De todos los colores (Contracrónica del Mallorca 1 – 4 Real Madrid)

El Real Mallorca perdió el partido de anoche ante el Real Madrid no porque se enfrentara al equipo madridista, al que dominó en los primeros instantes del encuentro, sino porque como rival tenía al jugador más completo del mundo (nótese que no digo el mejor jugador del mundo, título en disputa con Messi, sino el más completo, título que nadie le disputa), un Cristiano Ronaldo en plena ebullición que nos está ofreciendo un final de temporada en plenitud.

El portugués marcó tres goles como tres soles que dieron vida a un Madrid que decrece en juego a medida que va dando protagonismo a Kaká en sus alineaciones iniciales (no lo digo yo, lo dicen los hechos, irrefutables), tres goles de hermosa factura todos ellos y tan diferentes entre sí como el sol y la luna, como el beso con amor y el beso por compromiso, como el adiós de una amante y el adiós de una despechada, tres goles que muestran todas las virtudes de este jugador total al que todavía le siguen sobrando los gestos de cara a la galería.

El primer gol fue un gol de fe, un gol de jugador de carácter. Un balón largo de Sergio Ramos (parece que sigue en la senda buena, si en ella se mantiene llegará a ser uno de los mejores jugadores del mundo, sin duda, si no acabará por la calle de la amargura, como tantos otros) que parecía claro para el defensa fue perseguido por Ronaldo, que era la única persona del mundo que pensaba que llegaría a ese balón, y esa fe le hizo llegar, ante un Nunes confiado y un Aouate dubitativo. Cristiano no se confía, Cristiano no duda, y marcó el primer gol.

El segundo fue un gol de pillo, un gol de jugador de área. Otro pase de Sergio Ramos, éste excelente, seco, fuerte, directo al pecho de hierro de Ronaldo que despidió el balón un poco largo (mi pecho fofo lo hubiera acolchado mejor), con ventaja para defensas y portero, pero de nuevo, el portugués llegó antes, una milésima de segundo antes (esa milésima de la que ha vivido Raúl 15 años) para meter la puntera y marcar el segundo gol.

El tercero fue un gol de jugador grande, un gol de extremo puro. Desde la posición de extremo izquierdo, se zafó de dos defensas con una facilidad insultante y chocó con el tercero que le apareció, saliendo vencedor y con la pelota franca para ser golpeada. Un balón así no podía ser desperdiciado, y Cristiano agradeció a los dioses su talento marcando el tercer gol.

Así de sencillo, de todos los colores, como el arco iris, Cristiano Ronaldo decidió el partido, un partido en el que el Madrid regresó a sus errores de siempre, falló en la combinación, e incurrió en los errores nuevos, que desconocíamos esta temporada, la inseguridad defensiva, pero se supo aferrar a la fe de Ronaldo, y el Barça debería de tener cuidado, porque la fe mueve montañas, sobre todo cuando llega desde el Real Madrid.

Para el final quedó el gol reivindicativo de Higuaín, un gol soberbio, de una dificultad técnica sublime y que devuelve la confianza al argentino para los tres partidos que restan. Sí, no me he vuelto loco, al Madrid le restan tres partidos, dos que debe de ganar, y otro que el Barça debe perder, con todas las miradas puestas en el encuentro de este sábado ante el Sevilla.

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Acerca de Ruben Sancho

Escritor salmantino, hotelero de profesión, economista de formación y soñador de ideología. Redactor Jefe de El Librepensador, Subdirector de Letras, y autor de la colección de relatos "Un lugar llamado Fracaso"(Bubok, 2009).

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