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Cultura

Las vírgenes de ayer

Última actualización: 01/01/2010 11:34
carloslopezdzur
carloslopezdzur
Porcarloslopezdzur
Carlos López Dzur es un narrador, poeta y filósofo, nacido el 1 de septiembre y residente en Orange County, California, desde hace más de 30 años....
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[Dedicado a Doña Lola Prat, mi bisabuela, a doña Lala,
mi taratara abuela, reina de los Prat-Cadafalch,
y tal como mi abuela Laura lo contaba a Mamá…]

Ellas no eran lánguidas, ‘mosquitas muertas’.
Eran duras como las nueces y las avellanas
aunque tuviesen la rosadez de un salmón,
rayos de transparencias de las resolanas.

Ellas eran hacendosas, a veces pequeñas
como las hormiguitas, a veces frágiles
como alas de mariposas, pero, en lo profundo,
tenían misterios de matamorfosis,
mediaciones simbólicas. Mucha alma.
Contactos con el misterio,
aunque todo lo lamieran de gusanos,
o de un grano de carbón de piedra,
o un pedruzquillo del azúcar.

Tenían antenas, o eran como formícidos,
insectillos sociales. Fueron quintaesencia
del Cretáceo, ángeles en apoyo de colonias,
lo más dulce al quehacer productivo
de la vida y el control biológico
de los cielos de abajo:
eran vírgenes de la Tierra.

Ellas podían ser el fuego, hay hormigas así,
ardientes, invasoras, que entran en conflicto
con el macho que las quiere pisadas
como si fueran la formica, o el linóleo
para sus propias plantas.
Entonces, son incendiarias.

Pero esta vírgenes, con el nombre del himen
dulces / o salobres / a las lenguas, van alborotadas
a sus ocultas grutas, vuelan, tienen sus propias alas,
se las sacuden cuando ya no les sirven
y nunca son lánguidas, pazguatas, pendejunas.

Hay vírgenes, sin embargo, que son avispas hembras
y son muy grandullonas y aterciopeladas.
Esas son meras termitas, aunque sean vírgenes,
pero son las de hoy, hembras sin alas.
En vez de ser omnívoras, comen vergas
y ni siquiera las degluten, lamen escrotos,
gritan mensadas, se sienten hasta piscianas,
dignas del mar de maravillas
y de falsos Acuarios, no quieren regresar a Gea
y su paradigma cultural es tener un Pitón
más grande que el del macho
y no dar un tajo, ni en defensa propia.

Ya no quieren ni tener antenas en codo,
como sus viejas hermanas. Con oírse a ellas mismas
les basta, con verse engrandecidas;
ya no quieren ni el tórax ni el abdomen,
sólo las cinturitas para el vestido
majuno y entallado; su Christian Dior de artificio
más que feromonas. A su ombliguito le llaman el peciolo
de moda, el torso tiene que ser de X medida,
perfecto, como se lee en la revista ‘Cosmopolitan’.

Las mandíbulas la quieren como raquítico emsamblaje.
Quieren ser lánguidas, fantasmales como si el exoesqueleto
pesara y los dejaran, en algún gavetero.
No. Ellas no anhelan el trabajo, sólo al buen proveedor,
o, aunque no las mantega, un macho
que le coma las nalgas y le haga citas
en discoteques, joyerías, cinemas.

Ellas no quieren más la madre que le diga:
«Toma la plancha. Vé y lávame esta ropa.
Ayúdame en la cocina. Carga ese grano
de azúcar, este pedacito de semilla».

No. Ya no cultivan jardines.
Compran flores de plástico, ya no diseñan nada.
Ya ni componen ni descomponen algo.
Antes hilvanaban el cosmos con sus hilos y sí,
sí sabían pelear y tender trampas de seda
y comerse al enemigo con dulzura, enredándolo en una telaraña.
Ahora hay que defenderlas, cada vez son más pendejas,
engreídas, creen que saben y no saben nada.
Las violan en medio de un hilo dental.
Las vulvas se las miran a distancia, les sacan
los clítoris, con todos sus aromas, y ellas se van
recontentas, triunfadoras, creyendo que danzaban.

Le basta que les digan: «Son lindas, deseadas,
me gustan, muñequitas, aunque virtudes no se detecten
en antenas, no se transmitan a sus almas.

Pero aquellas, las primeras, vírgenes fuertes,
las de dos mandíbulas, aquellas sí
que transportaban alimentos y sabían construir
nidos para defenderse, tenían bolsillos
para cuidarse, cámaras intrabucales
para guardar su pan, para amparar su honra.
Y su mundo, como hoy, estuvo llenos
de macharranes asqueros.
No es nada nuevo.

La de antes, las por mí queridas, sobre todo,
compartían, querían sus hijos, los celaba de perjuicio
en el cochino, tribal, puto mundo, y les pasaban amor
a otras hormigas, o larvas solidarias.
Tenían, sabe dios si seis patas ancladas,
para pisar en firme, no irse con el volátil peso
ante las saturnalias
y la tristeza de los días del Tiempo.

Tenían su garra ganchuda para escalar infinitos
o trepar superficies, como esas zonas rosas
en que las matan, las persiguen, las atemorizan.
Querían machos alados e iban con alas
a los vuelos nupciales y no eran lánguidas, no.
Nunca fueron vírgenes lánguidas.

Ojos poderosos, grandes, le sobraban.
Las llamaban Energía, las fuertes, viripotentes.
Con sus ojos sabían de coqueteo,
no de entregas sumisas
y eran dueñas de sí y de lo externo.
Tenían panales, albergues, agujeros
túneles bajo tierra, y salían a la luz.
Se mostraban sin bulimia ni tan mánicas;
el viento nos la barría contra los lodazales.

Ellas, sí, fueron vírgenes,
gozosas, seguras, orgullosas, del Trabajo.

17-12-1976

Del libro LAS ZONAS DEL CARACTER

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Porcarloslopezdzur
Carlos López Dzur es un narrador, poeta y filósofo, nacido el 1 de septiembre y residente en Orange County, California, desde hace más de 30 años. Caribeño, con visión hostosiana y bolivariana, es candidato doctoral en Filosofía Contemporanea en la Universidad de California, Irvine. Cursó sus estudios de B.A. en Literatura Comparada e Historia Latinoamericana en la Universidad de Puerto Rico; obtuvo dos M. A. 'Summa Cum Laude' en Montana State y San Diego State University. También hizo estudios graduados en Filosofía Contemporánea, siendo discípulo de los filósofos Dr. Alfred Stern y la Dra. Martha Nussbaum. Su libro, El Hombre Extendido, fue laureado en el Certamen Literario Chicano de la Universidad de California, Irvine, en 1986. Anteriormente, fue premiado su libro de ensayos y poemas Cuaderno de Amor a Haití por el Liceo Iberoamericano de Cultura de Los Angeles; posteriormente, López Dzur ganó varios premios en las categorías de ensayo investigativo sobre temas cubanos y de poesía por textos de su libro inédito, Tantralia, reconocido por la Casa de la Cultura de Long Beach en 1996 y 1998. Fundó y dirigió en San Diego la revista multicultural Sequoyah, junto a los profesores César A. González, Dr. Juan Manuel Bernal Becerra y la Dra. Ivon Gordon-Vailakis. La revista se continúa en modelo virtual: Ver. Su primer libro fue Sarna de la ira parda (Editorial QeAser, 1980), cuentos; al que siguieron La casa (1988), poemas y dos ediciones de El Hombre Extendido. Publicó las novelas Simposio de Tlacuilos (Editorial Nuevo Espacio, New Jersey, 2000) y Las máscaras del tabú (Great Unpublished, South Carolina, 2001). Sus libros más importantes están inéditos en papel, pero se han compartido extensamente en sus bitácoras y en innumerables revistas electrónicas, incluyendo Desde El Límite, Tertulia de Mizar (Puerto Rico), El Perro Andaluz, Adamar (España), Bar de las Virtudes, Argos (México), Muestrario de Palabras, Letralia, Mondo de Kronhela (Argentina), Parnassus, y otras. Entre ellos, están Teth, mi serpiente, Tantralia, Heideggerianas, El libro de la guerra, Leyendas históricas y cuentos coloraos, Epoca de San Sebastián del Pepino, Canto al hermetismo, El ladrón bajo el abrigo, Memorias de la contracultura, Manual de filosofía para incrédulos y las novelas Para matar a los dioses, El pueblo en sombras, Diario de Simón GÁ¼eldres, Berkeley y yo y otros. Sobre su obra ha dicho el crítico y poeta Joserramón Meléndes: «Lo qe aya qe decir de Carlos A. López se dirá de su prosa. Sus cuentos retoman la altura de la mejor tradisión puertorriqueña qu conocimos asta Luis Rafael Sánchez». El antropólogo mexicano Luis F. Cariño Preciado, al reseñar su poemario La Casa (California), anotó: «Cuando uno viaja por las letra de López Dzur quisiera oirlas pronunciadas por él y de inmediato comentarlas. El manejo que hace del lenguaje es tan nuevo... nos tiene acostumbrados a un nuevo manejo del idioma, a una novedosa forma del lenguaje, gracias a la cual nos transporta a originales interpretaciones del todo y sus partes. Leer sus textos es someterse a una ráfaga de ideas y pasajes mentales contrarios a sí mismos y entre sí, pero consecuentes en la esencia». El 4 de abril del 2000, el laureado poeta puertorriqueño Vicente Rodríguez Nietszche comentó sobre la poesía de López Dzur: «Tus poemas están escritos con verdad y sustancia vitales que podemos llamar poesías». Carlos López administra y coordina una bitácora de información comunitaria, política y educativa, en el Condado de Orange, California: La Naranja
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