Feminismo: libertad (pero bien entendida)

Como toda revolución o movimiento con fines justos e ideales más que razonables, el feminismo adolece (en algunos casos) de una reducida capacidad autocrítica y de un mecanismo de repulsa hacia la crítica (constructiva y puntual ) ajena.

En algunos sectores, expresar el desacuerdo en un hecho puntual puede convertirte automáticamente en un machista de tomo y lomo, aún cuando compartas a pies juntillas las razones de su lucha.

Foto: lncognito

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En mi opinión, el movimiento feminista no debe quedarse estancado en la promiscuidad y el nudismo, puesto que estos deben ser decisiones de carácter individual, en ningún caso monopolizadores de un movimiento colectivo que, como tal, debe satisfacer con sus procedimientos a la colectividad, y no acaparar con su puesta en escena la lucha también digna de otras feministas que lo hacen desde el respeto que les delimita su idiosincrasia.

No es que el nudismo en si sea malo, ni mucho menos, pero su incursión en un movimiento que necesita de argumentos para convencer al desorientado, y no de visceralidades para agradar al convencido, corre el peligro de estereotipar, cuando debe ser un modelo de antidogmatismo, pues debe responder a las libertades de todos los caracteres, y no solo a una libertad.

Tal es, en efecto, la gran confusión de algún movimiento (FEMEN), que margina a otros movimientos (como el feminismo musulmán) por no participar de sus procedimientos. En otras palabras: “aquí quien no se despelote no es feminista, pues no hemos venido a liberar a las mujeres de la opresión, sino a establecer nuevas represiones, aunque éstas sean opuestas a las ejercidas por el hombre”.

Esta particular manera de entender la libertad, reduciéndola a perímetros, es tan peligrosa para el feminismo como el mismo machismo, pues quiere reducir a la mujer a un solo margen de movimiento, cuando la tarea es abrirle un abanico de posibilidades, liberarla del yugo masculino, con esta advertencia: tan libre es para ser una diosa de la promiscuidad, como para serlo de la castidad; tanto para aborrecer al hombre y buscar su independencia, como por dar la vida por él, y quererlo a su lado a todas hora; tanto para hablar de sexo como lo haría un machista, hablando de tamaños y aventuras, como para ser pudorosa y no querer exhibir sus intimidades. Ninguna de estas actitudes, cuando responden a una decisión libre, debe excluirlas de poder llamarse feministas, al igual que los hombres no han seguido todos una misma conducta, y es en la variedad de procederes donde más se ha ratificado su libertad.

Último inciso: la opinión del hombre debe considerarse también válida en este tema, puesto que no se trata de un  problema de un sexo, sino unisex, ya que llegado al fin que el feminismo persigue, y en igualdad de condiciones, ambos han de disfrutar de sus ventajas. El hombre, pues, tiene derecho a participar de manera solidaria, puesto que el fin que persigue el feminismo no se hará realidad sin una remodelación en los cimientos de la educación primaria, y ésta debe ser ejercida tanto por hombres como por mujeres, en especial en el ámbito educacional de sus propias casas.

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Acerca de Alonso Pinto Molina

Aspirante a poeta, lector aficionado a la filosofía, la poesía y los ensayos.

2 respuestas

  1. Disculpen, pero el feminismo en absoluto es “unisex”, pues la misma palabra ya está denotando lo femenino y SÓLO lo femenino, así que no le demos el valor de que englobe a hombres y mujeres porque la cosa no es así. El equivalente al término feminismo ha de ser masculinismo, que denota lo masculino y SÓLO lo masculino. El término “unisex” debería de usarse con alguna palabra neutra, ni masculino enteramente ni femenino enteramente; quizás pudiera valer “neutrismo”. Y, por supuesto, es aberrante enfrentar feminismo vs machismo, pues éste último se usa de modo peyorativo. Como no puede ser de otra manera, también lo femenino ha de tener su palabra peyorativa, así pues, sería más correcto enfrentar los términos sexistas: machismo vs hembrismo, no siendo ninguno mejor ni peor que el otro, pues ambos de por se entienden peyorativos.

  2. Muy bien argumentado. En el feminismo participamos todos de igual manera, tanto mujeres como hombres. La opinión del hombre, desde sectores hembristas (no feministas) se suele considerar como una sobra. Y no es así. El feminismo es unisex: muy buen lema.

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