Crónica desde el pasado futuro (I)

23/09/08 | por Ric Lopez Ruiz | Sección: Sociopolítica

Esta es una crónica que me ha llegado de un periódico, no sé si del pasado o del futuro, y del que desconozco su país de origen, pero por si a alguien le puede interesar aquí mismo la copio: “Nadie entendía qué estaba pasando, aunque en realidad no estaba ocurriendo nada. Es más, daba la impresión de que todo estaba como antes. Salvando las distancias, poner bombas en un sistema político-administrativo que más bien pareciera un montaje hecho para un patio de escuela (ya saben que para tener contentos a los niños todos deben tener su caramelito en la mano) era como explotar un globo en un gallinero. Las gallinas se espantaban y acababan formando un montón en un lado del gallinero, pero a los diez minutos allá que andaban todas de nuevo cacareando sus cocoguaguas. No tenían memoria, el pasado sólo existía en sus neuronas durante unos cuantos minutos. Pasado ese tiempo, todo volvía a ser como era, todas recuperaban sus cacareos y sus posiciones anteriores. Así pues, nadie se movía ni un milímetro. A ese inmovilismo estructural lo llamaban ‘hacer política’… Los de las bombas todavía se movían menos, ellos a lo suyo, bombazo va y bombazo viene. Y si se llevaban algún inocente por delante pues qué le vamos a hacer, a eso se le llamaba daños colaterales, y santas pascuas: ‘- Mi vida es mía y la del otro también’, que para algo estaban los cementerios y para algo se inventaron los hospitales. La gente se preguntaba por qué no se ponían las bombas ellos mismos o por qué no las ponían a sus familias, debajo del auto de sus padres o debajo de la cama de sus hijos. Si tanto amaban su proyecto o su sueño al menos podían demostrarlo dando ejemplo a base de inmolarse ellos solitos, en vez de inmolar al vecino o al ajeno al que ni le iba ni le venía su delirio. Pero parece que la inteligencia, casualmente, les llegaba hasta ese punto, ése era su límite… En fin, todo el mundo aparentaba no estar loco sino feliz en ese corral de la pacheca. Pero no nos engañemos, la infelicidad abunda en cualquier gallinero. Es por eso que muchos cerebros acaban saltados de rosca y perdiendo el norte, aunque sólo baste con una sencilla brújula para encontrarlo. Pero también es verdad que hasta el norte puede dejar de tener sentido o sencillamente no llegar a interesarle a nadie, entonces ¿para qué encontrarlo?. Es ahí donde el alma mater del gallinero alcanza su misma esencia, la razón de ser que le impulsa hacia el futuro. Se reivindica así mismo como tal, como conjunto de gallinas encerradas en un corral, es decir, como puro y simple gallinero”… Esta era la crónica que les quería transcribir. Además, ese periódico del pasado futuro trae otras tantas historias atemporales que con mucho cuidado y atino aquí les iré contando.



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