
Inongo Vi-Makomé nació en Kribi (Camerún) y vive en Barcelona desde hace muchos años. Vino de estudiante con la idea de volver después a su país, pero su trabajo le mantiene entre los dos países. Toda su actividad está relacionada con el mundo literario. Entre sus obras más destacadas destaca el ensayo “La Emigración negroafricana (Ediciones Carena), la novela Rebeldía (Biblària) y diversos cuentos que reflejan muchos aspectos de la cultura tradicional africana. Como intelectual participa en seminarios, conferencias y charlas sobre África y es articulista de “La Vanguardia”. En esta entrevista nos abre las puertas de su casa, para mostrarnos el lado más combativo de este escritor camerunés.
Cuando se habla de inmigración, habitualmente se olvida que el mundo occidental es causante de las colonizaciones, del comercio injusto, de la imposición de dictaduras, en muchos casos afines a los intereses de occidente. En definitiva, un modelo neoimperialista. ¿Comparte esta visión?
Sí, estoy de acuerdo. Pero desde mi punto de vista, esta visión la tiene que ver en primer lugar el propio modelo occidental. Creo que nosotros, desde un punto de vista africano, tenemos que dejar de un lado el victimismo.
¿Entonces, me imagino, que cree que ya es hora de que se deje de pensar en África como en una historia de perdedores?
Por supuesto. Por eso pienso que lo más importante es que seamos los propios africanos los que pensemos en nosotros mismos. La esclavitud ya ha pasado. El colonialismo no deja de ser parte de nuestro pasado. No hay que olvidarlo. Pero repetirlo continuamente no deja de ser un instrumento para occidente de superioridad. Y todo esto no nos conduce a ninguna parte. Hemos sido víctimas. Intentemos no olvidar, pero sí trabajar desde la realidad que nos ha tocado vivir. Construyendo el futuro desde el pasado, pero sin mirar continuamente hacia atrás. No se puede perder las raíces, mirando lo que nos ha pasado, cada vez que nos lamentamos, el dominador siempre domina más.
Pero cuando se refiere a aprender a construir el futuro desde la raíz del pasado. ¿No cree que es necesario hacer una reconstrucción desde las heridas de ambos lados, no sólo en el continente africano?
Sin lugar a dudas. Pero hemos de tener en cuenta que la historia no se puede cambiar. Además, hay que tener presente que el concepto de tiempo quizá para nosotros sea diferente del de occidente. Para nosotros es más lento. Pero esa lentitud nos lleva a cerrar las heridas del pasado. Creo que occidente debería de empezar a hacer lo mismo
He leído en uno de sus libros que se puede crear optimismo y esperanza hacia el futuro partiendo del pesimismo del presente. ¿Por qué?
Porque muy pocas razas han sufrido tanto como la nuestra, la negra. Y se sostiene. Y resiste. Y avanzamos. Venimos del dolor y vamos hacia el optimismo. Yo soy optimista de que saldremos adelante. A pesar del dolor actual, África camina porque somos una raza fuerte.
¿Pero ese optimismo es compatible con la visión tan exótica y llena de miseria que transmite occidente?
Eso es un debate de occidente. Nosotros no debemos de autojustificarnos. Nosotros debemos de trabajar por el futuro. Porque todo lo que se transmite en los medios de comunicación occidentales es tan negativo que no podemos caer en un pesimismo atroz. Tenemos medios, tenemos recursos. Somos ricos en cultura. Tenemos muchísimos logros individuales y colectivos.
¿Cree, por tanto, que es desde la educación en nuevos valores, desde una transformación radical de la sociedad a través de la cultura, donde se empezará a erradicar estos prejuicios y esta desinformación?
Absolutamente. Porque si no caeremos en el gran error de que nuestros hijos, que muchos han nacido ya en España, sientan vergüenza de sus raíces, den la espalda a sus orígenes, quieran esconderse cuando lean la prensa.
¿Es quizá por ello, por lo que escribe cuentos? ¿Quizá para llegar al público más joven?
El hombre es como la última rama del árbol. Está arriba en una realidad en la que ya no ve ni el tronco ni las raíces. Pero está sostenido por sus raíces. Yo vengo de una cultura oral, donde el cuento lo era todo. Es importante reivindicar el concepto de cuento, que es muy importante en la cultura africana. Porque es un compendio de tantas cosas, porque a partir del cuento, empecé a comprender el mundo, a comprender a mi pueblo. Y eso es lo que intento también transmitir a las nuevas generaciones de hoy.
Pero, aparte de escribir cuentos, también escribe teatro. ¿Por qué?
El teatro es como un cuento largo, algo diferente, un cuento que tiene vida encima de un escenario.
Ha afirmado también que el hombre occidental está encarcelado en una prisión construida por su propia injusticia. ¿Por qué?
Porque, toda injusticia crea siempre dos cárceles. Primeramente para la víctima, la más dolorosa. Pero también para el autor de la injusticia. Y es lo que está pasando por ejemplo en Francia, un país colonizador donde los haya. Un país que ha vivido y que sigue viviendo de nuestro pasado, y que ahora no puede negar el reconocimiento de que nosotros hemos sido parte fundamental de la construcción del presente de la República.
¿Es posible compaginar, por tanto, un sistema político que se proclama igualitario con un sistema económico que vive por la desigualdad y de ella?
Desgraciadamente, la política en occidente está hecha. Ningún líder que gobierna, sea de la ideología que sea, no puede cambiar prácticamente nada. El cambio vendrá desde la base, desde la ciudadanía.
Para dejar de lado el victimismo al que se refiere en muchas ocasiones, ¿cree que es necesario crear una Unión Africana fuerte, del mismo modo que existe en Europa?
La Unión es muy difícil de crear, aunque es una idea bastante antigua, porque hay muchas sensibilidades diferentes. Pero creo que es más importante empezar por una unión regional.
¿Quiere decir que antes de la creación de una Unión Europea, debería de haber un mayor compromiso de colaboración y trabajo en común entre las dos grandes razas: el África negra y el Magreb?
Exacto. Muchos de nuestros fracasos han venido porque hemos dejando de mirar a nosotros mismos e intentar hacer las cosas iguales que en occidente. El pueblo negro, al igual que las regiones magrebís son pueblos antiguos, de raíces muy profundas. Hemos de partir, ir lentos, ambas sensibilidades a su ritmo, caminar juntos si es posible. Pero el ir lentos no nos debe de hacer sentir vergüenza, como pretende hacernos creer el presidente francés Nicolás Sarkozy. Hemos de creer en nosotros mismos.
¿Qué futuro le ve a África, para terminar?
El hombre africano es como alguien que tuvo un coma traumático, que perdió el conocimiento, que no vivió. Pero después de muchos años, despertamos y encontramos un mundo que no paraba de correr, y nosotros, quisimos hacerlo a su misma velocidad. Y ahí nos equivocamos. El futuro de África está aquí. Reivindicando las raíces, y creyendo nuestro propio futuro. Porque la vida no se limosnea, la vida se conquista.








18/03/2009 en 07:50
El catastrofismo africano que caracteriza las posturas eurocentristas del occidente es exagerado y, hasta diria erroneo. Para aclarar las dudas, recordaré un dicho que se apoya en el refranero centroafricano cuyas fuerza y expresividad todavia no se han desmentido: “Las manos humanas no pueden ser obice para que el arroyo deje de chorrear”. A pesar de todos los impedimientos -fueran éstos exogenos o endogenos-, la evolucion positiva de la historia de Africa es imparable.