Real Madrid 2 – 0 Sevilla: A la final

Tanto hace que el Madrid no se veía por estos lares que ya poco importa que se trate de una competición de rango menor, según el punto de vista de los últimos entrenadores que han pisado el banquillo de Chamartín, porque el resolver esa afrenta con la historia y el poder hacerlo contra el Barcelona le da un brillo y un glamour a esta final de Copa que nadie le intuía cuando comenzó la competición.

Y no fue sencillo, porque el Sevilla planteó un partido correoso, áspero, táctico hasta lo enfermizo, dejando el partido muerto durante 69 minutos, ya que la intención de Manzano era clara, llegar a los últimos minutos con opciones, y a fe que lo consiguió.

Aunque en ello también colaboró el Real Madrid, que con Xabi Alonso cortocircuitado por Kanouté, no era capaz de llevar el balón limpio a los tres cuartos del campo sevillista y cuando lo conseguía el cansancio físico de Di María, el mental de Cristiano Ronaldo y la dicotomía existencial de Benzemá (genio y torpe) convertían ocasiones claras en meras aproximaciones sin historia.

Ello hizo que el partido fuera lento, pausado, repleto de calma futbolística, que no de intensidad, y en esas circunstancias apareció, como lleva apareciendo las últimas semanas, un jugador diferente, todo talento, sublime en el toque y elegante en la transición, Özil que en los primeros meses corría detrás de Ronaldo y Di María, pero que ahora ha sabido aprovechar el cansancio de estos para crecer como futbolista y enseñarnos como se juega a esto del fútbol, en una metamorfosis similar a la que ha experimentado Khedira, en otro estilo, pero en las mismas circunstancias.

De la mano de Özil el Madrid trenzó las mejores jugadas y gozó de buenas ocasiones, desperdiciadas casi todas por la versión mala de Benzemá y algunas por Ronaldo, a pase de la versión buena de Benzemá, unas ocasiones que pudieron haber sentenciado la eliminatoria, pero que al fallarse despertaron la ira silenciosa del Bernabeu (sólo el silencio acusador de una esposa enfadada puede ser tan cruel).

Un silencio que se fue mitigando a medida que el Sevilla sacaba delanteros, a partir del minuto 69, como si fuera un plan preestablecido, el Madrid se encontraba con espacios a la contra, y el gol era cuestión de tiempo. Tuvo que ser en el 81, Khedira filtró un pase de calidad al espacio que Özil convirtió en una obra de arte en forma de gol.

A partir de ahí tiempo para la fiesta, el Madrid volvía a una final de Copa y podría tomarse revancha del Barcelona, el Sevilla era incapaz de crear peligro, y Adebayor enseñó con su gol a Benzemá como debe de marcar un delantero centro.

En definitiva, el 20 de abril, en plena Semana Santa, justo después del derbi liguero, tendremos una final que pocos recuerdan en Copa, un Real Madrid-Barcelona, una final soñada por todos y que dejará muy hundido al que pierda para el último tramo de la liga. ¡Una final apasionante!

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Acerca de Ruben Sancho

Escritor salmantino, hotelero de profesión, economista de formación y soñador de ideología. Redactor Jefe de El Librepensador, Subdirector de Letras, y autor de la colección de relatos "Un lugar llamado Fracaso"(Bubok, 2009).