Carlos López Dzur, poeta: Rebeldía con esperanza

Por C. DAVILA y JUAN ROMERO

REBELDÍA CON ESPERANZA: Incluído en la «Poesía Oi: Antología de la Sospecha» [1980], recopilada por el poeta y crítico Joserramón Meléndes y en la antología «(Per)versiones desde el paraíso: Poesía Puertorriqueña de Entre Siglos» [edición de Ana María Fuster Lavín y Uberto Stabile, 2008], Carlos López Dzur es uno de los setentistas en la literatura puertorriqueña. Y como otros en la Generación del Setenta, adeuda a la anterior (los ’60) el sustentamiento de una poesía comprometida, cuyo arranque antillano data de Martí y la ética social hostosiana. Los ingredientes del deslinde con el ’60 de los setentistas y de los que él participa son: (1) El crítico Mario Cancel dice: «Estos poetas (sobre)viven volcados hacia el presente. La conciencia de la contingencia y la fugacidad de todo los ha forzado a desocuparse del pasado. Las reflexiones sobre el tiempo entendido como imperativo moral están ausentes de esta escritura. La historia
interpretada como un fardo pesado, que fue el rasgo distintivo de los escritores puertorriqueños hasta los últimos momentos de la generación 1970, se desvanece en el aire. De un modo u otro ése es el rasgo particular de la producción cultural de los autores del 1980, el 1990 y el 2000 en Puerto Rico […] El lenguaje poético está contaminado con las modulaciones de la prosa y con el lenguaje de otras disciplinas. La alusión a las filosofías duras (Heidegger, Marx, Nietzsche y los filósofos de la sospecha ) es patente en autores como Carlos López Dzur, Rafael Acevedo y Maribel Sánchez, cuyos discursos recuerdan la experiencia del 1970 y el afloramiento de las izquierdas del 1968. [1]

(2) Por su parte, otro de los críticos liderantes de la Generación del ’80, el Dr. Alberto Martínez Márquez explica: «El ’70 se opuso a la poesía militante, y trajo una propuesta de apertura, que como ya indiqué estuvo bastante limitada. El 80 es la primera Generación que no se opuso a nada. De hecho, tomaron al ’70 como punto de partida. Eso es un momento importantísimo en la poesía puertorriqueña. El ’70 fue una influencia para la gente del 80 y la gente del 80 se desplazó a zonas donde los poetas del ’70 no habían llegado». [2]

(3) Sandra Palmer López, en un análisis de la evolución estética y literaria de la Generación del ’70 y una de sus personalidades mayores, la poeta y narradora Rosario Ferré, enumera lo que incide sobre un setentista: «Durante los años del 60 tuvieron lugar una serie de eventos históricos a nivel mundial que, junto a la realidad sociopolítica e histórica de Puerto Rico, contribuyeron a moldear la conciencia literaria de los jóvenes literatos de la Generación del 70, tales como la Revolución Cubana y su ideología socialista, las protestas en contra del reclutamiento militar obligatorio, la guerra de Vietnam, la denuncia de los hippies en contra de la injusticia social y de ideas arcaicas que dividen al género humano en jerarquías sociales, el resurgimiento del movimiento feminista y, en la literatura, la nueva revolución literaria hispanoamericana bautizada como el ‘Boom’. Todos estos factores históricos, sociales y culturales
contribuyeron, como ya hemos mencionado, en moldear la conciencia intelectual y literaria de los escritores de la nueva literatura puertorriqueña». «[…] los integrantes de la Generación del 70 crecieron en los años de asimilación extranjerizante en Puerto Rico»; «en 1971 Luis A. Ferré, gobernador, dice que Puerto Rico es la patria y Estados Unidos es la nación y que por ello hay que sentir como puertorriqueños y pensar como norteamericanos’. Esta dualidad, sentir como puertorriqueños y pensar como norteamericanos, es decir, la fragmentación de la identidad del pueblo puertorriqueño, es una de las preocupaciones de los nuevos escritores de la Generación del 70». [3]

Ante la mencionada fragmentación es que López Dzur centra su atención. Vivió de adolescente la pasión política de su momento y ciudadano supo ser militante y solidario; adulto ya, para comenzar a escribir, está a la expectativa de otras cosas. Deja su isla caribeña y permanece en el exilio estadounidense, activo e involucrado en actividades diversas, de índole comunitaria, desde un foro de orientación llamado La Naranja (de Orange County); su poesía y narrativa seguirán siendo política, social y comprometida; pero, no en el sentido de «arma de emergencia», propaganda inmediata y slogan. En este sentido, como sugiere Martínez Márquez, López Dzur no ha lanzado toda su obra a las ideologías de la contingencia temporal y, como los del ’80, se desplaza a zonas nuevas. Como historiador y educador, cree en la misión de rescatar y sanear la memoria y formar gente con consciencia amplia y ‘zorruna’. Gente que vuelva a desoncultar y soñar en
medio de una sociedad proscriptora. Soñar con la «bruta abundancia» que reside en el rescate, en el No-Olvido.

Para Carlos López Dzur, detrás del ‘Ay benedito’ borincano, debilitado en su bondad, hay un pueblo que no se perdona su inhabilidad para el esplendor y la abundancia en libertad y se siente aún, como profetizara Lloréns Torres, un «Patito Feo», sujeto a la dependencia.

En textos, como La memoria que sana y la novena parte de la Meditación de Seth, titulada Cómo hacer la ética menos evolucionaria y más compadecida, está una estética, la primera cognitivo-terapéutica y la segunda, la aplicación práctica y política, que exhorta al boricua resentido, sin reposo, a rescatar su oculto resplandor, su subjetividad valiosa, «esa vida suprema, esa intensidad del espíritu», de modo que vuelva soñar:

«… cuando ese sentimiento [de lo onírico] cesa es cuando comienzan los efectos patológicos, en los que ya el sueño no restaura, y cesa la natural fuerza curativa de sus estados»: Federico Nietzsche

Soñar es un oculto resplandor,
una ida al templo en cotidiano rito de reposo.
Este quehacer de la noche, me cita con la luz
y el Dios del Sol, que es vida cósmica.
Voy a restaurar mi sueño en esta edad sin círculo.

Cuando no haya más luna que el alarde de los cuerdos
que se disfrazan de falaz coherencia, sin lógica
que les justifique ni en el alma ni en la carne,
voy a invocar a Apolo, dios del arte.
Me uniré a la bacanalia de la noche
con mis hermanas que invocan a Dioniso.
Tendré, por llave hacia sus puertas,
dos sueños de los míos, el más solar
y el más nocturno.

Restauraré esa memoria
(porque los sueños se apagan por insuficiencia
de amor y gratitud con el mundo, por resignados
que estamos a la prudencia tonta y al no ser comunicantes).
Voy a desatar los ríos del rico plasma etéreo
cuando sueñe esta noche.

A mi memoria bajaré como a un abismo
y pediré visiones y metáforas y símbolos
y las gloriosas sonajas, o las sutiles voces,
esa vida suprema, esa intensidad del espíritu
que no engaña por capricho.

Códigos tiene que son eternos, subterráneos,
primiciales. Bruta abundancia, quizás.
¡Dejad que el soñador haga su parte y no olvide!
pues el sueño es sincero y se posiciona fielmente
en su noche, te engancha y no encubre del todo
las urgencias básicas de lo real.

3-11-2000 / De «El hombre extendido» [4]

* * *

Un texto lopezuriano que revela ese signo épico y sintetiza su estética es El guerrero y la energía de El libro de la guerra y su metáfora del Zorro Viejo. Su idea es que se combata toda opresión internalizada. Que se anime la sutileza innata del ‘zorro’ y con ella se identique a «explotadores que se visten de corderos». Estos falaces emprendedores (que planifican todo) suelen dividir la sociedad y dejar a la clase trabajadora, sicológica y colectivamente aislada y en automenosprecio. La opresión internalizada es el adoctrinamiento sistemático ejercido por los «politólogo(s) en las redes mediáticas del neo-imperialismo», de hecho quienes han tomado por función la negación de «las luchas sociales, su raíz y sus contradicciones. / Declaran que las clases no existen».

Este poema La opresión internalizada muestra las deudas de López con el marxismo y la reciente crítica a la manipulación mediática y su rol en psicofraudes. Esta opresión internalizada se transforma a la postre en desencanto y nihilismo. Los manipuladores no sólo explotan materialmente la humanidad, sino que lo alimentan con el «gran dogma de la Modernidad y posmodernidad», esto es, la convicción de que la consciencia es ajena a la sustancia básica del universo. El hombre está aislado, nacido para las fuerzas ciegas del universo, ya que ninguna energía es imponderable y ningún vitalismo sustancial, explicar el funcionamiento del mundo físico macroscópico. Así como no hay Dios / Espíritu / Alma / la dinámica neurológica del cerebro es demasiado vulnerable. La vida orgánica está sujeta irremediablemente a la entropía negativa, siendo materia compleja, altamente informada.

Al Guerrero / Hombre Luchador / de López Dzur le interesa debatir filosófica y poéticamente esa visión. Su poesía medita sobre la Energía del Guerrero y para el Guerrero. Un seguidor del concepto de Noosfera [la convición de un univero orgánico, con alma] y de las ideas del profesor Richard Tarnas, del Programa «Philosophy, Cosmology and Consciousness», piensa que el pesimismo está destruyendo la capacidad revolucionaria de las gentes, incluyendo a la clase trabajadora. El pesimismo es un tormento espiritual que roba energía. O el Tesoro Noético que, en la poesía de López Dzur, es importante temática para apuntar hacia lo que es el basamento de la Realidad.

La poesía sociológica e histótica de este autor [libros como «El Libro de la Guerra», «Memorias de la contracultura», «Lope de Aguirre y los paraísos soñados», «Las zonas del carácter», «Cuaderno de amor a Haití», etc. no se pueden desvincularse de una obra parelela que examina el monismo del Unus Mundus, paradojas cuánticas, energías del Tantra, conceptos que provienen del brahamanismo y que, finalmente, parecen síntesis de la Sustancia de Spinoza con los conceptos de sincronicidad de Gustav Jung.

El Zorro metafórico de López Dzur no es sólo el luchador, como ente defensivo, o sobreviviente que recibe candilazos; es un quien olfatea que el funcionamiento mecánico-determinista con que nos explican la realidad, o mediante el cual se decepciona y enerva al hombre, puede que no sea tan incuestionable. Su consciencia / insconsciencia / también abre caminos y puede fortalece el proceso cognitivo.

El aprendizaje zorruno que propone es duda escéptica y es rebelión contra las creencias que se engendran en ‘lo admitido por el uso’. López asoca este uso a las manipulaciones de aquellos que hacen accesible los usos para la explotación, construyendo olvidos y desfigurando las memorias liberantes.

En una entrevista ofrecida a Clotilde Dávila dijo: «El lenguaje sinódico, lenguaje diario, no está expuesto a la luz, aún no ha sido llevado a ella, por lo que, más bien, se quedó destinado a los concilios y asambleas de los poderosos. En el lenguaje cotidiano, solemos, consciente o inconscientemente, estar secuestrados… Sin embargo, es la poesía la que recaptura y libera de ese lenguaje del Sínodo, se lo roba, lo rescata y lo conduce a donde realmente pertenece, a la experiencia íntima; el SINODO-A-LA LUZ nos da ocasión de ver las cosas a-la-luz-sinar y entrar al proceso de liberación, que es la a-luz-sinación por el poema». Mucho de lo que se olvida, al traficarse con el lenguaje de lo admitido por el uso es la experiencia iluminadora, el olfato zorruno y el buen oir. Ese Ocama, «Oye» taíno de su libro «Lope de Aguirre», o ese Oir de sus libros «Teth, mi serpiente», «Tantralia» y «El Libro de la Amistad y el amor», tan lleno
de profecías sociales e interiores y un reflexivo judaísmo.

«La experiencia íntima es nuestro Sínodo feroz, el lugar donde somos auténticos, armamos sospechas y autolegislamos», dice López Dzur. «Fuera de esa experiencia, somos cómplices, perdonadores y agachones». Continúa: «El buen poema es una invitación al pensamiento crítico; la poesía bobalicona está llena de lo que José Martí llamara las ‘palabras coquetas’, las infames pleitesías y, por tanto, esa poesía que yo ni hago ni me gusta pertenece al Sínodo externo y social y la influencia adoctrinatoria que ejercen sus lugares comunes». [5] [Entrevista]

En su libro heideggeriano, ya propone fortalecer el Zorro, que es persona, filósofo y cimiento. «Hay que olvidar al mismo olvido / porque el olvido es cómplice. / Hay que armar las sospechas / contra todo lo que es accesible. / Hay que inventar el golpe más incrédulo / y no confiarse en nada / ni con Nadie. / Sólo así el Zorro emerge, / el zorro bueno del Cimiento».

López Dzur es pacifista y ello es una forma de rebelión en una sociedad que patrocina guerra; esta paradoja es parte de la Voz del Zorro Bueno del Cimiento en su El Libro de la guerra, donde hallamos la confesión que advierte a los opresores internos: «Guerra contra ustedes a muerte» Es la frase final de este poema que reproducimos:

La opresión internalizada

Para que no tengas amigos en combate,
dirigentes que sostengan tu valía cuando tú mismo
la ignoras, menosprecias, o negocias
con amos hambreadores, tus explotadores
se visten de corderos. De repente, falazmente,
son los emprendores, mas, en la sombra, dividen.
Lo planifican todo. Hasta ese día prosaico
de jauría en que asedian y parecen perros,
hambrientos de tus mimos.

Para que internalices la opresión
(y hables como un rico, o un politólogo
en las redes mediáticas del neo-imperialismo),
niegan las luchas sociales, su raíz y sus contradicciones.

Declaran que las clases no existen.
Que Dios nos hizo hermanos. Que Dios da
el pan y la justicia a su debido tiempo. Se atreven
a informar que la miseria es poca y tu dolor,
trabajador, no existe. Tú eres un malagradecido.

Tú eres el único quejoso.
Para que no te organices ni tengas voz
que defienda tu avance o tu salario, derecho a vivir
decentemente, con tu misma historia te alimentan
con miedo y, si no funciona el miedo persuasivo,
vendrá la bota militar, el mercenario, el grupo
que no hilvana consignas. Actúa.
Mejor es que mueras a balazos.

Y te lloren tus hermanos y te entierre
un indio campesino. Y cualquiera que se pretenda
valiente e inicie juegos temerarios, de mártires,
téngalo claro. Sepa bien la consigna:
Guerra contra ustedes a muerte…

2.

Tú conoces las desapariciones.
La coacción. El contexto. La lucha peligrosa
donde el fuerte se abroga los recursos
con mayores probabilidades de vencerte.

Tú, ¿qué puedes contra los poderosos?
¿Contra el ejército, los paramilitares,
la mafia, el Pentágono, los medios y la prensa,
el vendepatrismo, la guerra sicológica?

Te han advertido el desafío: la historia ha muerto
y no te queda otra, combatiente.
Vas a decir No. Me rindo.
Tu consigna que sea yo aguanto.
Sufrir es mi destino.
Es tu trabajo lo que da el alimento,
la salud a tus hijos, el amor
de tu esposa, la lealtad del amigo.
Trabaja y calla: tienes ya suerte de estar vivo.

Tan crédulo, tú sí, has creído.
Admitirías que el amor, por universal,
lo soluciona todo; paciencia y barajar,
y a Dios rogando, tú sí, la violencia confunde
y lo complica todo, tú sí, pones con el perdón
te salvas, obedeces, como si el hambre acabara
con cruzarse de brazos. Mas peor es morirse.
Recuérdalo, inconforme.

Unos a otros, los asesinos se niegan. Se protegen.
Y su injusticia es lo impune y tu miedo, pan amargo.
Ya que ropietarios y gobierno ventilan psicofraudes,
se inventan los fantasmas, consúmelos
por amor a tu vida, nos dicen. Son hermetismos
y verdades subjetivas. Convenientes.

2-11-1989 / De El hombre extendido» / EHE
Libro de Carlos López Dzur / en la red

_____

Notas bibliográficas

[1] Mario R. Cancel, en: Prólogo a «Perversiones en el paeaíso / http://mariocancel.googlepages.com/muestradecr%C3%ADtica / http://mariocancel.googlepages.com/muestradecr%C3%ADtica<<a href=”http://mariocancel.googlepages.com/muestradecr%C3%ADtica“>http://mariocancel.googlepages.com/muestradecr%C3%ADtica

[2] [ Taty Hernández Durán, «Entrevista con Alberto Martínez», en: Escaner [Número 44
Octubre de 2002 ] http://www.escaner.cl/escaner44/entrevista.htm

[3] [ Ver: http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-68482002002700012&scr... y http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-68482002002700012&scr...] [4] Carlos lópez Dzur, «El hombre extendido», EHE, / http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/2008/12/indice-el-hombre-extendido.html

[5] Clotilde Dávila, «Entrevista», en El zorro y sus muchas carlancas / http://carloslopezdzur.galeonblogs.com/1123001460/

[6] López Dzur, EHE, ibid

Sobre Carlos López Dzur

Carlos López Dzur es un narrador, poeta y filósofo, nacido el 1 de septiembre y residente en Orange County, California, desde hace más de 30 años. Caribeño, con visión hostosiana y bolivariana, es candidato doctoral en Filosofía Contemporanea en la Universidad de California, Irvine. Cursó sus estudios de B.A. en Literatura Comparada e Historia Latinoamericana en la Universidad de Puerto Rico; obtuvo dos M. A. 'Summa Cum Laude' en Montana State y San Diego State University. También hizo estudios graduados en Filosofía Contemporánea, siendo discípulo de los filósofos Dr. Alfred Stern y la Dra. Martha Nussbaum. Su libro, El Hombre Extendido, fue laureado en el Certamen Literario Chicano de la Universidad de California, Irvine, en 1986. Anteriormente, fue premiado su libro de ensayos y poemas Cuaderno de Amor a Haití por el Liceo Iberoamericano de Cultura de Los Angeles; posteriormente, López Dzur ganó varios premios en las categorías de ensayo investigativo sobre temas cubanos y de poesía por textos de su libro inédito, Tantralia, reconocido por la Casa de la Cultura de Long Beach en 1996 y 1998. Fundó y dirigió en San Diego la revista multicultural Sequoyah, junto a los profesores César A. González, Dr. Juan Manuel Bernal Becerra y la Dra. Ivon Gordon-Vailakis. La revista se continúa en modelo virtual: Ver. Su primer libro fue Sarna de la ira parda (Editorial QeAser, 1980), cuentos; al que siguieron La casa (1988), poemas y dos ediciones de El Hombre Extendido. Publicó las novelas Simposio de Tlacuilos (Editorial Nuevo Espacio, New Jersey, 2000) y Las máscaras del tabú (Great Unpublished, South Carolina, 2001). Sus libros más importantes están inéditos en papel, pero se han compartido extensamente en sus bitácoras y en innumerables revistas electrónicas, incluyendo Desde El Límite, Tertulia de Mizar (Puerto Rico), El Perro Andaluz, Adamar (España), Bar de las Virtudes, Argos (México), Muestrario de Palabras, Letralia, Mondo de Kronhela (Argentina), Parnassus, y otras. Entre ellos, están Teth, mi serpiente, Tantralia, Heideggerianas, El libro de la guerra, Leyendas históricas y cuentos coloraos, Epoca de San Sebastián del Pepino, Canto al hermetismo, El ladrón bajo el abrigo, Memorias de la contracultura, Manual de filosofía para incrédulos y las novelas Para matar a los dioses, El pueblo en sombras, Diario de Simón Güeldres, Berkeley y yo y otros. Sobre su obra ha dicho el crítico y poeta Joserramón Meléndes: «Lo qe aya qe decir de Carlos A. López se dirá de su prosa. Sus cuentos retoman la altura de la mejor tradisión puertorriqueña qu conocimos asta Luis Rafael Sánchez». El antropólogo mexicano Luis F. Cariño Preciado, al reseñar su poemario La Casa (California), anotó: «Cuando uno viaja por las letra de López Dzur quisiera oirlas pronunciadas por él y de inmediato comentarlas. El manejo que hace del lenguaje es tan nuevo... nos tiene acostumbrados a un nuevo manejo del idioma, a una novedosa forma del lenguaje, gracias a la cual nos transporta a originales interpretaciones del todo y sus partes. Leer sus textos es someterse a una ráfaga de ideas y pasajes mentales contrarios a sí mismos y entre sí, pero consecuentes en la esencia». El 4 de abril del 2000, el laureado poeta puertorriqueño Vicente Rodríguez Nietszche comentó sobre la poesía de López Dzur: «Tus poemas están escritos con verdad y sustancia vitales que podemos llamar poesías». Carlos López administra y coordina una bitácora de información comunitaria, política y educativa, en el Condado de Orange, California: La Naranja

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