El mercado de trabajo
Don Gerardo Díaz Ferrán, Presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), se ha desmarcado de la paz social a la que estábamos asistiendo y ha solicitado al Gobierno la flexibilización del mercado laboral español como medida económica para paliar la crisis.
Como es evidente, esta petición ha soliviantado a las organizaciones sindicales que se han llevado las manos a la cabeza ante tamaña desmesura, cegadas como están por su historicismo ideológico y por su obsesión por lo políticamente correcto, en lugar de por luchar por lo correcto económicamente hablando.
Y es que esta medida merece ser analizada desde un punto de vista objetivo, olvidándonos de ideologías obsoletas que fueron hijas de su época. El flexibilizar el mercado de trabajo ya no es una medida de derechas o de izquierdas, es una medida económicamente correcta, aunque, claro está, con matices.
El mercado español es claramente funcionarial y éso provoca los paupérrimos datos de productividad que arroja en cada estudio económico que se realiza. Los trabajadores se acomodan en sus puestos de trabajo, no existe promoción interna ni formación continua, y la rigidez del mercado laboral español provoca que se acabe prescindiendo de los más jóvenes y productivos, manteniendo los trabajadores más veteranos y menos productivos.
Sin embargo, la solución no es la flexibilidad total, como seguramente propondría el Presidente de la CEOE. La solución pasa por la flexibilidad bilateral. ¿Qué significa?
La flexibilidad bilateral permitiría a las empresas poder despedir a sus trabajadores sin tener que indemnizarles, pero, a su vez, permitiría que los trabajadores se pudieran marchar de las empresas sin tener que renunciar con ello a su subsidio de desempleo, en caso de necesitarlo.
La flexibilidad bilateral significa, además, que el coste que las empresas tienen por despidos se convierta en inversión en formación continua de sus trabajadores (regulado por ley), de forma que repercutiría positivamente en la productividad de las empresas, y en la capacidad de cambio de empresa de los trabajadores.
Con la flexibilidad bilateral se ganaría en empresas productivas, trabajadores formados y una sociedad dinámica, que no dependería exclusivamente de ningún sector económico determinado.









Señor Rubén Sancho:
De lo que deduzco en su artículo es que los trabajadores más veteranos son una carga y son menos productivos. Qué solución quiere darles a todos aquellos a los que usted le gustaría despedir. Llevarlos a cámaras de gas u hornos crematorios puesto que las prejubilaciones o subsidios saldrían muy caros al Estado y habría que financiarlos con nuevos impuestos. Además le recuerdo que la veteranía es un grado y que muchos jóvenes muy bien formados no tienen nada de experiencia laboral.
No me convence en absoluto señor Sancho.
Señor Alvira,
El artículo no aboga, bajo ningún concepto, por la eliminación de los trabajadores más veteranos. Sin duda, no debo haberme explicado con la necesaria claridad.
Digo sí a la flexibilidad laboral, pero sí con condiciones. Sólo si las empresas estuvieran obligadas por ley a invertir en la formación continua de sus trabajadores. De esta forma, todos los trabajadores estarán preparados para un posible despido. Por otro lado, la flexibilidad también implica que los trabajadores se puedan marchar libremente de las empresas sin necesidad de renunciar, con ello, a su subsidio de desempleo.
En cuanto a la experiencia, o no, de los trabajadores veteranos y de los jóvenes, le puedo asegurar que las empresas no hacen esa distinción. A las empresas les da igual la edad de sus trabajadores, sólo se interesan por su eficiencia. Un trabajador veterano que fuera eficiente, porque hubiera estado debidamente formado a lo largo de su vida laboral, no debería temer por su puesto de trabajo. Sóló debería de temer aquél que no es eficiente, aquél que demuestra una actitud muy poco solidaria al repercutir su ineficiencia en el trabajo de sus compañeros.
Con esta flexibilidad bilateral se consigue trabajadores incentivados, trabajadores eficientes, empresas productivas, y, con todo ello, trabajadores y empresarios felices y, por consiguiente, menos desempleo.
Entiendo, sin embargo, que no es algo que se pueda hacer a corto plazo, pero sí debe de ser hacia lo que se debe de tender, y los sindicatos españoles, si no se limitaran a seguir las teorías de principios del siglo XX, aquéllas que fueron construidas sobre economías basadas en la industria, y no en los servicios, estarían de acuerdo con mi argumentación.
Estimado señor Sancho:
Aunque sigue sin convencerme le agradezco enormemente su aclaración. Si todos pensáramos lo mismo la vida sería muy aburrida, ¿no cree?. Por favor siga escribiendo cosas tan interesantes como esta aunque como ya digo no nos lleguemos a convencer.
Un sincero y cordial saludo.
Estimado Señor Alvira,
Estoy totalmente de acuerdo en que el desacuerdo de opiniones es el único motor del desarrollo intelectual, así que estoy encantado de poder dialogar con personas con opiniones diferentes a las mías. Como usted dice, es la única forma de que la vida no sea tan aburrida.
Un saludo y gracias,
Rubén