Almudena Solana: “Nos hace falta más valentía para aprender a vivir sin esas máscaras que esconde el día”
El insomnio afecta a la mitad de la población en nuestro país. Si no podemos dormir es porque algo no marcha bien. Es lo que afirma la autora de ‘La importancia de los peces fluorescentes’ (Ed. Suma de Letras) la nueva novela de Almudena Solana, fruto del trabajo de seis años, uno de ellos dedicado a investigar las patologías del sueño.
Vivimos en una sociedad empática. ¿Es difícil siempre ponerse en el lugar del otro?
¡Vivimos en una sociedad antipática! No tenemos mucha tradición en saber ponernos en el lugar del otro y esto, aunque es algo general, se da especialmente en nuestra país… ¡Un lugar tan pequeño en el mundo y tan complicado…! Viajo mucho, para mí es tan necesario como beber agua… debe de ser que nací nómada y se me ha ido acentuando… Cuanto más viajo más sencilla me parece la vida y más raro me parece el afán de algunos por complicarla. La autocrítica se ejerce de una manera tremenda; como país, no nos pasamos ni una. Sin embargo, individualmente….La esperanza, como siempre, está en el ser humano, uno a uno… En otro orden de cosas, todo sería más fácil si la gente dejara de contar en alto la prisa que tiene y se pusiera, de verdad a hacer todas esas cosas que dice que no hace por falta de tiempo…. ¡Esas cosas me dan mucha pereza!….Y yo me pregunto, ¿se lo terminarán creyendo?, ¿se engañarán de verdad? No, no se engañan, es imposible. Yo creo que sólo engañan a los demás.
¿Los peces fluorescentes son la luz al final del túnel, la única solución?
El fondo del mar me apasiona, es ese gran desconocido del que no sabemos nada, lo mismo que nos ocurre con el cerebro… Apenas conocemos de él el 10%. “La importancia de los peces fluorescentes” se sustenta sobre los dos, el cerebro y el mar , y los dos nos llevan a la oscuridad, a la noche y gente que no puede o no quiere dormir…en dos lugares del mundo: Madrid –ciudad de insomnes- y Los Ángeles –la ciudad de los sueños- Los peces son la luz, la esperanza, el recordatorio de que las hadas existen y los problemas, de alguna manera, pueden encontrar sus antídotos. La vida es muy dura para todos y las novelas no son cuentos de rosas pero sí, mis historias intentan hacer un ajuste de cuentas positivo con la realidad.
Esta novela le ha hecho entender que la noche no nos iguala a todos..¿Por qué cree que la noche es desigual para mucha gente?
Porque, en la fase de documentación previa a la escritura, he hablado con muchos enfermos quienes, por diferentes causas, no pueden dormir bien. No poder dormir es una de las nuevas enfermedades del siglo XXI; el siglo en el que yo vivo. Siempre escribo de lo que me inquieta, de tanto cuanto sucede a mi alrededor. Así concibo la literatura: un intento de comprensión del mundo, un reflejo de la vida, la vida misma. … Y en esta vida, desde el día y la noche, no hay igualdad porque unos comienzan la jornada después de un largo descanso y otros, lo intentan, pese a haber dormido sólo tres horas. La pregunta que siempre me queda de fondo es, ¿qué nos está pasando? ¿Por qué la gente no puede dormir?
El hecho de que la noche sea el mayor reducto de honestidad, sinceridad y transparencia es un arma de doble filo. Porque nos enfrentamos sin ruido y casi sin defensa a nuestras mediocridades y a nuestros miedos. ¿No le parece?
¿Por qué sin defensa? La defensa y la esperanza está en el propio ser humano, en uno mismo. Afortunadamente nos queda un reducto de honestidad en la noche, que como la literatura, no sabe de artificios. Lo que me parece es que nos hace falta más valentía para aprender a vivir sin esas máscaras que esconde el día, conseguir que la noche se extienda al día porque la voz interna que nos acompaña antes de dormir, no es sino uno mismo, o lo que queda de uno mismo, el recuerdo de lo que queremos ser, el faro de nuestra existencia. Para mí la valentía de hoy radica, sobre todo, en afrontar los miedos, los retos; extender esa sinceridad de la noche y llevarla al día. Sinceridad ante los demás y, por encima de todo, ante uno mismo. Quien no lo hace, sencillamente, deja la vida pasar y eso, para mi, es algo inconcebible.
Decía Lewis Carroll que qué es la vida sino un sueño. ¿Lo comparte?
Y Calderón, y tantos otros…. Sí, lo comparto. La vida es sueño. De hecho, la propia Concepción del mundo arranca de un sueño, pero algo ha debido de ocurrir porque las personas que habitan en ese mundo no duermen. ¿Qué hacer? Tal vez soñar más de día; luchar de pie para traer los sueños a la realidad y así hasta caer desfallecidos cuando, al fin, estamos tumbados, en la cama… Ese es el sentido de mi segunda novela “Las mujeres inglesas destrozan los tacones al andar”(2007) y, bueno, también el de la primera (“El curriculum de Aurora Ortiz”)(2002) y también de ésta “La importancia de los peces fluorescentes”… No concibo una vida sin lucha, sin mucho esfuerzo… Al menos yo no me lo puedo permitir. Soy afortunada porque nada me ha venido regalado más que la energía y la amplitud de miras en mi propia educación.
He leído en alguna parte que escribe para cambiar el mundo. Realmente, ¿cree que la literatura tiene la misión de dar cabida a aquellas realidades que no tienen visibilidad para transformarlas?
Sí, claro que sí. La literatura te permite contar las cosas desde puntos de vista que nunca salen reflejados en los periódicos. Más aún, te permite poner el mundo al revés. Básicamente, escribo porque no lo puedo evitar. Escribo para compartir mis dudas con los demás e intentar aprender cada día. Escribo, también es verdad, para cambiar el mundo. ¡Vaya ingenuidad! Pero ¿hay alguien que prohíba ser ingenuo? Alguna vez he escuchado decir que mis novelas hacen justicia poética; recuerdan las cosas sencillas de la vida, las prioridades…. Me pareció una reflexión muy agradable de escuchar…
¿Le apasionan los personajes que para la mayoría de la sociedad serían unos perdedores? Se lo comento porque, desde mi punto de vista, usted los transforma en héroes anónimos.
Un día me reí mucho con la escritora Ángeles Mastretta; estábamos tomando algo en un lugar donde, coincidía, se estaba celebrando una boda. La verdad, el novio, nos parecía que dejaba bastante que desear por mucho que fuera de hombre irresistible… Entonces, nos dedicamos a “sumar” hombres normales para conseguir mejores resultados y recrear lo que pensábamos que podría ser un novio perfecto… Al final, la literatura, es eso: poder sumar varios hombres normales y crear así tu príncipe azul… De eso hablábamos aquel día. Nos reímos mucho. La literatura también está para recolocar las piezas de este puzzle que es la vida. Por tanto, volviendo a su pregunta… Me apasiona refugiarme desde la literatura en esos otros seres que la vida no da por victoriosos; para mí, muchas veces son los que esconden mayores logros, hazañas… y, por tanto, son merecedores de mayores glorias. En general, siempre prefiero estar cerca de una persona que genera una reflexión propia que aquél que repite al último tertuliano que escuchó en la radio. En una novela se puede dar que, tal vez, detrás de un gran novio, lo que uno se encuentra es un ser mediocre, vacío y, en cambio, por ejemplo, detrás del que se ocupa de recoger las copas sucias de las mesas en la celebración de esa boda, resulta que… ese camarero es el verdadero príncipe azul. La literatura, le deja expresarse. Y crecer.
Para finalizar. Siempre me pregunto dónde está el límite entre el periodista y el escritor. Para un periodista que también escribe, ¿es quizás la ficción la solución que deseamos a lo que la actualidad nos impone sin poder cambiarla?
La ficción, desde mi punto de vista, permite plantear preguntas, o mejor dicho, buscar respuestas, que la realidad no deja. De ahí el paso de la realidad a la ficción. Tal vez es en la ficción donde hoy se encuentra la verdadera libertad de expresión o, dicho de otro modo, es en ese ámbito de las mentiras aparentes donde están las mayores verdades. Pero el periodismo y la escritura literaria tienen en común algo maravilloso y es la curiosidad. El periodismo me parece una de las profesiones más bellas y vocacionales y, además, te permite vivir la vida en primera línea de combate y hacer preguntas sin parar…. En el punto de arranque de mis novelas siempre hay una base de investigación –para conseguir eso tan difícil que es mentir con verosimilitud- a la que dedico… en el caso de “La importancia de los peces fluorescentes” casi dos años. Cuando estoy en esa búsqueda y estudio… empiezo a dar forma a la estructura de la novela, al gran andamiaje sobre el que se sustentará la acción.
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