Mentiras sobre el cristianismo de las Iglesias llamadas cristianas

renovación espiritual

En esta ocasión nos acercaremos a dos conceptos que predicó el Nazareno que no solo se han ocultado por las Iglesias que se llaman cristianas  sino que se rechaza por hereje  a quien los defiendaLa ley del Karma y la Reencarnación.

La palabra “Karma” es de reciente aparición en Occidente. Especialmente las enseñanzas budistas e hinduistas y la amplia difusión del yoga y sus bases filosóficas en  Occidente desde mediados del siglo pasado en especial, han contribuido hacer llegar a un amplio público conceptos como el de “karma” o  “reencarnación”, anteriormente ausentes de nuestro vocabulario. ¿A qué cabe atribuir esta ausencia? Sin duda a dos agentes  consustanciales con la historia de Occidente: el cristianismo y el materialismo, siempre de la mano.

¿Por qué tanto miedo de las Iglesias y de sus seguidores a estas dos palabras? Cristo enseñó la Ley de Siembra y Cosecha o de Causa y Efecto (ley del Karma, para los orientales) para hacernos saber que todo cuanto pensamos, sentimos, hablamos y hacemos  es energía y es registrado en el Cosmos material, en los planetas de energía del mundo astral, en el consciente, en el subconsciente y en el alma, pues todo absolutamente es energía y ninguna energía se pierde, como reconoce igualmente la Ciencia. Este proceso se llama simbólicamente “la contabilidad de Dios”, y  hasta hay publicado un libro con ese nombre (*) donde se analiza todo ello  para conocimiento del buscador de la verdad. Sin embargo, buscar  la verdad no es asunto del clero, sino todo lo contrario: ocultarla. A pesar de eso se nos presentan las Iglesias como depositarias de la Verdad con mayúsculas, sus albaceas y sus guardianes y  a la vez como sus jueces, carceleros y hasta verdugos.

Desde que el Obispo Jerónimo recopiló los textos que le interesaron a la Institución para construir la Biblia que conocemos, se quedaron fuera, entre otros, tres elementos esenciales para comprender el cristianismo: la mencionada ley de Siembra y Cosecha, la reencarnación y el vegetarianismo. Todo ello lo enseñó Jesús, pero quedó fuera de los textos llamados canónicos o “aceptados por la autoridad papal”.

Es lógico para un pensar científico  que todo efecto sea producido por una causa, igual que es algo innato en la conciencia el deseo de justicia. Se suele decir que “el que la haga, la pague”, pero en este mundo muchas veces no ocurre de ese modo, porque la justicia de los hombres está sujeta a intereses y leyes  que cambian o son contrarias a la Justicia- en nombre del Derecho- así como al tiempo de la existencia  de los protagonistas. La justicia de Dios, en cambio, es inmutable y todo lo que hacemos tiene sus correspondientes efectos, sean positivos o negativos. Y esos efectos, si son negativos, no se borran acudiendo a ningún cura ni recitando mantras todo el día, ni ayunando hasta caer exhaustos, ni flagelándose para castigar la debilidad del cuerpo.

La debilidad del alma es  la que importa, porque el cuerpo perece, pero el alma no, y cuando el cuerpo perece, el alma se marcha para vivir en el lugar que corresponde a la clase de energía que emitió según su modo de pensar, sentir y vivir…Hasta volver a encarnar en otro momento, en otro cuerpo físico, y con todos los capítulos ya escritos en el  libro de su vida que tendrá  muchas páginas  nada presentables de vidas anteriores. Por eso se le da al alma la posibilidad de encarnar: para poner en orden el libro de sus existencias terrenales. Y eso significa reconocer los errores, pedir perdón, perdonar,  reparar cuanto sea posible el daño hecho a otros o a sí mismo y no volver a las andadas. Algo solo posible con la ayuda y a través de  Cristo, no de un clérigo, tan  pecador como cualquiera si no más.

Ya podemos ir deduciendo por qué a la Iglesia no le interesa que se conozca la ley de causa y efecto, pues de ser aceptada por “su” público tendría que quemar todos los confesionarios y además sus clérigos perderían todo sentido, ya que si, como dijo Jesús, todos somos el templo del Espíritu Santo, ¿para qué sirven los templos de piedra? ¿Para qué  todos esos sacerdotes que los okupan? ¿Para qué tantos  ritos, sacramentos  y ceremonias? Todo ese teatro  solo sirve para cazar incautos  ignorantes que deben tener miedo a un Infierno – otro invento eclesiástico-, donde sufren eternamente. Lo dirán por ellos, que desde luego han hecho y hacen sufrir a todas sus víctimas con tantas supersticiones, miedos y condenaciones eternas que en todo contradicen no solo las enseñanzas de Jesús el Cristo sino la bondad de Dios.

Nos referiremos en primer lugar a   la supresión de la enseñanza de la  Reencarnación.  ¿Cómo? Podría preguntarse el lector correctamente  informado. ¿Por qué las Iglesias cristianas se oponen a la enseñanza de Cristo sobre este tema? ¿Por qué, si hasta el  obispo Orígenes uno de los sabios más universalmente conocidos de la Iglesia primitiva la defendió como idea cristiana? Me he permitido transcribir algunos párrafos altamente esclarecedores de un librito que lleva por título precisamente “La Reencarnación”(**).

LA IGLESIA CONTRA LA REENCARNACIÓN

¿Cómo se produjo la eliminación de la verdad sobre la reencarnación? Queremos considerar brevemente esta pregunta.

Por múltiplos motivos, políticos y humanos, se produjeron numerosas luchas teológicas por la enseñanza de Orígenes. Como Orígenes era reconocido en todas partes como una figura sobresaliente de la Iglesia antigua, -era considerado como la autoridad tanto por defensores como por detractores- el conocimiento de la reencarnación se relacionó cada vez más con su nombre. La disputa en torno a Orígenes fue aumentando en violencia en el curso de los siglos siguientes y exigió, por último, una decisión final. Así se llegó al acontecimiento de fatales consecuencias que significó la represión y eliminación de la doctrina de la Reencarnación.: En el Sínodo de la Iglesias de Oriente, en el año 543, en Constantinopla, se rechazó la enseñanza de Orígenes con nueve anatemas (maldiciones).

Entre esas maldiciones se encuentran dos que condenan directamente la enseñanza de la reencarnación: En primer lugar se niega la preexistencia del alma y que las almas de los hombres haya existido como seres puros en el Cielo, que se hayan apartado de Dios y se hayan encarnado en cuerpos humanos. En segundo lugar, se excomulga a todos aquellos que no crean que existe un castigo eterno de los demonios y de los hombres ateos y un castigo de todos los que crean en un retorno, en un regreso a Dios (apocatástasis).

La formulación de los anatemas se produjo por las instrucciones del emperador Justiniano I, que se consideraba  a sí mismo como la autoridad suprema de la Iglesia. Estos anatemas fueron confirmados  por el Sínodo del 543, y diez años más tarde el Papa Vigilius los firmó en el Concilio de Constantinopla.

La personalidad del emperador Justiniano, la situación bélica general y más aún el peligro creciente de tener en Palestina otro frente interno de carácter político-religioso fueron el motivo político para la eliminación de la doctrina de la reencarnación.

Para llenar el vacío provocado por la maldición de la  enseñanza de la reencarnación y para  consolidar la doctrina de que el ser humano vive una sola vez, hubo que crear nuevos dogmas .Estos se refieren a, ante todo al pecado original, a la creación del alma  en el momento de la gestación, al pecado mortal, al juicio final, al infierno y a la maldición eterna. Así se justificó al mismo tiempo la necesidad sagrada de los intercesores sacerdotales, pues sin ellos no habría podido funcionar el edificio de doctrinas. Pero con ello se hacen incontestables las preguntas sobre el sentido del sufrimiento y de la culpa. Con frases teológicas vacías se consuela a los hombres en sus preguntas existenciales, remitiéndoles al secreto aparente de Dios para indicar que se debería cesar de preguntar.

(* )Su Ojo. La contabilidad de Dios .( Edit. Vida Universal)

(**) La Reencarnación.                                (  “  )

Nota final:

Ya se comprende que la Iglesia no quiera saber nada de las enseñanzas de  Jesús: invitan a la libertad, a la confianza  en Dios y a la independencia del clero, y ayudan a perder el miedo a una inexistente muerte esgrimida por sus defensores como el peor de los males y el final de toda existencia. Sin embargo, la humanidad poco a poco va dejando de prestar oídos al clero y a no mucho tardar las iglesias veremos vaciarse las iglesias. Ese día, el día que los clérigos tengan que buscar trabajo para vivir como cualquier persona y  los templos se dediquen a salas de conciertos, bibliotecas, museos y otros usos socialmente útiles celebraremos todo eso con una gran fiesta que inauguraría una nueva etapa histórica en el proceso de  la liberación de la conciencia. La  pesadilla histórica llamada Iglesia que tanto nos atormentó durante dos milenios largos  habrá desaparecido para siempre entre el júbilo de los espíritus libres.

ORIGEN, NATURALEZA Y META ESPIRITUAL DEL HOMBRE

La posibilidad de repetidas existencias terrenales de una misma alma es, por lo tanto, una verdad básica  de nuestra existencia humana. Para poderla captar en su significado y trascendencia deberíamos, primero, tomar conciencia del origen, de la naturaleza y de la meta espiritual del hombre.

(*) La contabilidad de Dios, edit. Vida Universal.

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Acerca de Patrocinio Navarro

Exprofesor de primaria, poeta,ensayista interesado en el cristianismo originario.Me gusta mirar la vida de frente y contar lo que veo.