LA INVASIÓN NORTEAMERICANA A PANAMÁ DEL 20 DE DICIEMBRE DE 1989

Invasión USA a Panamá: 20-12-1989
* El texto saldrá publicado en la Revista Lotería -Diciembre de 2009-Panamá, en la edición conmemorativa del XX Aniversario de la Invasión a Panamá del 20 de Diciembre de 1989.
Dr. Belisario Rodríguez Garibaldo
Abogado, Sociólogo, Periodista,
Analista Político, Profesor y Escritor
E-mail: brodgari@hotmail.com
Web: http://www.pa/secciones/escritores/rodriguez_belisario.html
1- ANTECEDENTES HISTÓRICOS
DEL GOLPE DE ESTADO DE 1968 A LA CRISIS POLÍTICA DE 1987-1992
Desde el Golpe de Estado del 11 de Octubre de 1968, la Guardia Nacional se inicia en el poder a través de una Junta Militar de Gobierno, que gobernaba por decretos. Inicialmente el poder recae en la figura del principal golpista, el Teniente Coronel Boris Martínez, y de dos integrante de la Junta Militar, el teniente Coronel José María Pinilla y el Mayor Bolívar Urrutia, mientras el presidente derrocado, el Dr. Arnulfo Arias Madrid, se refugia en la Zona del Canal al pedir protección a los norteamericanos.
En los inicios del Golpe Militar se dan decenas de arrestos, exilios, desapariciones y asesinatos, tanto de seguidores de Arias como de líderes izquierdistas. En la Provincia de Chiriquí, algunos campesinos seguidores del Dr. Arnulfo Arias Madrid, inician una guerrilla de resistencia al régimen, siendo duramente reprimidos; a la vez que grupos de izquierda inician una guerrilla en el Cerro Azul, cerca de la Ciudad de Panamá, reprimidos con varios muertos y prisioneros.
Posteriormente la Comandancia de la Guardia Nacional recae en el Teniente Coronel Omar Torrijos Herrera, a quien sus otros compañeros golpistas intenta deponer el 16 de diciembre de 1969, aprovechando un viaje de éste por México, pero chocan con el apoyo decidido de la Guardia Nacional al Comandante Torrijos, quien vuela en avioneta hasta la Provincia de Chiriqui, parte de una caravana por todo el país, aclamado por la población, hasta la Ciudad de Panamá, donde lo esperaban tropas y oficiales leales quienes lo vitoreaban a su llegada, mientras que Boris Martines, Bolívar Urrutia y José Maria Pinilla huyen a la Zona del Canal al pedir protección norteamericana.
Desde ese momento, el después nombrado General Omar Torrijos Herrera se consolida en el poder político del país. La razones de este inesperado apoyo popular y de oficiales jóvenes de la Guardia Nacional, radica, según algunos interpretes, en la honestidad de Torrijos, quien no tenía antecedentes de corrupción, y estaba iniciando un discurso populista y nacionalista, que reivindicaba reformas sociales y la lucha por la recuperación de la Zona del Canal.
Es importante destacar que el General Torrijos convoca a una Asamblea Nacional en 1972 para que redacte una nueva Constitución, y está Asamblea esta conformada por 505 Representantes electos, imitando el estilo de la Asamblea Popular en Cuba. El General Torrijos gobernó con plenos poderes otorgados por la Asamblea, iniciando un régimen militar que contó con exiliados, presos políticos, poca libertad de expresión y supresión de los partidos políticos, pero que a su vez inició lo que se denominó como “proceso revolucionario”, con un conjunto de reformas sociales y económicas. Pero tal vez el principal logro del General Torrijos seria encabezar la lucha nacional por un nuevo tratado del Canal de Panamá, lo cual le llevó a recabar apoyo internacional con la causa panameña en varios países del mundo y en foros internacionales, como el Movimiento de Países no Alineados, Europa, América Latina, Oriente Medio, Asia y África.
Esta es la causa común de muchos panameños, a través de generaciones, en muchas clases sociales y diferentes círculos políticos, la cual llevó a que se firmaran los Tratados Torrijos-Carter del Canal de Panamá en 1977, entre la República de Panamá y los Estados Unidos. Gracias a estos tratados, Panamá recuperó el Canal y las zonas adyacentes el 31 de diciembre de 1999, último día del milenio, en medio de una fiesta nacional y democrática, lo que conllevará la responsabilidad panameña de la buena administración del Canal, así como el buen uso colectivo y económico sobre la soberanía total de nuestro territorio.
Además de esto, es importante aclarar, que en consecuencia de estos Tratados, los Estados Unidos condicionará al gobierno panameño la democratización de Panamá. Muchos intérpretes coinciden en que el General Torrijos no tenía pretensiones de usurpar el poder político de forma permanente, por lo cual inició el ya famoso “repliegue de los militares a los cuarteles”. En 1978 se legalizan los partidos políticos, la libertad de expresión y otras libertades fundamentales, el retorno de los exiliados y la liberación de los presos políticos, iniciando lo que la oposición denomino “veranillo democrático”. El General Torrijos inició, sobre las bases sociales que apoyaban su liderazgo, la creación del Partido Revolucionario Democrático (P.R.D.), de connotación socialdemócrata, el cual es hoy el partido político más numeroso del país y miembro pleno de la Internacional Socialista.
Mucho se comenta que el General Torrijos pensaba disputar electoralmente la Presidencia de Panamá en 1984 con el Dr. Arnulfo Arias Madrid, pero “un no esclarecido accidente de aviación” le cortó la vida a Torrijos en 1981. Este accidente fue denunciado por los familiares del General Torrijos como un asesinato, propiciados por miembros de la Guardia Nacional, en colaboración con la CIA norteamericana, porque Torrijos presentaba un problema para los intereses geo-estratégicos de los Estados Unidos en Centroamérica, por el apoyo de Torrijos a los sandinistas para que derribaran a Anastasio Somoza, y el apoyo que Torrijos brindaba a la guerrilla salvadoreña en esa época.
Fue entonces, a partir del año 1983, en que se realizan reformas constitucionales que introducían nuevamente el modelo político de democracia liberal, pero a la vez se creo una nueva ley que convertía la Guardia Nacional en las Fuerzas de Defensa de Panamá, un ejército en toda regla, con el objetivo de defender el Canal en cumplimiento de los tratados canaleros, y que convertían desde ese momento al General Noriega en Comandante en Jefe de esta institución castrense. A su vez se acordó celebrar elecciones en mayo de 1984.
En 1984, el General Noriega impuso como candidato del Partido Revolucionario Democrático (socialdemócrata, torrijista) al Economista panameño graduado en la Universidad de Chicago, Dr. Nicolás Ardito Barleta, quien había sido Ministro de Economía en el gobierno de Torrijos y vicepresidente del Banco Mundial (World Bank). Cuando éste gana oficialmente las elecciones de 1984, la oposición de la Alianza Democrática Opositora, cuyo candidato era el Dr. Arnulfo Arias Madrid, acusó al gobierno y a los militares de que dichas elecciones eran fraudulentas, generando protestas y enfrentamientos entre los seguidores de ambos bandos políticos. A su vez la gestión presidencial de Barleta se caracterizó por hacer ajustes fiscales y reformas estructurales, apoyadas por los Organismos Financieros Internacionales, además de una fuerte protesta de organizaciones obreras y gremiales, a la vez que era manipulado por el mando castrense, que recaía sobre el General Noriega. Poco tiempo después los militares lo obligaron a renunciar, y siendo relevado en la Presidencia por su vicepresidente Erick Delvalle.
Sin embargo el detonante de la Crisis Política fue cuando el Coronel Roberto Díaz Herrera (primo del General Omar Torrijos Herrera), quien había sido obligado por Noriega a jubilarse, desconociendo su futuro ascenso a General, hizo fuertes declaraciones ante la prensa nacional y extranjera, [1] sobre la participación de Noriega en el brutal asesinato del Dr. Hugo Spadafora Franco (quien fuera torturado y decapitado), en el asesinato del General Torrijos, en la participación de Noriega en el tráfico de armas, drogas y lavado de dinero, como la responsabilidad del mando castrense que había organizado el fraude electoral de 1984 en la propia residencia de Díaz Herrera. De aquellas declaraciones surgieron fuerte jornadas de protestas cívicas, que produjeron enfrentamientos con unidades antidisturbios. Estas jornadas de protestas eran dirigidas por la Cruzada Civilista Nacional, creada el 9 de junio de 1987, y compuesta por gremios empresariales, de profesionales, clubes cívicos y partidos políticos de oposición. El Gobierno se vio obligado entonces a declarar el estado de sitio y suspender las garantías constitucionales. Un día importante de esta Jornada de Protesta fue el 10 de julio de 1987, mejor conocido como el “Viernes Negro”, por la cantidad de heridos y detenidos en aquellas protestas.
Por otra parte en Estados Unidos se desencadenó una campaña política e informativa [2] contra el General Noriega, que se inició por parte del gobierno norteamericano al acusarle de tráfico de drogas, lavado de dinero, violación a los Derechos Humanos y su participación en el crimen del Dr. Hugo Spadafora Franco, y estas acusaciones se acrecentaron por un informe de la CIA en este sentido, y el posterior inicio de un juicio contra Noriega en tribunales de Tampa y Miami. Posteriormente el Presidente Delvalle intentó destituir al General Noriega, pero se encontró con la renuencia de los mandos castrenses, y del Partido Revolucionario Democrático, quienes iniciaron un juicio político contra Delvalle en el Parlamento, destituyéndolo como presidente y nombrando al entonces Ministro de Educación, Manuel Solís Palma, como presidente provisional. Los Estados Unidos reconocieron solamente al gobierno del Delvalle, quien exiliado desde los Estados Unidos ordenó congelar millones de dólares del gobierno panameño depositado en Bancos de Nueva York, y aunado con el embargo comercial, financiero y bancario que ordenó el Congreso de los Estados Unidos contra Panamá. Todo esto, sumado a que en Panamá había fuertes protestas políticas y una recesión económica avanzada, contribuyó a debilitar al Gobierno Panameño.
Noriega reaccionó movilizando a sus partidarios del P.R.D., empleados públicos, sectores de la izquierda, así como sectores sociales, obreros y populares, que se aglutinaron en coordinadoras de defensa de la soberanía nacional, de la no injerencia de Estados Unidos en asuntos internos y en defensa de los tratados del Canal de Panamá. Y ante la posibilidad de una agresión militar norteamericana contra Panamá, se crearon desde estos sectores sociales “Los Batallones de la Dignidad” una suerte de milicias populares que se entrenaron para repeler un ataque estadounidense, pero que a su vez fueron definidos por la oposición como “grupos paramilitares”, por su rol de choque en las manifestaciones políticas de ambos bandos enfrentados.
Es importante destacar, que Grupos de Oficiales de las Fuerzas de Defensa (otrora Guardia Nacional) intentaron un Golpe de Estado contra el General Noriega, primero en 1988 y luego en 1989, y en este último mantuvieron a Noriega como rehén, pero al no recibir ayuda del Comando Sur Norteamericano, acantonado en las bases militares de la Zona del Canal, fueron vencidos por las tropas leales a Noriega, y posteriormente fusilados los líderes golpistas por orden de Noriega, en un país donde no existe la pena de muerte en la jurisdicción ordinaria ni en la jurisdicción militar.
Es importante destacar, que las Elecciones Generales de mayo de 1989 se celebraron con fuertes enfrentamientos, en una sociedad polarizada políticamente. El candidato presidencial del P.R.D. y sus partidos aliados (sobre todo de la izquierda) era el empresario torrijista Carlos Duque, acompañado con Ramón Sieiro (cuñado de Noriega) y el diplomático Aquilino Boyd como vicepresidentes. Por la Alianza Democrática Opositora estaba el Abogado Guillermo Endara para presidente, discípulo del Dr. Arnulfo Arias Madrid (quien había fallecido años antes por su avanzada edad); el Dr. Ricardo Arias Calderón, líder e ideólogo de la Democracia Cristiana, y el empresario Liberal Guillermo Ford para vicepresidentes.
Las elecciones fueron acusadas de fraudulentas por la oposición, generando fuertes protestas políticas, que fueron reprimidas por la policía y por partidarios del gobierno, en especial por “Los Batallones de la Dignidad”, generando el asesinato del guarda-espalda de Guillermo Ford (candidato a vicepresidente opositor), quien fuera también violentamente golpeado con varillas de hierro por seguidores del gobierno, a la vez que el candidato presidencial Endara fuera también golpeado fuertemente y mandado al Hospital. Posteriormente el Tribunal Electoral anuló las elecciones argumentado injerencia extranjera, tal como la ayuda económica de 10 millones de dólares por parte de Estados Unidos a la campaña de los candidatos opositores.
De esta forma se nombro al Director de la Contraloría (Tribunal de Cuentas), Francisco Rodríguez, como Presidente Provisional, quien inició un proceso de “rectificación torrijista”, volviendo al modelo de la Asamblea Popular de 505 Representantes de la época de Torrijos, quienes al ser posesionados nombraron al General Noriega como Jefe de Gobierno, con plenos poderes políticos y militares, dentro de un “estado de guerra no declarada”.
Las condiciones estaban dadas para una invasión militar por parte de los Estados Unidos. En las bases militares norteamericanas de la Zona del Canal había un fuerte despliegue de fuerzas, tal como una Compañía de Combate de Marines, 500 policías militares, 350 pilotos de helicópteros, personal de apoyo, otros 150 soldados de la Fuerza Aérea, más población civil norteamericana, sumado a los efectivos militares permanentes de las bases norteamericanas que sumaban 10 mil soldados.
Varios incidentes se produjeron posteriormente, como cuando soldados norteamericanos violaban el espacio aéreo y territorial de Panamá, sobrevolando la capital y patrullando carreteras adyacentes a la Zona del Canal que estaban en jurisdicción panameña. En una noche, cerca del Cuartel Central de las Fuerzas de Defensa (sede del Estado Mayor panameño), unos soldados norteamericanos que estaban bebiendo cerca del área, y al no detenerse en un retén militar, realizaron un tiroteo con soldados panameños, muriendo un soldado norteamericano.
Las condiciones estaban dadas para una invasión militar. Mientras, la oposición política panameña y varios exiliados panameños en Norteamérica llevaban meses solicitándole al Capitolio una Intervención armada. En Panamá nadie esperaba que el ataque fuera a escaso días de la navidad, en un país donde la mayoría de la población es católica. Entre las compras navideñas y los preparativos de la cena de navidad, nadie esperaba que el ataque militar fuera en ese tiempo. Pero el 20 de diciembre de 1989, a la media noche, el ejército de la potencia más poderosa del mundo, invadió un país de sólo dos millones de habitantes, generando miles de muertos y la posterior ocupación militar del país, siendo así la agresión norteamericana más importante de nuestra vida republicana.
2- DESCRIPCIÓN HISTÓRICA DE LOS HECHOS
20 DE DICIEMBRE DE 1989: LA INVASIÓN U.S.A. A PANAMÁ
Tal como hemos mencionado anteriormente la Crisis Política panameña se agravaba a finales de la década de los 80, aunado a una situación financiera muy critica producto del embargo económico norteamericano, que mantenía una economía nacional en franca recesión. En marzo de 1988 un grupo de oficiales de las Fuerzas de Defensa intentan deponer fallidamente al General Noriega. El Consejo de Gabinete toma medidas de urgencia, en las que responsabiliza a los EE.UU. por la situación política y económica del país, y se aglutinan los “Batallones de la Dignidad”, una suerte de milicias populares compuestas por seis mil hombres, provenientes de sectores obreros, populares, civiles y ex militares, conformadas para hacer frente a una intervención militar norteamericana.
Toda esta situación política se agravo con las elecciones de mayo de 1989, por el grado de confrontación y polarización política del país, en la que la oposición política termino alegando fraude electoral y violencia represiva, y en la que el gobierno alego intervención extranjera en las elecciones, razón por la cual el Tribunal Electoral anulo los resultados electorales. Posteriormente el Consejo General del Estado nombro en agosto de 1989 un gobierno provisional que recae como Presidente en la figura del Ingeniero Francisco Rodríguez, entonces Director de la Contraloría General de la República (Tribunal de Cuentas), quien inicia un periodo de “rectificación torrijista” reactivando el viejo modelo de Asamblea Popular de los 505 Representantes, tal como existía en periodo del General Torrijos, y posteriormente se nombra al General Manual Antonio Noriega como “Jefe de Gobierno, con plenos poderes especiales”.
Vale aclarar que en octubre de 1989 hay un nuevo intento de Golpe de Estado contra Noriega, quien es retenido por los Golpistas que esperaban ayuda de las tropas norteamericanas acantonadas en la Zona del Canal y así entregárselo para su captura, pero los norteamericanos no intervienen en el conflicto, solo cierran unas vías de acceso a las tropas leales a Noriega. El Golpe termina en un choque entre los Golpistas y los Leales al General Noriega, y después de varios tiroteos, se logra liberar a Noriega y aquellos que participan en el Golpe son detenidos y los lideres golpistas son fusilados. Estados Unidos se mantiene al margen en el conflicto, pues esta claro que para esa entonces el Presidente norteamericano George Bush tiene otras intenciones.
El pie de fuerza norteamericano en las bases militares aumenta cada vez más, y luego de varios incidentes con policías panameños, como la violación del espacio aéreo y territorial de Panamá, y el tiroteo en diciembre de 1989 entre policías panameños que custodiaban el Estado Mayor y soldados norteamericanos, la situación era de por si bastante tensa. El General Noriega declara al país en “Estado de Guerra” lo cual es interpretado por el Gobierno norteamericano como una Declaración de Guerra. El Jefe del Comando Sur norteamericano acantonado en Panamá, General Marc Cisneros, hablaba ya de una “solución militar”; aunado al gobierno exilado de Delvalle y los lideres exilados de la oposición política que cabildeaban en Washington por una invasión norteamericana, tal como dijo Juan B. Sosa, embajador panameño en Estados Unidos del Gobierno del Delvalle: “era actuar ya o Panamá quedaba en la orbita comunista”. Todos los hechos conducían a que se produciría una Invasión, pero ningún panameño esperaba que se daría a escasos días de navidad. Todos los hechos estaban dados, pero la muerte de miles de panameños hablarían por si solos.
Pasada la medianoche del Día 20 de Diciembre de 1989 el ejercito de la potencia militar, económica y política más poderosa del planeta, invadía un país pequeño de dos millones de personas solamente. Desde ese momento la Ciudad de Panamá se transformo en un campo de batalla. Panamá se convirtió en un campo de prueba de la tecnología bélica más avanzada, que luego EE.UU. utilizaría en la Guerra del Golfo Pérsico. Nuevos aviones Cazas F-117 A, Aviones bombarderos C-130 y B-52, Aviones bombarderos Sealth Bomber que son invisibles al radar, Aviones Cazas Bombarderos de proyectil láser que calcinan todo lo que dispara, Helicópteros Apaches, Helicópteros Cobra, Vehículos Hummer, Tanques y vehículos de artillería, cascos y chalecos anti balas, además de todo el Comando Sur norteamericano y el pie de fuerza acantonado en las bases militares adyacentes a la Zona del Canal, que sumaron alrededor de 25 mil unidades.
El Bombardeo sobre el perímetro de la Ciudad de Panamá fue impresionante, tomando en cuenta que Panamá no tenia una importante Fuerza Aérea, ni radares, ni defensa anti – aérea, pero dicho bombardeo tenia como objetivo ablandar las posiciones del ejercito panameño. Según el Instituto de Geociencias y Estación Sismológica de la Universidad de Panamá, en el área metropolitana se dieron un total de 417 explosiones de alto poder destructivo en las primeras 14 horas del día 20 de diciembre de 1989. Muy especialmente los norteamericanos se ensañaron con el barrio populoso El Chorrillo, en el cual viven alrededor de 25 mil personas, y donde estaba ubicado el Cuartel Central sede del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa Panameña, siendo totalmente bombardeado y quemado casi en su totalidad. Los mismos soldados norteamericanos le llaman hoy en día a El Chorrillo su Little Hiroshima, pero en Panamá se le conoce hoy como el Barrio Mártir de El Chorrillo. También hubo bombardeos y posteriores combates en zonas donde había cuarteles militares panameños, y que colindan con zonas civiles y barriales, tal como en las áreas de Tinajita, Panamá Viejo, Tocumen, San Miguelito, Vía Transístmica, Aeropuerto de Paitilla, Fuerte Amador, Balboa, Río Hato (provincia de Coclé), Chilibre (a las afueras de Panamá), Cristóbal y Coco Solo (Ciudad de Colón). Pero sobre todo fue dantesco lo que ocurrió en El Chorrillo, tal como lo describe el siguiente testimonio de Tito, un residente de este Barrio Mártir:
“En la noche del 19 de diciembre, a pesar de los problemas económicos, había ambiente navideño en el barrio. Eran como las 11:45 de la noche. Veíamos una película y de pronto sentimos los helicópteros. Creíamos que era una maniobra de las que hacía el Ejercito norteamericano. Nos asomamos al balcón. Cada vez que había rumor de invasión ponían dos tanquetas entre calle 25 y calle 26, una en calle 21 y otra en el Límite. Esa noche no había ninguna tanqueta. Sólo la Compañía Macho de Monte montaba guardia. No pasaban de 120 a 150 hombres uniformados. Nos dijeron que venia la invasión y que corriéramos. Nos asomamos por la ventana de la cocina y vimos a los Cobra que disparaban contra el Cuartel Central y la Cárcel Modelo. También disparaban desde el Cerro Ancón. Entonces empezamos a gritar: “somos invadidos, somos invadidos”. La histeria se propago de piso en piso. Todos corrían de un lado a otro, gritaban lloraban, comenzaron a caer los primeros muertos. Tratábamos de socorrer a nuestras familias. Nos tirábamos al piso, no sabíamos que hacer. Vimos una luz que le pego al televisor y lo convirtió en caucho. Una mancha que parecía petróleo quedó en donde estaba el televisor. El ataque no solo fue a los Cuarteles. Se ensañaron con la población civil.
Fuimos atacados por tierra, mar y aire. Los barcos desembarcaron por donde queda la Cooperativa de Pesca. Por ahí bajaron las tanquetas y desde ahí bombardearon el Tutelar de Menores, la Escuela Republica de El Salvador y el Cuartel Central. Un gran número de helicópteros atacaba desde el aire. Las tanquetas disparaban por tierra al Cuartel Central y los edificios. Del cielo, del infinito salía una luz, una lengua de fuego que caía sobre las casas y las incendiaban. Después nos dimos cuenta de que había sido el avión invisible que describían nuestros hijos y no les creíamos. Decían que habían visto un avión que parecía un tiburón. Decíamos que era fantasía. Después de la Invasión nos dimos cuenta de que El Chorrillo había sido atacado con ese avión.
Durante todo el bombardeo corríamos a la deriva. Acomodamos en el piso a los niños, les pusimos un colchón encima mientras calculábamos por donde íbamos a correr. Mi señora y yo nos asomábamos a la ventana a riesgo de la vida. En los momentos en que el fuego era más intenso nos tirábamos en el piso y cubríamos a nuestros hijos en el piso. En uno de esos momentos una de mis niñas me dice: “papi quiero ir al servicio”. Pensamos que era peligroso y le dijimos: “orínate ahí”. Cuando cesó temporalmente el bombardeo fui a buscar otro colchón. En ese momento vi el espectáculo más horrendo de la guerra: el baño tenia seis orificios grandes. Unos proyectiles enormes habían traspasado la tasa del servicio. Si le hubiera dado permiso a mi hija, esos proyectiles la hubieran partido en dos. Casi me desmayo de solo pensar que pude haber causado la muerte a mi hija si le hubiera dado permiso.
Subíamos y bajábamos los pisos. Los demás tenían la esperanza de que, como dirigentes del edificio, sabríamos que hacer. Teníamos tanto miedo como los demás, pero teníamos que ocultar nuestro miedo y comenzar a bajar a los vecinos de los altos hacia los pisos más bajos. Los bajamos a la tercera planta para esperar la madrugada (si una bomba hubiera caído en esa planta, nos hubiera matado a todos). Como a las 12:30 o 12:45 repetían insistentemente por altoparlantes: “No insistan, ríndanse, están rodeados por el ejercito norteamericano, diríjanse con las manos en alto a la Avenida B”. Los que vivíamos en los pisos altos del Edificio n° 3 preferíamos que nos tiraran el edificio abajo, antes de bajar. Muy poca gente tomó esa decisión. Sabemos que la claustrofobia obliga a la gente a correr en forma desordenada. Por esa razón murió mucha gente a la que se le tomo por hostil. Queríamos salir con la luz del día para saber por donde podríamos correr. No estoy orgulloso de haber salido a la hora que salí. Fui de los últimos en abandonar El Chorrillo. Estuvimos casi 8 horas soportando el insistente y constante bombardeo del ejercito norteamericano. Como a las 7:30 o 8:00 de la mañana bajamos. Los gringos habían tomado el edificio. Vimos carapintadas, gente que nos hablaba en un idioma que no era el nuestro. Nos decían: “go, go, go, fuera, fuera, fuera” y nos hacían señas de que bajáramos hacia Balboa. Teníamos que bajar con las manos en alto. Encima con heridos, ancianos y mujeres en cinta. Como era difícil no bajar las manos, corrieron riesgo nuestras vidas.
Cuando íbamos hacia Balboa vimos gran cantidad de muertos, todos civiles, ninguno combatiente. Espectáculo espantoso para nuestros hijos: la gente partida en dos y sin brazos. Las tanquetas pasaban sobre los muertos para seguir su viaje por El Chorrillo. Nuestros hijos gritaban cuando veían aplastar a los cadáveres. Las mujeres, los niños y nosotros mismos, nos quedábamos que no podíamos caminar ni para un lado ni para el otro cuando veíamos eso. A esa hora todavía había combates. A eso de las 8 de la mañana, en el cruce de Balboa, pudimos ver carros con personas muertas adentro, todas civiles, familias enteras: hombres, mujeres, niños. Ver a toda esa gente con medio cuerpo fuera del carro, carros partidos… a unos le habían pasado las tanquetas por encima, con los muertos adentro. Fue un espectáculo horrible. Nos dio la impresión de que todas esas personas al momento del ataque transitaban accidentalmente por los lados de El Chorrillo. Salimos y caminamos en medio del fuego cruzado hasta llegar al Campo de Concentración de Balboa. No tuvimos asistencia de nadie. En ese momento todo el mundo trataba de correr, todo el mundo trataba de huir. Los heridos eran socorridos por nosotros. Cuando llegaban a Balboa el ejercito gringo se los llevaba para el Hospital Gorgas y prohibía la visita familiares a los heridos. Se atendían a los que llegaban a Balboa. Los demás quedaban en el piso.
Cuando salimos de El Chorrillo pudimos ver a una vecina abrazada a sus dos hijos, los tres calcinados. Teníamos 13 años de ser vecinos. Vi a un cuerpo quemado que no pude identificar. Después la gente me dijo que era Porcky. No lo podía creer. Habíamos conversado a las 9 de la mañana, unas horas antes de la invasión en la calle 27, lugar que frecuento cuando salgo de la Universidad. Como ocurrió el asesinato de Porcky, hijo del conocido boxeador panameño Chicha Fuerte Ruíz. Una persona amable, humilde, que pudo escapar con su familia. Aun tengo grabado lo que hablamos. Las barracas de emergencia estaban a escasos centímetro, pegadas muralla con muralla con el Cuartel Central. Una de las primeras bombas que cayó allí asesino al Sr. Plata, a su esposa y a un sobrino que iba a sacarlos. Los cadáveres calcinados permanecieron allí varios días. No se le dio oportunidad a nadie para que retirara los restos de sus familiares bajo los escombros. Esa gente merecía respeto y había que darle cristiana sepultura, y al menos, incinerar lo poquito que quedaba de sus cuerpos. A nosotros nos llego un periódico muy leído en los Estados Unidos, que circula en Panamá, el Miami Herald, que destaca como se enterró con todos los honores a los soldados norteamericanos que participaron en la llamada “causa justa’”. En cambio, no se sabe donde están enterrados nuestros queridos seres humanos.
El Cuartel Central estaba ubicado exactamente en medio de la población civil y los Macho de Monte no usaban uniforme. No podían ser identificados y eso pudo confundir al enemigo, esa podría ser una de las causas de la destrucción total de El Chorrillo. El Servicio de Inteligencia norteamericano tenia que saber que el Cuartel Central estaba manejado por civiles y tiraron a la mansalva, sin contemplación a todo los que se movía. Murió cualquier cantidad de gente que solo transitaba, porque El Chorrillo nuestro es tan activo que parece un pequeño Nueva York, una pequeña Ciudad Federal de México. Tiene actividad casi las 24 horas del día por ser entrada y salida de la ciudad hacia el campo. La verdad es que el ejercito norteamericano había hecho vuelos de observación tomando fotografías, películas, de las instalaciones militares. Tenia todo calculado para evitar errores. El desalojo del Cuartel Central evitó bajas en las Fuerzas de Defensa.
No vamos a descansar hasta saber en donde están las fosas comunes, esas bolsas que parecen de basura en las que sepultaron a nuestros chorrilleros sin cristiana sepultura. Es lo que exigen madres, padres, hijos y hermanos de estos seres humanos que han perdido su vida sin que se les haya podido permitir, sin que nadie les preguntara, si querían sacrificarse o no. En el Chorrillo no somos ignorantes. Sabemos que el Chorrillo lo destruyó el Ejercito Norteamericano. Y las leyes de guerra son claras. Establecen un comportamiento de los ejércitos en guerra. La demanda que hacemos a los Estados Unidos es administrativa, un reclamo por errores de guerra y por su comportamiento con respecto a la población civil. Si Noriega era el objetivo y sabían que él no estaba ahí, por qué destruyeron El Chorrillo. Ahora sabemos que lo quieren convertir en área turística, en área de inversiones extranjeras. Considero como ofensa a nuestros muertos irnos y dejar esos terrenos, hoy baldíos, para que viva gente que ni siquiera perdió un familiar en esta lucha. Vamos a vivir en este corregimiento. Tenemos suficiente autoridad moral para vivir pacíficamente en El Chorrillo”. [3]
Vale aclarar que producto de la confusión reinante por la invasión norteamericana y el estado de indefensión e inseguridad que había en las calles producto de que los organismos de seguridad panameños estaban siendo diezmados, se produjo por parte de la población un saqueo generalizado de los comercios, supermercados y almacenes desde el día 21 de diciembre de 1989, causando perdidas económicas al sector por el valor de miles de millones de dólares. Pero así como hubo estos actos de pillaje, tal vez producidos por la desesperación, también hubo muestras de valentía sin precedentes por parte de los combatientes que resistían al ejercito invasor, y quienes lucharon por días, haciéndoles difícil la ocupación del país, y que algún a día estos soldados panameños habrá que hacerles un patriótico homenaje que merecen. En “EL PERIODICO”, un nuevo semanario opositor al recién estrenado gobierno pos invasión de Endara, que había sido juramentado como presidente en una base militar norteamericana, aparecieron en el mes de mayo de 1990 un interesante testimonio de un combatiente panameño del distrito de San Miguelito, donde resistieron heroicamente la invasión militar norteamericana, haciendo retroceder temporalmente y obligando a buscar refuerzos al ejercito de la nación más poderosa del mundo, tal como observamos en adelante:
LA BATALLA DE SAN MIGUELITO:
“¡Alerta! ¡Alerta!. Batallones de la Dignidad y los CODEPADI (Comités para la Defensa de la Patria y la Dignidad). Clave Cutarra”. Este fue el cintillo que aparecía constantemente en la Televisora Nacional Canal 2 a partir de las 11:30 p.m. del día 19 de diciembre de 1989. Los voluntarios del Batallón de la Dignidad San Miguel Arcángel acudimos de inmediato al cuartel de la undécima zona militar, en San Miguelito. Ahí vimos al Teniente Coronel Daniel Delgado Diamante comunicándoles a los oficiales, clases y tropas bajo su mando que Panamá estaba siendo invadida. Acto seguido arengó para que tanto militares como brigadistas empuñáramos las armas y saliéramos a defender la patria. Abandonamos el cuartel de la undécima zona y nos dirigimos al complejo deportivo de Los Ángeles n° 2. Mientras esperábamos a hacerle frente a las hordas invasoras, empezaron a llegar algunos miembros de Los Macho de Monte, de la F.A.P. (Fuerza Aérea Panameña), de los Batallones de la Dignidad Rosa Elena Landecho, Liberación Latina, y del Comando Torrijista 16 de diciembre. Todos nos ofrecían detalles de lo cruento que eran los enfrentamientos en Fuerte Amador, Balboa, El Chorrillo, Paitilla, Panamá Viejo y Tocumen.
A las 2. 00 a. m. del 20 de diciembre la aviación enemiga intento bombardear la instalación militar de Tinajita, falló en su primera pasada, y más bien hizo blanco en algunas viviendas cercanas provocando las primeras victimas civiles de San Miguelito. La valerosa y heroica Compañía de Los Tigres de Tinajita contra-atacó a las 2:30 a.m. con su artillería liviana, destruyendo posiciones de los agresores. De 4:30 a 5:00 de la madrugada del día 20 de diciembre, los helicópteros yanquis bombardearon el cuartel de la undécima zona militar y lo destruyeron. Los residentes de Los Andes n° 2 abrieron las puertas de sus casas y nos ofrecieron desayuno. Querían ellos así expresar su solidaridad con los defensores de la patria. De pronto a eso de las 6:00 a.m. la aviación yanqui reanudó su bombardeo contra Tinajita y los helicópteros depositaron observadores en las lomas de Los Andes y ametrallaron la Escuelita de esta comunidad donde teníamos apostados nuestros propios vigías. Se respondió al ataque con ráfagas de ametralladoras y los artilleros enemigos en su loca desesperación por eliminarlas, dispararon erráticamente sus cohetes haciendo añicos los techos de varias moradas. Un militar patriota apuntó su lanzacohetes contra una de las naves atacantes y acertó el disparo, obligándola a alejarse echando humo, probablemente para luego caer en otro lugar.
Ya para las 9:00 a.m. del primer día de la invasión, los atacantes extranjeros lanzaban sus cohetes y bombas por los alrededores de El Cristo Redentor, Villa Lucre, Cerro Viento y por otros sectores de San Miguelito. Por carecer del apoyo de fuego antiaéreo, un sentimiento de impotencia se apoderó de nosotros, militares y brigadistas. Pero como pensábamos que el ataque aéreo enemigo era de ablandamiento para que luego avanzara su infantería y sus tanques, permanecimos en nuestras trincheras de lucha. Por fin descendieron tropas aéreo transportadas en helicópteros de doble hélice a las faldas del Cerro Tinajita, y entre el fuego de los morteros operados por miembros de la undécima zona, al mando del Teniente Coronel Daniel Delgado Diamante, y el fuego de los fusiles de Los Tigres y de los miembros del Batallón San Miguel Arcángel le sacamos la mugre a los marines yanquis. No pudieron avanzar ni siquiera una pulgada. En ese lugar les causamos muchas baja entre heridos y muertos. Siempre que intentaban ascender por el cerro con el propósito de capturar el cuartel se les disparaba, obligándoseles a poner pecho en tierra. Así se les mantuvo hasta las 5:00 p.m. hora en la que fueron evacuados en helicópteros.
Sólo después de la retirada de los agresores de Tinajitas esa tarde del 20 de diciembre, los guerreros tuvimos un reposo y así pudimos enteramos de los combates en Río Hato (Coclé) y en Coco Solo y Cristóbal (Colón). Un integrante del Comando Torrijista 16 de diciembre, que evito ser capturado por la soldadesca invasora en Amador, nos narro la triste historia de lo acontecido a una compañera de su mismo Comando que, herida gravemente, mientras agonizaba, le dijo a otra combatiente de nombre Xenia: “Cuida de mis hijos y háblales de mí”, y luego murió. Durante la noche del 20 de diciembre ocurrieron enfrentamientos muy costosos en pérdidas materiales y de vidas para los que hollaron nuestra soberanía. Un convoy yanqui que se acercaba por las afueras de Paraíso fue emboscado y el vehículo lleno de soldados enemigos se hizo estallar. Un par de tanquetas quedaron fuera de acción. Igual fin tuvo otro convoy que provenía posiblemente de Chilibre hacía San Miguelito. Sufrió bajas humanas y se les inmovilizó varios vehículos. Semanas después conocimos por vía de la Televisora SCN Canal 8 (norteamericana, de la Zona del Canal) que ese grupo de asalto constaba de 32 unidades, que había sufrido 24 bajas. Solamente “heridos”, según ellos.
En la madrugada del jueves 21 de diciembre, segundo día de la invasión, se encontraban custodiando el puente elevado de San Miguelito, patriotas del Batallón 2000, Los Macho de Monte, miembros de la UESAT (Unidad Especial Anti Terrorismo), de la F.A.P. (Fuerza Aérea Panameña), de la Undécima Zona y del San Miguel Arcángel. Temprano en la mañana detuvieron el avance de columnas enemigas que venían por la Transístmica desde Bethania. A las 3:30 a.m. se escuchó otra andanada de artillería liviana efectuada contra posiciones enemigas cercanas a Fort Clayton (base militar norteamericana), desde los alrededores de la barriada 9 de enero. El Puesto de reten que los yanquis mantenían a la entrada de Cerro Patacón fue destruido. La respuesta del ejercito invasor se dio a las 4:00 a.m., con bombardeos aéreos que incluían rayos láser y ordenadores térmicos que registraban las temperaturas de todo lo que se hallaba debajo de los aviones que los portaban. Ya para ese segundo día de guerra era evidente que se había agigantado la estatura moral de los que defendían la patria, pues no era un secreto que las Fuerzas Armadas de una potencia mundial había tenido que recurrir a todo su arsenal bélico moderno para abatir la resistencia que presentaban los bolsones de militares y Batallones de la Dignidad de un país subdesarrollado tercermundista.
Los Defensores de San Miguelito esperábamos el asalto final de parte de los agresores, así que nuevamente tomamos posiciones dispuestos a repelerlos, pero no se atrevieron. Los combates que se estaban sucediendo en muchos lugares del territorio nacional les daban a comprender al imperialismo yanqui que no bastaba “pedir una cerveza, tomarse la mitad y luego salir a apoderarse de Panamá, y al volver la otra mitad seguía fría”, como había manifestado en una ocasión el General Marc Cisneros (Jefe del Comando Sur Norteamericano) en sus sueños de opio. Les costo mucho tiempo y muchas pérdidas humanas y materiales, a los que cometieron el horrendo crimen de invadimos.
El 21 de diciembre, desde las 9:00 a.m. a las 10:00 a.m., la aviación enemiga saturó de bombas y metralla dos cerros, de Los Andes n° 2 al cerro Tinajita, y otro contiguo a él, como también el lugar denominado Ojo de Agua. Entre las muchas bajas que se registraron ese día se contó la del padre de un integrante del San Miguel Arcángel. Ese luchador había manifestado el 20 de diciembre que: “Si su hijo era lo suficientemente valiente para pelear por la patria, él lo apoyaba”. Ese día se sintió aún más la necesidad de armas anti aéreas. Pero no obstante eso, se efectuó un contra ataque con fuego de mortero contra objetivos enemigos por los alrededores de Corozal.
Desanimado por la falta de protección contra la aviación enemiga, el Teniente Coronel Daniel Delgado Diamante dio la orden de replegarse a sus hogares al mediodía, el jueves 21 de diciembre. Además, se rumoraba que los yanquis iban a bombardear Los Andes n° 2 y otros sectores poblados, como habían hecho con El Chorrillo. El Grupo de Apoyo que había estado en San Miguelito desde el comienzo de la batalla abandonó el distrito, junto a otros voluntarios. Algunos decidimos seguir oponiéndonos a la ocupación extranjera. La noche del segundo día quedaba alumbrada por la gran cantidad de luces de bengala que arrojaban aviones, y a pesar de eso sostuvimos varios encuentros con el enemigo. A los heridos pudimos llevar a curar pese al toque de queda impuesto por el Comando Sur, que regía de las 6:00 p.m. a las 6:00 a.m. Los Tigres proseguían disparando sus morteros y dando en el blanco de las posiciones de avanzada del agresor.
El Viernes 22 de diciembre, al romper el alba, un helicóptero enemigo descubrió el movimiento de unidades de la Undécima zona y de las F.A.P. que iban a cumplir misión de ubicación y de aniquilamiento de miembros de la inteligencia militar norteamericana. La nave disparó sus cohetes y abrió fuego de ametralladora por los alrededores de la barriada Torrijos – Carter e hirió a dos de nuestros combatientes. Ese día planeamos crear grupos operativos para asestarle al agresor golpes audaces. Cuando intentamos salir de San Miguelito para llevar a cabo esas acciones, no pudimos romper el cerco que mantenían fuerzas especiales gringas alrededor del distrito, y escapamos de la muerte saliendo rápido del vehículo que nos transportaba de regreso a nuestro puesto de partida, al ser interceptado por un helicóptero. Nosotros nos salvamos, pero el medio de transporte quedo destruido y con él nuestras armas.
El 23 de diciembre, cuarto día de la invasión, nos retiramos tristes, concientes que el imperialismo yanqui y los colaboracionistas criollos habían ganado el primer asalto, pero también salimos convencidos que el combate no había terminado. Los próximos asaltos tendrán que ser necesariamente de carácter político, por que el desangramiento que padeció la nación istmeña durante la violenta interferencia foránea, nos aconseja no adoptar medidas insensatas. Tenemos una responsabilidad histórica que cumplir con serenidad y madurez. Todo desvío de esta conducta dificultaría innecesariamente nuestro proceso de liberación nacional. Cuando la patria se viste de luto y llora la desaparición de miles de sus hijos, los patriotas no pueden doblar la cerviz ante el invasor”.[4]
Isabel Corro era la dirigente del Comité Nacional de Familiares de Victimas y Caídos durante la Invasión Norteamericana del 20 de diciembre de 1989. Este Comité realizó durante cada año, en el 20 de diciembre, y para conmemorar el aniversario de la invasión, la famosa Marcha Negra, que concentraba hasta 100 mil panameños cada año. Así mismo recababan información, listados y testimonios, así como exigía exhumaciones de fosas comunes y demandaba una indemnización al gobierno norteamericano. Isabel Corro nos dice lo siguiente en una conferencia celebrada en la Universidad de Panamá: “Durante 72 horas El Chorrillo permaneció incomunicado. Los norteamericanos pagaban 6 dólares por cada cadáver entregado. Un testigo dice haber acarreado 200 cadáveres para que le pagaran. En bolsas plásticas fueron lanzados cadáveres al mar con bombas de inmersión. Tres camiones refrigerados de 40 pies entraron a El Chorrillo para recoger cadáveres. Muchos heridos eran juntados con los cadáveres. Cuando se exhumo la fosa común del Jardín de Paz se encontraron los restos de un militar con pierna y brazo enyesado. Seguramente lo sacaron de un hospital para después asesinado. Había cadáveres que tenían las manos amarradas a sus espaldas. Sin dudas fueron ejecuciones sumarias. Además hubo cadáveres con ropas de civiles, ancianos, mujeres, niños. Calculo en alrededor de 4 mil los muertos panameños durante la invasión”.[5]
Existen varios testimonios recabados por la periodista Argentina Stella Calloni, quien estuvo en Panamá durante la invasión, y que para ejemplo citamos los siguientes:
Una enfermera llamada Gloria: “Fuimos testigos de todo esto. De lo que yo llamo toda clase muertes. Nos dispararon sin piedad toda una noche de horror. No teníamos salida. He visto el horror, caminaba aquella mañana entre cuerpos quemados y heridos, no podíamos auxiliarlos porque las tropas norteamericanas nos apuntaban con sus armas. Yo he visto el horror. Un muchacho herido levantar su cabeza y a un soldado norteamericano apoyar su pesada arma en la cabeza y dispararle. Eso he visto, salir a mujeres y niños de sus casas y los soldados los ametrallaron. No nos pueden pedir que olvidemos los tanques pasando sobre muertos y heridos, y nosotros gritando, de lejos, apuntados por las armas, arrodillados. En los primeros días nadie hablaba. Ellos, los gringos, hicieron todo para así aterrorizarnos para siempre. Pero ahora nadie quiere ser cómplice del crimen y estamos contando la historia”.
El Señor Rafael de El Chorrillo: “Dos Macho de Monte subieron a la azotea del edificio y destruyeron un helicóptero Cobra. Vi a un adolescente herido que para ayudarlo se le dio agua y se incendio. ¿Qué clase de arma es ésa que incendia con el agua? Vi una luz que todo lo que tocó lo volvió una mancha de aceite”.
El Señor Gilberto de El Chorrillo: “Usaron armas terribles. Un muchacho como de 16 años resistía escondido detrás de una maderas, luego se subió a un piso de la planta 13. – Esta loco – pensamos todos – ¿qué puede hacer él solito allá arriba? Él disparaba contra las tropas que estaban pasando sobre los cadáveres de nuestra gente. Entonces vinieron dos helicópteros y dispararon algo terrible. Algo entró y quemó todo en la habitación. Su cuerpo, pobrecito, quedo destruido. No puedo dormir, le juro que nunca duermo, veo la imagen cada día. Y ahora entiendo que no estaba loco, era un pequeño héroe nuestro”.[6]
3- CONSECUENCIAS HISTÓRICAS POST INVASIÓN
DESDE LA INVASIÓN NORTEAMERICANA DE 1989 HASTA LA ACTUALIDAD POLÍTICA
Pero el nuevo régimen del presidente Endara (quien tomó posesión como presidente electo en una base militar norteamericana) tuvo que soportar presiones, sobre todo de los movimientos populares y sociales, de los estudiantes, de los sindicatos, de los transportistas, del Comité de Familiares de los Caídos durante la Invasión (Marcha Negra), de los empleados públicos, de la nueva Policía Nacional (producto del ejército desarticulado) que intentó darle un Golpe de Estado en 1990 (en medio de grandes oleadas de protestas sociales), de los organismos de derechos humanos y de la oposición política – minoritaria en el parlamento, pero contestataria – del Partido Revolucionario Democrático (PRD). En 1991, el presidente Endara convoca unas reformas constitucionales a través de un referéndum, y el NO ganó rotundamente. Sin embargo entre los principales logros de la presidencia de Endara observamos que logró sanear la economía de la crisis en la que estaba inmersa, gracias a una ayuda extraordinaria de los Estados Unidos de millones de dólares, y a través de planes de austeridad fiscal, haciendo frente a los compromisos financieros internacionales, con una relativa inversión social y en infraestructuras, con el apoyo público al sector empresarial para realización de inversión privada nacional y extranjera, etc.
Pero con toda esta movilización social contra el gobierno, no fue difícil para el PRD levantar de nuevo su plataforma política a través de una imagen renovada, con una figura política que no estuviera desgastada por su relación con los militares, y es así como el PRD en su Congreso Extraordinario elige como candidato para las elecciones de 1994 al Dr. Ernesto Pérez Balladares, un Economista graduado en EE.UU., quien fuera ministro de Economía en el gobierno del General Torrijos, y que con un discurso moderado, reconciliador, pragmático y renovador lanza su candidatura en las elecciones de 1994, en las que resulta triunfador, y devolviéndole al PRD el poder del Estado, renovándole su imagen y estructura, e incorporando a las filas del Partido a nuevo sectores de la sociedad. Si hubiera que hacer un balance del gobierno PRD de Pérez Balladares, diríamos que ejecutó un programa de reformas estructurales de la economía, siguiendo el modelo señalado por los organismos financieros internacionales, pero con estas medidas que fueron difíciles para las mayorías – privatizaciones, reducción del gasto público en el área social, reformas a la ley laboral, etc. – también se concedieron permisos a empresas internacionales para grandes obras, carreteras e infraestructuras, y se atrajo en gran medida la inversión nacional y extranjera. El Presidente Pérez Balladares intentó reelegirse a través de un referéndum de reforma constitucional en 1998 que se lo permitiese, pero el gran resentimiento contra su política económica, aunado con divisiones internas en algunos sectores del PRD, no le permitieron la reelección, y gano el No rotundamente en el referéndum. Fue así como en elecciones internas del PRD (socialdemócrata), el hijo del fenecido General Torrijos, el Economista Martín Torrijos Espino, es postulado como candidato del PRD en las elecciones de 1999, año de la reversión del Canal a Panamá. Su candidatura también se presentó como renovadora, con mucho apoyo de la juventud, la clase media y los profesionales, pero haciendo énfasis en un proyecto de nación a largo plazo, que integre a todos los sectores sociales, y retomando las ideas centrales del Torrijismo, pero adaptándolas a nuevos tiempos históricos.
Pero el desgaste que el PRD había obtenido en la administración gubernamental hizo que perdiera las elecciones, siendo entonces ganadora por el Partido Panameñista (derecha), la Presidenta Mireya Moscoso (viuda del fenecido presidente Dr. Arnulfo Arias Madrid), quien habrá entonces de administrar el país por medio de un triunfo democrático. Es a ella a quien le ocupó celebrar ceremonialmente la reversión del Canal en el año 2000, donde miles de panameños sin distingos políticos o sociales, avanzaron sobre la cima del cerro que alberga el Edificio de la Administración del Canal de Panamá, para colocar una bandera en homenaje de todos aquellos que perdieron su vida para ver coronando este sueño. Si hubiera que hacer un balance de la presidencia de Mireya Moscoso, se podría establecer que hubo una marcada desaceleración de la economía en ese periodo, aunado a la falta de definición de una política económica, que en todo caso estuvo definidas con reformas y aumentos de impuestos, ciertas inversiones sociales, un retorno al “paternalismo” de Estado para con los pobres y protección de los sectores productivos, como también con una baja en la inversión privada nacional y extranjera, así como fuertes protestas sociales al finalizar su mandato por parte de los sindicatos y grupos estudiantiles, que solicitaban la reincorporación del Catedrático de Economía Juan Jované al frente del Sistema de Seguridad Social.
Es en este marco coyuntural es que se celebraran las elecciones de mayo del 2004, cuyo principal candidato es nuevamente el Economista Martín Torrijos Espino por el PRD (socialdemócrata), y su principal adversario es el ex Presidente y Abogado Guillermo Endara, pero postulado esta vez por el minoritario Partido Solidaridad (centro y liberal). El Partido Panameñista (derecha) postula al Abogado y ex Ministro de Asuntos Exteriores José Miguel Alemán, así como el minoritario Partido Cambio Democrático (liberal) postula al empresario Ricardo Martinelli. Este es en suma el panorama de las elecciones de mayo del 2004, resultando finalmente triunfador Martín Torrijos Espino por el Partido Revolucionario Democrático (PRD), presidente desde el 2004 al 2009.
4- CAUSAS HISTÓRICAS DE LA OPERACIÓN CAUSA JUSTA
LA INVASIÓN NORTEAMERICANA A PANAMA O LAS PROFECIAS DE SANTA FE II
Escribir de la invasión norteamericana en Panamá no es tarea fácil, pues a todo los panameños nos embarga un sentimiento diferente, pero es un tema al que ninguno puede ser indiferente. Pero tampoco se puede ser indiferente a los muertos. No se puede ver los bandos que luchan, sin ver a los resultados, el Mal no tiene posición política, esta en todas partes, y a veces prevalece.
Así como el Documento de Santa Fe I: Una Nueva Política Interamericana para los 80 (A New-Inter-American Policy for the Eighties), que fue respaldada su redacción por el Consejo Interamericano de Seguridad (CIS) con sede en Washington, se convirtió en una guía para la política del gobierno republicano de aquel entonces, tanto en que recomendaba al Presidente Ronald Reagan una serie de medidas, que en parte fueron ejecutadas. Entre ellas se recomendaba la eliminación física de individuos que obstaculizaban los objetivos norteamericanos en la Región. Paradójicamente el entonces presidente ecuatoriano Jaime Roldós y el General panameño Omar Torrijos murieron en extraños accidentes de aviación.
Cuando se tiene a la mano el Documento de Santa Fe II: Una Estrategia para América Latina en los 90 (A Strategy For Latin America in the Nineties) no podemos menos que entender con claridad en cuanto los distintos temas que se recomienda a la administración Bush para con América Latina, muy especialmente en los temas relacionados con la República de Panamá:
“La expulsión de Noriega y la celebración de elecciones no serán suficientes para instaurar un régimen democrático en Panamá. Los Estados Unidos tendrán que centrar su atención en la gran variedad de asuntos del régimen democrático: la reforma de las Fuerzas de Defensas de Panamá, el apoyo a un sistema judicial independiente y la reestructuración de la economía serán cuestiones fundamentales.
…Las leyes bancarias tendrán que ser modificadas para impedir que el país se hunda una vez más en la corrupción basada en el cartel del narcotráfico. La Constitución Panameña deberá ser modificada para permitir la extradición de ciudadanos culpables de crímenes en terceros países, aunque sería ampliamente preferible que esta tarea la asumiera por sí mismo un poder judicial panameño depurado.
Además de eso, los Estados Unidos y Panamá, una vez el régimen democrático esté en el poder, deben comenzar a planificar con seriedad el control adecuado del Canal de Panamá (después del año 2000). Estas conversaciones deben incluir la retención por parte de los Estados Unidos de instalaciones limitadas en Panamá – principalmente la base aérea de Howard y la estación naval de Rodman para la adecuada proyección de fuerzas en todo el hemisferio occidental”.
Lo expresado anteriormente no fue escrito en el 20 de diciembre de 1989. Los ideólogos del Partido Republicano de Estado Unidos lo concibieron e incluyeron desde agosto de 1988, en el documento elaborado por el Comité de Santa Fe (Francis L. Bouchey; Roger Fontaine, ex asesor de seguridad nacional para asuntos latinoamericanos en el gobierno de Reagan; David C. Jordan; el General retirado Gordon Sumner, ex asesor para cuestiones regionales en el Departamento de Estado; Ronald F. Docksal, ex presidente del CIS; y el importante Teórico del Comité, el Dr. Lewis Tambs, quien fue sucesivamente embajador de Estados Unidos en Colombia y Costa Rica).
La simple lectura del documento de Santa Fe II nos asegura que la invasión norteamericana en Panamá, fue la puesta en práctica “a Sangre y Fuego” de la Estrategia concebida para este país en la década de los noventa.
1- La Expulsión del General Noriega: Mediante la invasión armada de 1989, el gobierno americano logra la expulsión de Noriega y se cumple la primera profecía de Santa Fe, sobre los cadáveres de miles de panameños y la destrucción de miles de viviendas, por el impacto de hasta 400 bombas lanzadas sobre el perímetro de la ciudad capital de este pequeño país.
2- Con la instalación del gobierno democráticamente elegido en el año 89 se cumple las profecías de Santa Fe: En el programa “This Week with David Brinkley” que trasmite la cadena de televisión norteamericana ABC, el Congresista norteamericano Don Edwards al ser entrevistado señalaba: “Hemos forzado a Panamá a ser una colonia. Hemos comprado un país. Panamá es ahora una colonia de los Estados Unidos de América. Empezamos gastando 10 millones de dólares para elegir a Endara; casi diez dólares por votos. Luego enviamos un ejercito para ponerlo en el poder y lo juramentamos en la Embajada de Estados Unidos”. Allí se equivoco el congresista, porque fue en una base militar americana.
3- Las reformas de las Fuerzas de Defensa: Es la primera tarea a la que se lanza el gobierno democrático con el apoyo americano. Se anuncia y pone en práctica su desmantelamiento y se estructura una Fuerza Pública, como fuerza de policía desmilitarizada, dedicada a tareas de policía y de tránsito.
4- El apoyo americano a un Sistema Judicial independiente: El gobierno del ex-presidente Endara Galimany negocia el Tratado de Asistencia Legal Mutua. Es una etapa que encuentra su paulatina ejecución de cooperación con el gobierno de Pérez Balladares.
5- La Reestructuración de la Economía: Se empezó a poner en práctica desde el momento en que Guillermo Ford anuncio en 1990 que la “economía panameña seria 100% privada”. De igual forma cuando el ex-presidente americano George Bush aprobó a finales de 1990 un plan de ayuda humanitaria de miles de millones de dólares para “reanimar la debilitada economía”, plan esta que conlleva respaldar la balanza de pagos, las inversiones públicas y la reestructuración de la economía panameña.
6- Sobre la modificación de la leyes Bancarias: En los años 90 se intento aprobar una ley por la Asamblea Legislativa, que en el tiempo en que fue discutida en el parlamento creó una cierta oposición del empresariado del sector financiero panameño.
7- Son contados los varios paquetes de reformas constitucionales, en 1993-1994, 1998 y 2004: Uno de ellos fue la aprobación del Titulo Constitucional del Canal de Panamá (1993-1994), que entre otras cosas permite la aplicación constitucional de la legislación norteamericana en los reglamentos laborales canaleros.
8- El control “adecuado” del Canal de Panamá después del año 2000 y la retención por parte del gobierno americano de instalaciones limitadas en Panamá, después del año 2000: Principalmente la base aérea de Howard y la estación naval de Rodman, con cierto interés norteamericano en el Centro de Operaciones de Comunicación de la Isla Galeta, de alcance Hemisférico, tuvo relación con las llamadas negociaciones para un Centro Multilateral Antidrogas (CMA) en 1998, que aún teniendo componentes civiles, hubiera tenido grandes componentes militares norteamericanos y de sus socios estratégicos del CONDECA y del TIAR.
Los planteamientos de una revisión del pacto de Neutralidad Permanente y funcionamiento del Canal, ayudarían a Panamá a evitar el rampante intervencionismo Norteamericano caracterizado en los últimos años, sus violaciones múltiples a los Acuerdos Canaleros, que con la intervencionista enmienda De Conssini nos ayudo a obtener el Bombardeo Norteamericano del 20 de diciembre de 1989, cuando todos los Panameños ignoraban de forma ingenua lo que iba a ocurrir en esa época (“A la Sombra de la Ignorancia Trabaja el Crimen”- General Simón Bolívar, Libertador de América). He de allí que estas Profecías de Santa Fe que albergan en sí misma el sentido de los hechos pasados, presentes – y futuros.
Rememoremos la frase del Apóstol de la Nacionalidad, Dr. Justo Arosemena, cuando escribía “que las ventajas económicas del istmo excitan la codicia norteamericana (…) y así, preparar y justificar así, lentamente un movimiento que de por resultado algún día la absorción del istmo entero por los Estados Unidos”. Y no deja de ser certera la frase de nuestro inmortal maestro, el filosofo e historiador panameño Dr. Ricaurte Soler, cuando escribió que “Para Panamá, finalmente la invasión como toda tragedia aclaro las cosas. Y una de ellas es la de que aun como Sísifo, ha de continuar con el empeño, dos veces secular, de autodeterminarse. Para ello las vías también son inéditas. Pues hoy mas que nunca el dilema de Simón Rodríguez ‘O Inventamos o Erramos’ esta vigente”. [7]
Notas.
[1] El subrayado es nuestro, para remarcar el papel de la Opinión Publica en esta Crisis Política.
[2] El subrayado es nuestro. Ídem.
[3] Rivera, Pedro y Martínez, Fernando. “El Libro de la Invasión” (Testimonios). Edición de la Colección Tierra Firme. Panamá. 1998.
[4] Semanario EL PERIODICO. Número 14°. Panamá, Territorio Ocupado, Mayo de 1990.
[5] Soler, Ricaurte. La Invasión de Estados Unidos a Panamá. Siglo XIX Editores. Panamá. 1992.
[6] Calloni, Stella. “Panamá: El Día del Lobo”. Revista América: la Patria Grande. Número 8°. México. Julio-Septiembre de 1990.
[7] Además de los Documentos de Santa Fe I (años 80), Documentos de Santa Fe II (años 90), también existe los documentos de Santa Fe III (años 2000) y Documentos de Santa Fe IV (2010), como una visión estratégica norteamericana para la década del 2000 y le entrante década por venir.
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- Revista Lotería. “Omar Torrijos y la Modernización de las Instituciones”. Editorial de la Lotería Nacional de Beneficencia (LBN). Panamá. 1981.
- Revistas Tareas. Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA). Panamá. Mayo-Agosto de 1994; Mayo-Agosto de 2000; Septiembre-Diciembre de 2001; Mayo-Agosto de 2002; Septiembre-Diciembre de 2002.
- Revista Dialogo Social. Centro de Capacitación Social. Panamá, Julio de 1983; Panamá, Abril de 1984; Panamá, Marzo de 1985; Panamá, Abril de 1985; Panamá, Junio de 1985; Panamá, Julio de 1985; Panamá, Octubre de 1985; Panamá, Enero de 1987; Panamá, Mayo de 1987; Panamá, Julio de 1987; Panamá, Agosto-Septiembre de 1987; Panamá, Octubre de 1987; Panamá, Noviembre-Diciembre de 1987.
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He leido el articulo detenidamente. La verdad me parece el punto de vista de alguien que se quiere hacer llamar patriota. Si bien es cierto que todos los ciudadanos de un pais estamos obligados a defender el territorio hasta con la vida si fuese el caso por la soberania, tambien es cierto que en Panama vivimos un periodo de dictadura en el que esa sobernia quedo en entredicho.Entonces debemos defender nuestro pais de foraneos supuestamente por nuestra soberania pero no fuimos capaces de defenderla contra un narcodictador y si sequito de malandros, mal llamados ejercito que se adueñaron del pais a su antojo. No se justifican las dimensiones de la invasion y el extremo uso del poderio Yanqui. Pero la verdad sea dicha, si no hubiera sido asi quien sabe en que profundo y oscuro abismo estuviera inmersa nuestra querida patria. Si murieron soldados panameños, pues ese era su trabajo. Si murieron civiles, lamentablemente fueron victimas de las circunstancias, pues muchas oportunidades tuvo Noriega para dejar el poder sin tener que llegar a los extremos de una intervencion y no lo hizo. Toda la culpa de este episodio del pasado sea sobre el.
Habría que anotar a las razones fundamentales del porque ocurrió la invasión, entendida como parte de una estrategia geopolítica y económica de reconfiguración y consolidación del dominio Norteamericano sobre América Latina en la pos – guerra fría y en la globalización mundial. Un ejercicio inapreciable ha sido realizado por el politólogo panameño radicado en México, Giancarlo Soler Torrijos (hijo del filosofo Ricaurte Soler y sobrino materno del General Omar Torrijos), en su obra “La Invasión de Panamá: Estrategia Geopolítica de Estados Unidos en el Nuevo Orden Mundial” y su reciente obra “Panamá a la Sombra de los Estados Unidos”.
Adjunto tres artículos de mi autoría al respecto.
LA INVASIÓN NORTEAMERICANA A PANAMA O LAS PROFECIAS DE SANTA FE II
The Panama News (Las Noticias de Panamá), Panamá, 23/12/2008
Enlace: http://www.thepanamanews.com/pn/v_14/issue_24/opiniones_06.html
PANAMÁ: HISTORIA DE UNA CRISIS
Revista Digital’TuPolitica.Com’, Panamá, 30/11/2008.
Enlace: http://www.tupolitica.com/panama-historia-de-una-crisis/
EN DEFENSA DEL PARTIDO REVOLUCIONARIO DEMOCRATICO – PRD
Revista Digital’TuPolitica.Com’, Panamá, 27/08/2008.
Enlace: http://www.tupolitica.com/en-defensa-del-partido-revolucionario-democratico-prd/
Dr. Belisario Rodríguez Garibaldo
Jurista, Periodista, Sociólogo, Analista Político, Profesor y Escritor
E-mail: brodgari@hotmail.com
Web: http://www.pa/secciones/escritores/rodriguez_belisario.html
yankes de puta
SOBREVIVIENTES DE LA INVASIÓN DE 1989 SE REUNIRÁN HOY
- También familiares de los muertos y heridos
Panamá, 29/08/2009.
Por: Carlos J. Núñez L.
nitsua9391@yahoo.es
Desde las dos de la tarde de hoy sábado 29 de agosto de 2009, y en la Iglesia de Nuestra Señora de Fátima en la calle 26 del barrio de El Chorrillo (Panamá), se congregarán familiares de las personas fallecidas durante la invasión que se inició en la madrugada del 20 de diciembre de 1989.
La convocatoria es auspiciada por la abogada Gilma Camargo, especialista en Derecho Internacional y Derechos Humanos.
La Dra. Gilma Camargo es la jurista panameña que logró que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (O.E.A.), admitiera un recurso, hace ya 19 años, de condena de la invasión norteamericana y, además, el reconocimiento pecuniario a los familiares de las miles de víctimas.
El caso ante la Comisión Interamericana de la OEA se conoce como el Expediente: “SALAS VS ESTADOS UNIDOS, No. 10.573″.
Una volante de invitación enviada a la mesa de redacción de http://www.Estudio1.com , reza de la siguiente manera:
“20 de diciembre 1989-2009, Un pueblo digno No Olvida ; Un pueblo unido no se vende ; Un pueblo valiente no se rinde”.
Reunión de Sobrevivientes de la Invasión a Panamá, con la Dra. Gilma Camargo, abogada de las Víctimas Civiles de la invasión”.
Para contactar a la Dra. Gilma Camargo, Tel: (507) 6484 3675.
Con el respeto que le merecen a los distiguidos foristas y el autor del artículo, creo que dar ciertos apelativos como que todavía somos colonia de los gringos, debe ser analizado a la luz de la historia y alejado de los apasionados estados de ánimo en los que podemos encontrarnos en algún momento en nuestras vidas de los cuales todos los que vivimos antes y después del 20 de diciembre de 1989 aún nos quedan huellas imborrables en nuestras mentes y muchos en su cuerpo de aquella madrugada que todos sabíamos de antemano que podía venir por las circunstancias políticas, sociales y económicas en la que se encontraba el país gracias al militarismo impuesto en 1968, y que no tengo por qué hacer un largo recuento aquí de lo que pasó, ustedes (sólo los que estuvieron en Panamá) en ese momento saben perfectamente el infierno de lo que vivimos. Lo único que puedo decir en éste foro es que Panamá debe mirar hacia adelante, si en algún momento debe recordar lo que pasó aquí, debe hacerlo con un espejo retrovisor para “no perder el paso” al conducir la nave del Estado porque podríamos colisionar con obstáculos muy fuertes por no poner atención adelante, no es que se olvide lo que pasó, sino, es para no desconcentrarnos de lo que queremos como país y como ciudadanos orgullosos de nuestro pueblo, y tomar el ejemplo vivo que nos legó el “Padre de la Democracia” en Panamá, GUILLERMO DAVID ENDARA GALIMANY (Q.E.P.D): conciliación (sin olvidar), paz, democracia, honestidad, humildad, trabajo y progreso para todos los panameños. Gracias y que El Creador los Bendiga!
hola,necesito q me ayuden a hacer una investigacion,la pregunta es:mencione 5 logros de Guillermo Endara obtenidos en el pais durante la administracion el los años1989 al 1994. si pueden es urgente plissssssss,se les agradec de todo corazon..
5 LOGROS DEL GOBIERNO DE GUILLERMO ENDARA G. (1989-1994).
I- La consolidación de la democracia institucional: Entre los Logros Políticos de la presidencia de Guillermo Endara, observamos que logró la consolidación de la democracia formal e institucional con la libre alternancia entre los partidos políticos, en donde se tiene el derecho de realizar la actividad política electoral en plena participación en elecciones libres en democracia, siendo los ciudadanos quienes toman las decisiones con los votos al elegir a sus gobernantes.
II- La creación de la Fuerza Publica: En términos de Logros de Orden Publico de la presidencia de Guillermo Endara, observamos que logró acabar con el militarismo a través de la eliminación de las Fuerzas de Defensa (ejercito militar) y la creación de la Fuerza Publica de la Policía Nacional (bajo mando civil), estableciendo en la constitución de Panamá, un país sin ejercito.
Entre los principales Logros Económicos de la presidencia de Guillermo Endara observamos que:
1- Logró sanear la economía de la crisis económica, a través de:
a) Una ayuda extraordinaria de los Estados Unidos de mil millones de dólares.
b) Planes de austeridad fiscal, haciendo frente a los compromisos financieros internacionales.
c) Una relativa inversión social y en infraestructuras.
d) Apoyo público al sector empresarial para realización de inversión privada nacional y extranjera.
Caben al gobierno de Guillermo Endara sus Logros Económicos en la recuperación de la economía a través de:
1- Políticas Económicas del Plan Económico de Guillermo Ford.
2- La ayuda financiera norteamericana de mil millones de dólares para la recuperación económica de Panamá.
3- Cese norteamericano del embargo económico al gobierno anterior contra Panamá.
En términos de Logros Económicos:
III- Las Políticas Económicas del Plan Económico de Guillermo Ford y la gestión de Contraloría de Rubén Darío Carles: Contribuyo a la paulatina recuperación económica del país, mediante el saneamiento publico y económico, con las primeras medidas de austeridad fiscal, reducción del gasto publico y social, reducción de empleados públicos y privatizaciones, que fueron propuestas por los Organismos Financieros Internacionales para sanear la economía panameña y el sector publico, en aras de que Panamá tuviera estándares de inversión y fuera sujeto a créditos internacionales.
IV- La asistencia económica norteamericana de mil millones de dólares: Contribuyo a un conjunto de obras publicas nacionales, de infraestructuras y de ayudas sociales de la administración de Guillermo Endara, además que genero a los créditos financieros para la banca comercial que contribuyo a la recuperación comercial, agropecuaria e industrial del país.
V- El cesé del embargo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Panamá: Permitió la devolución de los depósitos del gobierno central panameño bancarizados en Nueva York, otorgando liquidez a las arcas del tesoro publico panameño, además el cese del embargo contribuyo a eliminar las restricciones norteamericanas a la inversión de empresas norteamericanas en Panamá hasta el día de hoy.
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PALABRAS DE UNA ENTREVISTA A GUILLERMO ENDARA G.
“Primero determinemos lo que es cierto, por lo menos en parte:
1) Estados Unido retiró el embargo que le tenía establecido al régimen militar de Noriega, aunque todos sabemos – y yo en numerosas ocasiones se lo manifesté categóricamente a los distintos personajes gringos que llegaron a Panamá antes de su intervención—que ese embargo no afecto a Noriega sino al pueblo en general;
2) Estados Unidos devolvió los dineros retenidos en virtud del embargo anterior, excepto por los usos que se dieron al gobierno panameño que los EEUU reconocía en ese entonces. Debo agregar que, en mi memoria, esa devolución no fue fácil, y creo que el más enterado de las múltiples gestiones fue Chinchorro Carles y quizás Billy Ford y Mario Galindo.
Sobre la ayuda financiera también le pediría asistencia a los tres que acabo de mencionar, pero sí puedo decirles algo la ayuda más grande fue lo que se llamó algo así como “crédito de contingencia” que consistía en prestamos disponibles sólo a las entidades bancarias para que ellos con esos dineros, a su vez, lo prestarán de acuerdo con la “técnica bancaria”, lo que significa varios puntos adicionales de interés.
Yo siempre — insisto siempre — con mucha vehemencia, que la recuperación económica de Panamá, no fue una obra de magia mía, de ningún miembro de mi gobierno, ni de mi gobierno entero, fue una labor titánica de todo un pueblo que sintió que era su oportunidad de salir del muladar económico en el que se encontraban, en eso el merito recae sobre todo la población, incluyendo, muy especialmente los trabajadores que tuvieron que aceptar abstenerse de negociar contratos colectivos por un limitado tiempo, los productores del agro y de la ganadería, de todos los miembros de las distintas profesiones, de los empresarios, comerciantes, industriales y hasta de los banqueros, y señalar que estos últimos pasaron sustos muy grandes, algunos muy merecidos.”
- Guillermo Endara Galimany.
PANAMÁ: LISTADO PARCIAL DE NUESTROS MUERTOS DE LA INVASIÓN DEL 20 DE DICIEMBRE DE 1989.
Conmemoración del XX Aniversario de la invasión yanqui de 1989. Este domingo 20 de diciembre, 10:00 a.m. Ave. Balboa, frente a la antigua sede de la Embajada gringa.
Listado Parcial de Víctimas de la Invasión
En Conferencia de prensa, a nombre de la Coordinadora Popular de Derechos Humanos de Panamá (COPODEHUPA) y del Frente Nacional por la Defensa de los Derechos Económicos y Sociales (FRENADESO), el sacerdote Conrado Sanjur anunció el inicio de una campaña sobre la Verdad de la Invasión para precisar quiénes y cuántos fueron las víctimas reales de la barbarie gringa.
Condenó las bases militares en nuestros territorio.
Invitó también a los actos de este domingo 20 de diciembre frente a la antigua sede de la Embajada yanqui en Avenida Balboa a las 10:00 a.m.
20 de diciembre de 1989. 20 años de la Invasión.
Una Tarea Pendiente
El 26 de Octubre de 1992, el Centro de Estudios Estratégicos (C.E.E.) publicó en los periódicos El Panamá-América, Crítica, La Estrella de Panamá, La Prensa, y El Siglo, como Aviso Pagado a página completa, el Listado Parcial de Víctimas Mortales de la Invasión del 20 de Diciembre de 1989.
A pesar de la gran divulgación e impacto que tuvo en el extranjero, nacionalmente ya se había tendido sobre tales sucesos el eficiente Cerco Informativo que nos oculta verdades permanentemente y que pretende mantener a nuestro pueblo en la ignorancia y la falsedad.
A lo largo de estos años, el Instituto de Medicina Legal habló de poco más de 250 muertos, la Iglesia Católica dijo conocer de unos 650 pero se negó a publicar los nombres, fuentes del PRD mencionaron cifras que alcanzaban los 4 mil y hasta los 10 mil muertos.
Pero sólo el C.E.E. publicó masivamente un Listado. De él partimos.
Éste es un Listado todavía Parcial. Corresponde – indistintamente – a civiles y a miembros de las Fuerzas de Defensa: soldados rasos, cabos, sargentos…que – a pesar de la conducta cobarde y bochornosa de la totalidad de sus Altos Mandos – combatieron defendiendo la Patria.
Panamá, 20 de diciembre de 2009.
Veinte Años de la Invasión.
LISTADO PARCIAL DE NUESTROS MUERTOS, NUESTROS HÉROES Y NUESTROS MÁRTIRES.
ARROYO GONZÁLEZ, JAIME
ACOSTA SÁNCHEZ, PABLO
AGUILAR DE LEÓN, SARA MARGARITA
AGUILAR, REYNALDO ANTONIO
ALVARADO CARRINGTON, MOISÉS
APARICIO OLIVA, ROBERTO ADOLFO
ARAUZ ACHONG, HUMBERTO ISMAEL
ARDINES PRADO, MANUEL DE JESÚS.
ALCIDES, GUILLERMO
ACOSTA, MIGUEL
AGRAZAL, ALEX
ALVARADO, LUIS
ALDRETE, EDUARDO
ARANA RIQUELME, RICARDO AURELIO
ARAUZ, ALCIBÍADES
AYARZA, GILKE BORIS
BAYLE SMITH, HENRY LEOPOLDO
BENNET, OSCAR CÉSAR
BATISTA, GUY ALEJANDRO
BARRAGÁN CASTILLO, GERARDO,
BECERRA LEDEZMA, MANUEL IGNACIO
BENÍTEZ CÓRDOBA, ANGEL
BONILLA PINZÓN, EVARISTO HUMBERTO
BONILLA T., ERICK ABDIEL
BECKELD SUBE, THOMAS GEORGE
BRICEÑO SÁNCHEZ, PORFIRIO
BROOKS, CECILIO
BROWN, GUILLERMO
BURREL, CELINA
BARRERA DELGADO, CONCEPCIÓN
BARKER WILLIS, ARTURO AUGUSTO
BAENA PÉREZ, ROLANDO ALBERTO
BALLESTEROS SALGUERO, MARIO A.
BARCASNEGRAS CABALLERO, AZAEL
BARKER, LUIS CARLOS
BENDIBURG, JOSÉ
BETHANCOURT AMSTRONG, BRAULIO
BONILLA GONZÁLEZ, CLARO
BORINES, JESÚS ANTONIO
BRADDICK VÁSQUEZ, ROLANDO
BRATWAITE, FERNANDO ERNESTO
BROWN, EULOGIO
BROWN WATSON, MIRNA ROSALÍA
BROWN, BRUCE CARL
BATISTA, JUSTO
BARRIOS M., MARTÍN ALBERTO
CALDERÓN VANEGAS, GAVINO
CASTILLO GOTTY, LUIS ALBERTO
CASTILLO VÍCTOR
CASTILLO ANDRADE, OMAR ORESTES
CASTRO, JACINTO
CARRILLO CERVANTES, CÉSAR ORLANDO
CAMARENA RODRÍGUEZ, IDALESIO
CARROLL, MANUEL
CEDEÑO AGUIRRE, FERMÍN
CARREÑO, JORGE
CASTILLO, YANETH LISBETH
CASTILLO GERTRUDES
CASTILLO EVERS, MANUEL DE JESÚS
CASTILLO SOLÍS, DEMETRIO
CARRIÓN, JOSÉ F.
CALVO, JOSÉ JULIO
CAMPOS, JESÚS
CERRUD, CAMILO
CEDEÑO, ROGER ALEXIS
CHAVERRA, TEODORO
CASTILLO, JUAN
CHECA, MARÍA DEL ROSARIO
CÓRDOBA VELÁSQUEZ, ROGER RAMIRO
CORTEZ VARRETT, JOSEPH EMANUEL
COWGLEY ARIANO, SACHERIRA KATHERINE
CHÁVEZ RODRÍGUEZ, BREDIO ERASMO
CUBILLAS ALVARADO, MANUEL GUILLERMO
CUELLO HERRERA, GERACIO FERMÍN
CERRAD, ALEJANDRO
CABEZAS, LUIS A.
CEPEDA, CARLOS
CHIMÚ VÁSQUEZ, ARMANDO ENRIQUE
COULTHRUST Q., MARCO ANTONIO
CÓRDOBA MARTÍNEZ, MARTÍN
CÓRDOBA, AURELIO
CONTE, JAIME PASCUAL
CLIFFORD MARTÍNEZ, VÍCTOR MANUEL
DE LEON BOLAÑOS, PEDRO NOLASCO
DE ROUX FIGUEROA, CLAUDIO ALEJANDRO
DE GRACIA, TOMAS
DÍAZ RODRÍGUEZ, PABLO ROBERTO
DÍAZ RODRÍGUEZ, CARMEN
DOMÍNGUEZ FRÍAS, FIDEL
DOMÍNGUEZ QUIJANO, CATALINO
DÍAZ CEDEÑO, NATIVIDAD
DÍAZ, SEVERINO
DÍAZ, ISMAEL
DÍAZ, JOSÉ LUIS
DE LEÓN, JUAN A.
DEL RÍO BONILLA, DANIEL
DÍAZ BARRÍA, BERTA ALICIA
DOMÍNGUEZ MARÍN, JORGE A.
DOMÍNGUEZ, JOSÉ HERIBERTO
DUARTE, VESPACIANO
DE LA CRUZ, EVERARDO
ESCOBAR GONZÁLEZ, CELEDONIO
ESPINOZA, VENANCIO
ESPINOZA, MAURICIO
ESTRADA, FLORENCIO
ESPINOZA RODRÍGUEZ, SABA
ESPINOZA RODRÍGUEZ, FLORENTINO
ESPINOZA, JOSE
FARIÑA, IVÁN ORLANDO
FALCÓN, BALBINO
FIARON (RECIÉN NACIDO)
FRANCO, MANUEL
FERNÁNDEZ CABAL, ORENCIO
FREDERICK C., JOSÉ
FLORES SANTIZO, SANTIAGO
FRANCIS FARRAL, MANUEL CALIXTO
GALVAN SERRANO, BELLATRIZ MERCEDES
GALVÁN CASTRO, MANUEL ESTEBAN
GARCÍA R., ROBERTO
GUTIÉRREZ RUÍZ, JUAN
GUERRA, ISAAC
GARCÍA, JORGE
GÓNGORA, VEGANO
GÓNGORA FRÍAS, ROGELIO
GONZÁLEZ GONZÁLEZ, CRISTÓBAL
GONZÁLEZ JAÉN, OSVALDO ENRIQUE
GÁLVEZ, EDWIN ALBERTO
GALLARDO CEDEÑO, AGRIPINO
GÓMEZ TORRES, ROBERTO T.
GÁLVEZ, EFRAÍN
GARCÍA QUINTERO, JOVINA MARÍA
GONZÁLEZ, ENRIQUE J.
GONZÁLEZ, CÉSAR ANTONIO
GONZÁLEZ, JOSÉ SANTIAGO
GONZÁLEZ, RUBINA
GUADAMUZ BRANDA, LUIS ANTONIO
GORDÓN A., MARCIA VICTORIA
GUTIÉRREZ ARAUZ, EUGENIO
HERNÁNDEZ CASTILLO, MIGUEL
HOWARD TORNE, LUIS ANTONIO
HUBBARD TORRERO, ALEJANDRO ANTONIO
HURTADO VIUDA DE GONZÁLEZ, VICTORIA
HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, CRISPÍN
HULLIBY, JOHN
HUDSON FRANCIS, OMAR ANASTACIO
IBARGUEN, ANTONIO
IBARGUEN JIMÉNEZ, ERASMO
IGLESIAS ARCE, MARIO ALBERTO
ISAZA GARCÍA, AMALIO
JAÉN PERALTA, PABLO EMILIO
JIMÉNEZ MEDINA, JULIO
JARAMILLO, DIANA
JIMÉNEZ LÓPEZ, DÁMASO ALEJANDRO
JURADO, GIL
KAM LAY, LEOPOLDO
LARA ACOSTA, ADOLFO
LÓPEZ, GUILLERMO CARLOS
LÓPEZ M., JUAN CARLOS
LYNCH GREY, RICARDO
LEDEZMA GONZÁLEZ, GUILLERMO
LUNA TERÁN, EDGAR HERROW
LÓPEZ GONZÁLEZ, DEMETRIO
LÓPEZ DE PEREA, OTILIA
LOZANO BORJAS, EDISON ANTONIO
LYONS SÁNCHEZ, SIDNEY
LÓPEZ, CARLOS ANTONIO
MARCIACQ BRUN, JUAN LUIS
MAGALLÓN MENDOZA, DEMETRIO
MARTÍNEZ ACHONG, ABDIEL REYMAR
MARTÍNEZ CHIMÚ, PEDRO ANTONIO
MARTÍNEZ GONZÁLEZ, OMAR EBERTO
MARTÍNEZ DE LEÓN, ALEJANDRO
MAGALLÓN OLIVEROS, FELIPE
MCKAY DE GRACIA, FEDERICO CALORIE
MERO AVILA, MOISÉS VITERBO
MENDOZA, JULIA
MORALES, LUIS E.
MORENO, VARELLO
MURILLO, MARÍA BERNUIL
MARTÍNEZ AGUILAR, MOISÉS
MENA SANJUR, ALCIDES GUILLERMO
MENESES DE SALAS, DIONISIA
MELÉNDEZ MUÑOS, SIMÓN
MIRANDA PINEDA, DÍDIMO
MORALES ROSALES, LUIS ENRIQUE
MARTÍNEZ PAREDES, ERNESTO
MARTÍNEZ ATENCIO, FÉLIX DEL CARMEN
MARTÍNEZ VALDEZ, DANIEL A.
MARTÍNEZ VALDÉS, JOAQUÍN ALFONSO
MARTÍNEZ, NORBERTO
MARÍN, MANUEL DE JESÚS
MACKAY DE BURGOS, GRACIELA
MEDINA IGLESIAS, REYNALDO A.
MORENO, JUAN J.
MATEY, JAVIER
MORCIGA, JUAN
MARISCAL, FLORENCIO
MONROE DUM, RAYMOND
MCCARTY DALEY, JAVIER ALEXANDER
MELA MONTILLA, EUTIMIO
MÉNDEZ, LUIS CARLOS
MOSQUERA, JOSÉ LORENZO
MORENO0, REINALDO
MORALES, EUCLIDES
MURILLO HERRERA, HÉCTOR PORFIRIO
MUÑOZ MELÉNDEZ, SIMÓN JUSTINO
MURILLO CASTILLO, LUIS ALBERTO
NORIEGA, JOSÉ RENÉ
NÚÑEZ, GABRIEL
NÚÑEZ VARGAS, ANTONIO
NÚÑEZ, SIMÓN
OROZCO SALDÍVAR, TOMÁS
OBALDÍA RIZO, EVERARDO
PALACIOS PEREA, CÉSAR ERNESTO
PARUTA AVILA, NERVIN JOSÉ
PAYNE NAVAS, LOUIS
PEREA POVEDA, ISMAEL A.
PÉREZ GUZMÁN, LUIS OCTAVIO
PIMENTEL DE GRACIA, BERNARDO
PINZÓN CASTILLO, INÉS
PUELLO HERRERA, HORACIO FERMÍN
PRADO, MANUEL DE JESÚS
PINO, ROLANDO,
PANAY, EDITH DE
PAREDES, EDUARDO
PALACIOS MATURANA, TOMÁS BENICIO
PÉREZ TORRES, ANTONIO
PEÑA AÑANDETA, MANUEL
PINEDA SANJUR, OVIDIO
PITTI SÁNCHEZ, HERIBERTO
PITTI CONTRERAS, JAVIER FRANCISCO
PUGA BRUSTER, CARLOS EMER
PÉREZ, JULIO
PITTI, DANIEL
QUIÑÓNEZ SANTAMARÍA, BIENVENIDO
QUEZADA LUCERO, JOSÉ ALBERTO
QUINTERO CIANCA, LUIS ALBERTO
QUIRÓS, JUAN
RAMOS PINO, ARCADIO
RAMOS DÍAZ, CÉSAR AUGUSTO
RECUERO TROCONIS, JUAN JOSÉ
REYES JUSTINIANI, LUIS V.
RIVERA CASTILLO, ROBERTO ABDIEL
RIVERA M., CARLOS ARIEL
RODRÍGUEZ, BENJAMÍN
RODRÍGUEZ MORENO, JUAN ANTONIO
RODRÍGUEZ, TEÓFILO
RODRÍGUEZ GARRIDO, OCTAVIO
RUÍZ, JOSÉ A.
RUÍZ BONILLA, HUMBERTO
RODRÍGUEZ, MARIA B. DE
RAMOS RUDAS, ELIZABETH
REID PYLE, ANDREA AIDE
REYES ROSALES, DANIEL
REYNA CÁCERES, HUMBERTO
RIVERA BATISTA, TOMÁS AZAEL
RÍOS C., LUIS
RODRÍGUEZ MARÍN, JORGE ALEJANDRO
RODRÍGUEZ, PAULINO
RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, RUFINO
RODRÍGUEZ BONILLA, CARLOS A.
ROSALES, ARIEL ARMANDO
RIVERA, RICARDO
SANTAMARÍA, EDUARDO
SÁNCHEZ TORRES, ARNOLDO
SÁNCHEZ P. ARNULFO
SANJUR CEDEÑO, ERICK J.
SANTAMARÍA R., ALFREDO
SAMANIEGO, ELISEO
SARMIENTO MÁRQUEZ, HUGO NERYS
SÁNCHEZ, LUIS GILBERTO
SÁNCHEZ R., RICARDO ALEXIS
SÁNCHEZ HERRERA, CORNELIO
SÁENZ (RECIÉN NACIDO)
SANTOS MORALES, URIEL
SARMIENTO, MARISOL
SERRANO CAMPOS, PEDRO
SEGURA RODRÍGUEZ, ISMAEL ENRIQUE
SMITH B., GILBERTO A.
STERLING SANDERSON, WINSTON GEORGE
SUGASTE, VALENTÍN
SMITH LORENZO, MARCOS
SMITH SMITH, ROGELIO ANTONIO
STANFORD PARDINES, ROSA
SALDAÑA SERRACÍN, ROBERTO MILLER
SALAZAR, POLO
TORREGLOSA, LUIS GUSTAVO
TEJADA, RUBÉN
TRUJILLO, JOSÉ A.
TUÑÓN GONZÁLEZ, DIOSELINA
TORRES, ROBERTO G.
TORRES PÉREZ, ANTONIO
TRIVIÑO RICKETTS, VALENTÍN
TRUJILLO ROJAS, RAFAEL ERNESTO
TREJOS, RITA
URRIOLA GUDIÑO, OSVALDO A.
VAQUERO, JOSÉ FÉLIX
VÁSQUEZ, MÁXIMO
VÁSQUEZ REYES, CELIA MARÍA
VEGA, AGRIPINO
VERGARA HINOSTROZA, SEBASTIÁN
VILLARREAL LÓPEZ, FEDERICO
VILLALTA, ANGEL
VILLARREAL DE LEÓN, ERNESTO
VARGAS DE RIVAS, ROSA VICTORIA
VALDÉS NÚÑEZ, RAMÓN ALBERTO
VÁSQUEZ, LEOVIGILDO
VERGARA ESTRADA, SILVANY
VELÁSQUEZ CÓRDOBA, RAÚL
VARGAS JAÉN, JAVIER A.
VALENZUELA, JUAN
VALENTINO, RIGOBERTO
WILSON HARROW, LUCÍA MARCELA
WALKER T., SHIRLEY
WILSON, OMAR
WALTER B., RIGOBERTO V
ZAMBRANO, MARCELINO.
Para cualquier información que amplíe, precise o corrija ésta Lista, dirigirse a:
COORDINADORA POPULAR DE LOS DERECHOS HUMANOS DE PANAMÁ (COPODEHUPA), Organización miembro de FRENADESO.
Ave. Justo Arosemena, Edificio Aresa No. 33-34. (Frente al Hotel Roma), Ciudad de Panamá.
Teléfono: 225–4187
Email: frenadeso@yahoo.com
http://www.frenadesonoticias.org
http://www.frenadesonoticias.org
http://www.kaosenlared.net/noticia/colaboradores/frenadeso
¡NO A LAS BASES MILITARES EN PANAMA!
Sobre el tema todo el mundo dice Prohibido Olvidar….pero señores, lo estamos olvidando. Hay quienes critican la invasion, que fue un derramamiento de sangre que se pudo haber evitado, y lo fue. Los Estados Unidos tenian todas las armas, tanto militares como tecnologicas para sacar a Noriega del medio sin utilizar un despliegue militar tan grande. Pero la historia ya esta escrita y debemos apegarnos a los hechos. Prohibido Olvidar…..lo que no debemos olvidar son esos 21 años de dictadura militar que lo unico que trajo fue estancamiento al pais. Pero hoy en dia se pueden ver a personas diciendo y pidiendo que regresen los militares, personas con calcomanias de noriega o torrijos en sus autos, personas que han olvidado el pasado negro. Hablamos de soberania, que lo Estados Unidos no tenian derecho de intervenir como lo hicieron y es verdad. Pero cuantos de nosotros peliamos por nuestra soberania en aquel tiempo dictatorial en las calles defendiendo nuestro pais del narcodictador?. Debemos reflexionar y entender que es realmente lo que no tenemos que olvidar. Un pais que olvida su turbulento pasado esta condenado a repetirlo.
Ocurrió en la noche del 9 de noviembre de 1989. Desde los dos lados de Berlín, varios miles de personas se dirigieron al muro que dividía la ciudad desde 1961. La muchedumbre, excitada, quería pasar al otro lado. Lo habían difundido los medios de comunicación occidentales: desde el día siguiente los ciudadanos de la RDA podrían “viajar al exterior”. Era el fin de la prohibición histórica.
Pero pocos días después (42), otra noticia que convulsionaba a la población de Latinoamérica y a toda la opinión pública mundial, no fue tan difundida por los medios occidentales. La invasión de USA en Panamá fue eclipsada por la nueva situación geoestratégica y casi silenciada por los medios de comunicación a este lado del Atlántico. Era, para la vergüenza de la democracia, más noticiable la captura del general Noriega que lo que allí verdaderamente sucedió.
La barbarie causada por las tropas USA durante su invasión se saldó con 516 muertos, según las crónicas de este lado del “charco”, 456 de ellos civiles. Eran las víctimas de los llamados efectos colaterales de un despropósito que la comunidad internacional nunca se atrevió a condenar de forman rotunda. Como todo lo que hizo y hace el “tío Sam” que, ante la pasividad internacional, se encarga de señalar quiénes son los buenos y quiénes los infelices que pagarán con sus vidas las acciones de un ejército bien pertrechado, presente en todos los escenarios como si el mundo tuviese un solo dueño.
Mientras en Europa corrían ríos de tinta alabando los nuevos aires de cambio, nadie se acordaba de los centenares de muertos panameños a causa de una invasión desproporcionada, ilegal y que cometió crímenes contra la población civil.
Hoy, veinte años después, ningún responsable de la Administración USA por aquellas fechas ha pasado por el Tribunal Internacional de La Haya para declarar como presuntos violadores de los derechos humanos. Algo, por otra parte, que debería avergonzar a la comunidad internacional.
Desde este foro, en tan luctuosa fecha, quiero solidarizarme con el pueblo panameño. Y, sí, yo denunció en voz alta los crímenes cometidos por el ejército norteamericano en Panamá.
Un cordial saludo para el pueblo panameño.
Diego Martínez Purriños
En aras de lograr una justicia reparadora así como promover a la memoria histórica, en el Partido Revolucionario Democrático, es un deber de dignidad patria, iniciar una campaña política en aras de lograr una reivindicación política nacional de cuatro puntos fundamentales:
1- Solicitar a EE.UU. que se desclasifique el expediente de la CIA sobre la muerte del General Omar Torrijos, y reabrir en Panamá el expediente judicial para culminar una investigación debida sobre la muerte del General Omar Torrijos, como un acto de justicia en su memoria política, en aras de saber quienes fueron los verdaderos autores intelectuales y materiales del posible magnicidio, como parece dejar entrever cierta responsabilidad norteamericana, como se desprende de los Informes del Comité de Santa Fe I.
2- Solicitar una Comisión de la Verdad II que haga una investigación rigurosa, con listados de muertos, desaparecidos y testimonios, de ser necesarios se exhume algunas fosas comunes para hacer recuento de fallecidos, como medios para saber con exactitud cuantos panameños fueron asesinados y desaparecidos en los bombardeos aéreos y operaciones militares yanky de la invasión de diciembre de 1989, así como presentar una demanda internacional contra EE.UU. para la indemnización de los sobrevivientes de las victimas de esa acción de guerra norteamericana contra Panamá.
3- Iniciar el diseño y construcción de un monumento en memoria de la victimas, caídos, mártires y héroes de la invasión del 20 de diciembre de 1989 (perecido a los diversos monumentos memoriales de las victimas judías del holocausto) como un justo e histórico recuerdo digno en memoria de los muertos y de los trágicos hechos en la memoria de las presentes y futuras generaciones.
4- Presentar nuevamente en tiempo oportuno un proyecto de ley que declare el 20 de diciembre de 1989 como Duelo Nacional, tal como fue presentado en la pasada administración por el diputado Pedro Miguel González, siendo aprobado por la Asamblea Nacional, pero que fue vetado por inconveniente por el ex presidente Martín Torrijos Espino, en aras de la distensión de reconciliación entre las fuerzas políticas.
Dr. Belisario Rodríguez Garibaldo
Abogado, Periodista, Sociólogo, Analista Político, Profesor y Escritor
Miembro del Partido Revolucionario Democrático – PRD (Panamá)
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ELEGÍA POR EL 20 DE DICIEMBRE DE 1989.
Por: Belisario A. Rodríguez Garibaldo.
Panamá, Territorio Ocupado, 11 de junio de 1992.
Balas que cruzan por la calle,
tanques que transitan la avenida,
llantos de dolor,
llantos de muerte,
niños quemados a la orilla del Chorrillo,
mujeres y ancianos revueltos en el estiércol
de las risas hipócritas de los hombres,
la muerte habla
y en inglés.
Oh mártires, mártires,
cadáveres de mujeres y hombres valientes,
que arriesgaron y perdieron sus vidas
en un amor a nuestras vidas,
en un amor a la patria, a lo genuino;
gritos desesperados que se ahogan
entre las banderas extranjeras,
y entre “mujeres” que se pasean
como trofeos de guerra,
“hombres” que le dan las manos
y agradecen la matanza,
sí, yo odié a toda fuerza militar,
tal vez las odié con toda la fuerza
de mi corazón rebelde,
pero más amé a mi patria
que se desangra
entre los bombardeos extranjeros;
Señor:
Dame la fuerza para poder aguantarme
el ensordecedor grito de los muertos.
Del Poemario “En la Hora del Crepúsculo”, Belisario Rodríguez Garibaldo, Editorial CIEN, Panamá, 2002.
* Con prólogo del critico Mario García Hudson, éste señala que se trata de “… un conjunto de siete poemas cuyo tratamiento vislumbra dos direcciones: Una reflexión social a cierta parte de la historia panameña, específicamente a los años del régimen cívico – militar de 1968 a 1989, y la comprensión de un lenguaje mítico que incita al poeta a ver esperanza en una cosmovisión religiosa, ante un caos imperante a nivel mundial”. Más adelante señala que “como reflexión su postura ante la vida le lleva a concluir el respeto entre los hombres es posible si existe la disposición a combatir las injusticias sociales, afrontadas a diario en espera de un futuro prometedor, sin carencias materiales y espirituales”.
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EPILOGO: A LOS MÁRTIRES
Por: Belisario A. Rodríguez Garibaldo.
Por todos aquellos
que se confunden sus cenizas
con la arena de las playas…
Por aquellos que sus gritos se confunden
con el aullido lúgubre del viento…
Por aquellos que están muertos pero no descansan,
pues los mártires no yacen en sus tumbas,
se revuelven en el sentir que navega por los tiempos.
Por aquellos: un minuto de silencio.
Por aquellos pido un minuto de llanto contenido y de silencio.
Del Poemario “El Amanecer del Tiempo”, Belisario Rodríguez Garibaldo, Premio ‘Demetrio Herrera Sevillano’ de 1998; Editorial CIEN, Panamá, 2001.
* Primer poemario de autor, de él dice el jurado calificador del Premio “Demetrio Herrera Sevillano: “Premiamos por unanimidad la obra ‘El Amanecer del Tiempo’. El libro premiado revela un excelente manejo de la técnica del verso libre, debido a que hay en el autor de dicho trabajo un contenido lírico original y diferente. Además, se pude sentir a través de sus versos una interrelación temática que sirve de enlace entre un poema y el otro. En los nueve poemas que integran el contenido hay garra, es decir, que el poeta posee tal dominio de sus temas, que logra captar la atención del lector simple, al punto de invitar a leer y repasar varias veces sus versos. El ritmo es acompasado y melódico en cada poema, como si se tratara de una rapsodia en hexámetros a pesar de utilizar el verso libre para expresarse, por estas razones estimamos que hay suficientes méritos para premiar a ‘El Amanecer del Tiempo’.”
A veces pienso si la palabra “invasión” es la correcta, o mas bien lo ocurrido fue un ATAQUE A PANAMA. Creo que hay diferencias entre las dos palabras. Para los gringos la “invasión” a Normandia fue “buena”, pero el ATAQUE de Japón a Pearl Harbor fue “malo”. Entonces, hablar de un ATAQUE a Panamá es mas “malo” que una simple “invasión”. Tema interesante, aunque ya retórico.
Juan A. Tack.
jatack@ymail.com
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Estimado Profesor Juan A. Tack, ex canciller de la Republica.
Así es, y no es retórico ni semántico, tiene importancia en el ámbito diplomático y en el terreno militar.
Panamá no le declaro oficialmente la guerra a USA, a pesar que USA quiso mal interpretar las declaraciones del General panameño acerca que ‘Panamá estaba en estado de guerra’ (es decir, Panamá se encontraba en estado real de sitio, con leyes marciales de emergencias, organizando una estrategia de defensa, sobre la base de su derecho a la legitima defensa nacional); tampoco USA le declaro oficialmente la guerra a Panamá.
Ciertamente fue un ataque sorpresa, que no se ajusta a una declaración formal de guerra, que requiere por lo menos de un ultimátum previo, antes del inicio de las hostilidades militares, tal como establece la convención de Ginebra sobre derecho de la guerra.
Se ajusta a una invasión, en la medida que se realiza por medio de incursión en territorio extranjero con altas cantidad de tropas de unidades militares bien apertrechadas en su capacidad operacional; no fue sólo una intervención, que es una incursión rápida en territorio extranjero con fuerzas restringidas.
Esencialmente fue un ataque sorpresa, en la actualidad alegaría USA, que además fue un ataque preventivo (basado en su actual doctrina de guerra preventiva), para salvaguardar la vida de norteamericanos en Panamá, que consideraban puesta en peligro por Panamá, lo cual no es cierto en sentido lógico, congruente y proporcional sobre la base de una legitima defensa de la jurisdicción norteamericana en sus bases militares en Panamá.
En cierta medida tuvo una base real en la doctrina de la guerra de baja intensidad. En esta USA aplico tres fases:
1º Guerra Psicológica: Una campaña mediática internacional contra Panamá, su gobierno y su Comandante militar.
2º Guerra Económica: El embargo económico norteamericano contra Panamá con el objetivo de estrangular a la economía panameña, lo cual es estrictamente un sitio y bloqueo económico.
3º Guerra Militar: El ataque sorpresivo mediante la invasión de tropas en una operación militar planificada.
Todo este diseño de planificación estratégica de guerra de baja intensidad pudo haber tenido un cronograma definido con antelación para una duración desde 1987 a 1989 (además tiempo de duración de la crisis política y económica en Panamá), incluido el inicio de procesos judiciales en Florida (USA) contra el General panameño, como alegato de USA de una causal principal para su operación militar ‘Causa Justa’ en aras de su captura por USA, que además se alego como una causal secundaria de llevar la democracia a Panamá. Ningunas de estas causales es justificables en base al derecho internacional, pues la captura de un criminal la debe hacer la INTERPOL y las sanciones diplomáticas, económicas y militares contra un país la debe hacer las Naciones Unidas y sus Cascos Azules.
Panamá, como Estado (o también organizaciones civiles panameñas), puede oponer una demanda internacional (ante la Corte Internacional de Justicia, el Consejo Internacional de Derechos Humanos, el Tribunal Penal Internacional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos o la Suprema Corte Federal de Justicia de USA) con una solicitud especial de resarcimiento e indemnización por los siguientes motivos violatorios de la convención de Ginebra sobre derecho de la guerra y otra convenciones internacionales de derecho humanitario:
1º Por no haber declaración oficial de guerra ni mediar ultimátum previo.
2º Por un ataque sorpresa no provocado, no necesario y no proporcional.
3º Por daños en infraestructuras de Panamá, soldados panameños caídos en combate (muertos y heridos) y victimas civiles panameñas por daños colaterales de operaciones militares.
4º Por violaciones al trato humanitario de prisioneros de guerra y refugiados civiles de guerra (ejecuciones sumarias, desapariciones y secuestros, violaciones de derechos humanos y derecho humanitario, campos de concentración de prisioneros de guerra y de prisioneros políticos sin las condiciones establecidas en la convención de Ginebra y campos de refugiados civiles sin las condiciones establecidas en el derecho humanitario internacional).
“SI PEQUEÑA ES LA PATRIA, UNO GRANDE LA SUEÑA” – RUBEN DARIO.
Dr. Belisario Rodríguez Garibaldo
Abogado, Periodista, Sociólogo, Analista Político, Profesor y Escritor
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REPORTAJE: MEMORIAS DE UNA PERIODISTA
LA ÚLTIMA FOTO DE JUANTXU RODRÍGUEZ
La periodista recuerda la muerte del fotógrafo durante la invasión norteamericana de Panamá
Maruja Torres 06/08/2006
http://www.elpais.com/articulo/reportajes/ultima/foto/Juantxu/Rodriguez/elpdomrpj/20060806elpdmgrep_4/Tes
Navidad de 1990. La reportera y el fotógrafo Juantxu Rodríguez estaban en Panamá. Justo cuando EE UU invadió el país. En las cercanías del hotel Marriott, la torreta de una tanqueta enfocó a un grupo de periodistas. Una bala atravesó el ojo de Juantxu. Murió abrazadito a su cámara.
No recuerdo aquella semana navideña de 1990 como se recuerda un reportaje, sino como una pesadilla. También fue una premonición. Yo había salido de Madrid, semanas antes y acompañada por el fotógrafo Juantxu Rodríguez, para realizar un trabajo que recogería la labor de los jesuitas españoles en América Latina. En Panamá, nuestro objetivo se vio brutalmente truncado.
Recuerdo que los soldados de las fuerzas invasoras, que habían bombardeado una ciudad para imponer la democracia, no hicieron nada para impedir el caos.
Le vi caminar hacia delante y caer, pero quise pensar que lo hacía para tomar una foto mejor. Era tan joven. En realidad, ya estaba muerto
Una semana después de nuestra llegada a la capital panameña, Juantxu y yo regresamos a España. Yo lo hacía viva, por los pelos, y él, en un féretro sellado. Ésa es la pesadilla.
Recuerdo Panamá como una ciudad blanca, de calor pegajoso y ondulantes crestas de palmeras bordeando el océano; recuerdo la sensualidad de la gente y recuerdo también a Rodrigo, que nos hizo de chófer, y a Rafael Candanedo, periodista local que se convertiría en un gran ayuda, y recuerdo unas cervezas compartidas con el delegado de la agencia EFE, Andreu Claret, que me puso al corriente del momento tirantísimo que se vivía en el país a causa de la disputa por el canal, por las malas relaciones entre el general Noriega y su antiguo patrocinador, el Gobierno de Estados Unidos, en ese momento presidido por George Bush, padre, que mientras dirigió la CIA había sido quien más usó a Noriega como agente doble.
También recuerdo una madrugada -poco antes de la una, hora local- en que me desperté súbitamente, creyendo no haber desconectado el televisor. “Una película de tiros”, pensé. Y no. Los disparos se escuchaban en las cercanías de nuestro hotel, el Marriott. Desde el ventanal abierto a un paisaje paradisíaco vi algo que nunca antes había podido contemplar con tanta perspectiva. Un bombardeo. Un genuino, auténtico, supertécnico y moderno bombardeo, por parte del ejército más poderoso del mundo, sobre uno de los barrios más paupérrimos de la capital, El Chorrillo.
Juantxu usó la puerta que comunicaba nuestras habitaciones para entrar en la mía y, con su audaz sonrisa de joven reportero gráfico sin miedo, exclamó: “¡Han invadido! ¡Tengo montado el trípode!”. Pues se necesitaba inmovilidad para captar las siluetas monstruosas de los aviones, el infierno de fuego que parían sobre los panameños indefensos. Yo le dije que callara, que los norieguistas estaban tomando rehenes norteamericanos en el hotel, perteneciente a una cadena gringa. Echados en el suelo, escuchamos la radio. Ninguna emisora daba noticia alguna, hasta que conseguí conectar Radio Caracol, a la que llamaban panameños desesperados, contando lo que estaba ocurriendo.
Nunca recuperamos el trípode, ni las fotos que hizo Juantxu en aquel momento. En cuanto se hizo de día nos largamos con lo puesto y el imprescindible material de trabajo, y nos dedicamos a recorrer la ciudad con Rodrigo, que había dimitido instantánea y hábilmente de su empleo en el casino del hotel para convertirse en nuestro chófer.
Recuerdo que la ciudad que encontramos a la salida del hotel -en adelante pernoctaríamos en la Embajada de España, en donde el titular, don Tomás Lozano, se comportó como un padre- no se parecía en nada a la que había creído entrever a mi llegada.
Recuerdo los carros de combate USA, las avionetas achicharradas de un helipuerto turístico, y más tarde, tras una inútil conferencia de prensa en la ya obsoleta cancillería panameña -Guillermo Endara, el títere adiposo puesto por Bush, había jurado la presidencia en una base de la zona del canal; Noriega estaba en paradero desconocido-, recuerdo haber tenido que correr entre disparos hasta la legación española, que se encontraba al otro lado de la plaza. Recuerdo los saqueos, perpetrados por panameños de todas las clases sociales -un hombre intentaba sacar de una tienda una lancha motora, manejando el volante; una mujer arrastraba varias piezas de tela de brocado; otros arrastraban lavadoras, frigoríficos, cascos de peluquería-; recuerdo los ojos de ira del propietario de un supermercado, que se defendía de los saqueadores armado con un palo, y cómo se echó a llorar cuando le pagué una botella de imprescindible whisky, mientras sus compatriotas trataban de asaltarle. Recuerdo las patadas contra los cierres metálicos de la muchedumbre enajenada, los alaridos de los norieguistas linchados, los cuerpos que se amontonaban en los pasillos de la morgue del hospital de Santo Tomás. Recuerdo a los prisioneros, maniatados y boca abajo en los parques, con las botas de los marines en sus espaldas.
Recuerdo, sobre todo, que los soldados de las fuerzas invasoras, que habían bombardeado una ciudad para imponer la democracia, no hicieron nada para impedir que el caos les asegurara la necesidad de orden.
Símbolo de la locura
El 21 de diciembre, Juantxu y yo volvimos al hotel Marriott para intentar recoger nuestras pertenencias. Se hallaba en poder de los norieguistas cuando lo abandonamos, y ahora lo controlaban tropas estadounidenses. Por encima del hombro de uno de los soldados que nos conminaron a marcharnos vi cadáveres alineados en el vestíbulo. Tal vez entre ellos se encontraba el amable director que nos había invitado a una copa en ese mismo lugar, que ya pertenecía a otro mundo: el vestíbulo, con su Santa Claus montado en reno colgado del techo, era un símbolo de la locura, de la destrucción. Como la ciudad entera.
Recuerdo que retrocedimos hacia un edificio destinado a convenciones, y que vimos acercarse lentamente un convoy de los marines por la avenida que bordea el mar, y permanecimos quietos mientras giraba en dirección al Marriott, y a nosotros, que montábamos la guardia enfrente. Había otros fotógrafos: entre ellos, Roberto Armicione, de Reuters en Honduras, y uno o dos franceses. Yo miré a mi alrededor, buscando francotiradores. Ni uno. Ni dónde esconderse.
No sé quién abrió fuego antes, seguramente los que llegaban, incapaces de distinguir a los suyos, entre otras cosas porque Estados Unidos había proporcionado los uniformes del Ejército panameño. Lo que sí sé es que la tanqueta que encabezaba la comitiva detuvo sus disparos, tras abatir a unos cuantos de los suyos.
Luego, la torreta de donde salía el fuego dio un giro de 45 grados y enfocó al grupo de periodistas. Eché a correr entre las detonaciones que me ensordecían, con Rodrigo y un amigo, hacia la única protección que se nos ofrecía, por risible que parezca: el automóvil. Antes de apretujarme con los otros bajo su panza llamé a Juantxu a gritos, pero él se había ido con su cámara. Le vi caminar hacia delante y caer, pero quise pensar que lo hacía para tomar una foto mejor. Era tan joven. En realidad, ya estaba muerto. Una bala le atravesó el ojo izquierdo y así murió, abrazadito a su cámara.
Fue una pesadilla y una premonición. Porque regresé a España con un féretro y con la convicción de que Estados Unidos inauguraba una nueva era de intervenciones imperialistas ajenas a la legalidad internacional, en las que la presencia de la prensa libre no iba a ser bienvenida. Con los soldados habían aterrizado sus propias cadenas de televisión, que instalaron sus estudios en las bases del canal y empezaron a difundir información embustera y sesgada.
Esto es lo que recuerdo de Panamá. No lo que escribí.
Estos hechos son otra obra intelectual del que estuvo en la Casa Blanca, George Bush Sr., además de la incompetencia de sus soldados yankys, que no distinguían entre soldados y combatientes panameños, población civil indefensa y periodistas cubriendo el conflicto. También es cierto que los corresponsales españoles no observaron las precauciones necesarias, acababan de llegar al país y recién hospedados, apenas estaban conociendo de otros periodistas a la situación política nacional, así como los rumbos de la ciudad, y de repente quedaron en fuego cruzado.
Como coralario al hecho, en el Hotel Marriott, hoy Hotel Ceasar Park, los tanques yankys venían con disposición de combate por una razón principal. El Hotel, antes tomado por Fuerzas de Defensa por razón de seguridad, porque estaban hospedados varios periodistas, personal del gobierno y diplomáticos, sin embargo los soldados panameños se repliega ante la llegada de soldados yankys en capacidad superior que toman el control del Hotel.
Endara estaba guarnecido por soldados yankys en la cancillería de Plaza Porras (donde operaba temporalmente su presidencia); Ford estaba guarnecido por soldados yankys en la Asamblea Nacional. Y en este Hotel, llega Arias Calderón escoltado por soldados yankys.
Un grupo de Batallones de la Dignidad intentan realizar una acción audaz, de atacar el Hotel, con el objetivo de tomar a Arias Calderón de rehén o eliminarlo, lo que genero combates en los alrededores del Hotel, muriendo un escolta privado panameño de Arias Calderón (este ultimo aseguro que nada le paso por que Dios le protegió!!).
Por eso llegan refuerzos de tanques yankys para repeler el ataque de los Batallones de la Dignidad al Hotel. Ven un grupo de autos que se mueve en su dirección desde el Centro de Convenciones Atlapa, sin embargo los tanques con soldados yankys disparan antes de preguntar u ordenar salir con las manos en alto. No sabian que era prensa internacional, a lo mejor no llevaban el debido distintivo de Prensa en el vidrio del auto, ni sacaron pañuelos blancos de paz, dudaron que los yankys no harían nada por ser civiles, craso error, pues los yankys no distinguían entonces al soldado panameño, o al batallonero de dignidad (con ropas civiles), o a cualquier otro civil indefenso, así murieron muchos panameños civiles indefensos, incluso en sus propios autos o cerca de sus casas, al toparse con tanques o soldados yankys en los primeros días de la invasión.
Sin duda que es imprudencia, incompetencia militar e inobservancia de las reglas militares por los norteamericanos (establecidas en la Convención de Ginebra), que establecen el respeto a la población civil no combatiente, y muy especial a la prensa internacional, y al personal sanitario y de emergencias (médicos, paramédicos, ambulancias, cruz roja, socorristas), que deben tener sus autos debidamente identificados con su emblema distintivo y constar el carnet que les identifique.
Dr. Belisario Rodríguez Garibaldo
Abogado, Periodista, Sociólogo, Analista Político, Profesor y Escritor
Miembro del Partido Revolucionario Democrático – PRD (Panamá)
E-mail: brodgari@hotmail.com
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Código Postal: 0818-00217. Panamá.
Columnas de España: http://www.ellibrepensador.com/author/brodgari/
Columnas de Panamá: http://www.tupolitica.com/tag/belisario-rodriguez-garibaldo/
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Web de Escritor: http://www.pa/secciones/escritores/rodriguez_belisario.html
yankees abusadores!!!
invadir con un super ejercito a un pequeño pais
ojala se investiguen los crimenes
desgraciadamente no creo que algun dia haya justicia para los muerto inocentes
pero por menos que se sepa la verdad!!
La última invasión yanqui a Panamá
PANAMÁ A 20 AÑOS: LA CRUDA VERDAD DE LOS HECHOS
Prensa Rural, Panamá. Domingo 20 de diciembre de 2009.
http://prensarural.org/spip/spip.php?article3431
Olmedo Beluche
olmedobeluche@hotmail.com
Sociólogo. Autor de los libros “Diez años de luchas políticas y sociales en Panamá” y “La verdad sobre la invasión”
Veinte años han transcurrido. Aún los muertos gritan en silencio contra el olvido, exigiendo que sus nombres sean pronunciados y pidiendo justicia. La quinta parte de un siglo ha pasado y todavía el pueblo panameño desconoce cuánto daño nos hicieron. Como muchos otros crímenes en este país, los hechos siguen sin esclarecerse del todo, sin investigación judicial, sin proceso y sin castigo.
Los amanuenses al servicio de EE.UU pretenden que el acto más sanguinario contra la nación panameña sea recordado “como una liberación”, en palabras del ex arzobispo Marcos G. McGrath, tal y como han logrado, con cierto éxito, respecto a la separación de Panamá de Colombia en 1903, pasando como “ independencia ” el acto que nos convirtió en colonia.
Como ya hemos indicado en el capítulo VI de nuestro libro Diez años de luchas políticas y sociales en Panamá (1980-1990), hay que distinguir entre los objetivos manifiestos por el gobierno norteamericano y los objetivos reales.
Sería ingenuo aceptar a priori los argumentos del ex presidente George Bush padre, en el sentido de que se invadió a Panamá para traernos la “democracia ” y sancionar al “ narcodictador ” Manuel A. Noriega. La prueba fehaciente de que el objetivo norteamericano no era “liberarnos” del dictador fue que el 3 de octubre de 1989, cuando Moisés Giroldi y un grupo de oficiales dio un golpe de Estado y arrestó a Noriega, las tropas del Comando Sur se hicieron las desentendidas.
El objetivo primario de la invasión era establecer un régimen estable que, con apariencia democrática, garantizara la aplicación de las políticas neoliberales. Este objetivo quedó patentado en el llamado Convenio de Donación, por el cual se darían algunos millones de “ayuda” económica a cambio de la aplicación de un estricto plan neoliberal.
En el tema de las bases militares, el nuevo gobierno de Ricardo Martinelli ha iniciado la instalación de cuatro bases militares en territorio con financiamiento y asesoría norteamericana.
Desde la perspectiva de las víctimas, reiteramos lo dicho en nuestro libro “La verdad sobre la invasión” : “En una sola noche las tropas norteamericanas asesinaron 100 veces más panameños que en 21 años de régimen militar. En una sola semana se hicieron 100 veces más prisioneros políticos que los que hubo durante los 5 años de régimen norieguista”.
Pese a la ausencia de una investigación oficial, la Iglesia Católica pudo reunir los nombres de cerca de 500 asesinados, la mayoría de ellos civiles. Las fosas comunes de El Chorrillo, Corozal, Arco Iris y Chepo siguen sin abrirse.
Cerca de 20,000 personas perdieron sus hogares esa noche, hubo al menos dos mil heridos. Algo que muchos ignoran es que se hicieron cerca de 5000 arrestos políticos. Las pérdidas materiales, en especial del Estado panameño, siguen sin sumarse.
Veinte años después, cuando parecía que iba a hacerse algo de justicia a través de una ley aprobada por la Asamblea Nacional, en diciembre de 2007, para establecer el reclamado Día de Duelo Nacional y una Comisión Investigadora, ésta fue vetada por el presidente Martín Torrijos, sin que los diputados proponentes hayan intentado imponerla por insistencia.
El balance histórico sigue siendo favorable para los victimarios y desfavorable para las víctimas.
En espera de que, más temprano que tarde, una nueva generación de panameños y panameñas logre un gobierno que reivindique la memoria de los héroes y mártires del 20 de Diciembre, nuestra pequeña contribución a la justicia que reclaman los muertos estriba en que se conozca la cruda verdad de los hechos.
LOS HECHOS
El 20 de diciembre de 1989, el presidente de Estados Unidos George H. W. Bush autorizó la operación militar denominada Causa Justa, justificando la invasión a Panamá con los siguientes motivos:
• Proteger la vida de los ciudadanos estadounidenses que residían en Panamá.
• Defender la democracia y los derechos humanos en Panamá.
• Detener a Noriega para enfrentar delitos de tráfico de drogas.
• Respaldar el cumplimiento del Tratado Torrijos-Carter.
El aparente propósito fue capturar al general Manuel Antonio Noriega, Comandante en Jefe de las Fuerzas de Defensa de la República de Panamá, quien era requerido por la justicia estadounidense acusado del delito de narcotráfico.
ANTECEDENTES INMEDIATOS
El 11 de octubre de 1968, los mandos medios de la Guardia Nacional, encabezados por el Mayor Boris Martínez, dirigieron un golpe de estado derrocando al entonces presidente electo y constitucional Arnulfo Arias Madrid, que había tomado posesión del cargo hacía sólo 11 días. Este evento dio inicio a una dictadura militar liderada por una junta provisional de gobierno que duró hasta 1969, cuando asumió el cargo de Comandante en Jefe el General de Brigada Omar Torrijos Herrera. En 1972 el gobierno militar designó un Congreso Constituyente que redactó una Carta Magna y nombró a Demetrio Basilio Lakas como Jefe de Gobierno y al General Omar Torrijos como Jefe de Estado. Como un objetivo político del gobierno se negoció un nuevo tratado del Canal de Panamá, que reemplazó al modelo negociado en los años 1960 por medio del Tratado Johnson – Robles.
En 1977, el General Omar Torrijos Herrera como Jefe de Estado de la República de Panamá y Jimmy Carter como Presidente de los Estados Unidos de América, firmaron los nuevos Tratados del Canal de Panamá o Tratados Torrijos-Carter, por medio de cuyas cláusulas principales los Estados Unidos acordaron la devolución de los territorios administrados, el control de la operación del Canal, el cierre de las bases militares y la salida de todos los soldados estadounidenses de Panamá.
El Tratado Torrijos – Carter acordaba un calendario para la transición de todos los aspectos referentes al Canal de Panamá, antes del año 2000. Sin embargo, condicionaba la defensa de la vía de manera conjunta, dando la posibilidad de intervenir armadamente en Panamá si la operación del canal se viese comprometida. En 1983 asumió el cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas de Defensa de Panamá el General Manuel Antonio Noriega, quien fungió por muchos años como G2 o Jefe de la Inteligencia Militar panameña y se le identificaba como estrecho colaborador de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos. En las elecciones presidenciales de 1984, las primeras por voto popular desde el inicio de la dictadura militar de 1968, fue declarado vencedor Nicolás Ardito Barletta ante el clamor popular de fraude. En tanto, en EE.UU., el senador Jesse Helms exigió que el gobierno norteamericano tomara las medidas necesarias para sacar a Noriega, pero el director de la CIA William Casey salió en defensa del general panameño alegando que éste realizaba tareas importantes para el gobierno de los Estados Unidos.
Pero en 1984 las relaciones con los Estados Unidos se deterioraron cuando Noriega exigió y consiguió el cierre de la Escuela de las Américas en territorio panameño. En dicha academia se formaban militares latinoamericanos que recibían instrucción bélica con un marcado contenido político anti-comunista por parte del Pentágono. En 1985, Nicolás Arditto Barletta renunció a la presidencia bajo presiones por tratar de esclarecer el atroz crimen del Dr. Hugo Spadafora, opositor del dictador; quien en reiteradas ocasiones acusó al General Noriega de diversos delitos incluidos asesinatos y narcotráfico, siendo reemplazado por el primer vicepresidente Eric Arturo Del Valle.
El segundo al mando de las Fuerzas de Defensa, Coronel Roberto Díaz Herrera, fue pasado a retiro en 1986 por órdenes directas del General Noriega. Díaz Herrera hizo declaraciones públicas acusando al General Noriega de fraude electoral en 1984, asesinato político y de complicidad en la muerte de Torrijos, lo que generó fuertes protestas entre la población y la creación de un movimiento denominado Cruzada Civilista. En 1988, Eric Del Valle en su calidad de Presidente de la República destituyó al general Noriega como Jefe de las Fuerzas de Defensa, quien arremetió con todo el poder del ejército bajo su mando contra la nación panameña, desconociendo a Eric Arturo Del Valle como presidente y Roderick Esquivel como vicepresidente. Del Valle se refugió en la embajada de Estados Unidos y luego fue trasladado fuera del país. Asumió el control del gobierno Manuel Solís Palma como Ministro Encargado de la Presidencia. Sin embargo, el embajador de Panamá en Estados Unidos Juan Sosa fue reconocido como única autoridad del gobierno panameño en el exilio.
Los Estados Unidos comenzaron un bloqueo abierto contra el gobierno leal a los militares panameños, lo que ocasionó una crisis económica, llegando incluso al congelamiento de los bancos para evitar la fuga de capitales. Durante este tiempo los Estados Unidos negociaron condiciones para el retiro del General Noriega del poder sin obtener resultados. En mayo de 1989 tuvieron lugar las elecciones presidenciales entre el candidato de la oposición al régimen militar, Guillermo Endara Galimani, y el candidato respaldado por el gobierno Carlos Duque Jaén resultando vencedor Endara Galimani con un triunfo arrasador. Al presentarse los resultados de la votación, el General Noriega impartió instrucciones al tribunal electoral para declarar suspendidos los comicios electorales.
En septiembre, en lugar de asumir la presidencia el vencedor de las elecciones de mayo, fue suspendida la constitución y se designó como encargado del Órgano ejecutivo al Ingeniero Francisco Rodríguez, allegado al General Noriega.
Al mes siguiente, fuerzas rebeldes dirigidas por el mayor Moisés Giroldi Vera, tomaron el cuartel central y retuvieron a Noriega. Giroldi, jefe de la compañía de fusileros responsable de la seguridad de la Comandancia, había abortado ya un intento golpista contra Noriega y ello le valió ser ascendido al rango de Mayor, pero su intento de deponer al General Noriega fracasó ante su indecisión por entregarlo al ejército de Estados Unidos que había enviado un helicóptero para tal fin. La situación se tornó más confusa cuando sus compañeros pedían su anuencia para dar muerte a Noriega, lo que dio tiempo para que la rebelión fuera sofocada por fuerzas leales a Noriega. El Mayor Giroldi y todos los hombres que lo respaldaron en su acción fueron fusilados por instrucciones directas de Noriega.
En diciembre de 1989, la Asamblea Nacional otorgó poderes especiales al General Noriega designándolo Jefe del Gabinete de Guerra, mientras que declaraba a la República de Panamá en estado de guerra contra los Estados Unidos de América. Comenzando el día 20 de diciembre se puso en marcha la invasión norteamericana.
RECURSOS Y ACCIONES
Los norteamericanos dispusieron de 26.000 soldados de las unidades de elite, de los comandos navales, del ejército y la 82ª División Aerotransportada para la invasión. Las Fuerzas de Defensa Panameña sumaban apenas 12 mil efectivos y el país disponía de una minúscula fuerza aérea.
El ejército de los Estados Unidos trasladó a Panamá a la 82ª División Aerotransportada para la operación militar, la cual contaba con 12,000 soldados. Las bases militares norteamericanas en las riveras del Canal de Panamá, según el tratado Torrijos-Carter que legalizaba la presencia militar en el istmo para la defensa conjunta por ambas naciones de la vía acuática, contaban con un ejército de 12,000 los cuales no participaron de la Operación Causa Justa.
Dos días antes del ataque, un soldado norteamericano fue abatido cuando traspasó un retén frente al Cuartel Central de la Guardia Nacional, lo que fue considerado como el detonante del conflicto.
La invasión inició la madrugada del 20 de diciembre de 1989 con el bombardeo de múltiples instalaciones políticas y militares. El objetivo del ataque era anular cualquier respuesta del ejército panameño. El bombardeo destruiría aeropuertos y bases militares como el Aeropuerto de Punta Paitilla, el Cuartel Central en el barrio de El Chorrillo, el Cuartel de Tinajitas, el Cuartel de Panamá Viejo, el Cuartel de Los Pumas, la base militar de Río Hato (donde funcionaba el instituto militar Tomás Herrera, que no era en realidad una escuela de formación castrense) o la Base Naval de Coco Solo.
La Fuerza Aérea de los Estados Unidos utilizó un armamento de última generación, como los aviones furtivos F-117 Nighthawk o los helicópteros de combate AH-64 Apache contra un ejército muy poco equipado. A pesar de la alta tecnología del armamento estadounidense, se produjeron numerosas muertes civiles al ser alcanzados muchos edificios no militares.
El ingreso de los soldados estadounidenses al barrio El Chorrillo, donde se contaban numerosos partidarios de Noriega, fue particularmente sangriento.
No hubo ninguna declaración de guerra y la acción fue condenada por la Asamblea General de la ONU y por la Organización de Estados Americanos (OEA). La operación duró pocos días ante la superioridad del ejército ocupante y la poca resistencia encontrada. Noriega logró escapar y buscó asilo en la Nunciatura Apostólica. Posteriormente, se entregaría a las fuerzas de ocupación y puesto bajo arresto.
Guillermo Endara fue nombrado presidente del país en una base militar de EE.UU. durante la operación. En los días siguientes a la intervención, debido a la ausencia de policía y ante la pasividad de las tropas estadounidenses, se produjeron en varias ciudades saqueos y actos de vandalismo que aumentaron las pérdidas materiales.
¿Y NORIEGA?.
“Parecía que al panameño se lo había tragado la tierra. Thurman recordó que desde el golpe de octubre habían aumentado la cantidad de hombres en el equipo que se encargaba de monitorear sus movimientos. Agentes de inteligencia infiltrados en la ciudad con equipos de última generación lo seguían a sol y sombra. El martes 19 habían podido comprobar su estadía en Colón, el regreso de la comitiva hacia la ciudad pero, en algún punto del camino, Noriega se les había escapado. Suponían que se había quedado en el Caribe panameño..
Luego del inició de Causa Justa, a lo largo de la madrugada, habían realizado más de 40 intentos por ubicar a Noriega. En Colón atacaron alguna de las casas que solía utilizar, sin encontrar ni siquiera rastros. En Farallón, donde Noriega tenía una casa de playa, tampoco había nadie. No estaba en Amador, ni en la Comandancia, ni en Tinajitas, ni en Panamá Viejo. Los hombres de inteligencia trabajaban sin cesar tratando de rastrear comunicaciones que les permitieran descifrar su paradero. Necesitaban tiempo para interrogar a los militares detenidos. Decenas de comandos Deltas de Operaciones especiales desperdigados en la ciudad estaban en condiciones de actuar ante el menor indicio. Podían llegar en minutos a cualquier parte.
Al amanecer comenzaron a temer que Noriega hubiese logrado escapar hacia Chiriquí, o lo que era peor, hacia Cuba o Nicaragua. Descartaban que estuviese en alguna embajada. Sabían que su familia estaba en la de Cuba pero de él no había rastros.
Para la Casa Blanca su captura era una prioridad. Bush no podía permitirse dejarlo escapar. Los militares a su vez confiaban en que una captura veloz de Noriega, acabaría con cualquier intención de sus hombres de organizarse.
A las 7 de la mañana Bush le habló al pueblo norteamericano. Comunicó que había ordenado una acción militar en Panamá y enumeró las causas: proteger a los ciudadanos norteamericanos, restaurar la democracia y capturar a Noriega. Se comprometía públicamente a velar por el cumplimiento de los Tratados. “Solo lo hice, cuando comprendí que no había otra salida”, se justificó.
Dick Cheney y Colin Powell se pasaron el día haciendo declaraciones. “No sabemos dónde está Noriega”, explicaba Powell, que veía como crecía la presión en los medios por la captura del panameño. “En la práctica hemos decapitado la dictadura de Panamá. Noriega ahora es sólo un fugitivo y será tratado como tal”.
Al caer la noche, sin novedades luego de nuevos rastrillajes, el Departamento de Estado realizó un anunció que reprodujeron las cadenas internacionales: una recompensa de un millón de dólares a cualquier persona que diera pistas que condujeran al arresto del líder panameño. Manuel Antonio Noriega se había convertido en el enemigo público N°1 de los Estados Unidos de América”. (Guido Bilbao. “La caída”)
8 OPINIONES TESTIMONIALES
Una canción en la invasión
Por Poco después de la medianoche del 20 de diciembre de 1989 mi madre me despertó con sobresalto. “Tienes que vestirte y ponerte los zapatos”. Estaba muy nerviosa y se enjugaba los ojos. Yo no hice ninguna pregunta. Ella nunca lo había dicho así pero yo sabía que solo nos mandaba a “poner los zapatos” en caso de que algo urgente estuviera pasando. Como cuando lo dijo años atrás y nos fuimos a vivir un tiempo con los abuelos sin mi padre.
Terminé de vestirme y al entrar a la sala ya estaban allí mis dos hermanos y mis padres. La televisión emitía la señal de Canal 8, el estación de los gringos. Recuerdo que veíamos imágenes pero por alguna razón no podíamos escuchar sonido alguno. Todos tenían expresión muy seria. Me asomé por la ventana pero el barrio parecía muy tranquilo. Desolado. Mis hermanos también llevaban sus zapatos.
Mi primera reacción a todo aquello fue de secreta alegría. Si aquello que estaba ocurriendo se extendía todo el día, seguramente postergaría una semana lo que iba a tener que hacer aquel miércoles de diciembre: cantar una canción de 4:40 frente a la clase de música. Era lo peor que me podría pasar en la vida, pensaba a lo largo y ancho de mis 13 años. De modo que me parecía bien no tener que enfrentar ese embarazo. Con esa expectativa volví a la cama.
Por la mañana temprano corrieron los rumores. “Vienen los gringos registrando casa por casa, están en Arraiján y pronto llegan a Chorrera”. Lo mejor era botar o quemar todo lo que se relacionara con el Gobierno o los militares. Yo tenía mucho miedo a ese rumor. Mi padre era miembro del Partido Laborista, PALA. Teníamos una bandera en la casa, y.si la encontraban seguro nos llevaban a todos, pensaba. Mi hermano mayor y yo la tomamos junto con unos pantalones camuflajes suyos y los cubrimos con basura en la parte trasera de la casa. Más tarde, cuando otra ola de rumores agregaba que ya los gringos estaban muy cerca, desenterramos todo y lo quemamos. Me dio pesar porque a mi hermano cuidaba mucho esos pantalones. Como a las dos de la tarde iniciaron los sobre vuelos. Eran aviones muy ruidosos, en forma de cruceta, que se elevaban y luego bajaban en picada. Justo después se escucharon las explosiones. Estaban bombardeando el Cuartel, cerca de donde vivíamos. Mi mamá sollozaba, apretando en sus manos el Rosario. A mi me hicieron cubrir debajo de la mesa.
Al anochecer mi madre nos empacó algo de ropa. Nos fuimos todos a paso muy rápido a donde una tía, dos casas más allá de la nuestra. Allí pasamos la noche. Yo me crispaba a cada ruido que provenía de afuera. Esa sensación no me abandonaría hasta meses después. A la media noche me mandaron a dormir en una colchoneta, en el suelo, apartado de la ventana. Tomé mi cuaderno de música para repasar la canción de 4:40. Aunque no lo sabía, nunca regresaría al primer año de secundaria. Tampoco sabía que después habría preferido cantar frente a la clase en lugar de tener que ver mis padres llorar en una madrugada tan helada como aquella de 1989.
MANUEL DOMÍNGUEZ
Un reclamo latente
Esta historia tiene que ver con las armas que Estados Unidos dejó Panamá, no durante la invasión sino en los 50 años anteriores. A finales del 2003 el gobierno de Panamá parece haber colgado los guantes al abandonar su justo, legal, moral, e imprescindible reclamo a Estados Unidos de destruir las armas químicas y convencionales vivas que el ejército de ese país dejó abandonadas y esparcidas en territorio nacional.
Tras la propuesta absolutamente inapropiada e insuficiente del 14 de agosto de 2003 que ofreció Estados Unidos al gobierno de Panamá para donar unas pocas herramientas que pudiese usar personal panameño para desactivar siete bombas químicas intactas que yacen al aire libre en Isla San José, nada se ha hecho por adelantar los intereses de nuestro país. Y si el gobierno del presidente Torrijos trató el tema privadamente, evidentemente los resultados no se han visto. El gobierno del presidente Martinelli recién se inicia y no se conoce su posición en este respecto, pero lo cierto es que el tema de la contaminación militar no fue tratado en la campaña política de las últimas elecciones. Hay quienes señalan que el interés de estos gobiernos ha sido quitar del camino cualquier obstáculo a la firma del tratado de libre comercio.
El hecho es que a la fecha existe no menos de tres mil hectáreas de territorio nacional copiosamente contaminadas con armas convencionales abandonadas en las áreas de Emperador, Balboa Oeste, y Piña. Y un número no establecido de armas químicas intactas yace en Isla San José, aunque a la fecha se ha identificado y verificado por la Organización para la Prohibición de Armas Químicas una bomba de 500 libras y seis de 1000 libras cada una. De lo anterior ha resultado en tierra firme un número de muertos y heridos mutilados de los que no se precisa información exacta porque Estados Unidos por casi cien años controló esos territorios y nunca proporcionó estadísticas de los muertos y heridos; aunque en el Ministerio de Salud reposan unas estadísticas recientes que sugieren al menos quince muertos y más de treinta heridos graves.
La obligación y compromiso de Estados Unidos de eliminar tal peligro de nuestro territorio emana de la Convención de Armas Químicas y del Tratado del Canal de Panamá de 1977. El gobierno de la presidenta Moscoso elevó la demanda a las más altas esferas del gobierno de Estados Unidos y ante la Organización para la Prohibición de Armas Químicas, y a pesar de sus esfuerzos perseverantes y responsables, Estados Unidos se mantiene en flagrante violación de la Convención de Armas Químicas, y sin haber cumplido cabalmente el compromiso adquirido por el gobierno del presidente Carter.
Es lamentable que Estados Unidos se aferre a la máxima de Hobbes que el poder confiere la razón, y que el gobierno de Panamá se obnubile por un tratado de dudosos beneficios para nuestro país. Mientras, la contaminación militar sigue como peligrosa amenaza a los panameños.
JUAN MENDEZ
Campo de prueba
…Quién sabe cuántas bombas, morterazos y cañonazos, tiraron sobre Panamá. Al principio era cada segundo. Después cada dos segundos.. No pueden ser menos de varios miles, porque el asedio duró días. En América Latina no hay precedente de un volumen de fuego tan enorme. Las armas más sofisticadas, la tecnología literalmente de guerra espacial, se usó contra el Chorrillo, contra Panamá Viejo, contra San Miguelito, Río Hato, Tocumen, etc.. Combatientes panameños ahí no había más de dos mil. Los norteamericanos eran, contados y declarados por ellos mismos, 27 mil. En consecuencia seguramente fueron muchos miles más. Más de doce por cada panameño. Los panameños armados solamente de fusiles. Los norteamericanos de cañones, misiles, tanques, tanquetas, helicópteros, aviones.. ese fue el ejemplo del “fair play” del que los propios norteamericanos se jactan en sus competencias. Advierto que esta observación se la oí a un periodista de ellos mismos. Y es que el Pentágono les dio muy pocas oportunidades a sus propios periodistas para que se dieran cuenta de lo que estaba pasando en Panamá y lo divulgasen. Esta queja también es de ellos mismos.
Es como si Italia, para jugar contra el equipo de fútbol de un barrio de obreros, mandase su selección nacional. Querer ganar no significa querer masacrar. Aquí se probaron armas y aviones de la más reciente cosecha tecnológica. Como el “stealth bomber”, por ejemplo. Por puro ejercicio gimnástico, porque la gracia de ese avión es ser invisible al radar, y en Panamá los únicos radares que hay los controlan ellos mismos. También una especie de rayo que no explotaba, y que sonaba como las llantas de un camión atascado en el lodo. Me han dicho que es una especie de rayo láser. Yo no lo sé. En una ocasión lo vi: era un rayo rojo que lo disparaba un avión caza-bombardero que se dejaba caer en picada. Los barrios populares fueron campo de experimentación, polígonos de tiro donde se ensayaron armas nuevas. Y no sobre blancos de papel y cartón, sino de carne y hueso. Lo dijeron ellos mismos, por desvergüenza, por cinismo o por mera prepotencia, eso de que aquí se estrenaron armas nuevas que han ideado durante los quince años después de su experiencia en el Viet Nam, que tanto les enseñó.
El Chorrillo es a los gringos, lo que Guernica fue a los nazis. Ellos mismos, con un humor realmente macabro, le llamaron al Chorrillo “Little Hiroshima”. En Río Hato, donde funcionaban dos escuelas, una de Cadetes y otra de estudios secundarios, en la que el estudiante más viejo apenas si llega a los 17 años, se dejaron caer bombas de dos mil libras. Dos mil libras. Yo ni siquiera sabía que eso existía. Ellos mismos lo han dicho. Bombas de dos mil libras.
Actualmente una libra de explosivos debe equivaler a diez de los que usaron en la segunda guerra mundial y en el Viet Nam. Aquí en Panamá se probó en combate el nuevo helicóptero “Apache”, más moderno y sofisticado que el Cobra, y que fue diseñado para combatir los tanques del pacto de Varsovia. Tengo entendido que solamente el computador que lleva el Apache cuesta un millón de dólares. Aquí se probó un nuevo chaleco antibala, más liviano y delgado, pero más fuerte, que los anteriores. Igualmente el casco que usaban los soldados, es nuevo. No lejos de mi casa un francotirador panameño le disparó a la cabeza a un invasor. Pero le dio en el casco y al soldado no le pasó nada. Hasta un nuevo menú en la comida fue probado en Panamá. Y estoy hablando únicamente de lo que se sabe, de lo que ellos mismos han dicho…
JOSÉ DE JESÚS MARTÍNEZ
Omar, antípoda de Noriega
Con Hugo Spadafora conversé por vez última en la prenavidad de 1980, en Coronado, en casa de Santiago Torrijos. Me buscó y me dijo al oído, “no deben vernos mas, hablé con el general delante de un tio de Martincito y le conté de todo en relación de Noriega. Le expliqué que ese tipo, pegado al prestigio de Torrijos, está aprovechando los asuntos en Centroamérica para traficar con droga y armas. Por eso me largué del lado de Pastora, aunque no concuerdo hoy con los Sandinistas. El general no sabe lo que tiene al lado ”. Un par de días después le llevé a Omar en Farallón unos documentos, y le mencioné a Hugo y la conversación. Me reafirmó su veracidad: “mientras he estado negociando tratados, cubriendo reunión con líderes mundiales sobre la región, se me salieron los pollos del gallinero, entre ellos lo mas grave es lo de Noriega. Con la CIA aprendió a trabajar por plata solamente”.
Respiré y le dije: “¿Por qué no lo sacas?”. Se sacudió, me apuntó con ojos dilatados. “¿Te gusta ser Robespierre?, no sabes que lo guillotinaron sus compañeros… Roberto, no conoces las grandes ligas, los David que vencen a los Goliath son fábulas, hasta yo le tengo miedo a Noriega, pero es mejor cerca que lejos, no puedo decirte mas”. Solo pude en adelante especular sobre aquellas palabras. No poder alejarse le costó a Omar morir calcinado.
No pude tumbarlo desde adentro en septiembre de 1985, por lo de Hugo precisamente. Pero al rifármela aquél 7 de junio de 1987, sabía suficiente; denunciarlo era retar la muerte, guillotinas modernas.
Recordé las palabras de Omar, y sobre todo las del cura jesuita Bill Davis: “sepa que Noriega es solo un pequeño alfil, usted está metiéndose contra la Casa Blanca directamente”. Mis denuncias tenían que decir cualquier cosa, las que fueran, con tal de conseguir echarlo abajo. Con Omar estuve al lado de un estadista que abrazaron el Mariscal Tito, Fidel, Carter, Giscard D Estaing, Perón, Olof Palme. Felipe González, siendo Jefe de Gobierno, al ser reprendido en Panamá por ser un demócrata y tener intimidad con Torrijos, replicó: “Omar fue un dictador, confeso y converso, pero un fenómeno irrepetible en América Latina”.
A contrapelo, como segundo de Noriega, viví al lado de un íntimo de Pablo Escobar Gaviria. Eran las antípodas. Omar tuvo el mas apoteósico entierro, Noriega está muerto aunque respire.
ROBERTO DÍAZ HERRERA
La pérdida de la inocencia
Yo tenía 10 años aquella navidad en que llovieron bombas y, a falta de regalos, jugamos a armar barricadas en la esquina de casa. Por toda explicación nos dijeron que Santa no llegó porque los gringos le avisaron que siguiera de largo: Panamá estaba en llamas. Pero todo estuvo bien, porque además de no entender qué era lo que pasaba, estábamos entretenidos con el guión de guerra que fracturó la insípida rutina instalando soldados rubios que conquistaban nuestros barrios sobre sus tanquetas y una horda de compatriotas que ganó la calle al grito de “¡saqueo!”
La goma moral vino después. Comenzó al volver al colegio y contabilizar los compañeritos que faltaban. Recuerdo a Jaime, por ejemplo. Como yo, era de los pocos chicos que usaba anteojos en toda la primaria. Era muy gracioso y dibujaba muy bien, quería ser caricaturista. Luego del 20 no lo volví a ver. “Fue la invasión”, se dijo en el aula, como si esas tres palabras al pronunciarse juntas justificasen el vacío, el silencio y la nada. ¿Se fue con los gringos? ¿Era del bando de Noriega? Imposible saber. En el 89 nos burlábamos juntos del maestro Tomáximo, que era batallonero y una vez me amonestó y llamó a mi vieja porque me pilló repartiendo calcomanías de “Endara Presidente”. “Mire en qué anda metido el niño, señora”, le dijo, sin saber que fue ella quien me pasó la propaganda. Qué curioso: Tomáximo sí volvió al año siguiente y creo que aún sigue siendo maestro. Pero a Jaime se lo tragó la invasión.
La nostalgia duró lo que tardó en sonar el timbre del recreo. No teníamos loncheras nuevas, pero sí tesoros de guerra para pifiar. Como todos, tenía varias fotos posando sobre los tanques yanquis. Pero a la hora de comentar lo logrado en el saqueo, mentí olímpicamente e inventé incursiones maravillosas a las mejores tiendas, por no confesar que mi viejo no quiso robar. “Nosotros no”, dijo.
Un año después cayó la Guerra del Golfo Pérsico y todos la vimos por TV. Pese a la distancia, había algo tan cercano en esas imágenes. El narrador cada tanto afirmaba que el armamento había sido probado en la invasión a Panamá. “Así nos dieron”, fue la obviedad que pensamos todos, sospechando que así como veíamos a los iraquíes correr con el control remoto en la mano, otros nos vieron a nosotros. Crecimos y 20 años después yo siento culpa y rabia, y muchos de mi generación también. Anhelamos la caída de la dictadura militar y siendo solo unos niños nos pusimos el suéter que decía Just Cause -¿quién los hizo, que ya estaban listos y repartidos antes que agarraran a Noriega?-. Fuimos parte del juego y celebramos ingenuamente, sin saber que éramos nosotros los que habíamos perdido.
ROBERTO QUINTERO
La “guerra espectáculo”
En EEUU la invasión militar norteamericana de Panamá en 1989 fue considerada un triunfo de la Casa Blanca y, en particular, del presidente Bush (padre). Los medios destacaron la eficacia del operativo contra un hombre tan “peligroso” como Manuel A. Noriega. Los críticos de Bush fueron silenciados y el “triunfo militar” despertó entusiasmo en ambos partidos políticos de ese país. El Congreso aplaudió la “fortaleza” demostrada por Bush y las encuestas de opinión reflejaron un apoyo del 80 por ciento de las personas consultadas.
Para los observadores más serios, sin embargo, la invasión fue considerada como una caricatura de “guerra diversionista”. Fue concebida, planeada y ejecutada por razones de política interna de EEUU. Una guerra diversionista es promovida y desatada por un líder político con “el propósito de lograr objetivos diplomáticos omilitares que pueden contribuir a solucionar sus problemas políticos domésticos”.
En el caso de Panamá, las razones que EEUU ofreció para justificar la invasión fueron banales y sin mayor sentido. ¿Qué justifica entonces el uso de una fuerza abrumadora contra un país que no representaba una mayor amenaza para EEUU? Bush invadió a Panamá bajo el supuesto falso de defender la democracia, de restaurar el orden y de defender a ciudadanos norteamericanos que residían en este país. Los hechos demuestran que esos objetivos, en realidad, no eran los que perseguía EEUU.
La invasión Panamá pretendía recordarle al mundo que Washington continuaba siendo hegemónica en el hemisferio. Además, la invasión militar demostraba que EEUU contaba con un líder, el presidente Bush (padre), decidido a “sobrematar” (over-kill) cualquier adversario. Panamá fue escogido en aquellas circunstancias para lograr esos objetivos políticos que le devolvieran al ocupante de la Casa Blanca su prestigio y posibilidades de reelegirse en las próximas elecciones.
La alianza de EEUU con los partidos políticos tradicionales y la Cruzada Civilista dio como resultado un híbrido político – todavía vigente – que reemplazó a las Fuerzas de Defensa. Esa alianza que cumple 20 años en el gobierno, a pesar de las alternancias en el poder, reproduce gran parte de las políticas desarrolladas por Noriega en la década de 1980: El tráfico de drogas, el neoliberalismo, la creciente violencia, el incremento de la pobreza, los servicios bancarios y la corrupción en todos los estratos gubernamentales y del sector privado.
MARCOS GANDÁSEGUI
Un lugar en la memoria
Llevo tres años trabajando en un programa de arteterapia con niños del Chorrillo; en este tiempo he aprendido infinidad cosas. Una de las primeras que me enseñaron los niños fue cómo y dónde hay que tirarse al suelo cuando en la calle se escuchan disparos. Cada que he pasado allí me ha impresionado el coraje con el que esos mismos niños y muchos de sus familiares encuentran razones para seguir viviendo a pesar de las condiciones tan increíblemente extremas en las que tienen que hacerlo. Hacinados en viviendas miserables- muchas sin agua ni saneamiento- formando parte de familias en las que muchos los adultos responsables no pueden acceder jamás a un empleo estable ni a recursos de ningún tipo, es fácil que crezcan sintiendo que no tienen ninguna oportunidad de nada ni ninguna esperanza de futuro, más allá que la de sobrevivir y tener la suerte de no cruzarse con el camino de alguna bala. Ya no es posible contar el número familias que han perdido a alguno de sus miembros víctima de algún hecho violento y absurdo. El barrio está condenado y el miedo y la violencia son dos presencias constantes. Los niños allí tienen que aprender demasiado pronto lo que significa la muerte y a convivir con ella como parte de su día a día.
No puedo evitar pensar que todo esto es algo que viene de lejos y que tiene que ver con el pasado. Sus padres, sus abuelos, lo cuentan; el Chorrillo antes, era otra cosa. Cuando las bombas destruyeron el vecindario durante la invasión, muchas familias lo perdieron todo; y muchos seres queridos quedaron sepultados y desaparecieron bajo el fuego y los escombros de las viviendas arrasadas. El duelo es una experiencia emocional que marca profundamente a quien la atraviesa.
Para que pueda superarse y no impida la vida es necesario, entre otras cosas, poder hablar de la pérdida, darles a los que se fueron un nombre, una tumba, un lugar en la memoria; algo que permita llorarles para dar sentido a lo ocurrido y para poder seguir viviendo con ello. Los que viven allí, sienten que no recibieron ayudas ni compensaciones para empezar a reconstruir sus vidas sobre las ruinas; y sienten, sobre todo, que les negaron sus muertos. Arrastrar un duelo así durante tanto tiempo es una herencia demasiado pesada; una herida abierta que no se puede ignorar si se quiere tratar de entender lo que, a día de hoy, allí se está padeciendo.
PILAR MORENO
Razón y esperanza
La tragedia de la invasión, que provocó la caída del régimen, pareció finalizar con la farsa dictatorial. Desde entonces, se ha hecho realidad en nuestra sociedad la enseñanza de Kundera: “La lucha contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido”.
Transcurridos veinte años, todavía no hemos logrado aprender las lecciones ni hacer el balance de lo ocurrido antes y después del 20 de diciembre de 1989. En el camino, nos hemos quedado sin la Patria de los recuerdos, sin la memoria de lo ocurrido, sin la justicia exigida y sin la voluntad ciudadana de reconstrucción de valores, de visión y objetivos coherentes, de capacidad, de tolerancia y orientación.
La impunidad y la corrupción han logrado predominar y terminar de destruir cualquier recodo de identidad nacional. La amnesia producida por la premeditada ausencia de memoria histórica y colectiva, nos encuentran más atomizados que nunca e incapaces de asumir nuestras responsabilidades ciudadanas en armonía con el nuevo siglo.
La clase política, rápidamente olvidó a quienes lucharon por “justicia, democracia y libertad” desde 1968, se reacomodó prontamente y se refugió en la constitución militarista del 72, la cual han hecho suya para preservar las estructuras de la desigualdad social, cultural, política y económica que prevalece 20 años después. Fortalecido por la demagogia, el clientelismo y el populismo, el Estado primitivo, no es de Derecho, pero sí lo es de patrañas y engaños.
Dos décadas perdidas, donde la claudicación ética sirve para promocionar el desconocimiento del pasado y despojarnos del futuro, gracias a una educación secuestrada, junto a la memoria histórica, por los epígonos de la dictadura y sus plutócratas de turno, quienes han tergiversado lo vivido.
Tengamos presente con Galeano que: “La historia se repite? ¿O se repite sólo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla? No hay historia muda…” La única manera de darle voz a la historia es enfrentándola con la verdad, por incómoda o molesta que sea esta verdad. Enseñando y educando no solo lo bueno de nuestra historia, sino también los episodios dolorosos. Solo así podemos reconciliar la razón y la esperanza, construir democracia y justicia, y crecer como Estado y como Nación.
MIGUEL ANTONIO BERNAL
CRONOLOGÍA POSTERIOR A LA INVASIÓN
1990
El gobierno de Guillermo Endara plantea la reconstrucción de Panamá.
El Congreso de Estados Unidos aprobó una ayuda de 420 millones de dólares, 80 menos de los 500 que había pedido el presidente George Bush. Según la Cámara de Comercio, las pérdidas económicas, consecuencia de la operación armada y los saqueos, superaron los 2,000 millones de dólares. La deuda externa de Panamá ascendía a 5.100 millones de dólares.
1991
El 22 de abril la provincia de Bocas del Toro fue sacudida por un sismo de 7.6 grados en la escala Richter de que dejó un saldo de 22 fallecidos y cuantiosos daños materiales. La presidencia de Endara fue cuestionada por el manejo de las ayudas a los damnificados. Mientras tanto se seguía discutiendo los muertos de la invasión. Los más conservadores hablaban de 350 mientras algunas ONG, denunciaban que habían sido más de tres mil.
1992
La alianza de gobierno ADO-Civilista se fracciona. El vicepresidente Ricardo Arias Calderón, de la Democracia Cristiana, renuncia a su cargo denunciando la incapacidad de Endara para resolver problemas. En junio, el presidente de los Estados Unidos George Bush (padre) realiza una visita a Panamá. La ceremonia en la Plaza Belisario Porras se suspendió cuando algunos manifestantes fueron reprimidos con gases lacrimógenos.
1994
Cinco años después de la invasión, regresa al poder la fuerza política del régimen militar, el Partido Revolucionario Democrático (PRD). Ernesto Pérez Balladares, ganó las elecciones generales del 8 de mayo. La historia volvía a enfrentar a los dos grandes mitos de la política panameña: el ex ministro de Hacienda y Tesoro de Omar Torrijos venció a Mireya Moscoso, viuda del caudillo Arnulfo Arias.
1996
En abril Panamá reestructuró 3.900 millones de dólares de su deuda con la banca comercial, incluyendo 1.900 millones de dólares de intereses adeudados. Se estableció un menú de bonos con descuento o a la par con reducción de intereses. Los bonos a la par y con descuento estaban colateralizados con bonos cupón cero del Tesoro de Estados Unidos. Ernesto Pérez Balladares comienza el proceso de privatización de las empresas de servicios públicos.
1998
El presidente Ernesto Pérez Balladares, que ya había privatizado el Instituto Nacional del Telecomunicaciones (INTEL) y el Instituto de Recursos Hidráulicos y Electrificación (IRHE), llama a un referendum en el que la población se niega a su reelección. Finalmente convoca a las elecciones generales de 1999. El nuevo presidente encabezaría los actos de la devolución final del Canal a manos panameñas.
1999
Mireya Moscoso, viuda de Arnulfo Arias y candidata del Partido Arnulfista, se convierte en la primera mujer en ocupar la Presidencia de Panamá. Moscoso derrota a Martín Torrijos, cuyo slogan de campaña era: “Para recuperar el Canal, el hijo del General”. En la mañana del 31 de diciembre sale el último soldado de EE.UU. en Panamá y finaliza el proceso de reversión de las bases y el Canal a las autoridades panameñas.
2000
El 18 de noviembre se celebró la X Cumbre Iberoamericana en Panamá. El terrorista cubano Luis Posada Carriles fue detenido por planear un atentado con explosivos contra Fidel Castro quien daría un discurso en el Paraninfo de la Universidad de Panamá. Mediante un comunicado Geoge W Bush pidió que el gobierno estadounidense no le conceda la libertad condicional al General Manuel Antonio Noriega por temor a represalias en su contra.
2001
El 18 de febrero el helicóptero HP-1430, que transportaba a familiares de la presidenta Mireya Moscos, cae al mar a 20 millas de Río Hato. Abordo del HP 1430 iban dos primas de la presidenta Mireya Moscoso. Las autoridades hicieron hundir el aparato para evitar la investigación. Panamá reclamó sin suerte a Estados Unidos por la limpieza de la isla San José contaminada con bombas químicas.
2002
El legislador perredista Tito Afú destapó el escándalo CEMIS denunciando el pago de coimas en la Asamblea Nacional. Diputados de los dos partidos mayoritorios, el PRD y el Arnulfismo, estaban implicados. También estalló el escándalo “durodólares” cuando en el congelador de la casa de la directora administrativa de la presidencia de la República, Dalvis Xiomara Sanchéz, se encontraron 30 mil dólares que no podía justificar.
2003
Se celebró el Centenario de la República de Panamá que comenzaba un nuevo ciclo histórico con la soberanía total sobre su territorio. Entre los festejos se incluyó la realización del certámen de Miss Universo Internacional. El gobierno de Mireya Moscoso estaba acorralado por las acusaciones de corrupción.
2004
Martín Torrijos Espino, hijo del desaparecido General Omar Torrijos Herrera asumió la presidencia de la República de Panamá con el 47% de los votos. Guillermo Endara, el presidente que llegó al poder con la invasión, salió sorpresivamente en el segundo lugar con el 30% de los votos. Antes de dejar el poder, Mireya Moscoso indultó a Posada Carriles.
2005
Cuba restableció sus relaciones diplomáticas con la nación istmeña en agosto, en ocasión de la primera graduación de estudiantes panameños en la Escuela Latinoamericana de Medicina, donde estuvo presente el presidente Martín Torrijos junto al líder cubano Fidel Castro.
2006
Se realizó el referéndum para la expansión del Canal de Panamá. El pueblo panameño decidiría la construcción de un tercer juego de esclusas. 56.7% no participó en la votación. Al otro día el bus de la ruta Mano de Piedra corredor 8B-06 se incendió y murieron 18 personas calcinadas. Se desata la tragedia del dietilenglycol , sustancia tóxica introducido en un jarabe para la tos, distribuido por la Caja de Seguro Social.
2007
El 9 de septiembre de 2007, Manuel Antonio Noriega culminó sus 17 años de prisión en Estados Unidos por narcotráfico. Un mes antes el juez estadounidense Williams Turnoff dictaminó su extradición a Francia. Este país exigía que Noriega pagará por el delito de lavado de dinero y aceptó su figura de prisionero de guerra. Todavía no se decide su extradición.
Fuentes:
Revista cultural “La Lotería”
Diario “La Estrella” de Panamá
Archivos varios
Equipo de Investigación, Seguimiento y Redacción de Aporrea.org
PANAMÁ: JUSTICIA Y MEMORIA HISTÓRICA.
Belisario Rodríguez Garibaldo
ABOGADO – PERIODISTA.
brodgari@hotmail.com
La Comisión de la Verdad desempeño su rol investigador, tal como demuestran los informes presentados por su director el abogado Alberto Almanza al gobierno de Mireya Moscoso. Los militares responsables de diferentes crímenes han sido juzgados, condenados y cumplen su pena en prisión. Si el régimen militar tuvo un centenar de muertos y desaparecidos comprobados por la Comisión de la Verdad, el gobierno de Guillermo Endara (qepd) junto con el gobierno de EE.UU. tuvieron la co-responsabilidad moral sobre miles de muertos y desaparecidos por la invasión norteamericana del 20 de diciembre de 1989. Estos también eran panameños, tanto como los otros.
De la misma forma se debe – se tiene por justicia histórica – en aras de lograr una justicia reparadora, promover a la memoria histórica, y en deber de dignidad patria, crear una Comisión de la Verdad II, que investigue sobre los muertos, desaparecidos y fosas comunes de la invasión norteamericana a Panamá, que realice una investigación rigurosa, con listados de muertos y desaparecidos, recabe testimonios, de ser necesarios se exhume ciertas fosas comunes para hacer recuento de algunos fallecidos, como medio para saber con exactitud cuantos panameños fueron asesinados y desaparecidos en los bombardeos aéreos y operaciones militares norteamericanas de la invasión de diciembre de 1989. Así como presentar una demanda internacional contra EE.UU. para la indemnización de los sobrevivientes y victimas de esa acción de guerra norteamericana contra Panamá, mas presentar nuevamente en tiempo oportuno un proyecto de ley en la Asamblea Nacional que declare el 20 de diciembre de 1989 como Duelo Nacional como un justo e histórico recuerdo digno en memoria de los trágicos hechos acaecidos en la memoria de las presentes y futuras generaciones.
La memoria histórica tiene en principio un rol testimonial, documental e investigador para esclarecer a los hechos históricos y los acontecimientos en el devenir de una nación para la memoria de las presentes y futuras generaciones; otro rol de importancia hace referencia a la justicia como instrumento de la paz, siendo una forma de reconciliación social y garantía de una paz duradera, que sólo podrá ser realizada a cabalidad mediante una justicia reparadora. A través de la investigación cabal de la historia, como a través de la acción imparcial del Estado de Derecho se debe juzgar moral ó judicialmente a los actos de crímenes de lesa humanidad, realizando el registro de la cifra exacta y los nombres de la victimas, muertos y fosas comunes de actos de violencia social, con la sepultura de honra que merecen, así como la debida indemnización de los Estados a los familiares sobrevivientes y las victimas de crímenes de lesa humanidad.
Mauricio Gabotrit en ‘Memoria e Historia: Relato desde las Victimas’ afirma que: “La memoria de lo acontecido, además de tener un valor terapéutico colectivo, sienta las bases para un respeto por los derechos humanos, desarma la impunidad y su sistema de privilegios continuados para los verdugos y la prolongada descalificación de las victimas, y, en definitiva, posibilita la institucionalización – por así decirlo – de la verdad.”. Martín Beristáin en ‘Reconstruir el Tejido Social’ plantea que “…para las poblaciones afectadas por la violencia, la memoria histórica tiene el valor de reconocimiento social y de justicia, por lo que puede tener un papel preventivo de secuelas psicológicas negativas, y de prevención de atrocidades en el futuro”.