Peatones y ciclistas

Tengo coche. Lo uso cuando es necesario, tras aquilatar la ocasión. Siempre que es posible utilizó los transportes colectivos, tanto urbanos como interurbanos. Por economía, por comodidad, por coherencia y por respeto al medio ambiente.

Tengo bicicleta. La uso poco porque en la ciudad me desplazo andando o en autobús cuando el tiempo no es propicio para pedalear y corre uno el riesgo de ser arrastrado por el cierzo hasta latitudes infinitas que suelen terminar en el suelo. Estamos hablando de Zaragoza.

Cuando salgo con la bicicleta utilizo los carriles adecuados o la calzada. No me gusta transitar por las aceras. Si soy peatón, me disgusta tener que sortear a los ciclistas. La normativa municipal que permite el uso de aceras de más de 4 m de altura anchura, prescribe igualmente que la velocidad de tránsito ha de ser como máximo el doble de la del paso de una persona adulta, 10 km/h. Ningún ciclista la cumple y en muchas ocasiones ponen en riesgo tanto a sus personas como a los peatones que indudablemente tiene la prioridad.

Hace muy pocos días se ha desatado en esta urbe –anteriormente ocurrió en otras ciudades, por ejemplo en Sevilla–una polémica al respecto. El tribunal superior de justicia de Aragón decretó el 28 febrero la nulidad de las disposiciones municipales que permitían la utilización de las aceras por los ciclistas. El ayuntamiento ha decidido contravenir el reglamento de circulación que rige en todo el Estado, y piensa elevar su reclamación al tribunal supremo. Veremos en qué queda la trifulca legal.

Lo que me parece claro como peatón y como ciclista urbano –dejé el cicloturismo hace algunos años, tras el grave accidente mortal de unos colegas del que fui testigo– es que las bicicletas son para la calzada. Bien sea por los itinerarios periféricos de los barrios nuevos o por las avenidas amplias de la ciudad donde está trazado el carril bici, como en las zonas del casco antiguo donde no es posible establecerlo, las bicicletas tienen su rumbo definido. Las ventajas de este proceder son para todos, incluidos los propios ciclistas.

Hay quien aboga por la seguridad, pero la consideración global determina que es mayor la seguridad de las calzadas preparadas para el rodaje de cualquier vehículo. Los peatones estarán más seguros sin ciclistas por las aceras. Y llega el punto filipino: ¿qué ocurre con los automovilistas? ¿No son los ciclistas un obstáculo para la circulación? Pues no. Son un beneficio. Si la calle es de todos –dicho sin sentido político partidista– habrá que compartir la calzada entre todos los vehículos rodantes. Evidentemente los automovilistas tendrán que aumentar su atención y respetar el tránsito de los ciclistas. Igualmente, en muchos casos, habrán de disminuir su velocidad, lo cual redundará en mayor seguridad para ellos mismos, para los peatones que cruzan indebidamente la calzada por lugares no señalados (los pasos de cebra) y evidentemente también para los ciclistas, que no correrán el riesgo de verse embestidos, amenazados o arrinconados por la prepotencia de algunos automovilistas.
De modo que doy mi voto particular, como automovilista, peatón y ciclista, a la disposición general antes aludida y rechazo la normativa municipal de Zaragoza, y de cuantas ciudades autorizan el tránsito de las bicicletas por las aceras, no sólo por contravenir normas superiores, sino por oponerse a la lógica y a la convivencia.

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Acerca de Francisco Javier Aguirre

(Logroño, La Rioja, 1945). Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Pertenece al Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios del Estado. Fue director-gerente de Ediciones Albia (grupo Espasa-Calpe), en Madrid; y director de la Biblioteca Pública del Estado y del Archivo Histórico Provincial en Teruel . En la misma ciudad desempeñó ...

3 respuestas

  1. Estoy de acuerdo respecto a la, podemos decirlo así, filosofía de fondo. Ésta creo que es: el peatón ha de ser protegido por encima de cualquier circunstancia. Sin embargo, obligar a todos los ciclistas (también a los que aún no se mueven con seguridad) a circular por la calzada eleva el peligro para ellos en mucha mayor medida. Quiero decir, mientras los peatones pueden sufrir algún golpe, caída, o cierta incomodidad por la presencia cercana de bicis por la acera, lo que pueden sufrir los ciclistas por la calzada es sencillamente la muerte (desgraciadamente parece que tú has sido testigo de una).
    Así pues, estoy por la convivencia de vehículos. La mejor sería la de todos los vehículos rodados por la calzada, pero mientras siga ocurriendo que los coches circulen a grandes velocidades por las calles de las ciudades pudiendo provocar la muerte de los que utilizan vehículos “más frágiles”, entiendo que haya ciclistas que prefieran por su seguridad circular por las aceras. Lo que sí hay que asegurar es que estos ciclistas lo hagan adaptándose a la velocidad de los peatones.
    Gracias. Un saludo desde el sur (Córdoba)

  2. Hay aceras y aceras, y formas y formas de montar. La calzada es mas rápida cómoda y segura a un ritmo muy alto, pero para quien no quiera, o no pueda, mantener ese ritmo, una acera ancha y no saturada de tráfico peatonal es mucho más segura. Obviamente hay que montar con dos dedos de frente y no avasallar al peatón ocasional, porque efectivamente él tiene preferencia.

    Circular en bici es tan sencillo como tener claras las prioridades o preferencias de paso, y a partir de ahí la burocracia se vuelve superflua.

  3. Una opinión muy veraz. Yo he pasado unos meses estudiando alemán en Berlín, una ciudad donde el ciclista tiene bastante ganado, y me consta que la irresponsabilidad se extiende ante la sensación de seguridad. Yo defiendo el uso de este medio limpio pero creo que es una temeridad que se circule sin casco e incluso sin luces por la noche como he visto en esta ciudad por un exceso de confianza. Todos debemos ser responsables y conscientes de los vehículos que utilizamos y los límites. Yo aquí apenas uso la bici en carretera, sólo en el campo. Para moverme estoy adscrito al ride-sharing (www.blablacar.es), algo que se usaba mucho en Alemania, y creo que aporta una buena solución para despejar las ciudades y dejar así más espacio para compartir con otros medios. En definitiva, insisto en la importancia de ser racionales y responsables con los usos de los espacios públicos, se use el vehículo que se use, y no caer en la prepotencia para evitar chocar con la libertad de los demás. Gracias.

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