz, plenamente feliz, aunque sea como dicen en mi pueblo: “a pan y cebolla”

Bienvenidos al mundo feliz

salvador moreno valencia



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