La utilidad de las inutilidades

 

El título imita aquel párrafo del Quijote en el que Cervantes, parodiando el amanerado estilo de la novela sentimental, escribe aquello de la razón de la sinrazón que a mi razón se hace… El pobre Alonso Quijano quería buscar la razón, la coherencia en la sinrazón, que es su pasión ciega. Yo busco, pienso ahora sobre la utilidad -valor supremo en un mundo utilitario y práctico- de los conocimientos que parecen sólo adornos, de la cultura que no parece necesaria, del aprendizaje de tantas cosas a las que no se les ve una utilidad inmediata. ¿Para qué sirven, en el sentido utilitario e inmediato de la palabra, cosas tan extrañas como la lengua y la literatura, la historia,  el arte? Incluso las matemáticas. ¿Para qué queremos devanarnos los sesos con quebrados y funciones, si hay máquinas que pueden hacer todos estos engorrosos cálculos por nosotros? ¿Para qué aprender datos históricos, si todos están ahí, en la Red Universal, a la corta distancia de una leve presión del dedo? 

 

La pregunta no es baladí. Se la hace cada niño o joven cuando está delante del libro abierto; y muchas veces, se hacen los mismos maestros, en momentos de desánimo, que son cada vez más frecuentes. En la contestación a esta pregunta -o en la ausencia de una respuesta coherente y verdadera- nos jugamos la razón de ser de la actividad educativa y, en última instancia, la forma en que asumamos nuestra tarea inacabable de aprender y de ser hombres.


Cuando hablamos de crisis de la educación, ésta no es otra cosa que el hecho de que un montón de niños y jóvenes piensan que lo que están aprendiendo en la escuela no les sirve para nada, no les sirve para la vida. Y los maestros, portadores y transmisores de estos conocimientos, dejan de ser una figura de prestigio, porque se convierten en vendedores de una mercancía sin utilidad.

 

Todo consiste en el fondo en lo que pensemos del hombre y en nuestra concepción de la vida. Si el hombre es un animal que se alimenta, crece y se reproduce según leyes naturales y casi zoológicas, nada de estas antiguallas nos servirá. Si el hombre es un ser libre, que tiene que construir su existencia creativamente, que necesita el pensamiento crítico para estar en el mundo; si el vivir humano es lo más parecido a una obra de arte, entonces la pregunta no es: ¿qué utilidad tiene lo que llega de la Educación y la Cultura? La pregunta, más bien, es: ¿hay alguna otra cosa que sea útil? 

 

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Acerca de Tomás Salas

Álora (Málaga)1960. Profesor de Lengua en la Enseñanza Secundaria. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Málaga. Colabora con artículos de opinión en prensa y en algunas webs. Publica, además, poemas y trabajos de investigación literaria, histórica y religiosa en algunas revistas.

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