José Alejandro Peña o la continuidad de la tradición de excelencia en la poesía dominicana

Por Aquiles Julián

El género en que mayor renombre posee y en donde podemos encontrar simultáneamente en República Dominicana las obras más sólidas y nombres que no desmerecen entre las más altas cumbres de la literatura hispanoamericana y universal, es, sin lugar a dudas, la poesía.

Desde los mismos Virgil Díaz y Zacarías Espinal y el Vedrinismo, que introduce en nuestra poesía el verso libre y la ruptura de los cánones clásicos y románticos al uso, para centrarnos sólo en lo que es la poesía moderna y contemporánea,  pasando por el Postumismo de Domingo Moreno Jimenes  y Andrés Avelino hasta llegar a ese movimiento excepcional en nuestras letras que fue La Poesía Sorprendida, en donde esplendieron sus talentos autores como Franklin Mieses Burgos, Manuel Rueda, Antonio Fernández Spencer, Aída Cartagena Portalatín, Mariano Lebrón Saviñón y Freddy Gatón Arce, entre otros, y a autores como Héctor Incháustegui Cabral, Manuel del Cabral, Rafael Américo Henríquez y Tomás Hernández Franco, para continuar con poetas de la excelencia de un Pedro Mir, el grupo que vio la luz desde las páginas de El Caribe: la Generación del 48, con autores como Máximo Avilés Blonda, Rafael Valera Benítez, Abelardo Vicioso, Luis Alfredo Torres, Lupo Hernández Rueda, Abel Fernández Mejía y al decano de nuestros poetas vivos, el muy querido Víctor Villegas, autores y obras alcanzan niveles de excelencia en el género.

Para los años cincuenta se dan a conocer  Marcio Veloz Maggiolo, poeta, narrador y ensayista de sobresaliente calidad, al igual que Juan Sánchez Lamouth.

La caída de la dictadura de Trujillo permitió la eclosión de poetas que incorporaron los vientos libertarios que refrescaron una atmósfera opresiva y ominosa. La Generación del ´60 trajo a Jeannette Miller, quien ha destacado por igual últimamente como narradora de grandes dotes, al excepcional Miguel Alfonseca, tal vez el autor más admirado por mí, René del Risco Bermúdez, Juan José Ayuso, al épico Ramón Francisco, al que recuerdo leyendo-cantando-encantándonos su extraordinario poema coralLa Patria Montonera en uno de los tantos recitales poéticos de los años ´70; Norberto James Rawlings, Enriquillo Sánchez, Antonio Lockward Artiles, entre muchos otros escritores.

La accidentada situación política del país post-Trujillo que incluye el golpe de Estado al gobierno constitucional de nuestro cuentista mayor, Juan Bosch; el infausto levantamiento guerrillero de Las Manaclas que facilitó eliminar físicamente el prometedor liderazgo de Manuel Aurelio Tavárez Justo; el corrupto régimen del Triunvirato y la conspiración cívico-militar que desencadenó la Guerra de Abril del 1965 y la segunda intervención militar norteamericana en el país, así como  los odios y resentimientos que nos sumergieron posteriormente en una espiral de crímenes, atracos, torturas, secuestros, tiroteos, terrorismo, abusos de poder y conatos guerrilleros, con sus consecuencias de dolor, pérdidas humanas, traumas, etc., corrió paralela a la irrupción de una poesía política, instrumentalizada la más de las veces por el extremismo totalitario de las agrupaciones comunistas locales y con un tono estalinista.

Así salió a la luz el grupo de poetas de post-guerra, cuyos autores de mayor relevancia han sido el brillante y versátil Alexis Gómez Rosa, Enrique Eusebio, Mateo Morrison, Soledad Álvarez, José Molinaza, Rafael Abréu Mejía, Andrés L. Mateo, Tony Raful, Pedro Caro, Federico Jóvine Bermúdez, etc., y cuyas mejores obras han trascendido aquellos poemas de circunstancia, recargados de pólvoras, premoniciones totalitarias y regusto por la sangre y se han hecho, en base a trabajo, pasión, dedicación y talento un espacio señero en nuestras letras.

La década del ´70 vio la emersión de poetas que empezaron a decantarse de la poesía política para indagar en la poesía como expresión lúdica, filosófica,  artística y humana. Autores como Pedro Pablo Fernández, José Enrique García, Cayo Claudio Espinal, Aquiles Julián, Raúl Bartolomé, René Rodríguez Soriano, Miguel Aníbal Perdomo, Juan Freddy Armando, Manuel Núñez, Diómedes Núñez Polanco, Luis Manuel Ledesma, Juan Carlos Mieses, Julio Cuevas, Abil Peralta Agüero, Apolinar Nuñez, Radhamés Reyes Vásquez, Denis Mota, Rafael Peralta Romero, Federico Sánchez, Cándido Gerón, entre otros poetas de la Generación de los ´70,  abrevaron en las fuentes de la poesía contemporánea y la universal, e incorporaron temas, formas, estilos y recursos que enriquecieron la poesía.

Para la época, los poetas Manuel Rueda y Lupo Hernández Rueda, con el patrocinio de la Universidad Católica Madre y Maestra, acometieron la Antología Panorámica de la Poesía Dominicana, un trabajo de soberbia factura, que quedó trunco.

La salida del poder del presidente Joaquín Balaguer en 1978 dejó sin tema y sin razón de ser a la poesía de circunstancia. Y produjo una renovación de la poesía que esta vez, con el auspicio del poeta Mateo Morrison, tuvo como epicentro el Taller Literario César Vallejo, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD.

Allí, sobre todo allí, emergió la Generación del ´80. Autores que ya tienen justo renombre ganado en nuestras letras como José Mármol, Víctor Bidó, Manuel García Cartagena, Médar Serrata, César Zapata, Basilio Belliard, José Alejandro Peña, Dionisio de Jesús, Tomás Castro, Juan Manuel Sepúlveda, Miguel de Mena, Adrián Javier, Sally Rodríguez, Sabrina Román, Pedro Ovalles, Mayra Alemán, León Félix Batista, Miriam Ventura, Dulce Ureña, Carmen Sánchez, Ángela Hernández, Plinio Chahín, Marta Rivera, Aurora Arias, Irene Santos, Marianela Medrano, Pedro Antonio Valdez, Carmen Imbert Brugal, Chiqui Vicioso, José Acosta, Frank Martínez, Leopoldo Minaya, Nan Chevalier, Rannel Báez, Ylonka Nacidit-Perdomo, Homero Pumarol, Armando Almánzar Botello, Alejandro Santana, Rafael Hilario Medina, Manuel Llibre, César Sánchez Beras, Eloy Alberto Tejera, Jorge Piña, etc., aportaron a nuestra poesía y, en general, a la literatura dominicana, una vocación enriquecida en selectas lecturas, en un coloquio en ocasiones apasionado, sobre la poesía; una práctica del verso que les ha ganado un espacio de singular reconocimiento en nuestras letras.

Y ya podemos ver los atisbos de una Generación del 2000 que, con las ventajas que se derivan del fomento de la literatura mediante talleres, conferencias, actividades como La Feria del Libro y el Encuentro Internacional de Poesía de Santo Domingo, etc., promovidos por el Ministerio de Cultura,  los libros digitales, la Internet y una mayor exposición pública del país, una mayor presencia y un mayor reconocimiento internacional, están haciendo auspiciosos pininos en nuestras letras, sobresaliendo ya algunos nombres como Elsa Báez, Isis Aquino, Rita Indiana Hernández, Patricia Minalla, Valentín Amaro, Taty Hernández, Osiris Vallejo, Jael Uribe, Hermes de Paula, Alexei Tellerías, Rey Pérez, etc

José Alejandro Peña, como hicimos ver en esta rápida panorámica por nuestra poesía, no exclusiva, faltan muchos otros, pertenece a la Generación de los Ochenta.

Y dentro de su Generación ha sido un singular apasionado por la poesía, no sólo como autor, también como promotor incansable, editor y lector voraz.

En su poesía emergen sus lecturas: rinde homenaje a autores que impactaron su vida y dejaron su huella en su sensibilidad.

No se escribe y se aporta a partir de cero. Hay que abrevar en las fuentes tanto de la poesía contemporánea como en la poesía sin apellidos, la universal: aquellas obras que han sentado hitos, que han aportado y que son referentes del quehacer poético. Hay que elegir, en ciertos sentidos, los intertextos de nuestros versos, las voces que resonarán en nuestra voz.

Eso lo sabe José Alejandro Peña y de ahí su pasión por autores y su afán de compartir y dar a conocer versos, autores, obras. Ha sido un gestor entusiasta y persistente, que asume la divulgación de la poesía, el acercar personas a ella, el compartir poetas y poemas, como un apostolado que lo honra y distingue.

Tiene un corazón generoso, apasionado por el quehacer poético, entusiasta y desbordante de nuevos proyectos, ideas e iniciativas. Y sin dudas, es el más importante promotor y divulgador literario de su generación y uno de los principales de nuestra literatura. Pocas personas se acercan o igualan su afanoso trajinar por divulgar y expandir la lectoría de la poesía.

Lo conozco desde aquellos años primerizos y siempre ha sido un escritor a tomar en cuenta. Hace más de una década partió, como muchos otros, a los Estados Unidos. Y allí ha proseguido, en un mejor entorno, su labor misionera de promoción y difusión de la poesía.

Por eso, al incorporarlo a nuestra colección, me siento más que orgulloso de saber que la gran tradición poética dominicana tiene en él a un gran continuador de quien esperamos mucho. Y sé que él, talentoso, no nos desfraudará.

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Acerca de Aquiles Julián

El Seibo, República Dominicana, 1953. Escritor, empresario de i-comercio, cineasta, teatrista y articulista. Ganador de premios en los géneros cuento, poesía, teatro en distintos concursos, entre ellos Casa de Teatro en dos ocasiones y la Universidad Central del Este, UCE. Director creativo y publicista del 1980 al 1993 de importantes agencias publicitarias, en 1993 fundó Maxiventas, S.A., ...