Hombre rico, hombre pobre (Contracrónica del Xerez 0-3 Real Madrid)

El Xerez es el hombre pobre de esta Liga BBVA, con el presupuesto más bajo de la categoría, con jugadores sin nombre o en formación, y con un terreno de juego que invita más a la horticultura que a la práctica del fútbol, el equipo azulón malvive en la Primera División teniendo la impresión de que no fue invitado a esta fiesta.
Los jugadores lo intentan, no hay duda, ya pusieron en problemas al Barcelona y ayer hicieron lo propio con el Real Madrid, el hombre rico de esta historia, pero al final la lógica, esa daga maldita, no perdona, y donde los pobres ponen brega los ricos ponen gol.
Porque no hubo más en el partido, brega y lucha por un lado, por el lado del pobre, y gol por el otro, por el lado del rico. El resto fue una sucesión de imprecisiones desesperantes, unas provocadas por el terreno de juego y otras por tener la mente en otro lugar, por ejemplo Lyon, las cuáles acabaron por desconectar a todo el mundo del encuentro, a los aficionados, a los jugadores y al árbitro, pésimo aunque no influyera en el resultado final.
Pero los ricos tienen eso, tienen gol, de la nada, cuando parece que no existe luz al final del túnel llega un gol, y tan implacable es esta ley universal del fútbol que ese tanto puede llegar de pies del jugador menos rico de la plantilla, de un jugador que reivindica cada día la ética del trabajo bien hecho, sin aspavientos, sin titulares de prensa, sin ofender a nadie.
Hablo de Arbeloa, un chico que tuvo que emigrar para que se le apreciara en la casa blanca, y que muestra cada día la elegancia del chico educado, el chico que hace su trabajo sin buscar protagonismos de patio de colegio o discoteca de baja estopa. Suyo fue el primer gol, él abrió el camino de una victoria cómoda.
A partir de ahí el Xerez se descompuso, porque comprendió que seguía siendo el hombre pobre de la película, y el Madrid lo aprovechó con dos contraataques sencillos finalizados de la misma forma, pase de Kaká y remate de Cristiano Ronaldo, ante la atenta mirada de Raúl, que ya ha perdido definitivamente los galones en este equipo, ha pasado de ser la referencia a convertirse en el becario que corretea tras el balón. La leyenda de Raúl exige que se marche al final de esta temporada.
Luego la nada, el abismo más absoluto, la Champions a la vuelta de la esquina, Pellegrini dando descanso a sus pesos pesados y los aficionados acicalándose para ir a cenar con su pareja, que había que celebrar que el Madrid había ganado, no, perdón, que estaban enamorados.
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