El Librepensador El Librepensador
Tamaño de fuenteAa
EL LIBREPENSADOREL LIBREPENSADOR
Buscar
  • Inicio
  • Inversiones
  • Economía
  • Tecnología
  • Ciencia
  • Cultura
  • Política
  • Internacional
  • Sociedad
  • Opinión
  • Deportes
  • Estilo de vida
Síguenos
EL LIBREPENSADOR > Blog > Inversiones > Hotel de cuatro estrellas apagadas
Inversiones

Hotel de cuatro estrellas apagadas

Última actualización: 01/10/2008 21:27
Jordi Sierra Marquez
Jordi Sierra Marquez
PorJordi Sierra Marquez
Fernando Sánchez Dragó (Madrid, 1936). Hijo adoptivo de Soria desde 1992. Hombre de cultura y formación multidisciplinar. Se considera, con palabras de Baroja, hombre humilde y...
Seguir
Compartir
Compartir

Desayuno tipo buffet de un hotel

El mundo se hunde dentro y fuera de España. Occidente llega a su punto final sin haber hecho testamento. China y Rusia firman ya ante notario los papeles de la herencia.

Wall Street se convierte en lo que otrora fuese Pozo del Tío Raimundo. En Shanghai construyen tropecientos rascacielos cada hora. Las fuerzas de ocupación de Afganistán se baten en retirada. ETA vuelve por donde solía. El litro de petróleo cuesta más que una botella de Chateau Laffite. La vecinita de arriba, que antes era de comunión diaria, se ha comprado unas babuchas para ir los viernes a la mezquita. La rentrée literaria nos propone novedades que son bodrios. Yo envejezco.

En fin… Que todo es un desastre y, pese a ello, me encojo de hombros ante la actualidad, paso de largo ante las mil y una catástrofes que me propone, apago la tele y opto por dedicar esta entrega de mi blog a algo tan nimio como lo es el hotel de Barcelona en una de cuyas ruidosas habitaciones garabateo estas líneas.

Dicen que como mejor se escribe es cabreado, y yo lo estoy. Dicen que la venganza es placer de dioses, y yo voy a vengarme. Dicen que ese plato debe servirse frío, y yo lo serviré caliente.

Que cada palo aguante su vela. El nombre del hotel en cuestión figura en el Gotha. Es condal y barcelonés. Adivinen a cuál me refiero. Blanco y en botella, verde y con asas. Nunca volveré a alojarme en él. Más me vale no hacerlo. Imaginen ustedes cómo me tratarían después de leer lo que ahora escribo.

Hoy es miércoles. Llegué el lunes por la mañana. El aire acondicionado hacía un ruido infernal. Lo apagué. Seguía haciéndolo. Llamé a recepción. El teléfono no funcionaba. Bajé tres pisos a pie, porque los ascensores estaban siempre atiborrados de guiris incapaces de dar los buenos días. Tomaron nota de mis quejas. Subí tres pisos a pie, porque… Bueno. Ya saben.

Empezó el trasiego de técnicos que aporreaban la puerta de mi habitación y se paseaban por ella impidiéndome escribir. Sonó el teléfono. ¡Aleluya! Lo cogí. Era mi mujer. Yo escuchaba su voz, pero a ella no le llegaba la mía. Colgué. Bajé de nuevo a la recepción. Me aseguraron que todo estaba en orden. Subí. Nunca viene mal hacer un poco de ejercicio.

La climatización rugía. Los expertos llamaban al timbre. Sonó el teléfono. Lo cogí, demostrando que el hombre es el único animal que tropieza cuantas veces sean necesarias en la misma piedra. Era mi mujer. Yo escuchaba su voz, pero a ella no le llegaba la mía. Los técnicos… Bueno. Ya saben.

Y, a todo esto, una botella de pésimo vino espumoso –el mismo que el roña de Dalí servía a sus huéspedes– aguardaba en una cubitera a que yo, en un momento de insania provocado por la desesperación, la descorchase. ¡Rayos y truenos! Si ni siquiera me gusta el champán, ¿cómo va a gustarme el cava? Al vino, vino y res més. Quédense las burbujas para la especulación inmobiliaria.

Era un regalo que me enviaba la dirección del hotel. Lo acompañaba una tarjetita. ¡Con nuestros mejores deseos!, decía. ¡Pues anda, que si llegan a ser malos!

Soy un desagradecido.

Me armé de paciencia, capeé los sucesivos temporales, dejó por fin de funcionar el maldito aire acondicionado, se reestablecieron las comunicaciones, transcurrió sin más sobresaltos el resto de la jornada, me acosté, dormí seis horas, me levanté de excelente humor y bajé a desayunar.

¡Nunca lo hubiera hecho!

Sé que no van a creerme, pero juro que es verdad. El Maligno acecha. Los dislates, también. Busqué de piso en piso el comedor. No lo había. Iba yo en zapatillas de felpa y camisola sin mangas. Acudí una vez más a los servicios informativos de la recepción. ¡Atiza! Me enteré en ella de que para desayunar había que salir al raso y a la puta rúe, esperar a que el semáforo se pusiera verde, cruzar la calzada, recorrer unos metros y entrar por fin en el local donde el buffet me aguardaba.

Subí a la habitación, me puse unos zapatos, agarré una chaqueta, bajé, me expuse a la intemperie, no esperé a que el semáforo se abriera, atravesé la calle esquivando coches y jugándome la vida, encontré el restaurantillo en cuestión y… Bueno. Ya saben.

Su chef, por cierto, es uno de esos cocineros de la bazofia creativa que destruyen la tortilla de patatas o lo que se les ponga por delante, se las dan de artistas y cuelgan sus platos en las paredes de los laboratorios.

¿Se imaginan? El lunes, por ejemplo, llovía a cántaros. A cántaros, digo. El invierno se echa encima. Y el infierno, para los huéspedes del hotel de marras, también, pues infierno será tener que ponerse un chubasquero, envolverse en una bufanda, enfundarse unos guantes, tomarse una aspirina, agarrar un paraguas y enfrentarse a la galerna para hacer algo tan sencillo, en teoría, como beber una taza de café acompañada por una pieza de bollería industrial, un trozo de melón transgénico y un pincho de tortilla deconstruida.

De Guinness, vaya… Y, encima, no dan El Mundo, lo que obliga a quien, como yo, tiene la costumbre de leerlo con avidez mientras desayuna a buscar el quiosco más cercano, que está en el Paseo de Gracia, pero no precisamente a la vuelta de la esquina. Otros doscientos metros –hay que ir y venir– con el estómago dando voces y coces.

¿Cuatro estrellas? Ahí duele. Si fuese un hostalillo de nada…

¿Qué habrán hecho los condes de Barcelona para merecer esto? ¿Tendrá la culpa Carod Rovira? ¿Será una conspiración republicana?

Lo dicho: si me pierdo, no me busquen en este hotel. Háganlo, por ejemplo, en el Majestic. Está enfrente, y no hay que llevar abrigo ni que ponerse chanclos para desayunar en él.

Compartir este artículo
Correo electrónico Copiar enlace Imprimir
PorJordi Sierra Marquez
Seguir
Fernando Sánchez Dragó (Madrid, 1936). Hijo adoptivo de Soria desde 1992. Hombre de cultura y formación multidisciplinar. Se considera, con palabras de Baroja, hombre humilde y errante, escritor y viajero. Pretende ser un hombre sin etiquetas, que no tiene ni dios ni ley ni patria ni rey ni frontera ni bandera, que va a pecho descubierto y desnudo por el mundo.Su pensamiento político parte de un liberalismo heterodoxo y radical, construyéndose su propio sistema, entremezclando filosofía oriental, como el taoísmo o el hinduismo, con una defensa a ultranza de los derechos individuales, a la vida y a la propiedad privada. Antiestatista sedicente, en puridad puede ser considerado un anarquista individualista sui generis (anarquismo de mercado).
Artículo anterior Diálogo interno IV (El cambio)
Artículo siguiente De nuevo otoño
No hay comentarios

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Most Popoular

Vicente Blasco Ibáñez y la Masonería

Por
Ricardo Serna

Los análisis genéticos están ahora a nuestro alcance

Por
redaccion

Deportes y actividades en la Naturaleza Navarra

Por
redaccion
Santa Inquisición

La Iglesia católica y sus crímenes contra la Humanidad

Por
JavierFisac

Acer presenta su nuevo dispositivo informático AIoT compatible para vídeo en streaming de Amazon Kinesis

Por
redaccion

¿Será SpaceX la primera Empresa en Proporcionar Internet al Mundo desde el Espacio?

Por
redaccion

Cursos de seducción que pueden interesarte

Por
Maite Nicuesa Guelbenzu

Reducir el tiempo de desplazamiento al trabajo ahorraría 214 millones de toneladas de CO2 para el 2030

Por
redaccion
Libres Pensadores

Filosofía del Derecho

Por
brodgari

8 consejos para el cuidado del cabello en otoño

Por
redaccion
Anterior Siguiente

Subscribe Newsletter

- Advertisement -
Ad image

Quizás también te interese

La solución europea

04/02/2011
Inversiones

No es gasto, es inversión

20/02/2012
Inversiones

La canallada de los rescates

04/07/2011

La crisis alimentaria golpea de nuevo

27/03/2011
EL LIBREPENSADOR

Your instant connection to breaking stories and live updates. Stay informed with real-time coverage across politics, technology, entertainment, and more. Your reliable source for news, 24/7.

Facebook Twitter Youtube Rss Medium

Categorías

  • Inicio
  • Inversiones
  • Economía
  • Tecnología
  • Ciencia
  • Cultura
  • Política
  • Internacional
  • Sociedad
  • Opinión
  • Deportes
  • Estilo de vida

Enlaces útiles

  • Quiénes somos
  • Aviso legal
  • Privacidad
  • Política Cookies
  • Contactar
  • Equipo
  • Estándares editoriales
  • Ética e independencia
  • Correcciones
© EL LIBREPENSADOR. Todos los derechos reservados.
EL LIBREPENSADOREL LIBREPENSADOR
¡Bienvenido de nuevo!

Inicia sesión en tu cuenta

Nombre de usuario o dirección de correo electrónico
Contraseña

¿Olvidaste tu contraseña?