Domingo sin Liga, domingo a medias

Un domingo sin Liga de fútbol es un domingo a medias, es un domingo en el que falta algo, en el que te sientes vacío, en el que no sabes que hacer, no sabes en que matar el tiempo. El día se te hace eterno, porque te falta un referente, el referente del partido de tu equipo.
Sí, ya sé que ha jugado la Selección, ya sé que también había baloncesto, que había balonmano, que la Selección de Fútbol Sala está jugando el mundial, que Fernando Alonso volvió a brillar en la Fórmula 1, que Valverde ganó otro Criterium, y mil cosas más, pero, ¡amigo!, nada como la Liga de fútbol.
Cuando hay Liga, el fin de semana se organiza en función del partido de tu equipo. Organizas la cena con los amigos, las copas de después, la pachanga del domingo por la mañana, la comida familiar del domingo a mediodía, y el paseo con la mujer del domingo por la tarde, todo en función de la hora en la que juega tu equipo.
Y luego llega el partido, te sientas en tu sofá, enciendes la televisión, y entonces recuerdas que era un partido de pago, así que, como sigues siendo pobre, te tienes que bajar al bar a verlo. Allí, de pie, rodeado de gente que grita por gritar, y de humo de cigarrillos y de puros, disfrutas del partido, te emocionas cuando marca tu equipo, maldices cuando lo hace el contrario, discutes con el tipo de al lado y luego te abrazas a él para celebrar el final.
El fútbol en general, y la Liga en particular, une a las personas, elimina fronteras sociales, y consigue hermanar al rico y al pobre, al culto y al analfabeto, al urbanita y al pueblerino, porque el fútbol tiene esa grandeza.
Por éso me sigue gustando el fútbol, y echo de menos cuando no hay Liga.








