Entrevista a Luis Cremades. “Polvo eres”… pero quizá también versos.

Hace unas semanas reseñábamos el poemario “Polvo eres” de Luis Cremades. En unos días (30 de octubre) el libro se presentará oficialmente en Madrid. Aprovechando esta feliz circunstancia entrevistamos al autor para que nos lleve de su mano por los versos que componen este nuevo y arriesgado libro que tan buena acogida está teniendo. Empecemos por molestar un poco al poeta, para no perder el estilo que seguimos depurando en estas entrevistas a medio caballo entre lo extraño y lo exquisito, y para seguir el consejo de Quentin Crisp (que en paz descanse):

Ellibrepensador: ¿Por qué publicar un libro de poemas con resonancias bíblicas y eróticas justo ahora que parece que Occidente reniega más que nunca de la Poesía, de lo bíblico y casi también de lo erótico, con esta nueva ola de puritanismo moralizante que nos invade? Ojo, no digo por qué escribirlos, sino por qué publicarlos:

Luis Cremades: En este caso ha pasado algo que es raro en poesía: la idea de la publicación es anterior a la escritura. Jesús Encinar y Mili Hernández han creado un canal específico —la colección Desatada— para la poesía gay, es decir, para minorías dentro de las minorías… Lawrence Schimel me propuso escribir el libro y acepté encantado, como reto, como investigación, como memoria, como homenaje a muchos buenos amigos… Las olas de puritanismo suelen ser síntoma de hipocresía en tiempos de corrupción y déficit de solidaridad. Seguramente esté más en los medios de comunicación, y en las ganas de aparecer en ellos, que en la vida cotidiana. En este caso la resonancia bíblica y erótica es la misma: el polvo es un símbolo de impermanencia, de cambio, de la grandísima plasticidad de los seres humanos, de cómo son capaces de adaptarse y transformarse… Espero haber contribuido con mi particular grano de polvo a una expresión colectiva.

El: Sin paliativos, sin medias tintas, sin quizás ni pudiera ser: ¿cuál es tu verso favorito de este libro y por qué?

LC: No puedo establecer jerarquías en arte, sólo distinciones horizontales, como caminos en un bosque. Tengo un extraño y rebelde pensamiento anti-jerárquico. Se me colapsan las categorías mentales. Puedo inventar una ruta y la contraria al mismo tiempo. La vida fluye. Hacemos distinciones para ponerle un orden y aclaranos en un momento dado. Pero no quiero irme por las ramas… Mi verso favorito, aquí y ahora, es: ‘Tu silencio es tan grande / que se podría vivir en él’. Ahora descubro el silencio, el silencio amoroso, como una parte esencial de la comunicación. Tras las formas sociales y los roles en los que enmascaramos nuestras necesidades, finalmente, a veces, pocas veces, aparece un silencio acogedor en el que se puede vivir sin explicaciones. De ese silencio emerge un lenguaje poético y dulce, delicado y poderoso…

El: ¿Qué ha sido lo peor que has tenido que oír sobre tu libro? ¿Quién lo ha dicho (si es público o se puede decir) y por qué?

LC: Hasta ahora nadie ha dicho nada malo del libro, al menos que yo sepa. Un libro espera encontrar sus lectores. Y en ese camino es posible que sufra algún desvío, que tenga sus equivocaciones, que el libro sufra miradas que no le corresponden. No sé si ha sido así; en todo caso, no me ha llegado noticia. Quizá lo peor sea el silencio; el otro silencio, el del desprecio y la ignorancia. La primera vez que presté el manuscrito, ya casi completo, a un amigo, me borró del Facebook: no he vuelto a saber de él. Me pareció una crítica severa, desde el lado oscuro del silencio.

El: Escribía hace unas semanas sobre tu libro y me parecía de una valentía sobrenatural. Escribir sobre un acto sexual grupal y hacerlo desde la comprensión es arriesgarse a las críticas moralizantes… ¿No te ha dado miedo arriesgarte de esa forma?

LC: No hay ninguna valentía sobrenatural. Sobrenatural sería tener miedo a una moral irracional y sin raíces. El riesgo es explorar un sentido moral más arraigado en nuestras emociones. Hay un poema sobre sexo en grupo como hay otros sobre prostitución, sadomasoquismo o travestismo en tanto que formas de la experiencia humana… Formas que surgen con cierta voluntad de transgresión, a veces enlazada, cuando no confundida, con la emoción homosexual. Quería profundizar en esa variedad de la experiencia homosexual en un periodo concreto del tiempo: los treinta años que transcurren desde la clandestinidad hasta la visibilidad.

El: ¿Sigues algún proceso creativo concreto, algunas pautas ineludibles, o cada poema tiene su génesis individual y única?

LC: El proceso creativo tiene que ver con el trabajo personal: escribir cada día, jugar, reírse, perderse sin saber qué puede uno encontrar, llenar la experiencia de detalles sensibles, recordar los sueños… En mi caso, exige cierta disciplina. Uno no sabe si eso se transmutará en arte, pero espera ser más completo como persona. Después, cada poema o cada serie tiene su historia, sus condicionantes particulares, a veces incluso sus intenciones… Los poemas surgen aislados en apariencia, con el tiempo se agrupan en series; hay que deshechar, revisar, hacer emerger una forma estable a partir de un balbuceo confuso. Los poemas son como niños y hay que ayudarles a caminar por su cuenta, con las viejas técnicas, con el apoyo de la tradición y también con la intuición, el sentido común y las ganas de aventura.

El: En este conjunto hay un subconjunto (perdona, esto son secuelas de la educación EGB) inspirado o dedicado o entrelazado con las películas de Visconti, especialmente “Muerte en Venecia”. ¿Por qué? ¿No es el ritmo pausado y descriptivo de Visconti algo contrario a la estética de imágenes frenéticas que impera en nuestro día a día, en el marketing?

LC: Los conjuntos y subconjuntos ayudan a organizar la experiencia; un joven programador hablaría de rutinas y subrutinas, en el fondo es lo mismo. En este caso, hay una parte del libro que toma a Visconti como un interlocutor válido para interrogarse sobre la seducción y la experiencia amorosa, para contraponer el orden moral y el de la experiencia sensible, para interrogarse sobre la falta del lenguaje en ciertas experiencias de seducción ‘platónica’… Muchas de estas ‘viejas cuestiones’ van más allá del ritmo narrativo de un artista. En nuestro mundo hay lenguajes vibrantes como otros más calmados, hay tantos locos del consumo como ancianos que contemplan en calma el río de la memoria. La cosa está en dónde acepta uno que descanse su mirada.

El: ¿Qué otras fuentes de inspiración podemos encontrar en “Polvo eres”?

LC: Hay dos grandes maestros en este libro: el maestro del amor y el maestro del vino. El primero sería Rumi, un poeta persa del siglo XIII, clave en la tradición sufí; el segundo Li Po o Li Bai, según guste, un poeta chino de la dinastía Tang (siglo VIII). Ellos han sido los guías. Pero junto a ellos hay algunas influencias más reconocibles como Whitman o Lorca. Hay homenajes secretos a Francisco Brines o Jaime Gil de Biedma. Y otros más explícitos, como el de Leopoldo Alas en el penúltimo poema. El poeta cubano Carlos Pintado, desde Miami, tuvo la amabilidad de soportar muchas dudas durante el proceso creativo. Y a punto estuvo de aparecer, casi desnudo, en la portada del libro.

El: El poemario parece a veces un equilibrismo sobre una cuerda inestable: de un lado la melancolía, del otro el erotismo. ¿Hacia cuál de ellos quiere caer Luis Cremades?

LC: Ni uno ni otro… Creo que entiendo la metáfora del equilibrio: entre Escila y Caribdis, entre el miedo y la esperanza. Si yo tuviera que nombrarlos sería más sobrio: entre la memoria y el juego. La nostalgia no es sólo emocional, es la construcción de una historia, una memoria que se cuenta para que sirva de referencia. Y el erotismo, en la otra parte, es sólo un juego, el juego de la vida, el sentido del placer y el placer que da sentido. El equilibrio no se produce en ausencia de ambos, surge de sus lazos, en los saltos, en sus intersecciones… Un pianista toca con las dos manos. Yo también escribo poemas con las dos manos, con la izquierda toco las notas de mi propia memoría mientras improviso, juego y fantaseo con la derecha.

El: Presentas el libro en Madrid el día 30. ¿Tienes alguna sorpresa preparada para tu público?

LC: La sorpresa será encontrarme con los que puedan venir. Hace cuatro años que no estoy en Madrid, después de casi treinta de haberme visto crecer y cambiar en esas calles. Quiero agradecerles que sigamos en contacto, agradecer el libro y los proyectos de Egalés y Desatada. Voy a escuchar y, si puedo, al final, leer algún poema.

El: ¿Quién introduce la obra en el acto y por qué lo has elegido para ello?

LC: Presentarán el acto Emilio de Benito y Lourdes Ortiz. No quería una presentación desde el punto de vista poético; no quería una disertación sobre el estilo o las influencias, sino sobre la materia viva que refleja, mejor o peor, este libro; sobre su historia y sus condicionantes en esa época que he mencionado, esos treinta años entre la clandestinidad y la visibilidad. Emilio de Benito es periodista, científico y, sobre todo, alguien con una sensibilidad particular para el arte contemporáneo, para los cambios sociales que estamos viviendo. Me parece una mirada y una voz privilegiada. Para mí es un honor que haya aceptado. Lourdes es profesora en Función Lenguaje, la escuela de escritura que cede el espacio para la presentación. La conozco desde que llegué a Madrid… Con menos de veinte años asistía como libre oyente a sus clases de historia del arte en la Escuela de Arte Dramático. Para mí ha sido una maestra, una ventana abierta al mundo. A veces en la cercanía y a veces en la distancia, hemos estado en contacto con afecto. No sé cómo enfocarán su presentación, qué querrán decir. Los dos pueden aportar matices relevantes, personales, vitales, sociales y emocionales. Creo que pueden ayudar a compartir el libro.

El: ¿Quién te gustaría que te leyera los poemas de “Polvo eres” en voz alta, o que se los leyera al público, quizá que los grabara?

LC: Un poema tiene infinitas voces posibles, infinitos modos de ser dicho, como una canción. Me gusta poco el énfasis y sus excesos. Si buscase naturalidad, me gustaría que los dijese una voz íntima y confidencial, como la de Leonard Cohen si leyera en español, o la del poeta Mark Strand… Si buscase emoción, te diré que en este momento me gusta la voz de un cantante pop que se llama Lanka, por la manera de quebrarse, de dar dos notas a un tiempo. No sé si un artista como él podría hacer una lectura a la vez afectiva, dulce y casi cantada… Todo sea por soñar, imaginar, cruzar voces y quiebros contenidos en la imaginación, sólo para escuchar un poema como nunca se ha dicho antes.