La importancia de los recursos humanos en educación

Los dilemas del inquietante y a la vez preocupante problema de la educación española viene de lejos ya, con una trayectoria bien definida surcada por un efecto de educodegeneración progresivo, agravado con el tiempo y más en los tiempos de la burbuja inmobiliaria. Hay muchos modelos educativos posibles pero la imaginación es cortada por un paradigma inalienable de la búsqueda de la excelencia a través del gasto en recursos físicos tales como ordenadores, mejores instalaciones, etc. El gasto y la mejora en los recursos humanos se ha soslayado de una forma inentendible a la par que la cultura popular ha ido degradando poco a poco la figura del profesor. Ahora la formación de profesores, es decir, los estudios de magisterios se consideran como carreras maría, de las fáciles para los que quieren títulos y no han descubiertos en ellos ninguna capacidad o habilidad, cuando no pasión digna de prestar atención.

Lo último expuesto da a entender un descuido en la formación de los profesores, los cuales son numerosos por las tantas plazas que se ofertan y los cuales son, por la condición de mediocridad atribuía a la carrera, poco considerados, como titulados de segunda. Su trabajo, por la misma vía, se ve también de segunda. En verdad, estoy de acuerdo, tenemos unos recursos humanos de segunda (con excepciones por supuesto, hablo de generalidades y sobre todo centrándome en las últimas generaciones de profesores). Me acuerdo de un reportaje a la educación finlandesa, la mejor posicionada del mundo, y uno de los puntos más destacados es la figura del profesor como una figura respetable ante toda la sociedad por su labor y conocimiento. Es como un ilustrado en el siglo XVIII. Los profesores han de pasar serias pruebas de aptitud con notas de corte rozando el sobresaliente para conseguir su puesto. Obviamente, de momento, se convierten en profesores de excelencia. Claro que estoy no es la solución absoluta a todos los problemas ni mucho menos pero es un paso. Si queremos retornar la figura del profesor al antiguo estatus de éste ha de estar la solución en la excusividad y en la valoración del esfuerzo realizado, así como de la recompensa, es decir, su retribución. La última sólo ha de ser superior en tanto la exigencia sea mayor a la actual. Siendo así, los profesores pasarán a ser los señores profesores.

Bien, lo dicho. En España se ha invertido una ingente cantidad de recursos para conseguir disfrutar de las TICs en todas las aulas de clases como herramientas de alta tecnología cuyos resultados, y lo siento por la conclusión, son pésimos. Las herramientas, por muy avanzadas que sean, sino se saben usar ni hay predisposición a hacer buen uso de ellas, su efecto será nulo. Se ha criticado la poca familiarización de los profesores con estas herramientas tecnológicas pero también, aunque menos, la poca importancia de su uso comparado con el método tradicional del binomio clásico del libro-libreta. Por otro lado se encuentran el estatus de las instalaciones y creo que, aquí, todos convendremos en la necesidad del buen estado de todas y cada una de ellas pero también en que poseer un supergimnasio y pistas olímpicas no mejora el desempeño en la educación física, tampoco en que por tener una biblioteca de 2.000m2 se consiga que todos los niños se pasen las tardes rodeados de los letrados amigos de los estantes. Se atisba, casi con total seguridad, que el problema, una vez llegado a un mínimo de instalaciones y de calidad en éstas ya no reside en el más es mejor, sino en el mejor es mejor dentro de los profesores y otro personal.

Los modelos asiáticos de educación son a imagen y semejanza de los trabajos de los asiáticos, esto es, la vida para el trabajo. Los horarios son abusivos y las vacaciones cortas, muy cortas. En Estados Unidos se tienen 180 días de clase mientras que en Corea del Sur 220 y en Japón, aun más, asciende la cifra a los 243 días lectivos. La exigencia de la educación, sobre todo memorística, en estos países es tremenda y se ha comprobado que los chavales de estos países obtienen puntuaciones más altas en los tests de cociente intelectual. Claro está que la educación intensiva y extensiva es un factor decisivo. Pero no estoy alabando el más es mejor porque en Finlandia y otros países nórdicos las vacaciones son europeas y las horas lectivas son hasta más cortas que en España por ejemplo. Pero el alumno finlandés es, por definición, lo que en España se considera un empollón. Y no es la excepción, la normalidad finlandesa es modelo de empollón en España y el clásico estudiante español es la excepción en el país nórdico. El estudiante finlandés, fuera de clase, toca actividades intelectuales como la lectura, la música, etc. El estudiante español busca la juega día y noche. Eso no significa que no quieran la juerga en Finlandia pero no es el único ocio del mundo como quiero resaltar. Si querer, entonces, el estudiante finlandés estudia fuera de clase en su tiempo libre. Si en los países asiáticos el rendimiento es por opresión del sistema educativo, en los países nórdicos es por valores, la valoración del conocimiento, la cultura y la preparación.

En términos económicos estoy de acuerdo en que la educación ha de constar de una parte sustanciosa de los presupuestos del Estado pero tal inversión se ha de dirigir bien, no a la ampliación de medios técnicos sino, en preferencia, a los recursos humanos y a los espacios de estudio como las bibliotecas y algunos recursos educativos paralelos como el cine, talleres varios y foros. Algo que llame a la implicación de los alumnos en el aprendizaje ampliando las horas de estudio en el ocio y constando, para el alumno, como ocio. El tema de los profesores, como abordé con antelación, se resume en su formación más exigente y su retribución acorde a las dificultades de su formación y adquisición del puesto. Si buscamos la educación de la excelencia no basta con invertir más así como así, hay que invertir en los puntos claves, cuando éstos sean cubiertos entonces pensaremos en medios nuevos, técnicos, los cuales, por cierto, se usarán más eficientemente. En última instancia vale la pena nombrar que la disciplina, por medio de un protocolo de interacción dentro de los centros educativos, es crucial para la adquisición de valores por los alumnos y para mantener un orden indispensable para los objetivos educativos, tanto objetivos como subjetivos, tanto debidos a los elementos tangibles como intangibles.

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Acerca de David Donaire Jaramillo

Estudiante apasionado del conocimiento y muy curioso; bloggero muy activo, autor de http://daviddonaireblog.wordpress.com/ y Conmocion-social.blogspot.com