¿Necesitamos cambios en el paradigma de crecimiento productivo?
Autor: Francisco Fernández Ochoa
Estracto de parte de su discurso en Mallorca con motivo del primer aniversario del PLIE.
El proyecto Liberal Español advierte: ¡Ha llegado el tiempo de la reflexión! Cuatro millones y medio de parados son razones suficientes que nos obligan a reflexionar.
Se aproxima un cambio de modelo de producción si la ciudadanía y los partidos políticos somos consecuentes con esta realidad social, lo demás es un comportamiento cíclico que nos traerá desesperación a todos cada cierto tiempo. Es cierto que más vale una crisis cíclica a las políticas intervencionistas constantes, pero como liberales también sabemos cuáles son las consecuencias de las crisis profundas, de magnitud parecida a la que atravesamos: son lamentables y, en el mejor de los casos, el nuevo renacer se construye sobre los indefensos. Para que esto no suceda y para conseguir salir adelante de ésta y de cuantas crisis puedan venir en el futuro hay que cambiar muchas concepciones en España, es el momento de tratarlas y como liberales, defensores de la libertad del hombre, estamos obligados y en disposición de proponer estos cambios de paradigma.
La ecología, el respeto por los demás, la calidad de los productos deben reivindicarse porque lo que está en juego es un modelo de prosperidad para la Humanidad. Habrá que empezar a decir que los artículos de baja calidad, además de contaminantes por su constante reciclaje, obligan a su cambio constante, provocan disfunciones que rebajan el nivel afectando a la baja calidad generalizada, incluida en la concesión de los créditos al consumo, que también han sido, en definitiva, de baja calidad en los últimos años.
Habrá pues que enfrentarse a la competencia de los gigantes asiáticos y chinos, demostrarles que su invasión de productos de bajo coste no genera más calidad de vida en Occidente, sino que nos lleva a un modelo consumista empobrecido, en el que perdemos todos; pero sobre todo perdemos los europeos, los que sí tenemos establecido nuestro nivel mínimo de calidad.
No podemos caer en el pesimismo y la crítica fácil desde la política, sería procurarnos una propaganda artificial. El Proyecto Liberal no necesita del tipo de política que otros usan o con la que justifican a toda costa sus actos. El Proyecto Liberal ha nacido para ayudar y cambiar nuestra concepción de las cosas hacia mejor, recogiendo de la experiencia lo que sirva y descartando políticas nocivas para la población.
De los Trimestres duros y complicados que nos anunciaron hemos pasado a tres años completos de incertidumbre: 2009 ,2010 y 2011.
Efectivamente, las hipotecas “subprimes” de EEUU y la falta de control han sido una carga de profundidad en el sistema financiero internacional que ha repercutido en las economías avanzadas como la española, por lo que debe deslindarse este asunto de la crisis del ladrillo como detonante definitivo de nuestra propia crisis, nos dicen.
Al respecto, es cierto el punto primero, lo que ha sucedido tiene su causa inicial en EEUU; pero entonces cabe achacar a la subida del precio del dinero y al endurecimiento de los préstamos bancarios el que no haya podido continuarse con el ritmo de crecimiento, que no desarrollo, del sector de la Construcción y, por consiguiente, al paro obrero y los excesos de la contratación en precario. Lo que nos lleva a deducir que la Construcción hubiera continuado imparable -como si el modelo salvaje funcionara- de no haberse producido este “parón” de los bancos. Y en esa creencia falaz estaba el Gobierno, es decir, en una productividad que dependía en una gran parte de una burbuja inmobiliaria y lo que es peor, que de recuperarnos continuaremos en el punto o modelo económico que acabamos de demostrar que es quebradizo. Efectivamente, Alemania, Francia y el Reino Unido están también en crisis y no es por la Construcción; pero está claro que su vulnerabilidad es muy inferior a la nuestra, sus ritmos y ciclos económicos son más lentos y retrasados comparados al nuestro; pero son mucho más fiables y continuados, en definitiva, son países desarrollados.
España es mucho más que el ladrillo, los servicios y el cuerpo funcionarial, hay inversión real en I+D+I (Investigación, desarrollo e Innovación); pero lo que está claro es que la política económica depende en sus directrices, como decimos, de Europa, del Banco Central Europeo y, por lo tanto, nuestra capacidad de maniobra es limitada. Así se ha demostrado al adoptarse medidas que al no ser creativas no afrontan los graves problemas económicos por los que atravesamos y que serán regulados o reabsorbidos en los próximos trimestres por el propio mercado. Ya se sabe que dentro de un par de años el ciclo económico volverá a ser positivo. Lo que nos alegra; pero no nos compadece. Visto que es inevitable el tránsito por el desierto, por lo menos el Gobierno acierta en intentar paliar los trimestres duros y complicados que se avecinan para las clases más desfavorecidas.
La crisis que padece España tiene un contexto internacional; pero la crisis interna, la que padecemos todos, tiene un contexto sociocultural propio. No tiene las mismas necesidades económicas un ciudadano alemán de clase media, un inglés o un español.
Todos tenemos la necesidad real de beber agua, de tener una vivienda; pero el modo de obtenerla, tanto si hacemos un pozo como si pedimos una hipoteca es una cuestión económica. Me doy cuenta de que carezco de vivienda y que la necesito para vivir dignamente, es un derecho Constitucional en España, y busco los medios que me ofrece el sistema financiero para poder conseguirla, la necesidad de comprar una vivienda para un español es algo real por su contexto sociocultural, histórico, pero para un norteamericano no es tan importante comprarla, basta alquilarla, y para un beduino nómada la vivienda no es en sí misma un problema. Obviamente en España, lo deseable es que todos los españoles, sean de donde sean, tengan garantizado su acceso a una vivienda digna.
Hay quienes viven cercanos a un río, en cabañas al raso, en lugares selváticos y tienen satisfecha de esta manera su necesidad de vivienda, simplemente las prioridades en su vida son otras a las nuestras, menos materialistas, y no por ello no debe ser juzgada su economía real como mejor o peor a la nuestra. De hecho la nuestra también crea marginación y miseria.
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