Entrevista a Rafael Peñas Cruz. Literatura y más Literatura.

Una cerveza, un capuccino sin azúcar, un café en un sótano insonorizado bajo un cine, un día de lluvia (of course!) en agosto en el corazón de Londres. El ambiente no puede ser mucho más literario. Frente a mí está Rafael Peñas Cruz, ganador del V Premio Terenci Moix, escritor, profesor, guionista y muchas otras cosas que encajan bien con su cuerpo delgado y anguloso en el que parece haber más Literatura que materia; más ensoñación que desafío o vanidad, más El Greco que Botero, vaya. Su novela Charlie, cuenta el despertar a la vida de un joven barcelonés que acepta de forma natural y repentina su sexualidad, aunque el hervidero de la sangre, propio de su edad, le hace pasar un verano especialmente literario y apasionado. Buscamos claves de la obra en las palabras de su autor.

Ellibrepensador: ¿No te parece que Charlie asume su sexualidad con una tranquilidad desestabilizadora? No parece haber en él huella alguna de duda, culpabilidad, o pregunta sobre la naturaleza de su sentimiento/atracción.

Rafael Peñas Cruz: Charlie ha sido criado por una madre muy liberal y él se sentía mal estando oculto. Era una situación invertida a lo habitual: tenía muchas ganas de salir del armario, pero no encontraba las herramientas. Eso pasa, no tiene un problema de conciencia porque su madre es muy liberal, hablan de cuándo sale… El conflicto se genera con lo que se encuentra en la escuela.

El: La fotografía de la portada podría ser un resumen de la obra: el momento en que el joven se tira al agua, ya se ha lanzado al vacío, pero aún no ha llegado a entrar en el mar de la vida, que es justamente lo que parece pasarle a Charlie. ¿Decidiste tú esa imagen para el libro?

RPC: Sí. De hecho la fotografía es mía. Es algo fantástico. La tomé en Dublín, en los escenarios en los que transcurre la novela Nadan dos chicos de Jamie O’Neill, que me parece la mejor novela en la que se habla de homosexuales. En 1916, que es el momento al que O’Neill retrotrae la novela, no se podía hablar de homosexuales en Reino Unido, y menos aún en Irlanda. Pero aquella era una playa donde sólo podían bañarse hombres desnudos… Hoy no es nudista, ni sólo para hombres, es una playa familiar. Yo fui allí con una amiga mía, de peregrinación literaria. Y estando en aquel lugar vienen unos chicos y se empiezan a lanzar al agua, y recuerdo que entonces le dije a mi amiga: “¡Mira, mira es Charlie!”, y era, efectivamente, un muchacho pelirrojo y delgado, de la complexión con la que yo me había imaginado al protagonista de mi novela. Por eso le propuse la fotografía a la editorial y me la aceptaron. De hecho la foto está tomada al lado de la torre donde transcurre el primer capítulo del Ulises de Joyce, todo muy literario.

El: Como contraposición al protagonista, ansioso por probar la vida a manos llenas, el personaje de Heriberto parece de vuelta de todo, harto de todo. ¿Se cree el personaje su propio discurso o sólo tiene miedo de volverse a enamorar, a sentirse vulnerable?

RPC: No, lo que sucede es que no le gustan los chicos jóvenes. Le parecen perritos suplicantes, como con demasiado deseo. Él no tiene un interés físico por ellos. En muchas culturas está aceptada la relación entre el hombre maduro y el joven, por ejemplo los ritos de iniciación de Papúa Nueva Guinea o la Grecia clásica, aunque ahora todo se ha teñido de sospecha de pederastia. Pero lo que siempre estuvo mal visto es que dos hombres de la misma edad se enamoraran. Me da rabia cómo hemos heredado eso y lo asumimos. Quería escribir una novela donde el mayor rechaza al guapo, al cuerpo Danone.

El: ¿No era una cierta venganza del prototipo, de ese guapo creído del que hablas?

RPC: También. Aunque no estoy en contra de las relaciones intergeneracionales creo que habría que preguntarse qué buscan ambas partes: ¿por qué el maduro se enamora del joven?: ¿es algo vampírico?, ¿quieren volver a ser jóvenes o demostrar su potencia? Y a la inversa, ¿qué pretenden las mujeres con hombres que les doblan la edad?, ¿comprar una vida?, ¿paz de espíritu? ¿Se enamora Charlie de Heriberto o de esa vida que tuvo en Nueva York, incluso del SIDA como herida de guerra? No es realmente amor. No es de igual a igual… aunque no lo estoy criticando.

El: Por cierto, ahora que lo mencionas, el SIDA tiene una presencia no menor en tu obra:

RPC: Hay gente que “se enamora” del mal, tienen incluso un deseo sexual por el SIDA, aquí en Londres lo hay por lo menos. Yo trabajé con Josep María Martín en un proyecto para concienciar del SIDA en un Festival en 2009. Era un corto de quince minutos de dibujos animados para llevar el tema a las escuelas y yo redacté el guión. Para eso tuve que escuchar horas de conversaciones sobre SIDA: médicos, enfermeros, investigadores, psicólogos, enfermos, familiares de los enfermos, 1 sexóloga… fue casi un máster sobre el tema. Y quise meterlo en la novela.

El: Hay un personaje que llama la atención, que rompe un poco moldes. Mimí es una joven que revolotea alrededor de los homosexuales pero que, al mismo tiempo, tiene una relación negativa con ellos. Algo contradictoria, para el lector. Rafael se remueve en el asiento y mira directamente a los ojos para contestar. Durante toda la entrevista, en realidad, el autor transmite una sinceridad serena, comodidad hablando de su obra. Más que sentar cátedra dialoga cuando nos responde:

RPC: ¿Tú crees? Mimí me salió casi como un trance. Lo cierto es que yo escribo a mano y luego lo paso a ordenador. Y después de describir el primer encuentro que tiene con Charlie me pregunté: ¿esta chica por qué me ha salido aquí? Pues esa chica es un contrapeso, es el Sancho Panza de Charlie, que lee mucho… y es un poco como Don Quijote y pierde a veces la realidad. Mimí, frente a su delgadez, es gordeta, y es excesiva, e irracional. Es una aprendiza de femme fatale con interior blando. Yo quería destruir su coherencia interna. Hay un diálogo entre ellos que es muy claro: “-¿Tú sólo hablas de sexo?”, le pregunta Charlie; y ella le responde: “¿Y tú sólo de literatura?”. Por otra parte se pasa el día tomando drogas por lo que su manera de entender lo que es normal resulta poco coherente para el lector que no lo hace.

El: Hablando de drogas, hay que decir que no evitas el tema pero tampoco pareces juzgarlo: te limitas a retratarlo como una realidad presente, sin ensalzar sus efectos, pero sin cargar las tintas.

RPC: Lo que quería era dar un detalle de realismo. He dado clases de inglés cinco años en Barcelona a chicos de más de doce años y otros doce he dado clases de español. Por eso sé que la droga existe. Hay gente que no la toma, pero está ahí, everywhere. Como mínimo los porros, aunque en Inglaterra es más difícil encontrar porros incluso que pastillas. Y como mínimo todo el mundo lo prueba. Es una cosa casi social. Y eso lo he aprendido yo de mis estudiantes. Te puede gustar o no, pero están ahí. Sobre todo para la gente que quiere ser cool como Charlie o como Albert. A Charlie la vida no le llega; ha leído tanto que es un idealista, como Santa Teresa -y al enunciar los famosos versos de la santa Rafael mueve las manos y los brazos elevándolos hacia el cielo, en este caso un techo alto pero demasiado cercano para lo que quiere significar-, él tiene un póster de Rimbaud en su habitación como quien tiene a la Virgen de Lourdes. De hecho lo que tiene que hacer Charlie al final de la novela es aprender eso, que tiene que vivir todavía la vida.

El: Una de las cosas que más me ha llamado la atención de la novela ha sido el uso de la adjetivación y la falta de miedo a describir, en un mundo literario que tiende a suprimir todo lo que no sea mero nombre, verbo, concepto, es decir, acción desnuda.

RPC: Me gusta mucho lo que dices sobre el uso de los adjetivos. Intento moderarme porque algo de razón hay en que un exceso de ellos entorpece la fluidez narrativa pero hasta ahí llego y no más en la crítica feroz que se hace de su uso hoy en día. Suscribo tu crítica al minimalismo imperante que ensalza el verbo, la acción, sobre la creación de ambientes y la percepción de la realidad circundante a través de los sentidos, algo que requiere el uso de esas palabras tan demonizadas en los manuales de escritura contemporáneos. Lo adjetivo se asocia en este mundo moderno a lo innecesario y redundante. Supongo que la idea de prescindir de lo adjetivo está muy relacionada con el empobrecimiento del mundo moderno, que reduce todo a resultados, es decir a la llegada a un punto, cuando todos sabemos porque hemos leído a Kavafis que lo importante es la travesía y no el desembarco en Ítaca. También viene de esa obsesión anglosajona por el lema “show don’t tell”, que viene de Hollywood. Pero si yo lo que quiero precisamente es “to tell”! A mí me gusta recrear ambientes, impresiones, lugares, espacios… y hacer que el lector los recree a su vez por medio de la lectura. Sé que se me puede acusar de romanticismo obsoleto por abrazar la idea de la redención de la realidad por medio del arte pero es que me sigue pareciendo mágico que el hombre pueda hacer esa recreación del complejísimo e impasible mundo natural por medio de las palabras. En realidad para mí no tiene nada que ver con el romanticismo de finales del XVIII, sino que va mucho más atrás al origen mismo de la escritura en Mesopotamia (de hecho, mi libro favorito es el primer libro de ficción que existe: el poema de Gilgamesh, en el que por cierto se narra una historia de amor claramente gay en mi opinión). Donde esté la literatura que se quiten los prestidigitadores con sus chisteras y para conseguir esa magia de la recreación, los adjetivos -lo adjetivo- no son un capricho o un mero adorno sino algo tan esencial o más que la acción. Por eso tal vez en mi Charlie la acción es más bien escasa y todo tiene lugar en la mente del personaje.

Nos despedimos con un apretón de manos. Rafael lleva una gabardina corta, gris clara, y da la sensación de ir mascando muchas ideas en su cabeza, casi da miedo que le atropelle un coche, tan en otro mundo parece estar, y no en este Londres donde ha dejado de llover y en cualquier momento volverá a aparecer el cielo, aunque ya oscuro y sucio. La vida sigue, ¿habrá aprendido Charlie que sólo él puede vivirla para sí mismo? Después de hablar con su creador creemos que sí.