PENSAMIENTOS EN TORNO A LA POBREZA Y LA LIBERTAD

“Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable”.
Eduardo Galeano. Memorias del fuego 3.

Eran las 8 y 30 de la mañana cuando el vehículo que me iba a transportar a Tinajitas llego a buscarme.

Salvo una breve parada para comprar desayuno en el On the rum, sólo el sonido producto del paso de las llantas del vehículo sobre las irregularidades del pavimento, cortaba la conversación con el conductor, o el hilo de mis pensamientos; durante el camino al Centro de Tinajitas.

Esta crónica de una visita anunciada, había tenido origen una semana antes, o quizás hace algunos años atrás.  

El jueves 3 de junio, una glosa del Diario El Siglo daba a conocer el hecho de que un corregidor del Municipio capital había sancionado con 30 días de arresto a un indigente, aplicando supuestamente disposiciones administrativas que permiten sancionar la vagancia.

Esa información como ya hemos mencionado anteriormente, nos preocupó muchísimo[1].

Ello porque nosotros redactamos la demanda que en su momento fuere presentada en contra de los artículos 13 y 14 del Decreto Alcaldicio No. 1813 del año 2000, los cuales establecían la conducta de vagancia y sus respectivas sanciones administrativas.

Esas normas, fueron derogadas posteriormente por otra disposición alcaldicia.

Consciente como estaba de esa situación, la glosa del diario me motivo a actuar.

El mismo día 3 de junio concurrimos a presentar una queja a la Defensoría del Pueblo con relación a este tema. En ella solicitamos la inmediata libertad del sancionado, la intercesión de la Defensoría para señalarle al corregidor relacionado al caso, que las normas de vagancia estaban derogadas, y por tanto evitase sancionar a personas bajo el cargo de vagos, y por supuesto remitirle a la coordinación de corregidores del Municipio capital una nota, para que esa instancia informase a las restantes autoridades de policía de la comuna, la información detallada al precitado corregidor.

Al día siguiente le doy seguimiento a la queja de la Defensoría. La funcionaria encargada del trámite, me informa cortésmente que se había apersonado a la corregiduría, hablado con sus funcionarios, y que ellos le indicaron que se había sancionado al indigente bajo el cargo de vagancia y por estar regando basura, a treinta días de arresto; pero en vista de la indigencia del señor se le había dejado en libertad.

Inmediatamente agradecí a la funcionaria de la Defensoría, Jouchi Melamed, su gentileza, y me sentí aliviado de momento, ya que no había un humilde ciudadano privado de su libertad arbitrariamente. Pero en mi quedo la duda.

El martes 10 de junio a las 9:15 de la mañana me apersonó al Centro de Detención de Tinajitas, el cual pese a recibir supuestamente sólo a personas sancionadas con faltas administrativas, cuenta con un historial de víctimas fatales, producto de la violencia en el penal, incluyendo a hombres privados de su libertad por el incumplimiento de obligaciones de alimentos.

Pasando el control de seguridad, me dirijo a la secretaria judicial y confirmo, que el señor Benito Rodríguez Lagunero se encuentra detenido en dicho centro desde el 28 de mayo, y que cumpliría su sanción el día 26 de junio.

Solicito me permitan hablar con el señor Lagunero. Tras una demora de casi 45 minutos, lo traen escoltado por un custodio.

Me presentó, le indico como he conocido su caso, le doy el desayuno que había adquirido para llevarle, y le pregunto como ocurrieron los hechos que le condujeron hasta Tinajitas.

Me dice que había sido detenido por la Policía Municipal, mientras caminaba por la avenida 5 de mayo. Que no estaba tirando basura. Que lo llevaron a la Corregiduria en turno. Nunca vio al corregidor. Sólo hablo con su secretaria quién le comunico de su sanción por vagancia. Que lo llevaron a Tinajitas. Al llegar al centro le toco dormir en el suelo. “Es la regla” decía. “A todo nuevo le toca dormir en el piso, mientras asciende hasta llegar a una cama o una hamaca”.

Ello porque la sección 2 donde le ubican esta hacinada. Mientras estuvo detenido compartió espacio aproximadamente con 120 personas.

Durante los 11 días que llevaba detenido, Lagunero no pudo comunicarse con su familia, ni con su compañera. “No tuve oportunidad, ni dinero para hacer llamadas telefónicas”, sostuvo.

Lagunero, un varón afropanameño de 53 años, nacido en el Chorrillo, reside actualmente en el barrio de Curundú. Dijo tener 5 hijos, y una compañera, de nombre Marisela Moreno, la cual debía estar preocupada por no saber de él, hace once días.

Dice ser “plomero por estudio, carpintero por herencia y chapistero por callejero”.

Su sonrisa, pese a carecer de la dentadura frontal, es directa, fresca, vivaz. Los lentes sobre su cabello dejan entrever el desgaste de su vista, tal vez propio de su edad.

Los estudios de plomería los cursó en el Artes y Oficios, de donde se graduó en 1973. De su padre heredo el oficio de Cristo, indicando que trabaja la madera, así sea fina o rústica.

Mientras conversaba con el señor Lagunero, intentando conocerle, mi mente no dejaba de plantearme preguntas respecto del respeto a su personalidad jurídica, y el consecuente derecho a la libertad personal, no suspendido en atención a criterios económicos, porque ello iría en contra de los principios de igualdad ante la ley y no discriminación.

Pero todas mis reflexiones jurídicas quedaron superadas por las sencillas frases de Lagunero, cuando me dijo “yo quiero salir de aquí Licen…”.

En ese momento comprendí, mejor que en mis lecturas, o en mis años de universidad, el valor del derecho a la libertad ambulatoria.

Constatada la privación de libertad de Lagunero, me dirigí a la Defensoría del Pueblo.

Al llegar solicitó cita con Diego Almanza, Director Encargado de la Oficina Orientación Ciudadana, quien me atiende pese a estar saliendo a una diligencia. Le explico con premura la situación, y como se encuentra comprometido un bien tan valioso como la libertad. Da instrucciones para visitar la corregiduria nuevamente.

A ella nos apersonamos con los funcionarios de la Defensorìa. La “sorpresa” de los funcionarios de la corregiduria fue grande, cuando les informo de mi entrevista con Lagunero.

Nos hacen pasar al Despacho del corregidor, quien lo primero que reclama es “como que no puedo sancionar por vagancia”. Nos presenta un Código Administrativo editado en 1973. Allí la norma estaba vigente. No coincidimos con ello (en breves reflexiones en torno a las leyes de vagancia verán porque).

Le sustentamos la derogación de las normas. Duda. Intenta demostrarnos que sabe derecho.

Pregunta sobre la fuente de la queja. Intenta justificar la “fuga de información”. Debe venir de un presunto proxeneta que sancionó.

Manda a comprar un Código nuevo. “Es que no quiero cometer ilegalidades”-dice. Le creo en parte.

Casi media hora después comenta “nada me cuesta darte la libertad”. No era un favor. No importa. Guardo silencio. Entregan la boleta de libertad.

Nos dirigimos presurosos a Tinajitas.

En la judicial demoran el trámite. “Comprueban si no tiene un caso pendiente”- dicen. El sistema se resiste a dar la libertad.

Me quedo a solas con un funcionario. Hablamos. Apresuran la salida. En el momento me comenta acerca de su  vocación por el respeto de la ley. Igual me dice que no comparte la sanción de vagancia. Hace dos meses recibieron 125 personas sancionadas bajo esa causal. Las llevaba el Municipio.

Guardo silencio, y pienso en como la pobreza es la violación sistemática de todos los derechos humanos, y como condiciona el acceso a la justicia…

En medio de una intensa lluvia, un custodio trae  a Lagunero.

Subimos al vehiculo de la Defensorìa, lo llevaremos a su casa.

En el camino nos da las gracias. Trato de conversar con él, conocerle más. Tiene un agradable sentido del humor.

Reímos todos.

A las 4 y 40 minutos de la tarde llegamos a la parte final de la Frangipani. Se apea del vehiculo. Su delgada figura corre, parece no ser tocado por las gotas de lluvia.

Se detiene en el patio de los edificios. Una gran sonrisa aparece en su rostro. Agita con su brazo en alto la mano. Se despide con gratitud. Regresa a la libertad.

El vehiculo de la Defensorìa surca las arterias vehiculares, anegadas por el llanto del cielo.

Tal vez las nubes se conmovieron, viendo brillar la extraña luz de la justicia. Al menos en lo que respecta a la privación arbitraria de libertad, la labor estaba hecha…


[1] Atencio Gómez, Víctor. Breves reflexiones en torno a las leyes de vagancia. Publicado el 4 de junio en el diario digital El librepensador. En dicho artículo se expone una sucinta reflexión jurídica, en torno a las leyes que en Panamá, han sancionado la vagancia. Disponible en http://www.ellibrepensador.com/2010/06/04/breve-reflexion-sobre-las-leyes-de-vagancia/

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Acerca de Víctor Atencio G.

Activista de Derechos Humanos. Subdirector General Encargado. Dirección General de Política Exterior. Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Panamá

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