El drama del paro juvenil

La crisis en la que estamos inmersos de pleno se está cebando especialmente con los jóvenes. El paro juvenil en Europa alcanza el 21% de la población activa. En nuestro país la cifra se duplica hasta alcanzar el 43,6%, es decir un 22% más que la media europea. La cifra es estremecedora: uno de cada dos jóvenes españoles está en paro. Los jóvenes son el colectivo social más vulnerable a los despidos y las características más destacables de las condiciones que les ofrece el mercado, a aquéllos que consiguen un puesto de trabajo, son la temporalidad, la precariedad y los bajos salarios.

En este contexto, los agentes sociales deberían tomar cartas en el asunto urgentemente. El tiempo apremia ya que los contratos de prácticas y de formación para jóvenes son herramientas que se han revelado ineficaces.

Tan desesperados dicen que están nuestros gobernantes que hasta el jefe de Ejecutivo reconoce en una sesión de control al Gobierno de este año, “es y va ser durante algún tiempo el principal problema de nuestro país”.

En mi opinión, el sendero elegido para intentar deshacer este drama del paro juvenil con carácter definitivo, modificando programas, ofreciendo incentivos y bonificaciones directamente destinadas al empleo juvenil y la formación, nos seguirá conduciendo al fracaso nuevamente. Es más de lo mismo. Cambiar todo para dejar todo como estaba. Pero lo grave de resignarse no solucionará el problema del 43,6% de los menores de 25 años (909.000 jóvenes) que no encuentran trabajo y que ya vamos camino del millón.

En este sentido, me parece relevante que podamos incorporar a nuestro ordenamiento experiencias europeas que están teniendo éxito en el empleo juvenil. Me refiero al caso alemán. La tasa de paro juvenil en Alemania es del 10% frente al 43% de España. Una vez terminados sus estudios, los jóvenes se integran en las empresas como aprendices durante un período de entre dos y tres años y medio. En este tiempo simultanean el trabajo con el acceso a una escuela de formación profesional para perfeccionar sus estudios y conocimientos.

La ligazón de la formación y el empleo es, sin duda, la clave. Pero no cualquier tipo de formación. A menudo se imparten cursos de formación que poco o nada tienen que ver con los yacimientos de empleo. No se trata de gastar como se ha hecho y ocasionar un derroche impresionante de recursos, se requiere una formación de calidad vinculada a las necesidades del mercado laboral. Entiendo que de no elegir está vía seguiremos muchos más años con el mismo problema en nuestra nación.

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Acerca de Pablo Ansede Espiñeira

Licenciado en Ciencias del Trabajo con matricula de honor, Grado en Recursos Humanos y Relaciones Laborales matricula de honor TFG y estudió las Diplomaturas en Relaciones Laborales, Ciencias Empresariales y Graduado Social. Ha realizado diversas publicaciones la más conocida "El futuro después de la crisis", recientemente "Zapatero, la tormenta perfecta" de la Editorial Circulo Rojo.

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