Y la Iglesia se topó conmigo, de José Miguel Izquierdo Jorge

Y la Iglesia se topó conmigo. Autobiografía de un cura insumiso y rebelde, de José Miguel Izquierdo JorgeY la Iglesia se topó conmigo. Autobiografía de un cura insumiso y rebelde… todo un clarificador título que no deja lugar a dudas sobre lo que, el lector curioso y libre de prejuicios, puede esperar encontrar entre las más de 260 páginas que ante él se presentan, muy discretamente protegidas tras una estoica cubierta que parece querer transmitir un metafórico mensaje: no importa lo que un libro muestre por fuera, pues los ornamentos no son sino marketing, lo que tiene de verdadero valor aguarda bajo ella oculto; lo que en  nuestra particular lectura podemos interpretar como: no importa lo que un ser humano parezca ‘representar’ de cara al mundo exterior, sólo aquello que dormita en su interior más íntimo, como realidad en potencia, agazapada hasta que llegue la hora de ‘su verdad’, es lo que debe recibir por nuestra parte la atribución de su esencia, como más noble y veraz símbolo del Ser.

Así, nuestro amigo José Miguel, nos abre su corazón, y con humilde hospitalidad nos lo ofrece a modo de un faro, ese extraño hogar, pináculo erigido sobre las rocas que desafían al océano, en el que sentirnos a salvo de tempestades… Sí, es cierto, nos sentimos a resguardo porque, cuando uno repasa con los amigos los capítulos que su vida va cerrando, una especie de calma, de sosiego, de paz, nos envuelve como un cálido abrigo que nos certifica la perpetua vigencia de la manida expresión “también esto pasará”…

Y es que, siendo ‘buenos’ o ‘malos’ aquellos pretéritos acontecimientos de nuestra vida que dejamos atrás en el tiempo,  el sano ejercicio de ‘cerrar’ toca irremediablemente, si es que queremos continuar pasando páginas del diario de nuestra vida, con la mirada, no puesta en el mañana, sino centrada absolutamente en el hoy, en ese momento presente, ese ahora que se nos escapa entre los dedos, inasible, inaprensible, y que es, realmente, lo único que podemos llamar ‘nuestro’.

Abrir el cajón en el que atesoramos, unas veces; escondemos, otras; los hechos vividos, desde nuestra infancia, cuando tan apenas alcanzamos a recordarlos; hasta el hoy; pasando por la efervescente adolescencia, y la plenitud dorada de la madurez; debe hacerse con la valentía del que a sabiendas de que va a enfrentarse a fantasmas y a nostalgias, a fantasías y pesadillas, agarra con fuerza el tirador, empuja el cajón hacia afuera, y mantiene la mirada firme, sin apartarla de la visión de todo aquello que va a provocar en él decenas de sensaciones y sentimientos. Alegría, tristeza, amor, odio, … Y con la sabiduría que no otorga el paso de los años, sino el constante trabajo interior, de crecimiento personal y desarrollo humano, el aguerrido explorador revolverá con sus propias manos lo contenido en el cajón, lo contemplará desde la lejanía de la aceptación y volverá a cerrarlo, no sin antes esbozar una sonrisa de satisfacción que brota directamente del alma…

La revisión biográfica constituye todo un ejercicio de ‘limpieza’ espiritual, en el que uno elimina las cargas que enlentecen su marcha, e incluso le anclan.

José Miguel Izquierdo ha abierto el cajón y ha revuelto entre aquellas enfermedades que pusieron en grave riesgo su vida; entre los sentimientos de ansiedad por la separación familiar; entre la bondad de una familia; la educación comprensiva y honesta recibida de un padre; o en los entresijos de la vida de un seminarista algo ‘peculiar’; porque peculiar es, triste es llamarlo así, quien se atreve a pensar por si mismo, a ignorar reglas y mandatos ajenos a la razón y al sentimiento, a poner en duda lo establecido, a cuestionarse sobre la Justicia, el Amor, la honestidad, la coherencia, los Principios, la Ética… la Teología de la Liberación… la Iglesia, la religión, el Evangelio y su manipulación… a amar y ser amado, a sorber la Libertad, a ser un librepensador… un ser humano excepcional para el que el círculo vital que le ha guiado queda cerrado con el libre ejercicio de aquellos ‘sacramentos’ que le fueron vetados y hoy comparte con quienes en verdad gozan de la dicha de conocerle como persona.