Damien Millet: “Los países poderosos carecen de moral”
Damien Millet expone en su último libro “África sin deuda” , editado por Intermon Oxfam, que es urgente la instauración de un nuevo modelo económico que satisfaga las necesidades humanas fundamentales y exige la anulación total de la deuda de todos los países pobres para hacer posible su desarrollo.
África es el continente más pobre. Su deuda exterior crece aceleradamente pese a las supuestas reducciones y a los numerosos programas de ayuda al desarrollo que se le destinan. Para Millet, presidente y portavoz francés del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), el estallido de la deuda se debe a que los países ricos de Europa, para conservar su poder sobre este continente, ofrecieron a sus antiguas colonias -en los años 60 y 70- préstamos masivos. Con el apoyo de la banca occidental y los organismos multilaterales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), los países más industrializados lograron endeudar a los dirigentes los países empobrecidos, especialmente los africanos, justificando su oferta como una oportunidad para “desarrollar sus países”, ocasión que muchos de ellos aprovecharon para enriquecerse sin importarles las necesidades de la población.
¿Por qué cree que el único camino para el desarrollo de África pasa por la anulación de su deuda?
Desde la crisis de la deuda que estalló en 1982, a pesar de sus innumerosas riquezas naturales y humanas, los pueblos africanos, y más concretamente aquellos pertenecientes al tercer mundo, sufren una sangría increíble. El reembolso de una deuda que se ha convertido en colosal, es un obstáculo tremendo en la satisfacción de las necesidades humanas. Básicamente, el acceso al agua potable, el derecho a una alimentación correcta y a unas infraestructuras satisfactorias. Sin lugar a dudas, la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales debe prevalecer sobre otras consideraciones, ya sean geopolíticas o financieras. Soy de los que piensan que los derechos de los acreedores y especuladores no tienen comparación alguna con los derechos fundamentales de cinco billones de ciudadanos. Hemos de pensar que las políticas aplicadas por los gobiernos endeudados son en gran medida decididas por los acreedores más que por los gobernantes elegidos democráticamente por los ciudadanos.
¿Ve al respecto alguna solución?
Desgraciadamente, las decisiones que conciernen a los países del Sur no son tomadas en los países del Sur, sino en Washington (en el Departamento del tesoro americano, en la sede del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional), en París (en la sede del Club de Paris, que agrupa a los estados acreedores del norte) o en Londres o Berlín. Así que la prioridad absoluta es la satisfacción a los criterios económicos financieros o geopolíticos y los daños sociales son considerados como daños colaterales. Y esto es inconcebible. La última iniciativa respecto a la deuda, lanzada con gran estruendo por el G8 en Greneagles en 2005, es más de lo mismo. Si se quiere aportar una solución justa y duradera, un enfoque radicalmente diferente deber ser considerado: la anulación pura y simple de la deuda, inmoral y con frecuencia odiosa. Así que mientras esta deuda permanezca, impedirá el total desarrollo de los países en vías de desarrollo.
Yo pienso que esta anulación de la deuda a la que se refiere, es una cuestión de ética y de moral. ¿Lo comparte?
En mi opinión, es ante todo una cuestión de justicia. Por supuesto, mientras que los países en desarrollo transfieren cada año varios millones de dólares hacia los países ricos, la moral nos debería incitar inevitablemente a reclamar la anulación total de esta odiosa deuda. Pero los países poderosos carecen de moral.
Pero ante esta crisis global y lo que muchos dicen el fin del capitalismo, ¿cree que este mundo global y neoliberal tiene futuro?
Espero que no. Pongamos por caso el ejemplo de la salud. La mejoría de los sistemas de salud pasa, sin duda, por la combinación del aumento del gasto público en materia de sanidad (aumento de los servicios de salud, mejora de su calidad, gratuita, contratación de más personal, aumento de los salarios, perfeccionamiento de la formación de los trabajadores) y por la reforma en profundidad del modelo económico neoliberal que, desde mi punto de vista, ha provocado el hundimiento de los sistemas de salud en la mayoría de los países del sur, y con mayor notoriedad en África. No olvidemos una cosa: Los daños que se han causado en materia de sanidad son sólo una parte de los múltiples daños sociales, del que el sistema neoliberal es el máximo responsable.
Por lo que dice, el neoliberalismo es el cáncer de la sociedad.
A mi juicio, es esencial sustituir una economía de endeudamiento internacional actual y cambiarla por un desarrollo social justo y ecológicamente sostenible, lejos de las fluctuaciones de mercados financieros y de condicionantes por parte de los prestamos del FMI y del Banco Mundial.
Pero Sr. Millet, ¿no cree, como piensan muchos intelectuales y expertos sobre África, que la única solución para el continente africano es la creación de una Unión Africana?
Pero, ¿qué Unión Africana? Si lo que usted quiere decir es una Unión que se construya sobre el modelo de la actual Unión Europea, una Europa neoliberal, la respuesta es no, porque una vez más se pisotearían los derechos fundamentales de los pueblos. Si esta Unión, por el contrario, defiende los intereses de todos los pueblos africanos, por supuesto que sería interesante. Pero esto es una utopía. Y hasta entonces, la anulación total de la deuda será el punto de partida de la reparación de los daños morales y económicos.
-
PUBLICIDAD
'Recibe 70 Euros gratis en tus apuestas deportivas en 888sport, la nueva casa de apuestas de 888.com










Estoy de acuerdo con el señor Millet; la única solución es anular la deuda de todos los países en desarrollo y crear, como bien dice Millet, un nuevo sistema de valores, pero eso es tan utópico como la esperanza de ver que los poderosos (carentes de moral) expolian el mundo y explotan a sus habitantes, es inconcebible.