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Política

En busca de la democracia

Última actualización: 31/12/2012 17:49
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Porjoselopezsanchez
José López es un ciudadano normal, que trabaja y que tiene las mismas preocupaciones y problemas que la mayoría de sus conciudadanos. Empezó a escribir tras...
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En busca de la democracia

La solución es la democracia real, la cual sólo puede venir de abajo.

1)    Un gobierno que actúa contra el pueblo es ilegítimo

Un gobierno que no es elegido por el pueblo es siempre ilegítimo. Pero un gobierno que es elegido por el pueblo para, una vez alcanzado el poder, hacer lo contrario de lo prometido, es también ilegítimo. El hecho de haber ganado unas elecciones no le da derecho a hacer lo que le da la gana, no le da derecho a darle la espalda al electorado que le votó. El pueblo, en estas condiciones, tiene perfecto derecho a exigir su dimisión. El pueblo tiene derecho a que sus gobiernos gobiernen de acuerdo con el mandato popular. Á‰sta es la esencia de la democracia, de la soberanía popular. Hay que cambiar este sistema que permite que los gobiernos, aun siendo elegidos por el pueblo, actúen en su contra sistemáticamente.

2)    No tenemos una democracia real

La democracia no consiste sólo en elegir a nuestros gobiernos. De nada sirve elegirlos si luego no cumplen sus compromisos electorales. Un gobierno democrático debe gobernar de acuerdo con el interés general, debe responder ante el pueblo. No se trata de elegir a nuestros dictadores cada X años. Actualmente, a la hora de votar, no tenemos mucho donde elegir, casi no podemos escuchar a otras formaciones políticas, pues las mayoritarias acaparan los grandes medios de comunicación, apenas nos explican los programas electorales, nuestros votos no valen igual dependiendo de a qué partido se vote y desde qué lugar se haga. Por si todo lo anterior fuera poco, nuestros votos son simplemente cheques en blanco. El pueblo no tiene aún realmente el poder. Por esto los ciudadanos de a pie nos sentimos impotentes. No nos representan. Nosotros les votamos pero ellos actúan contra nosotros, representan los intereses de ciertas élites. La democracia es el gobierno de la mayoría respetando a las minorías, los derechos humanos de todos los individuos. ¿Dónde está el gobierno de la mayoría? Lo llaman democracia y no lo es. Esta “democracia” es una estafa.

3)    Hay alternativas

Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad decía el ministro de propaganda de la Alemania nazi. A base de repetirnos machaconamente en los grandes medios de comunicación (controlados por personas con mucho dinero o por políticos a su servicio) que no hay alternativas, mucha gente se cree esta mentira. El pensamiento único es un claro síntoma de que vivimos en un sistema alejado de la auténtica democracia. Como comprobamos cualquiera de nosotros en nuestras experiencias vitales cotidianas, casi siempre hay alguna alternativa. Basta con acceder a otra prensa, disponible en Internet, para descubrir que existen alternativas, no sólo para salir de cualquier crisis, sino que también para construir una sociedad distinta, más justa, más libre, más racional. Sin embargo, mientras no tengamos un sistema realmente democrático, en el cual exista una verdadera libertad de prensa, en el cual toda la prensa sea independiente, informe y no manipule, dichas alternativas no podrán ser conocidas por la mayoría de la población. Por ahora, sólo quienes tienen acceso a Internet y conocen ciertas páginas, quienes con su iniciativa se atreven a investigar, quienes tienen una rebeldía innata, pueden liberarse del pensamiento único.  La igualdad de oportunidades, entre las ideas, entre las personas, es el ADN de la democracia. En la vida en sociedad la libertad no es posible sin la igualdad en las relaciones sociales. Cuando todas las ideas tengan las mismas opciones de ser conocidas, cuestionadas, probadas, es cuando realmente podremos resolver los grandes problemas crónicos de nuestra sociedad.

4)    Otro sistema es posible

Debemos cambiar el sistema político para que los gobiernos gobiernen de manera diferente, para que estén obligados a gobernar de acuerdo con el interés general, para que respondan ante el pueblo. De un sistema podrido es muy difícil que surjan gobiernos que no lo estén. La democracia representativa puede mejorar mucho si, entre otras cosas, tenemos una ley electoral donde todos los votos valgan igual, si los programas electorales son de obligado cumplimiento (mandato imperativo), si los gobiernos pueden ser expulsados inmediatamente del poder si el pueblo así lo desea (revocabilidad), si hay referendos frecuentes y vinculantes, si los poderes son independientes entre sí (sobre todo respecto del poder económico). No podemos esperar que un partido político financiado por la gran banca o por el gran capital gobierne para favorecer al pueblo, gobernará siempre para quienes le financian. Además de todo esto, la democracia (realmente) representativa debe complementarse con la democracia directa, la cual hay que priorizar siempre que sea factible. Asimismo, hay que exportar la metodología democrática a la economía, al centro de gravedad de la sociedad. Nuestra actual democracia puede y debe ser regenerada. Y esto se hace a través de un proceso constituyente en el que el pueblo toma la iniciativa para construir una nueva Constitución. El pueblo tiene derecho a elegir su régimen político. La transición a la nueva democracia debe hacerse con la máxima participación popular posible. No habrá democracia real sin una transición real.

5)    El pueblo debe luchar

No podemos esperar ingenuamente que los mismos que nos están hundiendo nos salven. La democracia real no vendrá de arriba. Las élites que nos gobiernan necesitan evitarla. Quienes se enriquecen a nuestra costa no quieren la democracia, no desean la igualdad. Necesitan que nos creamos que tenemos una democracia para que su dictadura camuflada continúe. Nos usan como marionetas para hacer con nosotros lo que quieren. Sólo les interesa que votemos para legitimar su dictadura disfrazada de democracia. Los hechos nos están demostrando con contundencia que no tenemos una democracia y que seremos nosotros, los ciudadanos corrientes, el pueblo, quienes deberemos luchar por ella. Ningún derecho ha sido nunca regalado. La libertad nunca es concedida, es conquistada. No sólo debemos luchar para no perder los derechos que tanto costaron lograr en el pasado, debemos luchar también, sobre todo, para que nunca puedan arrebatárnoslos, para no vivir bajo la amenaza permanente de la involución. No sólo debemos luchar para no retroceder sino que también para seguir avanzando. No dejemos que nos distraigan con cortinas de humo. De poco sirve la soberanía nacional si no se ve acompañada de soberanía popular. No perdamos de vista lo esencial. Debemos luchar por la democracia real, por el poder del pueblo. La solución es la democracia. El pueblo debe asumir el protagonismo de su destino. Del pueblo depende. Sólo el pueblo puede salvar al pueblo.

6)    ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros?

En primer lugar, informarnos mejor, practicar el pensamiento libre y crítico. Debemos tener una mentalidad mucho más abierta. Es imprescindible que diversifiquemos nuestras fuentes de información, que contrastemos suficientemente, entre la prensa más conocida y la menos conocida, entre la capitalista y la anticapitalista. Cuanto más contrastemos, mejor. Más Internet y menos televisión. Concienciémonos y concienciemos a nuestro alrededor. A nuestros familiares, a nuestros amigos, a nuestros vecinos, a nuestros compañeros de trabajo,.. El boca a boca, tradicional y digital, es imprescindible. Es posible y necesario un sistema mejor. La clave está en la democracia, en desarrollarla. Salgamos a la calle para intentar cambiar el sistema. Promocionemos libros, artículos, noticias, webs,… Usemos las nuevas tecnologías para propagar ideas alternativas, para romper el nefasto y artificial pensamiento único. Votemos responsablemente, con coherencia, a aquellos partidos políticos que apuesten por hacer cambios profundos, por regenerar la democracia. Demos oportunidad a otras organizaciones. No olvidemos las traiciones. Por lo menos, dejemos de votar a los partidos que sistemáticamente nos toman el pelo. Como mínimo, dejemos de echar más leña al fuego, de realimentar al actual sistema. Hagamos las huelgas, hablemos con nuestros compañeros de trabajo para unirnos. Seamos activos. Entre todos podremos. Es una tarea de todos, menos de un 1%.

El sistema hace al individuo, pero el individuo también contribuye a que el sistema sea de tal o cual manera. Cada uno de nosotros tiene una parte de responsabilidad en la situación general que tenemos. Si queremos cambiar las cosas debemos cambiar radicalmente de actitud. Debemos despojarnos de la comodidad, de la apatía, de la indiferencia, del conformismo, del derrotismo, del miedo, del individualismo, del sectarismo. El sistema lo hacemos entre todos, depende fundamentalmente de la manera de comportarse del conjunto de la ciudadanía. Indudablemente, unos pocos (los políticos, los banqueros, los grandes empresarios) tienen mucho más poder que el resto, pero si el pueblo se une, esas minorías no tienen nada que hacer. Somos muchos más que ellos. El pueblo unido jamás será vencido. Debemos luchar colectivamente, pero también individualmente. Cada uno puede aportar su granito de arena, no debemos eludir nuestra parte de responsabilidad en espera de esa necesaria unidad de acción. Al mismo tiempo que trabajamos por unirnos, por organizarnos, por luchar de manera colectiva, contribuyamos al cambio cada uno de nosotros en el día a día. Cambiar la sociedad requiere un esfuerzo titánico, el cual debe ser distribuido todo lo posible. No se trata de que unos pocos se esfuercen mucho sino de que muchos se esfuercen un poco. Si sólo unos pocos llevan la batuta, tarde o pronto, se agotarán, además de que los excesivos protagonismos personales son siempre peligrosos para la causa democrática. ¡Sí se puede! Otro mundo es posible y necesario. De ti y de mí depende.

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Porjoselopezsanchez
José López es un ciudadano normal, que trabaja y que tiene las mismas preocupaciones y problemas que la mayoría de sus conciudadanos. Empezó a escribir tras observar el famoso incidente del Rey de España en la cumbre iberoamericana de Chile de 2007, tras observar el tratamiento “informativo” del mismo. Harto ya de permanecer impasible, de tragar, de no ver, no pudo evitar abrir los ojos, no pudo evitar “despertar” del largo letargo en el que permanecía sumido. Empezó a escribir como simple ejercicio de poner por escrito lo que estaba viviendo, como si fuera un diario personal de un ciudadano, que por fin “despierta” y quiere dejar constancia por escrito de dicho “despertar”, de lo que observa, de lo que vive. El objetivo inicial era simplemente escribir lo que veía para no olvidarlo, para ordenar sus ideas, para compartir con sus allegados sus impresiones. Pero todo cambió cuando, animado por su esposa, decidió dar el siguiente paso: intentar publicar en la prensa alternativa alguno de sus artículos. No lo intentó en la prensa oficial porque tenía la certeza de que no lo iban a publicar. Cuál fue su sorpresa cuando el primer artículo que envió (aunque no fue el primero que escribió), titulado Los desafíos de la izquierda en el siglo XXI, fue publicado en todas las webs donde decidió enviarlo por correo electrónico. Y no sólo eso, sino que, según parece, por los comentarios que vio, por las opiniones que le expresaron diversos redactores, gustó bastante. Así pues se dio cuenta de que no se le daba del todo mal escribir (en este punto la crítica constructiva de su madre, lectora empedernida y escritora potencial dando sus primeros pasos, fue también decisiva) y de que no sirve de nada escribir si luego nadie le lee a uno (aparte de sus más inmediatos allegados). Se dio cuenta del poder de Internet, de la posibilidad de que un simple ciudadano medio pudiera emitir sus ideas (como si fuera un “mensaje en la botella”) para que otros ciudadanos pudieran leerlas, pudieran opinar sobre ellas, pudieran rebatirlas o criticarlas. José López no es ningún “iluminado” ni ningún “gurú”, ni ningún “experto” en la materia, nada más lejos de su intención. Aun teniendo unos estudios superiores a la media, éstos no sin ni mucho menos extraordinarios. El mundo está lleno de individuos con elevadísimos niveles de estudio. Sin embargo, la mayoría de estos individuos, lejos de usar sus conocimientos o su capacidad intelectual al servicio de los demás, al contrario, los utilizan para su prosperidad individual. Carecen de compromiso, de honestidad, de valentía y rebeldía para denunciar las injusticias que observan a su alrededor. Lo que distingue a José López de estos individuos es precisamente su actitud activa, más que sus aptitudes. Las ideas expresadas por él en su libro Rumbo a la democracia, y esto es precisamente lo más interesante, son el resultado de la emancipación intelectual de un ciudadano corriente que, impulsado por su rebeldía innata, adormecida durante años, decide “dejar de mirar su ombligo”, y aportar su “granito de arena” para intentar mejorar el mundo que le ha tocado vivir. Su objetivo es muy simple: ayudar a concienciar a sus conciudadanos de que aún no hemos alcanzado la auténtica democracia, de que es posible y necesario mejorarla notablemente, de que el desarrollo de la democracia es, quizás, la única vía para que la humanidad, no sólo pueda prosperar, sino que, además, pueda sobrevivir a sí misma. Desde la humildad de un simple ciudadano de a pie, y en la medida de sus limitadas (aunque no nulas ni fuera de lo común) posibilidades, su objetivo es contribuir al debate público para que, entre todos, nos concienciemos, nos involucremos y contribuyamos a resolver los problemas de nuestra sociedad. José López se define como un librepensador independiente, como un demócrata pacifista convencido, que comulga con las ideas de la izquierda, pero que no se casa con ninguna de sus corrientes, que considera que el fin no justifica los medios. Para él la izquierda, es y ha sido siempre, la que ha impulsado los cambios por una sociedad más justa y libre. Sin embargo, huyendo de todo dogmatismo y de todo sectarismo, liberándose de prejuicios, como consecuencia del pensamiento libre y crítico que procura practicar, ha realizado un viaje personal de emancipación intelectual para estudiar de primera mano ideologías consideradas por muchos de sus conciudadanos como caducas, ideologías demonizadas por gran parte de la sociedad. Viaje cuyo objetivo fundamental ha sido intentar buscar soluciones a los problemas actuales de nuestra sociedad, partiendo del trabajo hecho en el pasado. Además de conocer a fondo ciertas ideologías “prohibidas”, se ha permitido el lujo de hacer una crítica constructiva de las mismas (el lector juzgará si fracasada o no). La búsqueda de una sociedad mejor debe realizarse en base a un trabajo en equipo entre hombres y mujeres de distintos lugares y de distintas épocas. Existe un repositorio de ideas y experiencias históricas que hay que considerar. No se trata de partir de cero, no se trata de “reinventar la rueda”, se trata de basarse en las ideologías preexistentes para, teniendo en cuenta sus resultados prácticos, sus éxitos y fracasos, reformularlas, además de adaptarlas a los tiempos presentes. José López considera que, para ello, lo importante son las ideas y no las personas. Lo fundamental es conocer, juzgar, criticar, rebatir o retocar las ideas y los razonamientos expuestos sin importar quién sea su autor, sin caer en el error, tan habitual, de dar mayor o menor importancia o validez a los escritos en función de quién los firma, sin dejarse impresionar por las “autoridades intelectuales”. Huyendo de todo protagonismo, de todo personalismo, considera que la lucha por una verdadera democracia debe ser tal que los liderazgos personales sean mínimos y transitorios. El desarrollo de la democracia no debe ser patrimonio de nadie, debe ser protagonizado por el propio pueblo. No debe haber “interferencias” personales. Lo interesante precisamente de su libro Rumbo a la democracia, es que las ideas expuestas sobre el sistema político de España (aplicables en su mayoría al resto del mundo), no son el resultado de un estudio riguroso de un experto en la materia basándose en “información privilegiada”, al contrario, sus análisis y conclusiones son consecuencia de lo que cualquier ciudadano de a pie puede observar a su alrededor. La información en la que se ha basado el autor es fácilmente accesible al ciudadano normal. Internet posibilita que cualquier ciudadano pueda acceder libremente a toda la información en la que se basa José López para expresar sus ideas en su libro. Á‰ste es el verdadero valor añadido de Rumbo a la democracia: el análisis y la búsqueda de soluciones desde la perspectiva (siempre opinable y cuestionable) de un ciudadano de la calle. Sólo será posible alcanzar la verdadera democracia, el poder del pueblo, cuando el mismo pueblo se conciencie y participe activamente, POR SÁ MISMO, en su emancipación. Cuando no dependa de ninguna élite intelectual. Cuando “despierte” y asuma su protagonismo. Este ambicioso libro pretende contribuir, humildemente, a ello.
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