Poema del viernes

El siguiente Poema ha sido Poesía de la semana en la web Poesiasemanal.com

[Si se ha de escribir correctamente poesía]
Enrique Lihn

Si se ha de escribir correctamente poesía
no basta con sentirse desfallecer en el jardín
bajo el peso concertado del alma o lo que fuere
y del célebre crepúsculo o lo que fuere.
El corazón es pobre de vocabulario.
Su laberinto: un juego para atrasados mentales
en que da risa verlo moverse como un buey
un lector integral de novelas por entrega.
Desde el momento en que coge el violín
ni siquiera el Vals triste de Sibelius
permanece en la sala que se llena de tango.

Salvo las honrosas excepciones las poetisas uruguayas
todavía confunden la poesía con el baile
en una mórbida quinta de recreo,
o la confunden con el sexo o la confunden con la muerte.

Si se ha de escribir correctamente poesía
en cualquier caso hay que tomarlo con calma.
Lo primero de todo: sentarse y madurar.
El odio prematuro a la literatura
puede ser de utilidad para no pasar en el ejército
por maricón, pero el mismo Rimbaud
que probó que la odiaba fue un ratón de biblioteca,
y esa náusea gloriosa le vino de roerla.

Se juega al ajedrez
con las palabras hasta para aullar.
Equilibrio inestable de la tinta y la sangre
que debes mantener de un verso a otro
so pena de romperte los papeles del alma.
Muerte, locura y sueño son otras tantas piezas
de marfil y de cuerno o lo que fuere;
lo importante es moverlas en el jardín a cuadros
de manera que el peón que baila con la reina
no le perdone el menor paso en falso.

Quienes insisten en llamar a las cosas por sus nombres
como si fueran claras y sencillas
las llenan simplemente de nuevos ornamentos.
No las expresan, giran en torno al diccionario,
inutilizan más y más el lenguaje,
las llaman por sus nombres y ellas responden por sus
nombres
pero se nos desnudan en los parajes oscuros.
Discursos, oraciones, juegos de sobremesa,
todas estas cositas por las que vamos tirando.

Si se ha de escribir correctamente poesía
no estaría de más bajar un poco el tono
sin adoptar por ello un silencio monolítico
ni decidirse por la murmuración.
Es un pez o algo así lo que esperamos pescar,
algo de vida, rápido, que se confunde con la sombra
y no la sombra misma ni el Leviatán entero.
Es algo que merezca recordarse
por alguna razón parecida a la nada
pero que no es la nada ni el Leviatán entero,
ni exactamente un zapato ni una dentadura postiza.

Enrique Lihn nació en Santiago de Chile en 1929. Estudió en el Saint George, en el Colegio Alemán y en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Colaboró en la Revista de Arte, Anales de la Universidad de Chile, Pro Arte, Cormorán,Cauce, Apsi, Plan, además de escribir en los diarios El Siglo, Las Ultimas Noticias y La Epoca, entre otros. Fundó la revista literaria Cormorán, que tuvo nueve números, y Manuscritos, que tuvo uno. Fue locutor en radios capitalinas y dibujante en El Diario Ilustrado. Trabajó en la Corporación de Fomento CORFO) y fue Profesor del Departamento Humanístico de la Universidad de Chile. En 1965 viajó a Europa mediante una beca de museología de la UNESCO. Residió un tiempo en París. Luego en Cuba. Obtuvo algunos premios entre los que sobresalen el Premio Municipal de Poesía 1970 por su obra La musiquilla de las pobres esferas. Además el Premio Casa de las Américas de Cuba (1966) y el de Extremo Sur. Falleció en 1988.

Enrique Lihn fue un prolífico escritor. Editó más de 36 libros en su trayectoria literaria. La poesía, el ensayo y la crítica interpretativa fueron los campos donde irradió la luz de su evidente inteligencia y cultura. No es autor popular y más bien habría que decir que es desconocido mayoritariamente por el común de las personas que invaden los territorios de las letras. Esta circunstancia se debe, entre otras cosas, por su decidida postura política, a la izquierda de las tendencias; a una actitud confrontacional con su época y porque su trabajo artístico no se presta fácilmente para la comprensión del común, salvo, claro está, para el círculo de amigos escritores que sí valorizan su gestión y alaban su aguda inteligencia y vasta cultura. No es escritor de masas, al modo de los poetas populares de Chile. Por ello, quizás, no se traiga con relativa rapidez a la memoria.

Sus interpretaciones críticas son trabajos exhaustivos, con gran profundidad, donde muestra con claridad su conocimiento, buscando la trascendencia de los contenidos, aunque se perjudican cuando entromete el matiz polìtico en el afán literario. El estilo, importante a la hora de provocar interés, es justo, preciso, con algun tono academicista, sin buscar la adhesión del lector. Sobresalen, sin duda, sus interpretaciones de la obra de Nicanor Parra, Oscar Hahn, Vicente Huidobro, Juan Luis Martinez, Manuel Silva. Especialmente acertado y profundo resultó su análisis de la tarea parriana. En general, su visión sobre la poética chilena, en cuando a los vanguardistas, es fructífera, cabal. y erudita.

También se adentró en los parajes de la dramaturgia y la novela, además de lo expresado anteriormente: cuento, poesía y crítica.

En síntesis, no abundan los trabajos en torno a la tarea literaria de Enrique Lihn. Y ello como consecuencia de su original forma de laborar en la arena literaria unido a una personalidad de por sí dificil de coger. Súmese además, su carácter confrontacional, cuyos afilados estiletes provocaron más de alguna herida, y su decidida postura ideológica. Por ello quizás no estuvo entre los candidatos al Premio Nacional de Literatura, máximo galardón literario de Chile y por eso, asimismo, su obra, no ha sido recogida y analizada con la atención que, en definitiva, merece.

Póstumamente, en 1997, se publicó una antología realizada por Germán Marìn, El Circo en LLamas, donde se realzan las virtudes literarias de Enrique Lihn y contribuye, de algun modo, a extender el conocimiento sobre su quehacer artístico.

Entre sus poemarios, cabe destacar La pieza oscura (1963), Poesía de paso (1966), Escrito en Cuba (1968) y Por fuerza mayor (1974). Ha publicado un volumen de cuentos (Agua de arroz, 1964) y las novelas Batman en Chile (1973) y El arte de la palabra (1980).

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