Gabache de zanahorias
En el mundo laboral obabense no hay zanahorias maravillosas. Sólo los que nacieron estrellados acceden a ellas, casi por decreto divino, y aún así, el aburrimiento de tales zanahorias regaladas puede acabar por horadarles las 2 neuronas que tienen hábiles. En Obaba todas las zanahorias son engañosas y todas tienen trampa. No hay que olvidar que Obaba es el paraíso de la picaresca redomada y que básicamente los pícaros más resabiados están en los puestos de mando. Evidentemente si uno habla de picaresca entonces no puede hablar de profesionalidad, son dos cosas bien distintas, aunque en Obaba se confundan ambos términos. Es por esta razón que el mundo laboral obabense es muy jodido. Hay unos poquitos que juegan con las cartas marcadas y todos los demás tienen que andar a ciegas, dándose de leches a diestro y siniestro. La cuestión es que esa masa informe a la que se apalea para recibir su pequeña zanahoria, entiéndase su pequeño sueldo a final de mes, también va aprendiendo con el tiempo, y a veces, aunque sólo sea a veces, los que juegan con las cartas marcadas también pueden perder, si bien sólo sean unas monedas de cobre. Puede producir cierto regusto esta ‘anomalía del sistema’ pero las sensaciones positivas suelen ser de corta duración. Los tramposos con las cartas marcadas forman una banda bien organizada que se encarga de devolver las cosas a su sitio, y el que creyó llevarse unas monedas de cobre, las acaba devolviendo de plata, sino de oro. La historia de Obaba está repleta con historias de este tipo de espejismos. De hecho, hubo un obabense, un tal Balderón, que debía saber mucho de estas cosas, y que llegó a escribir una frase memorable, algo así como que ‘la vida es sueño, y los sueños, sueños son’. Esencialmente, en Obaba, toda zanahoria lleva implícita una maraña alrededor suya, y todo el que desea tener una de esas zanahorias paga el precio de quedar atrapado en la correspondiente maraña. Si uno era consciente de ello, entonces hasta la felicidad puede alcanzar con su zanahoria, pero si no lo era, entonces maldado el día en que la consiguió. Después están aquellos osados que se lanzan a por la zanahoria sin más, posiblemente con todo el derecho del mundo pero sin la reverencia correspondiente. En este caso es tal la cantidad de palos que reciben en el camino que no está claro que compense la posterior ausencia de maraña. Lo uno por el otro, o se paga en origen o se hace en destino, o se apalea al incauto en el camino o se queda arrodillado de por vida el sumiso… Y a este triste dilema se le llama en Obaba ‘hacer carrera profesional’. Y no hay escapatoria, y es por esto, porque nadie puede rehuir de ello, que todos aparentan ser felices en esta formidable maraña… Pasen y vean, Obaba es un país maravilloso y fantástico que en ningún momento dejará de cautivarle con su magia.








