Sabine El Chamaa: Es muy importante convencer que es posible contar las cosas de diferente manera”
Irradia frescura en las distancias cortas. Detrás de esa mirada descubrimos a una mujer libanesa que no puede vivir ni un solo instante sin contar historias a través del cine.
¿Por qué sientes la necesidad de hacer cine?
Porque necesito hablar sobre la situación de la gente de un país tan traumatizado por la guerra como es el Líbano.
Abandonaste Beirut para estudiar cine en Estados Unidos. ¿Cómo fue esa experiencia?
Muy positiva. Me marché a Los Ángeles principalmente porque quería estar en un lugar donde el sol fuera el gran protagonista. Pero la realidad es que prácticamente no tenía nada de tiempo para el ocio, porque el trabajo en la escuela de cine era muy intenso. Cuando me marché del Líbano acababa de terminar la guerra civil. Y poder marcharme fue una gran decisión, ya que me permitió llevar a cabo una reflexión sobre todo lo que había pasado en mi país desde la distancia.
¿Pero tuviste algún tipo de ayuda para estar en la meca del cine?
Sí. Tuve una beca para poder realizar los estudios. Ciertamente fue una experiencia muy gratificante en el ámbito del aprendizaje de la técnica, pero no quise permanecer mucho tiempo allí.
¿Por algún motivo en concreto?
Principalmente porque las películas que se hacían allí no lograban despertar ninguno de mis sentidos. Por decirlo de otra manera, no tenían ningún tipo de espíritu creativo.
¿Rompía con tu idea de lo que significa el mundo del celuloide?
Para mí el cine significa mucho más que un simple negocio.
Desde tu punto de vista, y desde tu experiencia, ¿cómo es Hollywood?
Una muy buena escuela. Perfecta para entender y comprender la técnica, pero nefasta para hacer películas. Y yo entiendo el cine como un lugar donde poder plasmar todo lo que has vivido.
Tras la experiencia de Los Ángeles, recalas en Nueva York. Demasiado cambio. ¿No crees?
Nueva York es la ciudad. Mucho más dura y difícil. Nueva York me ayudó a sentir el gusto por la vida nómada. Es muy interesante viajar y conocer otras realidades, porque es lo que me ayuda a ser crítica con mis propias experiencias desde otro punto de vista. Por eso también quise visitar Sarajevo. Para ver las consecuencias de la guerra de los Balcanes y ver como sobrevivieron a su tragedia.
¿Cómo has vivido el hecho de que la mayoría de los medios de comunicación estadounidenses sean partícipes de la manipulación que generan todas las noticias de los países musulmanes?
Me gustaría señalar que yo viví en Estados Unidos antes del fatídico 11 de Septiembre de 2001, la fecha que todo lo cambió. Pero si hay algo muy claro, tras mi experiencia, es que el miedo se ha instalado gracias a los medios de comunicación. El miedo es un arma política contra el pueblo americano. Y de esta manera es como se ha generado un estereotipo de la cultura árabe que difiere mucho de la realidad.
Afirmas que la principal razón por las cuales las historias no se cuentan es porque son difíciles de explicar. ¿Por qué?
Es muy difícil de explicar, pero lo cierto es que es muy difícil ser sincero contigo mismo. Creo que cuando has vivido un inmenso sufrimiento tienes mucho que contar, pero también pesa el hecho de que tienes miedo a estar imitando algo, y eso es lo que valora mucho un productor. Porque cuando recibe un proyecto y se da cuenta de que no pertenece a un estereotipo, le produce mucho miedo. Y esa es la gran batalla. Lograr convencer que hay otra manera de explicar alguna historia. Aunque sea muy difícil de explicar. Y esta experiencia la podemos también extrapolar a la realidad africana, una realidad que empieza a despertar de un coma. Y creo que los jóvenes directores tenemos la obligación de explicar. Nosotros ya hemos nacido adultos, porque hemos visto la muerte cuando hemos sido jóvenes.
Has relacionado las situaciones vividas en el Líbano con la situación en muchos países africanos. ¿Por qué lo consideras así?
Es mi punto de vista. Pienso que en África el grado de madurez del pueblo es mucho más exacerbada que en mi país. Hay paralelismos que tienen mucho en común en la historia. Y a mí me gusta reflexionar sobre mi propia historia a través de la historia y los ojos de los demás.
Para finalizar. Supongo que una de las preguntas que más te habrán hecho es por qué siendo musulmana no llevas el hiyab. ¿No estás cansada de estar justificándote todo el día?
La verdad es que no. Pero es cierto que la primera pregunta que me hacen siempre los periodistas cuando me ven es que a qué religión pertenezco. Yo siempre digo que nadie tiene derecho a preguntarme tal cuestión. La religión es algo mío, personal, y nadie tiene derecho a juzgar por cómo la vivo.








