Moriremos siendo jóvenes

“Agua clara, aire puro y limpieza son las principales drogas de mi farmacopea”.
Napoleón Bonaparte.

 Con cierta frecuencia aparecen en prensa diaria muertes súbditas de jóvenes–hijos nuestros, a la sazón presa fácil de desaprensivos (yo diría: homicidas, pues saben que lo que venden mata), que valiéndose de estratagemas o engaños facilitan que adolescentes de 13 ó 14 años comiencen a probar el “hachís” (chocolate) conocido vulgarmente con el nombre de “porro”. 

 Esta es la primera etapa de la iniciación; después vendrá la heroína, la cocaína, MDA o droga del amor(es droga, en el terreno físico, dilata las pupilas, provoca sudoración, disminuye el ritmo respiratorio y actúa como inhibidor de la potencia orgásmica…Con sus posibles efectos nocivos a largo plazo), el éxtasis, ¡la muerte!(Los jóvenes suelen empezar a consumir cannabis a los 13 o 14 años y cocaína alrededor de los 18 años).

Hoy en día, y lo vemos en la realidad a diario, el homicidio juvenil es harto frecuente en América Latina. No ocurre lo mismo en América del Norte ni en Europa, afortunadamente. Mas por este camino vamos…En África también nuestros muchachos/as son objeto de homicidios, pero se producen como consecuencia de conflictos armados realizados por adultos.

 

La calle será nuestro último aposento al morir…

Y es que las victimizaciones de lo jóvenes–ya entre bandas rivales, ya entre mafias que se dedican al tráfico de órganos vitales del ser humano para trasplantes…–, obedecen a múltiples causas: los adolescentes están abandonados por los gobiernos de turno de estos países, y, además, no encuentran ni encontrarán respuestas claras a entornos familiares adecuados para la convivencia, al mundo de las escuelas para la enseñanza, al mundo del trabajo…Aquellos dirán: “Moriremos siendo jóvenes”. Y añadirán: “Trabajo quiero, que no dinero para comprar drogas de la muerte lenta, y terminar en olvido eterno”.

Piensan los aludidos gobiernos en bajar la edad penal de los menores en cuestión, para, de esta manera, poder almacenarlos, como si…de trastos viejos se tratase, y asunto concluido. Así, una vez enjaulados, y esto es harto conocido, serán presas seguras de la droga y el homosexualismo provocado, siendo estos últimos hermanos de sangre inseparables. Vivir para crecer, crecer para vivir, y, al final, ni crecer ni vivir…, morir lentamente su sufrimiento

El uso y abuso de los tóxicos ha sido utilizado y está demostrado hace miles de años por ciertas religiones, sectas, medicinas y distintos poderes establecidos por las personas, para obtener estados de predisposición hacia los mensajes o teorías que predicaban los “súper-hombres” o “líderes”, y así conseguir el mayor número de prosélitos. 

El hombre nació libre, es libre y creador, y no debe someter su voluntad e inteligencia a los estupefacientes, para que éstos le produzcan fiesta, concentración y descanso, todo de manera artificial. El cuerpo humano tiene en su interior más de 400 productos químicos que son capaces de dar alegría, tristeza, sueño, amor, odio, etc., pero de forma natural; todo movido por nuestro propio intelecto.

Nuestra civilización actual sufre como consecuencia de plantas y cuyas respectivas virtudes fueron explotadas por todas las culturas. Hasta hace décadas, nadie se preocupaba de regular su siembra y recolección, mientras que ahora el hecho del cultivo de sustancias tóxicas cobra dimensiones de catástrofe planetaria: capitalistas, comunistas, socialistas, cristianos, mahometanos…, se unen en una cruzada común por la salud mental y moral de la humanidad. Tenemos que preguntarnos: ciertamente, ¿quién sale beneficiado con la ilegalidad de ciertas sustancias? Con evidencia podemos responder: los toxicómanos, no.

El dinero es el “gran ganador” y el causante del consumo de drogas. Él es anónimo, uniforme y permanente; creo haber leído que está en funcionamiento hace más de 4.500 años en intercambios mercantiles. Esto es triste, pero es la realidad. ¡Poderoso caballero es don dinero!, que dice nuestro refranero español.

La idiosincrasia de cada país es distinta: Madrid no es París ni Nueva York. Quizás, lo que es bueno para Holanda no lo sea para España. ¿Acepta la sociedad española la legalidad de “ciertas” sustancias tóxicas? Estoy hablando del “Cannabis”, por decir algo. Creo que son los médicos, legalistas, moralistas, etc., quienes en resumidas cuentas, cuentas, tienen la última palabra.

¡Qué triste es morir siendo joven!, sin haber vivido el tiempo, espacio de tiempo, que Dios nos tiene asignado en nuestra terrenal estancia. Da pena reconocer lo que el un genio del siglo XX, Walter Benjamín (1829-1940), ensayista y crítico alemán, dejó escrito: “Versalles no es lo bastante grande, y la eternidad no dura demasiado…”, cuando presuntamente consumía “hachís” a solas en un cuarto de París.

 

La Coruña, 25 de enero de 2010

Mariano Cabrero es escritor

Si te ha gustado este artículo usa los botones para compartirlo en redes sociales con tus amigos o síguenos en Facebook o Twitter para estar al tanto de nuestros nuevos artículos.

Acerca de Mariano Cabrero Bárcena

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo ...