
El Real Madrid lleva toda la temporada jugando con fuego, con el fuego que él mismo se está creando, y ayer, ante el Olympique de Lyon acabó quemándose en una hoguera de vanidades que recuerda a la caída de la primera edición de la Galaxia, hace ya unos años.
El Madrid regaló el partido de Lyon, se relajó en su propia arrogancia y presuntuosidad, dio por hecho que era superior al equipo francés y dejó que el tiempo transcurriera sin ir a buscar el partido. La complacencia de la prensa y de los aficionados (entre los que me incluyo) fue tal que todos apostamos por la remontada en el Bernabeu.
Lo que nadie esperaba era un equipo tan ramplón, un equipo tan falto de espíritu, un equipo tan mediocre, un equipo que creó ocasiones en el primer tiempo, por la inercia de su calidad técnica, pero que naufragó estrepitosamente en la segunda ante un pequeño acertijo táctico del entrenador francés.
Un sudoku sin importancia, tan sencillo como colocar un centrocampista más, bastó para desarbolar a toda la armada galáctica y a su entrenador, que no puede salir de rositas de este fracaso sideral. El Madrid se estrelló toda la segunda mitad contra el entramado defensivo galo y sufrió sus arranques de furia con indolencia, permitiendo que se fueran creciendo en su incredulidad inicial.
El Madrid permitió que el Olympique se creyera la victoria, que confiaran en la posibilidad de pasar la eliminatoria, sin que los madridistas les hicieran caer de su sueño. Parecía como si todavía estuvieran disfrutando de la victoria del sábado pasado ante el Sevilla.
Es difícil salvar a algún jugador de la quema, tal vez Guti, por su compromiso, tal vez Ronaldo, por su insistencia, y tal vez Albiol, por su permanente seguridad defensiva. Nada más, todo el resto de jugadores a galeras a remar, porque ninguno dio la talla que se le debe exigir a un equipo que aspira a ser Campeón de Europa.
Y debo centrar mis críticas, mis iras, mi desesperación, todo lo que quieras, en Kaká, simplemente por ser el jugador más caro, así de demagogo soy, por ser el jugador del que más se esperaba, por ser el jugador que debió haber tirado del carro. Y no lo hizo, se limitó a corretear por el terreno de juego, a perder balones imposibles y a regalar opciones de contraataque al equipo rival.
Kaká se enfadó cuando le cambiaron por Raúl, ante el que debía hacer una reverencia cada vez que le viera, veremos a ver como se pone cuando Pellegrini tenga las agallas suficientes para dejarle en el banquillo en favor de Van der Vaart. Es fácil castigar a Guti, pero ¿se atreverá con Kaká? ¿Se atreverá a dejarle una temporada en el banquillo en favor de un jugador que aporta más al equipo?
En definitiva, el proyecto de Florentino Pérez, la Galaxia II, o como quieras llamarlo, se ha quedado en agua de borrajas. Ahora, el equipo ganará la Liga, no lo dudes, pero será un fracaso porque este equipo estaba construido para otras metas más importantes.








