Incertidumbre para la ciencia

En España, en los últimos tres años, los presupuestos dirigidos a la ciencia e investigación, que sirven como termómetro para medir el grado de desarrollo de un país, han caído un 30%. Algunos expertos advierten del desastre, los más pesimistas resoplan y aseguran que el mal ya está hecho.

Hasta el año 2008, España había aumentado sus recursos en ciencia e investigación, desarrollo e innovación. A pesar de ello, no se llegó al 2% del PIB que se había marcado como objetivo. No obstante, de los 100 científicos más citados del mundo, 24 son españoles. Y centros de excelencia como el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), el Centro de Regulación Genómica (CRG) o el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) están situados entre los 30 mejores del mundo. Si el premio Nobel de medicina, Santiago Ramón y Cajal, pudiera ver el lento pero buen recorrido de la ciencia española, es muy posible que, además de sorpresa, sonriera.

Hay tantas perspectivas de la situación como casos personales que sirven para ilustrar la complicada situación en la que se encuentra el futuro de la investigación en este país. Es el caso de Rafael Pulido. Este investigador, que lleva más de una década volcado en la enfermedad del cáncer de mama asociado a las enfermedades hereditarias, ha decido marcharse fuera de España, y tacha la situación de “dramática”, además “de tener la moral por los suelos”, aunque lo que más teme es perder el material con el que ha estado trabajando si no se reincorpora antes de seis meses.

Al otro lado del espectro que mide el pulso, el ánimo, las perspectivas de la ciencia en el campo de la investigación de aquí a unos años, están los que creen que todavía se puede aguantar, y que hay posibilidad de maniobra. Es el caso de Susana Rodríguez, premio a la Mejor Bioquímica menor de 40 años de la Sociedad Española de Biología. “Aunque he llorado por los despidos, no pierdo la ilusión de competir científicamente en este país”, dice esta superviviente del Centro de Investigaciones Príncipe Felipe, de Valencia, que ha visto cómo el presupuesto ha bajado de 9 a 4,4% millones de euros.

Se puede ser optimista como Susana, pero lo cierto es que estos recortes afectan a los a los jóvenes que empiezan, a los que acaban las prácticas, y a aquellos que llevan años sumergidos en su investigación. Aunque duela, existe la llamada fuga de cerebros. Si no hay perspectivas, aquellos que pueden y tienen posibilidades, y ganas de irse fuera, lo hacen. Es el caso de Ester Artells. En unas declaraciones al diario El País, comunicaba que “a los diez días de llegar a Marsella ya estaba trabajando, y pude elegir entre tres ofertas”.

Hay casos en los que el empeño y la necesidad se convierten en acto de justicia. Ahí está la madre de una joven diabética que consiguió, a través de una colecta popular, 7.000 euros para que se readmitiera a la investigadora que trabajaba para sintetizar la insulina, y en la que muchos padres tenían puestas todas las esperanzas. Hay otros casos no menos llamativos, como el de Consuelo Guerri, jefa del Laboratorio de Patología Celular, que en un acto de altruismo donó los 25.000 euros que había ganado en un premio de investigación para que los becarios del laboratorio pudieran seguir investigando.

Esto da una idea de cómo está el panorama en el ámbito de la investigación y la ciencia en España. Aunque las buenas intenciones sean plausibles, es inviable que un sistema pueda sostenerse con este tipo de gestos y proezas. El apoyo estatal es imprescindible, aunque no por ello se deben dejar de contemplar alternativas como las fundaciones y el apoyo de proyectos con capital privado. Sin olvidar propuestas como la surgida en la red, avalada con más de 291.000 firmas, que se ha propuesto incluir una casilla en la declaración de la renta para destinar el 0,7% del IRPF –impuesto sobre la renta de las personas físicas – a la ciencia. El futuro la ciencia y de la investigación depende de ello.

David García Martín
Periodista

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Una respuesta

  1. Podríais por favor darme la referencia de donde sacáis que 24 de los 100 científicos más citados del mundo son españoles? Me parece que puede ser un error, la verdad…

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