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El Librepensador > Blog > Cultura > Edificio. Ana García Bergua. Páginas de Espuma. 2009.
Cultura

Edificio. Ana García Bergua. Páginas de Espuma. 2009.

Última actualización: 28/02/2010 16:02
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Tuve la suerte de nacer en 1977, el día de san Antón, por más señas. Por tanto bajo el signo de Capricornio y con Saturno danzando...
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Edificio. Ana García Bergua.«A Álvaro Paniagua le molesta el caos, por eso es ingeniero. Su idea de la vida está marcada por el orden y la cuadriculación: para él, unos ductos llevan el agua a otros ductos, los puentes sólo cargan la cantidad de peso que deben cargar, el comportamiento del agua, de la electricidad y de los materiales responde a leyes físicas inmutables, que es posible medir y calcular. Durante las horas que pasa en su escritorio, Álvaro Paniagua vive en un paraíso de cálculos y planificaciones, de obstáculos siempre materiales, mensurables y superables con variables de calor, fuerza, inclinaciones, kilovatios y palancas, a costos fijos basados en la tasa de inflación.

No le ocurre lo mismo con Aldonza, su mujer, cuyo comportamiento no responde ni a variables fijas, ni a tasas de interés». Páginas 23-24.

Ante este libro de relatos uno se ve obligado a reconocer que el ego de la autora no empaña la obra. En su personal hacer Ana García Bergua rechaza la búsqueda de originalidad a cualquier precio y el resultado es una obra donde el buen hacer literario no vuelve las historias ni soporíferas ni inteligibles. Y eso no tiene precio. Será probablemente porque la escritora tiene realmente historias que contar, por lo que no necesita embadurnarlas de barroquismos léxicos ni formas gramaticales rebuscadas.

La sencillez de su verbo no es, sin embargo, simple, bien por el contrario demuestra que el buen uso de la palabra es la herramienta más idónea para hacer Literatura.

Pero además de respetar este principio tan complejo a veces para quien detenta el ordenador o la pluma, se demuestra con Edificio que la estructura también es un conocimiento obligado para el narrador. Y en el caso de los cuentos especialmente. La editorial, ducha en relatos, sabe bien por quién apuesta cuando decide publicar.

Leyendo este conjunto de relatos uno tiene un poco complejo de James Stewart mirando por la ventana el bloque vecino y sin posibilidad de interferir en lo que ve. Incluso, y con permiso de la autora, cabe pensarse en un homenaje al gran director de La ventana indiscreta por algún que otro detalle que recuerda a una Psicosis descafeinada o a la primera película mencionada en Los tormentos de Aristarco, el último y aglutinador (en cierta manera) de los relatos, aunque en este caso se firma el homenaje (en caso de serlo) con un delicioso buen humor.

Muchas de las historias podrían resumirse con refranes o dichos ya famosos en nuestra lengua como «El muerto al hoyo y el vivo al bollo»; o bien «Están verdes» de la zorra de la fábula cuando no consigue alcanzar las deseadas uvas. Pero eso no les resta valor. Todo lo contrario. El encontrar historias que responden a arquetipos y conseguir que la atención del lector se mantenga invariablemente absorta en la narración es una virtud encomiable.

Por otra parte el misterio de este Edificio resulta exquisitamente oriental pues muchas veces no se desvela, y es cuestión de quien lo contempla interpretar los hechos que se le cuentan (La media hora y Los aplausos). Por otra parte, y aunque existan momentos con apariencia de irrealidad, la obra deja un gusto a vecindario bien retratado con su portero cotilla y malediciente cuando le interesa, sus cónyuges infieles, sus hijos adolescentes rehuyendo los actos familiares o sencillamente sociales, sus jubilados y viudas en busca de una segunda vida/oportunidad.

Especial atención merece el giro inesperado de Los coches, cuyo magnífico humor no empaña el mensaje lanzado (para eso lo repite, imaginamos) con la historia: «Aristarco, el portero, quien siente una especial admiración por el señor Aníbal –un hombre que, a su modo de ver, ha tenido la valentía de ver realizados sus sueños-, deja la escoba para detenerse en el relato de todos sus autos pasados y presentes hasta que logra transformar la sospecha de los nuevos inquilinos en, por lo menos, una vaga sonrisa de admiración». (Página 98).

Una lectura no sólo entretenida, que te mantiene atado a ella sin las cadenas fáciles de los templarios o los fantasmas, sino ágil, inteligente y muy recomendable.

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Tuve la suerte de nacer en 1977, el día de san Antón, por más señas. Por tanto bajo el signo de Capricornio y con Saturno danzando alrededor. Desde muy pronto me sentí atraído por las sirenas de las palabras y garabateé hojas y libretas. Desde entonces he estudiado cosas variopintas y trabajado en profesiones extrañas y corrientes, pero siempre ha permanecido la Literatura. Publíqué en septiembre de 2004 "Epitafio del Ángel", novela corta sobre las vidas contemporáneas en punto de metamorfosis. Entre otros temas estaban la colisión generacional (incluso la cercana), la endometriosis como enfermedad maldita, los errores, y la experiencia trágica de la muerte inesperada. Desde hace algunos años he colaborado con algunos medios como las revistas "Mundo Joven" de Fundación Triángulo, "Gehitu Magazine" de la mano de Á“scar Hernández, "Eccus", "Adiós", "Iguazú" o "Generación XXI" y su continuación "Generación.Net". Entre otros lujos he tenido la ocasión de entrevistar a Luis Antonio de Villena, Octavio Aceves, Espido Freire, Juan Manuel de Prada, Nuria Rita Sebastián... y de publicar junto a fotógrafos como Eduardo Fernández. Me he decidido a participar en este proyecto por invitación de Raúl Tristán y espero poder aportar visiones gratificantes y artículos que inviten al placer de la lectura y al dolor de la reflexión.
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