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Cultura

La guerra es un tren descarrilado

Última actualización: 24/06/2010 10:11
carloslopezdzur
carloslopezdzur
Porcarloslopezdzur
Carlos López Dzur es un narrador, poeta y filósofo, nacido el 1 de septiembre y residente en Orange County, California, desde hace más de 30 años....
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«At the end of July, while traveling south from Alaska through British Columbia, Warren G. Harding developed what was believed to be a severe case of food poisoning»: Carl S. Anthony, Death of America’s Most Scandalous President (1998)

Fuente imagen: http://www.senate.gov/

Uno de los llamados espiritualistas de primeros años de siglo XX escribió a un Senador de Ohio. Precisamente, a Warren G. Harding, con el que tenía una obsesión espírita y lo soñaba en Alaska, comiéndose unos embutidos de dudosa procedencia que lo llevarían a la muerte. Desde principios de junio de 1918, soñó que la guerra y la muerte son como ferrocarriles que viajan internamente a todos lados, en particular, donde la vida se vuelve un circo de pasiones, ambiciones desmedidas, o apatías en medio de bullanga.

Al pueblito de Ivanhoe, Indiana, llegó el Circo Hagenbeck-Wallace y estacionaron sus vagones, con animales, payasos, toldos de enormes carpas y los hierros para erguirlas. Y el espíritu ya tenía dos sueños, dos espíritus que lo despertaban. Un espíritu, según explicó a Warren Gamaliel Harding era de un fallecido de Corsica (antiguo pueblo) de Ohio, donde Warren naciera. Otro espíritu se llamaba Gamaliel, un sabio de Indiana, que evangelizara indígenas, desde hacía más de un siglo. Y a Gamaliel no le gustaba el yankee, promotor de guerras, biblia en mano y fusil en la otra; no le gustaban los ruidosos ferrocarriles. Prefería los caballos y el progreso con el ritmo mismo de los animales. Al médium y su esposa, los espíritus los despertaban, haciendo ruidos en las paredes, tirando cosas de las mesitas de noche, descolgando abrigos y sudaderas que él tenía colgadas, abriendo ventanas y dejando pasar el viento frío. Despiertos ya, un
espírtu dijo, en presencia de la mujer: «Escribe al senador de Ohio, uno que tiene mi nombre; no importa que seas de Indiana; díle que no vaya nunca Alaska, porque comerá gusanos, en días de mucho estrés y escándalo, y regresará a morir a su despacho. Escríbelo».

Y la mujer del espiritualista tomó esas notas y las repitió al esposo cuando salió del trance. Y no tardó, en desposesionarse mediunmicamente de Gamaliel, el indiio, cuando vino el otro espíritu y dijo: «Agrega en esa carta que la guerra viene por las vías ferroviarias. Van a morir todos los simios, una cebra, una jirafa. No se salvará los perros saltarines. No quedará vivo ni un payaso. Escríbelo, escríbelo».

Y él no sabía que Ohio daba muchos senadores. El no sabía el nombre ni el apellido de Harding. El no sabía política suficiente ni cómo se escribe a Washington y sólo puso en la carta: «A quien se llame Gamaliel. Senado Federal de la Unión Americana, Washington. URGENTE. URGENTE». Le dijeron que así, con destinatario tan impreciso, será difícil que llegara la carta, o que alguien la reciba a tiempo. «Pues que la lea todo el mundo. Que la comenten en el Senado; pero es urgente: Muchos, si no hacen caso, han de morir y, si ese senador Gamaliel existe, él es quien podrá evitarlo. La muerte viene por ferrocarril. Comienza en Indiana».

El espíritu sólo dijo que se llamaba Gamaliel y que un varóncon su nombre sería presidente. Uno que se opuso a la Gran Guerra del ’18 y que después, desde el Senado, por Ohio, sería otro aislacionistas que no confirmará el Tratado de Versalles ni endosará una Liga de Naciones que trabajara por la paz, con el estilo de Europa. Y, aunque lo dieron por loco, la carta fue enviada y llegó tarde. «Que llegue es lo importante».

Pero la guerra llegó primero. Era un tren para tropas descarrilado. No llegó ningún pasajero. Todo era un féretro de muerte. Si bien la carta se recibió y fue leída un 30 de junio de 1918, la guerra que vino por tren llegó prmero y temprano. Mató a 53 obreros del circo. Incluyó a todos los payasos. A un niño que hacía maromas. A sus padres, los trapecistas, a una Mujer Lobo, a tres enanos y a casi todos los animalitos. El tren era la guerra irremesiblemente desatada sobre el pueblo de Ivanhoe. El tren era una bala que cantaba luctuosamete su triunfo en Indiana y la fuerza sin frenos con que hería la carne y la vida del ponlado.

El espiritualista leyó sonre el accidente del Tren Descarrilado en los periódicos. La gente del correo, la que litigara con él por el asunto de las direcciones imprecisas del destinatorio, vino a reconsultarlo. Recordaron que él explicó el contenido de sus vaticinios. ¿Qué es realmente lo que supo sobre ese tren, cuyo accidente adivinaba? Y sobre Warren Gamaliel Harding: ¿qué sucederá? Hecho confirmado: hay un legislador de Ohio, llamado Warren Gamaliel, como dijo. «¿Qué otra cosilla sabes brujo?», le preguntan. Corrió la fama de su carta como pólvora y sangre en la guerra del ’18.

Después los reporteros y los corresponsales, al saberlo, lo buscan: «Warren Harding quiere hablar contigo, brujo. Tu carta es famosa en Washington». Y para Gamaliel, ¿será tarde? «Siendo que la guerra ya vino, el saldo han sido 54 personas en mi pueblo. La guerra puede ser una ristra de vagones vacíos. An empty troop train against the Hagenbeck-Wallace Circus».

Un día, cuatro años después, también en junio, W. H. Harding fue a Indiana. Pensaba dar el viaje llamado «Cross-country Voyage of Understanding», cuyo final sería su paso por Alaska y vino hasta Ivanhoe, dando pésames tardíos y alegó que consultaría al hombre al quien los espíritus le hablan y le dan augurios. Aludió a la vieja carta que le solicita que no vaya Alaska, «algo que nadie sabía que haría ni siquiera hace un año». Y…, sin embargo, viaje perdido. Cuatro años fue demasiado tarde para que se consultara al espiritualista. Había muerto. El portavoz de la advertencia murió hace meses y el presidente Harding se quedó con las ganas de hablar con los dos espíritus del viejo y verlo en sus sesiones.
Llegar tarde, quedarse inconsulto ante lo Urgente / lo Sublime o Trágico, tiene consecuencias.

Finalmente, se supo: algo comió el presidente Gamaliel, en Alaska, algo que trajo un tren de la Bristish Columbia que lo envenenó. Un tren puede traer la muerte silenciosa y guerras internas que son inesperadas.

26-05-2003 / «Leyendas históricas y cuentos colora’os»
de Carlos López Dzur

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Porcarloslopezdzur
Carlos López Dzur es un narrador, poeta y filósofo, nacido el 1 de septiembre y residente en Orange County, California, desde hace más de 30 años. Caribeño, con visión hostosiana y bolivariana, es candidato doctoral en Filosofía Contemporanea en la Universidad de California, Irvine. Cursó sus estudios de B.A. en Literatura Comparada e Historia Latinoamericana en la Universidad de Puerto Rico; obtuvo dos M. A. 'Summa Cum Laude' en Montana State y San Diego State University. También hizo estudios graduados en Filosofía Contemporánea, siendo discípulo de los filósofos Dr. Alfred Stern y la Dra. Martha Nussbaum. Su libro, El Hombre Extendido, fue laureado en el Certamen Literario Chicano de la Universidad de California, Irvine, en 1986. Anteriormente, fue premiado su libro de ensayos y poemas Cuaderno de Amor a Haití por el Liceo Iberoamericano de Cultura de Los Angeles; posteriormente, López Dzur ganó varios premios en las categorías de ensayo investigativo sobre temas cubanos y de poesía por textos de su libro inédito, Tantralia, reconocido por la Casa de la Cultura de Long Beach en 1996 y 1998. Fundó y dirigió en San Diego la revista multicultural Sequoyah, junto a los profesores César A. González, Dr. Juan Manuel Bernal Becerra y la Dra. Ivon Gordon-Vailakis. La revista se continúa en modelo virtual: Ver. Su primer libro fue Sarna de la ira parda (Editorial QeAser, 1980), cuentos; al que siguieron La casa (1988), poemas y dos ediciones de El Hombre Extendido. Publicó las novelas Simposio de Tlacuilos (Editorial Nuevo Espacio, New Jersey, 2000) y Las máscaras del tabú (Great Unpublished, South Carolina, 2001). Sus libros más importantes están inéditos en papel, pero se han compartido extensamente en sus bitácoras y en innumerables revistas electrónicas, incluyendo Desde El Límite, Tertulia de Mizar (Puerto Rico), El Perro Andaluz, Adamar (España), Bar de las Virtudes, Argos (México), Muestrario de Palabras, Letralia, Mondo de Kronhela (Argentina), Parnassus, y otras. Entre ellos, están Teth, mi serpiente, Tantralia, Heideggerianas, El libro de la guerra, Leyendas históricas y cuentos coloraos, Epoca de San Sebastián del Pepino, Canto al hermetismo, El ladrón bajo el abrigo, Memorias de la contracultura, Manual de filosofía para incrédulos y las novelas Para matar a los dioses, El pueblo en sombras, Diario de Simón GÁ¼eldres, Berkeley y yo y otros. Sobre su obra ha dicho el crítico y poeta Joserramón Meléndes: «Lo qe aya qe decir de Carlos A. López se dirá de su prosa. Sus cuentos retoman la altura de la mejor tradisión puertorriqueña qu conocimos asta Luis Rafael Sánchez». El antropólogo mexicano Luis F. Cariño Preciado, al reseñar su poemario La Casa (California), anotó: «Cuando uno viaja por las letra de López Dzur quisiera oirlas pronunciadas por él y de inmediato comentarlas. El manejo que hace del lenguaje es tan nuevo... nos tiene acostumbrados a un nuevo manejo del idioma, a una novedosa forma del lenguaje, gracias a la cual nos transporta a originales interpretaciones del todo y sus partes. Leer sus textos es someterse a una ráfaga de ideas y pasajes mentales contrarios a sí mismos y entre sí, pero consecuentes en la esencia». El 4 de abril del 2000, el laureado poeta puertorriqueño Vicente Rodríguez Nietszche comentó sobre la poesía de López Dzur: «Tus poemas están escritos con verdad y sustancia vitales que podemos llamar poesías». Carlos López administra y coordina una bitácora de información comunitaria, política y educativa, en el Condado de Orange, California: La Naranja
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