César Alcalá: “Los políticos deben gobernar y no meterse en camisas de once varas para desviar su incapacidad gestora”
Sabe que es políticamente incorrecto. Pero para César Alcalá, historiador catalán, es necesario recuperar la memoria histórica de un pueblo. Por eso en su último libro Les pressons de la República (Editorial Base) nos acerca a la cruda realidad de las checas, un tema tabú para aquellos que no han querido recordar qué sucedió en la Catalunya republicana durante la guerra civil. Un libro que nos permite conocer otra realidad de la guerra.
Aún hoy en día mucha gente desconoce lo que son las checas, quizás como consecuencia de una educación que ha omitido una parte fundamental de su historia ¿Podría explicarlo brevemente?
El término checa proviene de la abreviatura de las palabras rusas Txrezvitchainaia Komissia o Crezvycajnaja Komissija. Esto es, Comisión Extraordinaria, que era el nombre de la primera policía política del régimen soviético, creada por Lenin en septiembre de 1917 para que sucediera la antigua okhrana tsarista, de la cual imitó la organización interna, combatiendo los elementos contrarrevolucionarios o desviacionistas; fue sustituida en el año 1922 por la Gosudarstvennoje politceskoje upravlennije (GPU). Las checas de Barcelona fueron, si utilizamos la terminología nazi, auténticos campos de concentración. Hubo hornos crematorios, se torturó, se pasó hambre y se asesinó. La represión, contra todo aquello y aquellos que estaban al otro lado de los postulados de la República, estuvo perfectamente planificada, con la ayuda de la Unión Soviética, y con la voluntad de instaurar un estado comunista en España y, en éste caso, en Cataluña.
Las checas sirvieron, desde el inicio de la Guerra Civil, para asesinar a todas aquellas personas que estaban en contra o pensaban de manera diferente. La República negó la existencia de las checas como celdas de tortura, asegurando que los presos podían circular libremente por ellas. ¿Era cierto esto?
Si. Desde un primer momento se negaron. A ellos les interesaba desinformar a la población sobre las cosas que allí se hacían. La realidad era otra. La gente las conocía, sabían dónde estaban y lo que allí se hacía. Por eso el terror se instauró en la sociedad. A pesar de la negación oficial la gente sabía que aquel que entrara en una checa moriría.
Uno de los capítulos más silenciados por la izquierda española es la incorporación de Alfonso Laurencic, refinado estalinista al frente del Servicio de Investigación Militar (SIM), la policía política del gobierno de la República. ¿Cuál era la misión de esa policía?
Alfonso Laurencic no estuvo al frente del SIM. Su misión fue perfeccionar las checas que se instalaron en Barcelona. Alfonso Laurencic fue el gran promotor de las chekas del SIM. Durante el consejo de guerra que se celebró en Barcelona en 1939, donde fue condenado a muerte, explicó como ideó los métodos psicotécnicos. Las chekas eran decoradas con unos dibujos geométricos que conseguían marear y obsesionar visualmente al recluso. Estos dibujos tenían mucha similitud con los cuadros de Kandinsky o en las obras de la Bauhaus. Las celdas medían, aproximadamente, 2 metros de altura, 1,5 de ancho y 2 de largo, alquitranadas por dentro y por fuera para que el espacio se recalentara con la luz del sol y produjera un calor insoportable. El preso jamás podía descansar, porque la inclinación del 20% que se había dado a la tabla que servía de cama, impedía todo reposo. Un apoyo adosado a la pared impedía sentarse. No se podía pasear por la celda, pues se colocaron, estratégicamente, unos ladrillos en el suelo, que impedían caminar. Con lo cual, la única distracción del preso era mirar las figuras geométricas.
Contestando a su pregunta el jefe del Servicio de Información del SIM fue el asturiano Antonio Ramos. A parte del SIM, en Barcelona actuó la Brigada de Investigación Criminal, dirigida por Julián Grimau, que tenía su cuartel general en la checa de la plaza Berenguer el Gran, número 1. Su misión era recorrer la ciudad y detener a todos aquellos que eran sospechosos. Era una policía paralela que actuaba al margen de la ley. El SIM llegó a tener más poder que los políticos.
Companys era el presidente de todos los catalanes…, y 8.352 de ellos fueron asesinados en Catalunya de 1936 a 1939. ¿Usted cree que el presidente Companys tuvo alguna responsabilidad en ello?
A Companys se le escapó de las manos la actuación de los anarquistas al principio de la guerra. Tengamos en cuenta que, cuando era abogado, defendió a muchos anarquistas. Por decirlo claro, eran amigos. Les dio libertad y estos se tomaron la justicia por su cuenta. Durruti, el líder del anarquismo catalán, deseaba convertir Cataluña en una región anarquista. Por eso se marchó al frente de Madrid. Su muerte dio por finalizada esa quimera. De haber vuelto victorioso tal vez se hubiera proclamado presidente de la Generalitat y hubiera postergado a Companys. Este, al ver que la situación se le había ido de las manos planeó los hechos de mayo de 1937. Junto con los comunistas dio un golpe de estado para echar del poder a los anarquistas. Volvía a recuperar el poder, pero ya era demasiado tarde. Directamente Companys no tuvo ninguna responsabilidad. Como presidente tenia que haber restablecido el orden. No lo hizo y ya conocemos las consecuencias. Indirectamente es responsable de lo que pasó al presidir la más alta institución de Cataluña.
En esa época, ¿ser católico era un delito?
Era un delito casi cualquier cosa. Ir a misa era un delito. Tener dinero era un delito. Ser empresario era un delito. Ser militar era delito. Ser sacerdote era delito. Estrenar zapatos era un delito. Pertenecer a partidos de derechas era delito. Ser miembro de ERC y del POUM y no congeniar con el poder establecido era delito. Se persiguió indiscriminadamente a todas las personas que no seguían los postulados republicanos. Practicaron una limpieza ideológica. Esta es la realidad.
Su último trabajo, “Les presons de la República” finaliza con los estremecedores testimonios de personas que sufrieron en sus propias carnes la tortura de las checas y con una lista exhaustiva publicada por primera vez de los que murieron entre 1936 y 1939. ¿Es su particular memoria histórica?
No. Es mi particular homenaje a todas aquellas personas que padecieron represión en la retaguardia durante la guerra civil en Cataluña. Ellos han permanecido en el anonimato durante muchos años. Con el libro se les ha querido dar voz y dejar testimonio de lo que les pasó.
Ahora que hemos vivido un proceso de memoria histórica, ¿Por qué cree que un hecho históricamente demostrable como han sido las checas, no ha formado parte de ese proceso de dignificación de las víctimas y de los represaliados por ambos, incluido el republicano?
Creo que una parte de la sociedad no está preparada, aún, para admitir lo que se hizo durante la guerra civil. Me refiero a la izquierda. Su caballo de batalla ha sido, durante años, que Franco fue muy malo y mató a mucha gente. Se ha eliminado lo que una parte hizo por interés. En una guerra hay hechos deleznables y otros dignos. Hay que conocerlo todo para poderlo evaluar. No quedarnos sólo con una parte. En Barcelona se inauguró una ruta anarquista. Cuando se les propone hacer una sobre las checas callan. Aún les cuesta admitir que algunos miembros de la izquierda cometieron actos incalificables. Poco a poco espero que asuman la realidad. Espero que este libro los ayude a reflexionar.
Pero partiendo de la premisa de que desde ambos lados se cometieron absolutas barbaridades, a pesar de que desde la historia oficial y oficiosa parece haber calado la idea de una revisión del buenísimo de los republicanos, y siendo usted tan crítico con el modelo de ley de memoria histórica. ¿Qué cree que se debería de haber hecho para que de verdad fuese una memoria no sectaria y que dignificara a ambos bandos?
Explicar la verdad. Vamos a ver. Soy crítico con la memoria histórica porque se ha planteado mal. Ha sido una estratagema del presidente del gobierno Rodríguez Zapatero. Las víctimas que hoy reclaman no lo hicieron durante la transición, ni durante la década de los ochenta y noventa. Es ahora cuando lo hacen. Están en su derecho. Ahora bien, ¿por qué no lo hicieron antes? Cuando Carrillo entró en la Cortes todos sabían lo de Paracuellos. Lo mismo pasó con La Pasionaria. En aquel momento se hizo borrón y cuenta nueva. Si queríamos superar la dictadura se tenía que empezar desde cero. Ahora se reabren viejas heridas que nunca han cicatrizado. Pues bien, si las abrimos hagámoslo abiertamente, sin tapujos. Expliquemos lo que hizo un bando y el otro. Digamos que la guerra civil fue muy cruel para todos. Que no hubo ni vencedores ni vencidos porque todos tienen un muerto en su familia. Dejemos que los historiadores hagan su trabajo y no politicemos un tema tan sensible y susceptible. Los políticos deben gobernar y no meterse en camisas de once varas para desviar su incapacidad gestora.
-
PUBLICIDAD
'Recibe 70 Euros gratis en tus apuestas deportivas en 888sport, la nueva casa de apuestas de 888.com









