La música clásica afecta a los trasplantes de corazón

En experimentos con ratones, el doctor Masateru Uchiyama, residente en el Hospital Universitario Jutendo en Tokio, investigó las consecuencias de exponer a éstos una semana escuchando continuamente piezas como “La Traviata”, de Verdi, piezas de Mozart, canciones de la irlandesa Enya y otra serie de piezas musicales monótonas. Tras la operación, de la cual se esperaba un alto índice de rechazo, los resultados fueron sorprendentes. Los ratones expuestos a las piezas de ópera vivieron más que todos los demás con una media de 26 días, en comparación con los 20 días que sobrevivieron aquéllos que habían sido expuestos a los conciertos de Mozart, los 11 días que sobrevivieron los expuestos a las canciones de Enya y los 7 días del grupo que fue expuesto a las piezas musicales monótonas.

Los investigadores también sometieron a un grupo de ratones sordos a “La Traviata” para cotejar los resultados, y éstos no sobrevivieron más de 7 días, lo que ratificó que el efecto beneficioso de la música radicaba en ser escuchada y no en otros factores como la vibración de las ondas musicales, entre otras. Los análisis de sangre practicados al primer y segundo grupo de control reveló que había una menor concentración de interleucina-2 y gamma-interferona (ambas substancias inflamatorias) y una mayor concentración de interleucinas del tipo 4 y 10, substancias que actúan como antiinflamatorios.

El equipo de Uchiyama quiere extrapolar los resultados a humanos, ya que en el año 2003 se demostró que la terapia con música mejoró notoriamente el dolor y las náuseas en pacientes que habían sido sometidos a trasplantes de médula ósea. Por otra parte, John Sloboda, profesor de Psicología en la Universidad de Keele, se muestra escéptico ante esta serie de resultados. Según sus palabras, “pienso que es peligroso limitar este estudio a una sola obra de Verdi o Mozart”, y añadió “el efecto observado puede ser resultado de una única pieza, no del cómputo global de música clásica, mas no sabemos a ciencia cierta si es un efecto de las piezas en sí, el volumen de la grabación, etc., por lo que es arriesgado aventurarse a afirmar que la música clásica -en general- produzca este efecto inmunosupresorio observado en el experimento de Uchiyama”.

* Más información en The New Scientist.

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Acerca de Sebastián Agulló

Matemático y filósofo de día. De noche, aficionado a la Lingüística y la Física Teórica. Desde 06/04/1983 buscando algo más que una respuesta: estoy buscando “La Pregunta”. Muy crítico y poco sutil; no del todo mala gente. Y es que nadie es perfecto.

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