Álvaro Munera: “La cogida de terciopelo fue una bendición para darme cuenta del daño que estaba haciendo a los toros”

28/09/08 | por Javier Montilla | Sección: Sociopolítica

                                                         

Decía Mahatma Gandhi que en cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre ninguna tiranía puede dominarle. Sin duda, algo parecido sintió Pilarico aquella tarde donde Terciopelo se cruzó en su camino, le dejó parapléjico y jamás pudo volver a caminar. Años después, aquel ser reinventado, Álvaro Munera, se ha convertido en un acérrimo defensor de los animales, incluidos los toros.

En primer lugar, Álvaro, me gustaría que me hablases como empezó tu carrera taurina. ¿Fue vocacional?

Fue la  herencia de mi padre. A partir de los cuatro años mi padre empezó a llevarme a los toros, a prácticamente todas las corridas. En cierto modo, era la afición principal de mi padre y quería transmitírmela a mí. Así que al  respirar esa herencia taurina quise ser matador de toros. Y eso lo decidí a los doce años. Sin tener casi conciencia de lo que hacía.

Creo que uno de tus momentos más tristes como ex matador de toros fue el día que mataste a una vaquilla que estaba preñada. ¿Crees que ese momento fue clave para reflexionar lo que estabas haciendo y empezar tu cambio ético?

No me cabe ninguna duda. Lo de la vaquilla ocurrió cuando yo tenía catorce años en una corrida en beneficio de un hospital. Maté a cuatro vacas y cuando maté a la última  y me iba para el hotel, pasé justo por el matadero y al ver el cadáver de la vaca y como le estaban sacando un feto entre su vientre, sólo sentí que había matado a dos seres inocentes. Sentí tanta tristeza, y tantas ganas de vomitar y llorar que interiormente pensaba que algo no funcionaba en mi cabeza y que aquel día era el último. Sin embargo, ahí estaba la palmadita en la espalda de mi apoderado y de mi padre que me decían que esas son cosas que pasan, que no me preocupase, que yo iba a ser una figura del toreo. Así que esos pensamientos se difuminaron y me dejé seducir por lo que en aquel entonces yo llamaba profesión y continué mi carrera taurina. Con el tiempo, ahora puedo decir que esa fue la primera llamada  que sentí para abandonar todo ese dolor y esa muerte que estaba creando. 

Pero, ¿qué tiene el mundo del toro para que las personas sólo miren al torero y no se fijen en el dolor y el sufrimiento del animal?

Para los taurinos básicamente el toro sólo se trata de una materia prima. Ellos tienen tan preconcebido que el toro nació para eso que es normal que al toro se le torture, se le claven espadas, banderillas y rejones de castigo. Así que con este entramado jamás se han parado a pensar en que se trata de un ser vivo que siente como nosotros. Que tiene un sistema nervioso central muy parecido al nuestro. Que responde a los estímulos del dolor de la misma forma que nosotros. No entienden que siente miedo, que está aterrorizado.

¿Crees que la cogida fue determinante para reinventarte como persona y volver a nacer como un ser humano lleno de dignidad?

Absolutamente. Pero es curioso. Pienso que la cogida en sí no fue el punto de llegada, sino de partida. Fue durante mi proceso de rehabilitación en Estados Unidos donde empezó mi cambio a lo que tú llamabas antes cambio ético. En primer lugar, me tenía que enfrentar a mi discapacidad. Y después afrontar la pregunta obligada de todas las personas que padecen una discapacidad y se tienen que enfrentar a una silla de ruedas. Recuerdo cuando estaba en Estados Unidos y explicaba el porqué yo estaba en una silla de ruedas. Automáticamente sentía la discriminación y el estigma porque en el fondo no entendían a qué me había dedicado. Y yo siempre respondía con los mismos argumentos vacíos que los taurinos hacen para justificarse.  Pero la gente me  lo hizo ver de una forma tan sencilla y tan intensa que aquello fue lo que me hizo reflexionar verdaderamente. Y ahora puedo decir que ante la tortura no hay justificaciones posibles. Así que entendí que todo lo que me había pasado era un regalo para volver a vivir.

¿No piensas a veces que “Terciopelo” acabó con Pilarico y le dio la vida al ser lleno de vida que se llama Álvaro Munera y que hasta entonces no había salido?

Terciopelo fue fundamental como instrumento. Yo creo que terciopelo me puso en el camino. Pero fue el proceso personal en soledad lo que me hizo reflexionar y volver a la vida.  

¿Para tus ex colegas de profesión eres un traidor?

Desde su punto de vista no me cabe ninguna duda. Ellos saben a que mí no me pueden engañar. Que no pueden decir nada que yo no sepa. A mí no me pueden discutir todas las mentiras que dicen respecto a que el toro no sufre o no siente dolor o que si el toro no fuese lidiado desaparecería, cuando en el fondo ellos saben que se trata de una raza artificial creada por el hombre con el simple fin de ser torturada vilmente. Así que como yo conozco los entresijos del mundo taurino, y sus argumentos, para ellos soy un traidor. Pero yo no les guardo rencor, pienso que a muchos de ellos, un día la vida les regalará el momento de plantearse lo que han hecho, como a varios ex toreros les ha pasado, no sólo a mí. Otros, desgraciadamente, nunca tendrán esa oportunidad. Y yo estoy absolutamente convencido que la razón me acompaña. Lo que me pasó fue una auténtica bendición.

Tú que has visto los toros de cerca, ¿realmente lloran de dolor después del calvario que le han hecho padecer?

Por supuesto. En muchas ocasiones me tocó ver morir toros a dos pasos de mí y veía como luchaban por su vida, como se aferraban a ella, y puede ver como corrían sus lágrimas por sus ojos, como respiraban fuertemente intentando sobrevivir.

¿Cómo ves el futuro de la tauromaquia? ¿Crees que el final vendrá por la educación de las nuevas generaciones o por una intervención de los poderes públicos?

No dudes que la tauromaquia no tiene futuro. Hace un siglo había diecisiete países latinoamericanos que tenían corrida de toros y hoy sólo quedan ocho. Y lo cierto es que no sabe cómo expandirse. Porque las sociedades civilizadas no dejarán que se introduzca en sus países y en sus culturas espectáculos bárbaros como este. Y piensa otra cosa, en los propios países taurinos, y ahí está el caso de España, los propios ciudadanos cada vez están tomando más conciencia de la brutalidad de este espectáculo y se inculcan valores de respeto hacia a los animales. Ese es el futuro, la educación. Y contra eso no tienen armas. Y esa educación también se tiene que hacer a los políticos.

¿Cómo está la situación de la tauromaquia en Latinoamérica? ¿Hay una corriente abolicionista como en España?

Indiscutiblemente. Los taurinos están cada vez más arrinconados. En casi todas las capitales latinoamericanas donde hay corridas de toros está habiendo manifestaciones de repulsa y eso no ocurría en la década de los ochenta, donde eran los héroes. Hoy para una gran parte de la sociedad latinoamericana, esos héroes son villanos. Y sienten el rechazo permanentemente. Cada vez va menos gente a la plaza. Y esta corriente es irreversible. Porque al final la verdad siempre triunfa.

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Un comentario
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  1. Esta bien que se arrepienta de sus crímenes para con los pobres toros y vacas .Estoy de acuerdo con el que la tendencia de las sociedades civilizadas,sea la abolición total de las corridas de toros.Una vez más se pone de manifiesto la barbarie de esta practica y lo cavernícola que es

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